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Los seres humanos somos los únicos que en todo podemos ver la cara del "bien" y del "mal"
"Todo depende de nuestro interior"
Pero cuando tratamos de ver nuestros lados ocultos;
descubrimos lo que escondemos...
"Eso es lo que somos"

 

 

COPYRIGHT © 1999 
Francisco Guayasamin
La reproducción total o parcial de este libro sin autorización
de su autor es prohibida.
Derechos de Autor:  012902, May 17 , 1999
franciscoguayasamin@yahoo.es
Quito - Ecuador

 

 

FLASH BACK

En el consultorio médico del Hogar de Tránsito dos religiosas reprochaban a una joven.

- Inés, con apenas 14 años y  ¡ya estas embarazada! - reclamó madre Magdalena poniendo sus manos en la cabeza.

- Te escapaste por dos  meses y viviste con un hombre al que nunca antes conociste - dijo madre Elizabeth admirada.

- ¿No tienes miedo hacer ese tipo de cosas? - preguntó madre Magdalena..
- No - respondió Inés muy orgullosa.
- Eres sumamente rebelde y tienes un carácter muy fuerte.- Le reclamó Magdalena.

- Solo nosotros hemos podido tenerte. Recuerda las palizas  que te daba tu tía, la  adventista, que viendo que no pudo dominarte,  te dejo con nosotras. -

 Le dijo madre Elizabeth.

- Ella solo es adventista por conveniencia - dijo Inés.

Madre Magdalena respiro profundo y le dijo - Tendrás a tú hijo y nosotros te ayudaremos.
 

TRES MESES DESPUÉS.
 

- Madre Magdalena, convenza a Inés para que se case conmigo.
- Tú sabes que ella es muy joven. Ella no tiene idea de lo que es el matrimonio y tienes que aceptar que no  te quiere.
- Yo soy el padre de su hijo y la amo. Madre yo quiero casarme con Inés. - replicó  él llorando.
- Me gustaría ver a Inés casada contigo, pero no puedo influir en ninguna de sus decisiones - Dijo madre Magdalena.

El se retiró.

 

CINCO MESES DESPUÉS.
 

- Inés, ¿Te gustaría salir a dar un paseo con nosotros? - insistió la madre del que le había dejado embarazada.
- ¿Dónde?
- Iremos a una clínica.
- ¿Para qué?
- Es necesario que tú no tengas aquel niño.- Insinuó ella.
- ¿Qué opina  su hijo al respecto?
- Yo soy su madre, y él tiene que hacer lo que yo diga. Además...
  ¡La que tiene el dinero soy yo! - dijo en tono altivo.
- ¡La que tiene el bebe soy yo! - Dijo Inés altivamente..
- Pero niña...¡ Recuerda que eres pobre!  Tu hijo no tiene ningún futuro.
Mi hijo no se va a casar contigo. 
El está  en segundo año de Jurisprudencia en la Universidad Católica y cuando sea Abogado tendrá que casarse con una chica  de su misma condición social - dijo presumiendo.
- ¿Y quién le ha dicho que yo me quiera casar con su hijo? - preguntó Inés en tono airado.  
 

NUEVE MESES DESPUÉS
 

- ¿Reconoce a este niño como hijo suyo? - preguntó el juez a el supuesto padre.
- No - dijo fríamente él.
- ¿Reconoce a esta mujer?
- No - Contesto de nuevo.
- ¿Cómo que no? - Se escuchó un grito en el salón y de pronto se oyó el sonido de una cachetada. 
   Era la mano de Inés que chocaba contra la mejilla de aquel con el cual había convivido por dos meses.

- ¡Para que te acuerdes de mí desgraciado! - le dijo Inés furiosa y él tan solo llevó su mano a la cara y guardo silencio.
- ¿Reconoce a madre Magdalena? - Le preguntó el juez.
- No - Respondió él.

- ¡Nunca vi a un hombre llorar por una mujer! - dijo madre Magdalena asombrada y dirigiéndose hacia él continuó: - Pero tú lloraste por Inés - Le dijo tomando su brazo.
- No queremos tu dinero, tan solo queremos tu apellido para  que tu hijo no sufra. Nosotros nos encargaremos de todo.  No  le hará falta nada.
No tengas miedo- le dijo madre Magdalena.

- ¡Yo a usted no le conozco! - El dijo  firmemente.
- ¡Usted es un cobarde! - dijo despectivamente el Juez.
- Lastimosamente no hay nada qué hacer - dijo el Juez a madre Magdalena.
- Llevará tan solo el apellido de su madre - dijo madre Magdalena.
- ¿Cómo se llama? - preguntó el Juez.
- Francisco Javier.

 

QUINCE DÍAS DESPUÉS...
 

- Inés, hasta cuando vas a entender que con la vida ajena no se juega -
Reclamó madre Magdalena.
- El es mi hijo - dijo Inés.
- El es tu hijo, pero tú no eres propietaria de su vida.  ¡Míralo! Casi lo matas...
- Salí a buscar trabajo - dijo Inés agachando su cabeza en gesto de humildad.
- Hija. ¿Qué te hace falta aquí? - le preguntó madre Magdalena desconcertada.

Inés agachada no contestó y tan solo se mordió los labios y lloró.

 

- El niño está débil - dijo madre Elizabeth.
- Mira, no tiene fuerza ni en su cuello - dijo Magdalena a Inés.
- No pude darle de comer - dijo Inés llorando.
- Mientras que aquí si hay comida.- le reclamó Elizabeth.
- Podías haberlo matado. Quince días fuera del convento, no sé como los dos están vivos. - Dijo madre Magdalena.
- Francisco, resiste – Imploró madre Elizabeth.
- A pesar de tanto problema que ha tenido, se aferra a la vida - dijo Magdalena abrazando al niño.
- Madre Magdalena - dijo Inés.
- ¿Qué? - respondió Magdalena mientras adulaba al niño.
- ¿Usted quiere a Francisco? - le preguntó Inés.
- Sí. Lo amo...
- Se lo dejo. - dijo Inés y se retiro de la habitación para luego irse del convento dejando al niño con las religiosas.

 

 


 

CINCO AÑOS DESPUÉS
 

- Francisco, vamos a casa, soy tú madre...
- Tú no eres mi madre.- Respondí.
- Yo soy tu madre - insistió Inés.
- Ella es mi mamá - dije señalando a madre Magdalena y todas las monjas lanzaron una carcajada.
- Es inútil que trates de convencer a Francisco - dijo madre Elizabeth a Inés.
- Pero yo soy su madre - dijo Inés.
- Madre es la que ama, no la que da a luz. - dijo Elizabeth.
- Yo amo a Francisco, el problema fue que en ese momento no tuve dinero. - reclamó Inés.
- Pero Francisco se ha criado con nosotras - le dijo Magdalena.
- ¡Vamos! - me ordenó Inés y ese momento corrí hacia madre Magdalena y la abracé fuertemente.

- Inés, ¡Deja al niño aquí!. Contigo no tiene ningún futuro y va a sufrir mucho. Nosotros ya hemos comprado sus útiles escolares, él ira al jardín con las madres Doroteas,
luego estudiará en alguna escuela Católica y en la Universidad estudiara con mi hermano Marco.

- Yo también puedo darle ese tipo de educación.- afirmó Inés muy segura de sí misma.

- No te engañes. Con el estilo de vida que llevas, de ti no verá nada bueno. Y tú no tendrás paciencia para educarlo. - le dijo Elizabeth.

- Al paso que va, cuando sea grande Francisco será guerrillero - Dijo madre Magdalena riéndose.

- Tiene un carácter muy fuerte. Se parece al tuyo y gracias a Dios no salió igual que el cobarde de su padre - dijo madre Elizabeth dirigiéndose a Inés.

- Chao Francisco, muy pronto vendré a visitarte - me dijo Inés y medio un beso.

- Chao - me despedí.

 

 

PARTE 1
Apariencias en el ámbito Social y Económico

 

 

Una tarde estaba jugando en el jardín de la casa y arribó la camioneta de la comunidad.

- ¡Sube! - Ordenó el chofer. Al notar que no le hice caso dijo:
- Madre Magdalena te espera donde el dentista.

Al ir por la carretera vi el letrero del "Holiday in". Luego tomamos otra vía y me di cuenta que no íbamos hacia donde el dentista.

- ¿Dónde vamos? 
- Ya te dije que a donde el dentista - Contestó él.
- El dentista no está tan lejos.
- Madre Magdalena decidió tomar un dentista en Quito.- dijo el chofer molesto.

Llegamos  a una casa grande y entré corriendo para ver a madre Magdalena.
En el interior me encontré con una pareja  que estaban sentados en un sillón y un hombre con terno y corbata estaba sentado detrás de un escritorio. Este ordenó con la mirada al chofer que se vaya.

- ¡Llévenselo! - Dijo él a la pareja.

Los dos se levantaron del asiento y aquel desconocido me agarró fuertemente del brazo y me haló. Sentí que el terror invadió mi ser.

- ¡Quiero ver a madre Magdalena! - Grité.

- ¡Jamás la volverás a ver! - dijo aquel hombre y me llevó hacia la calle agarrando fuertemente mi brazo. Yo casi iba arrastrado mientras pataleaba.

- ¡Quiero ir al convento! - Grité constantemente.

Ella me trataba de calmar, pero él seguía agarrándome fuertemente de mi brazo.

- ¡Quiero ver a madre Magdalena! - Grité.

- Te he dicho que a esa monja ya no la volverás a ver más - Dijo él enfurecido y me marcó apretándome fuertemente con sus brazos para evitar que escapara.

- Quiero ver a mi madre Magdalena - les dije llorando  pero ellos no me hicieron caso.
La gente que pasaba a nuestro alrededor, me observaba extrañada.

- ¡Es un hijo malcriado!  No nos obedece - les dijo él y ellos se alejaban creyendo que era su hijo.

Seguimos caminando hasta tomar un taxi. Mis gritos ya se volvieron súplica.
Mis gritos, eran constantes, mi terror aumentaba cada vez más.
El seguía actuando fríamente mientras ella seguía tratando de calmarme.

- Cuando lleguemos a casa te doy un helado - me decía.

- Yo no quiero un helado, quiero irme a mi casa - le grité.

Llegamos a una casa pequeña, ellos me pidieron que beba agua para tranquilizarme. Acepté. Sentí que mis ojos pesaban y me quede dormido.

 

 

 

 

 

 

 

ENTRENAMIENTO
 

- ¡Todo en este lugar es tan diferente! – Exclamé  al abrir los ojos al siguiente día y constatar que mi pesadilla no había terminado.

Estaba tan lejos de aquella casa grande, con jardines, vacas, perros en la que yo jugaba y que tenía varias monjas que me amaban.

 

- Hola Francisco - Saludo ella.
- ¿Dónde estoy?


- En tu casa
- Esta no es mi casa.


- Desde ahora la es, porque nosotros somos tu familia.
- ¿Y las madres?


- Ellas no tienen dinero para mantenerte - dijo él.
- Y además su función no es ser mamás - dijo ella.


- Yo soy Alfredo y desde ahora seré tu padre.
- Yo soy Gulnara y seré tu madre.
- Somos tus padres adoptivos - dijo él.


- Tu madre, la que te tuvo en su barriguita, desapareció - dijo ella tratando de explicarme al ver mi gesto de no entender nada.
- Mi mamá es Magdalena -  aclaré.


- Ella no es tu madre, ella es monja. Las monjas no pueden tener hijos - dijo Gulnara riéndose.
- Desde ahora tienes que olvidarte que viviste en un convento- dijo Alfredo.


- A nadie digas que viviste con monjas. Eso es malo - dijo ella
- No hables con nadie que hayas conocido en aquel lugar - me ordenó él, mientras ella me aclaró.


- No digas a nadie que eres hijo adoptivo. Eso es mal visto.
- Un hombre te cuidará, mientras estemos fuera - me dijo Alfredo y al ver mi cara de espanto continuó.
- Este es un mundo nuevo para ti, por lo tanto no confíes en nadie. ¡Ni en mí misma - enfatizó ella.

- Con nosotros aprenderás buenos modales y etiqueta - dijo él.
- Y la mejor herencia que te podemos dar es la educación y  enseñarte a trabajar - dijo ella.


- Iras a estudiar donde los mercedarios - dijo orgullosamente Alfredo.
- ¡No! - Reprochó inmediatamente Gulnara.


- ¿Por qué? - preguntó Alfredo.
- En ese colegio estudian los hijos de las vendedoras del Ipiales y yo no quiero eso para mi hijo.  El estudiará en la
Academia Militar Ecuador y luego será Militar de Profesión.


- Los militares no piensan. El tiene que ser doctor - dijo Alfredo.


- ¡Quiero volver a mi casa! - grité.

 

Al escuchar mi grito, Alfredo me lanzó un trompón fuerte en la nariz que  me botó hacia el suelo. Asustado empecé a llorar y sentí que Alfredo con su mano me daba una cachetada.

 

- ¡No llores! - Me amenazó mientras que Gulnara vio callada la escena y no hizo nada por defenderme.

- ¡Aprende la primera regla! - dijo furioso.


- ¡Respetaras a tus padres y no les alzaras la voz! - Y  mirándome fijamente a los ojos dijo: - La segunda regla es "No llorarás porque tan solo los maricones lloran" - respiró profundo y dijo - Prefiero verte muerto a que seas maricón.

 

- Ja, ja, ja....- Rió Gulnara.
- ¿Y a ti qué te pasa? – Preguntó él al ver su risa sarcástica.


- Con el alcoholismo que tienes, el que morirá primero serás tú - Dijo ella con un fuerte  gesto de desprecio en su rostro.
- Prefiero ser alcohólico antes que maricón.- Dijo él con actitud prepotente.


- Tú no eres un hombre completo - Le reclamó Gulnara - Hablas de maricones mientras que no puedes tener hijos.  Si no dejas  el alcohol, desde ahora iré preparando  tu funeral - dijo Gulnara.


- ¡Ojala que se muera! - pensé interiormente.

 


 


 

CUATRO AÑOS DESPUES

 

- ¡Alfredo! - pronunció Gulnara

Alfredo regresó a ver y notó que su esposa estaba sentada en el asiento de atrás. Inmediatamente quitó el brazo de la chica con la cual él estaba observando  la película, se levantó de su asiento e inmediatamente desapareció.

 

- ¡Alfredo! -  Le llamó la chica asustada al ver que él se iba.
- ¡Tranquila mija! -  le dijo Gulnara poniendo su mano en el hombro de aquella joven.
- ¿Quién es usted? - preguntó ella con voz temblorosa.
- Soy la esposa de Alfredo.
- ¿La esposa? - preguntó  extrañada.
- Sí, soy la esposa.
- ¡Este me engaño! - dijo ella furiosa.
- Ya somos dos - dijo Gulnara y pidió a la chica que le acompañe.

En el lobby del Teatro Bolívar Gulnara le preguntó:
- ¿Qué edad tienes?
- Dieciocho - contestó.

 
- No te parece que eres demasiado joven para andar con un hombre de treinta y cuatro.
- El amor no tiene edades - respondió muy segura.
- Pero tiene límites - dijo Gulnara en gesto señorial.


- Yo no sabía que él era casado - dijo ella disculpándose
- También tiene un hijo - Le aclaró Gulnara.

La chica llevó sus manos a la cabeza y le dijo muy consternada.

 

- Señora, le pido mil disculpas, pero él me dijo que  era soltero. Señora yo tengo mis principios y jamás me hubiera metido con un hombre casado.-

La chica se puso a llorar y sus manos empezaron a temblar. Gulnara le tranquilizó.

- No te preocupes, no te hecho la culpa...
- ¡Soy una imbécil! - Renegó - Ese idiota me ofreció matrimonio - dijo la chica.
- ¿Cómooo?  

La chica le enseño su mano a Gulnara y llevaba un anillo de compromiso en su dedo.

- ¡No lo puedo creer! - dijo Gulnara.
- Pues vaya creyendo...
- ¿Cómo no llegaste a sospechar que Alfredo era casado, si pasaba con nosotros los fines de semana?
- El me dijo que poseía una camaronera, que todos los fines de semana tenía que viajar allá y los lunes siempre me traía dos libras de camarones.

Gulnara no sabía si estallar de las iras o lanzar una carcajada.

 

TRES  HORAS DESPUÉS...

Estaba escondido detrás del sofá viendo como volaban las cosas que Alfredo y Gulnara se lanzaban.

- Yo compré esto - dijo Alfredo y tomó los platos tendidos de una vajilla. - Pero nada quedara contigo - amenazó y lanzó los platos hacia el aire.

- ¡Maldito desgraciado! - dijo ella y empezó a lanzarle todos los floreros que encontraba a su alcance.

Alfredo protegía con sus  brazos y dejaba que los floreros reboten en su cuerpo y caigan al suelo.
 

- Lamento el haberme casado con una pobre como vos - Gritó Alfredo.

 

- Pero gracias a Dios tuve buena educación, me gradué en uno de los mejores colegios de Quito - gritó ella y le lanzó un cenicero con odio y desprecio.- La que debería lamentarse soy yo - Dijo ella afligida - Me case con un longo que además lleva el apellido de un indio famoso que le encanta hacer el papel de víctima...

- Nosotros nunca hemos sido pobres. Si él por sacar fama se queja,  no es mi asunto y por eso te casaste conmigo, porque soy longo de plata - le dijo él.

- Me case contigo, pero esto se acabo...


- ¡Se acabo! - dijo él y lanzó toda la vajilla por los suelos.
- ¡Se acabo! - me dije a mí mismo recogiendo los pedazos regados por los suelos.
- Me voy a vivir con mi tía Rosa - dijo Gulnara.
- ¡Lárgate! … mientras yo haré los papeles del divorcio - Gritó él.

 

 

- ¡Rasquetea bien el piso! - Ordenó Rosa y empecé a mover más mi pie apretándolo fuertemente con el rasqueteador.

- No, es así - dijo ella y deje de rasquetear.
- ¡Rasquetea el piso con la mano! - ordenó.


- Puedo hacerlo con el píe - Replique con voz asustadiza.
- ¡No me respondas! Hijo bastardo - gritó ella y me  lanzó un chirlazo.

 

Me arrodille y empecé a rasquetear con la mano.


- ¡Más duro!  - Ordenó ella. - Quiero ver que te salga sangre por las manos.
  ¡Hijo del demonio! - Me dijo despóticamente mientras me pateaba en el estómago.

 

 

- Gulnara, ¡Vámonos de aquí!, Rosa me trata mal - Le supliqué.
- No puedo hacer nada.
- ¿Por qué?
- Nosotros estamos aquí de arrimados.

 

Al rato el teléfono sonó y Rosa contestó. Al escuchar lo que le dijeron, empezó a dar alaridos de dolor y saltar como una loca,  tan solo repetía -  ¡Mi  hijo!, ¡mi hijo!, mi hijo...

- ¿Qué pasó? - le preguntó Gulnara asustada.

- ¡Mi hijo!, ¡mi hijo!, mi hijo... y seguía saltando, gritando y llorando como una desesperada que no sabe explicar lo que le pasa.

Mientras Gulnara trataba de tranquilizarla, tomé el teléfono.

 

- ¿Que pasó? - Pregunté tratando de fingir una voz adulta.
- ¿Es usted familiar del Sr. Álvaro Acosta?.
- Sí - Hemos encontrado el cadáver del Señor en el Río Guayllabamba, tiene cinco balazos, sospechamos que fue asesinado por la mafia.
  Necesitamos vengan a reconocer el cadáver.
- Para allá vamos - dije  y cerré el teléfono.

 

Veía como Rosa lloraba por su hijo y me dio pena por él, pero me alegré al ver a Rosa en tal estado crítico.  Dios le había quitado lo que ella más quería.
Pero a pesar de este incidente ella jamás se daría cuenta de lo que pasa cuando una persona anida males en su corazón. Toda acción genera su reacción.

 

 

DOS AÑOS DESPUÉS...

 

Gulnara y Alfredo se volvieron a casar y dejamos de vivir como arrimados en la casa de Rosa Báez. La tía de Gulnara.

Una mañana Alfredo amaneció con antojos.  - Gulnara, ¡Hoy día quiero camarones! - pidió  amablemente.

 

Ella frunció el ceño. La palabra "camarones" le traía malos recuerdos.
- ¡Llama a tu camaronera y pide que te traigan!


 

 
Al poco tiempo Alfredo se sintió mal y hubo que hospitalizarlo.

-          No te preocupes, pronto saldré de aquí. - me dijo.

 

 

SEIS MESES DESPUÉS...
 

- Francisco, ¡Perdóname por todo el daño que te he hecho! - me pidió Alfredo en el lecho de su agonía. No le dije nada. 
- ¡Cuida de tu madre, la casa y mis libros! - me dijo en tono suplicante. Pero otra vez no hable. - Los libros son los mejores amigos del hombre - me dijo y tomo  mi mano.

- Sabes, cuando uno anda en borracheras y tiene dinero, uno tiene muchos " amigos", pero cuando caes en desgracia, te enfermas y no tienes dinero,
los únicos buenos amigos que tienes son los libros. - me dijo y de pronto  se dio un retorcijón. Su cara se arrugo y él apretó los dientes tratando de aguantar el dolor, pero no soporto.


El dolor fue tan fuerte que Alfredo se arrodillo, junto sus manos y en posición de oración sobre la cama y gritó
- Dios, ¡Ten compasión de mí!, ¡Ten piedad de mi!,
  ¡ Por favor llévame que ya no aguanto este sufrimiento!

 

Yo también oré con él en silencio.

- Dios, es preferible que este hombre se muera, él hace más bien estando muerto que vivo.

Al siguiente día, Dios, o quien quiera que haya sido. Escucho nuestra oración.

 

 

¡QUE BUENO QUE ERA EL MUERTITO!
 

- ¡Qué bueno que era el finadito! - dijo un amigo de copas de Alfredo.
- No había hombre más inteligente en la familia que él - dijo hipócritamente Rosa mientras que yo sabía perfectamente que Alfredo no fue nunca de su predilección.
- ¡Excelente amigo! - dijo un compañero de borracheras.

 

Luego en la Iglesia no había donde poner un pie. El discurso del cura fue el típico.

Nos hizo recuerdo de la vida eterna y que si no pertenecíamos a la Iglesia nos vendría el castigo divino,  enfatizó en el dolor causado por la muerte y se paso alabando a un muerto a a quién jamás conoció.

 

- ¡Padre ejemplar!, ¡hombre honesto!, ¡marido fiel!, ¡cristiano mártir!  etc, etc, etc.
- Y este ...¿De quién está hablando? - Me pregunté 
- ¿Y  Dónde estuvo estovo toda esta  gente cuando él estuvo enfermo? - me seguí preguntando.

 

 

Al enterrarlo llore y Alejandra, la hermana de Gulnara vino hacia mí y me dijo
- No llores Francisco, todo irá mejor.

- No lloro por él, lloro por lo que me va a pasar. - fue lo que pensé en mi interior.
- Nadie llora por el muerto. La gente llora por sí mismo.

 

 

UN AÑO DESPUÉS.
 

- Francisco ya está inscrito en la "Academia Militar Ecuador" - dijo Gulnara orgullosamente a su familia.
- Pero, ¿Con qué dinero le vas a mantener? - preguntó preocupada su madre.
- Con el de la herencia. - Dijo Gulnara y continuó.
- Antes de que Alfredo muera, él me dijo que al morir él, yo  sería millonaria. Todavía tengo que pelear por esa herencia.
Es por eso que inscribí a Francisco en la Academia. De esa  manera la familia de Alfredo verá que estoy invirtiendo el  dinero en él y el resto será mío.
 

 

 



POR DIOS… ¡COMPÓRTATE!

- Francisco, este es un gran sacrificio que hago yo por ti. Por Dios... ¡Compórtate!
Conserva siempre los buenos modales y en el comedor guarda siempre la etiqueta.
Vas a estudiar con los hijos de las mejores familias del país. - me dijo Gulnara al dejarme en la Academia Militar Ecuador el primer día de clase.

 


 


TODO LO TUYO ES MIÓ… Y TODO LO MIÓ, ES MIÓ

 

Estaba en el equipo de atletismo y llegábamos siempre tarde al comedor. Ese día sirvieron arroz, con menestra de fríjol y un huevo duro. Sentado frente a mí estaba un cadete de cuarto curso que era  velocista. Tez blanca, cejón, pelo negro y ojos profundamente negros. Al hablar notaba que tenía los dientes más blancos y perfectos de todo el colegio.

- Pablo, lanza una cáscara al idiota del Javier - le dijo su amigo.
- Yo lanzo a quien me dé la gana - le dijo él

Pablo tomó una cáscara de plátano y la lanzó sobre mí y regrese a ver que caía en la cabeza de otro que estaba comiendo en otra mesa. El afectado regresó a ver inmediatamente y yo volví inmediatamente mi cabeza hacia el plato.

 

Pablo fingió estar comiendo  y disimuladamente veía hacia la otra mesa.

 

- ¡Le di Julio!, le di - murmuró emocionadamente al oído de Julio
- Le diste al desgraciado del Javier.
- Ya te dije que yo lanzo a donde quiera - le dijo Pablo.
- Te creo, pero esta vez le lanzaste justamente a  la cabeza del Javier - le dijo su amigo.

 

Pablo me regresó a ver como comía - ¡Al diablo con la  etiqueta!, aquí todos somos unos salvajes.

- ¡Que alivio! - Me dije a mí mismo y suspire,  pero noté que algo faltaba en mi plato y regrese a ver a todos los lados, incluso debajo de la mesa.


- ¿Qué le pasa? - preguntó el brigadier que controlaba el comedor al ver mi actitud de búsqueda.
- No asoma mi huevo - le dije y mientras que  los que estaban alrededor mío  apretaron los labios.  Pablo y Julio me quedaron mirando fijamente,  y yo tan solo veía que ellos trataban de contener sus ganas de reírse.

 

- Si no  lo sabe donde lo tiene… ¡Es mejor que se lo agarre! - me dijo aquel brigadier y se retiro.

 

Todos lanzaron una carcajada. Pablo y Julio no podían contener su risa mientras miraba fijamente a los ojos de  Pablo sin reírme para nada.
Pablo dejó de reírse. Respiro profundo y llevo sus manos hacia las entrepiernas y saco el huevo.

- Toma, aquí está tu huevo.

Julio lanzó una carcajada, mientras que los otros callaron.  Tome de su mano el huevo y me dijo: - Todo lo tuyo es mío  y todo lo mío, no es tuyo...

Otra vez Julio lanzó otra carcajada...

- ¡Usted queda castigado por quitarle el huevo!, y ¡usted queda castigado por dejarse quitar! - ordenó el brigadier que estaba justo detrás de Pablo.


El jamás se dio cuenta que un brigadier estaba a sus espaldas. Pablo tuvo que decir Adiós a las carcajadas mientras que Julio tuvo que respirar profundo para contener su risa.

 

 




- ¡Par de hijueputas! - dijo despóticamente el brigadier en el patio. - tener que quedarse castigados por un huevo...
¡Extiendan los brazos! - Ordenó.
 

Nosotros pusimos nuestros brazos en posición horizontal.

- Se quedan en esa posición hasta que ordene lo contrario - dijo aquel  brigadier y se retiró.

 

Gotas de lluvia empezaron a caer y al ver hacia el cielo veía que un fuerte aguacero se aproximaba.

 

- ¡Maldición! - Exclamé.
- ¡No maldigas! - dijo Pablo - ¡Disfruta!


- ¿Disfrutar? , ¿Acaso no te das cuenta que estoy castigado por tu culpa? - Le reclamé.
- Jamás eches la culpa a nadie de tus desgracias. Tú tienes la culpa por ser despistado- Me dijo retándome con su mirada y sus ojos negros que se clavaban directamente sobre los míos.


- Bueno, entonces yo tengo la culpa de este castigo -  dije molesto.
- No estés molesto, ¡Disfruta! - me dijo - ¡Búrlate de las  adversidades!

 

- ¿Cómooo? - pregunté enfadado - Me tienen parado aquí, los brazos me duelen,
   está lloviendo y además me dijeron que soy hijueputa...
- Nos dijeron - aclaró él mientras su mirada se suavizo y se rió.


- ¡Qué bobo eres!
- Además de sentirme culpable, ya me hiciste sentir tonto.


- ¡Estira los brazos! - me dijo y los estiré.
- Pon las palmas de las manos hacia arriba - Ordenó suavemente e hice lo que él me pidió.
- ¡Alza tu cabeza y cierra los ojos! Siente como el agua moja tu piel...

 

Sentí como la lluvia mojaba mi rostro y regresaba a ver a Pablo y veía su rostro lleno de felicidad al sentirse  mojado por la lluvia.

 

- ¡Es tan bueno ser hijueputa! - dijo él.
- ¡Es tan bueno ser hijueputa! - dije yo mentalmente.

Y los dos nos quedamos en silencio sintiendo  la lluvia mojar nuestro rostro.

Regrese a ver el rostro dulce de Pablo y por un momento, sin explicarme el porqué,
sentí  un nudo amargo en la garganta.

 


- ¿Por qué faltaste ayer? - me preguntó Pablo enfadado.
- Me enfermé contesté.


- ¡Mientes! - me dijo enfáticamente.
- De tanto disfrutar el castigo, me dio un fuerte resfriado.


- ¡Mientes! - volvió a repetir enérgicamente.
- Me eche la pera - le dije.


- Lo sabía. - me dijo él
- ¿Cómo lo sabías?
- Algún día lo aprenderás...

 

 

Después de dos meses de vacaciones, volví a la Academia. A la hora del recreo me senté en la grada que justamente daba a la puerta de la tesorería.  Pablo vino y se sentó junto a mí, pensé que los dos charlaríamos mucho sobre todo lo que hicimos en vacaciones, pero no fue así.

El no pronunció ni una sola palabra. Los dos pasamos viendo el ir y venir de los cadetes y me incomode.

- ¡Pablo!, estamos media hora  juntos y tú no me dices ni una sola palabra - le dije molesto.

 

El me regresó a ver y suspiró.- ¿Acaso no has entendido el lenguaje del silencio?
- No - respondí y  regresé a ver al movimiento de los cadetes. El puso su mano en mi antebrazo y me dijo  - Basta con que estés junto a mí, ya me  siento feliz.



 

 

Estaba en tercer curso de la Academia y Pablo llegó a ser brigadier.

- ¿Cómo te va? - me preguntó un día.
- Bien.
- ¡Mientes! - me dijo en tono cortante y baje mi cabeza.

 

El puso su brazo sobre mi espalda y me abrazó.

- Francisco, cuando pelees con tu madre, recuerda que  te  quiero. Ya no te amargues la vida por esa mujer. Yo siempre  estaré junto a ti.

- ¿Siempre?

- Siempre - respondió él.

 

 

TENGO UN PROBLEMA

 

Estábamos entrenando con los del equipo de fondo. Pablo estaba  en la pista de cien metros porque era velocista. Una joven muy bella, tez blanca, pelo y ojos negros, se parecía a la actriz mexicana Talina Fernández,  entró hacia la cancha. Y de pronto, la típica conversación de machos:

- ¡Esta buenota! - dijo Juan Carlos. Un cadete de mi curso que estaba junto a mí.
-¡Esta ricota! - dijo otro cadete.


- ¡Pues ni se les ocurra vacilarla porque esa mujer ya tiene dueño! - Exclamó Mateo. Un guayaco que era interno en la Academia.
- ¿Cómo? - preguntó Juan Carlos y noté que Julio se puso nervioso.
- Esa mujer es la esposa del brigadier que está corriendo como loco por allá. - y Mateo señalo hacia Pablo.

Ese momento sentí como si un balde de agua helada hubiera sido vertido sobre todo mi cuerpo.

 

- Finge que no sabes nada y corre – me susurro  Julio.
- ¡Eres un desgraciado!, no me dijiste nada - le reclamé.


- Pablo me lo pidió.- dijo Julio mientras corría.
- El me dijo que era su hermana.


- Ja,ja,ja...  ¡Que incestuoso resulto el tuyo!...Su hermana está embarazada.-  dijo Julio y salió corriendo.
- ¡Diez vueltas a la cancha a un 75%! - me ordenó el entrenador de atletismo.

 

Llegué a la meta, caí de rodillas, lleve mi cabeza hacia el suelo y la tape con mis manos.

 

- ¡Dios mío dame fuerzas! - Pedí al creador, me levanté, caminé y ví a Pablo con su compañera. Al verme, Pablo abrazó orgullosamente a su supuesta hermana. Seguí caminando fingiendo no haber visto nada. Pablo me siguió con su mirada.

 

- ¡A este no le vuelvo a hablar más en mi vida! - le dije a Julio
- No hace falta, los dos casi nunca se hablan -  dijo él alzando sus hombros como si no le importara.


- ¿Qué te pasa? , te veo pálido - me preguntó Javier que venía cerca de nosotros.
- Nada, estoy cansado  - respondí respirando por la boca constantemente.


- ¡Yo sí tengo un problema! - me dijo respirando profundo.
- ¿Cuál? - preguntó Julio.


- ¡Soy homosexual!- contestó secamente.

 

Todos dejamos inmediatamente de caminar.

 

- ¿Y qué? - le dijo Julio alzando sus hombros.
- Si lo comprueba mi padre… Me mata - contestó Javier asustado.


- Pues no se va a enterar. A menos que tú se lo digas.- le dijo Julio.
- Ya lo sabe.


- ¿Cómo lo supo? - pregunté admirado.
- Me escuchó hablando por teléfono con mi novio.


- ¿Comooó?, tienes apenas quince años y tienes novio -  dijo Julio asombrado.
- Francisco tiene mi misma edad y tiene novio también. - dijo Javier


- ¡No tengo novio! - respondí inmediatamente
- No te hagas - me dijo Javier riéndose.


- No tengo ningún novio - Recalqué.
- Es cierto, él no tiene ningún novio - aseveró Julio.


- Francisco, yo sé que tú y Pablo se aman - me dijo Javier poniendo su mano sobre mi hombro.

- ¿Cómo lo sabes?
- Los homosexuales hablamos con la mirada - dijo Javier.


- Ya entiendo porque le caes mal a Pablo...
-  Yo no le caigo mal a nadie - me dijo Javier reclamándome.


-  No importa, pero gracias a una cáscara de plátano en tu cabeza, conocí a Pablo.
-  ¿Noto algo en mi?


-   Nada, solo que le comías con tu mirada..
- ¿Notaste algo raro en mí? -le preguntó Julio preocupado.
- Sí.
- ¡Estamos cagados! - dijo Julio regresándome a ver.


- No, nadie se dio cuenta, excepto yo. La forma en que te comunicas con Pablo es formidable - me dijo Javier rodeando su mano por mi cintura.
- ¿Y ahora qué harás con tu padre? - le pregunté.
- ¿Qué harías si tu madre se entera? - me preguntó Javier.
- Prefiero estar muerto.
- Lo mismo pienso yo. - dijo Javier.


¡FUE UN ACCIDENTE!

 

 

En la misa de funeral todos estábamos cantando: 

- Madre una flor, una flor con espinas es bella, madre un amor,
un amor que ha empezado a nacer...

Como siempre, en aquella frase, Pablo me regresaba a ver.

Al finalizar la misa nos acercamos a dar las condolencias.

- Gracias por asistir al funeral - Nos dijo el Padre de Javier a mí y a Julio.
- No hay de qué. - le dije haciendo una venía.
- ¡Era un buen atleta! - dijo Julio apenado.
- Lastima que no supo limpiar bien el rifle - dijo su padre consternado.
- Al limpiar el gatillo, la bala salió disparada y lo mató. - Respiró profundo y nos dijo:
- ¡Fue un accidente! - vio hacia el suelo en gesto de pena y se retiró.

Julio y yo nos regresamos a ver y él me preguntó con sus ojos cual era mi opinión.

- Fue suicidio. 
- ¡Brujo! - me dijo y bebió su copa de vino.

 

 

LO TIENE TODO Y ES INFELIZ

 

- Sé que un hombre mayor influye en tu vida - me dijo Gulnara a la hora de la cena en un gesto de desafió.


- ¿Quién? -  pregunté.
- Se llama Pablo, es cuatro años mayor que ti y además es marica.


- Pablo ¿Marica? - dije riéndome.
- Si, él es marica - dijo Gulnara  despectivamente.


- El está casado - afirmé.
- Por lo visto, el ser casado hoy ya no es garantía - dijo   ella en gesto irónico y me preguntó:
- ¿Qué eres tú para él?
- Somos dos buenos amigos.

 

Gulnara respiró profundo creyendo que le mentía y me dijo:

- Sé que él fue donde la sicóloga de la Academia y dijo que  estaba enamorado de ti.
¿No es eso una prueba suficiente  para saber que andas con un homosexual?


- ¿Cuánto le paga a la sicóloga para que tenga que andarle informando de mi vida? - le reclamé.
- ¡Soy tu madre y tengo que saberlo todo! - me dijo airada y dando un golpe en la mesa.
- ¡Devuélvame al convento! - le pedí - Allí están mis madres.

 

Gulnara respiró profundo e inmediatamente se levantó de su asiento fue a llamar por teléfono.

- Alejandra, Francisco quiere volver donde las monjas...

 

Gulnara escuchó lo que decía su hermana y cerró el teléfono casi furiosa.

- No puedes volver donde las monjas - me dijo.
- ¿Por qué?
- Hable hace un mes hablé con madre Magdalena. Ella no puede tenerte.
- Quiero hablar con ella.


- ¡Entiende! - me gritó - Las monjas no pueden tenerte, ni siquiera tu madre puede tenerte. He conversado con ella, y ella no quiere saber nada de ti.

Hice lo posible porque no se me fueran las lágrimas y, Esperanza, la sirvienta retiró el plato de mi mesa.

 

- Joven Francisco, usted siempre tiene los ojos tristes - me dijo  y Gulnara se burló.

-¡ Tiene todo y es un infeliz! - dijo en forma hiriente - Ni   siquiera nosotros que hemos sido hijos propios hemos tenido todo  lo que él tiene.

- Me hace falta algo... - me dije a mí mismo.


- ¡Me arrepiento el haberte adoptado!.- dijo despectivamente.
- ¿Entonces por qué no me devuelven  donde las monjas? - le grité.


- Porque tú eres un impedimento para mí - me gritó y luego apretando los puños dijo con un gesto de rabia en su rostro - ¡No tienes idea  de cuánto te odio!.- Respiró profundo y se retiro.

 

- Su vida es un infierno - me dijo Esperanza al ver aquella escena.
- Y todos se imaginan que es un cielo - le dije.

 

Subí al baño. Tome el botiquín y había como unas doscientas pastillas de todos los colores y sabores, incluso algunas caducadas que sirvieron para aliviar los dolores causados por  el cáncer que tuvo Alfredo.

 

Me las tomé de poco en poco, bocados de agua  y grupos de pastillas. Prefería estar muerto a vivir el infierno que vivía con Gulnara.

Me fui a recostar en mi cama y pensé - Me quedo dormido y para mañana tan solo mi cuerpo estará aquí.

 

De pronto una figura de un hombre hecha en luz apareció al pie de mi cama. Lo podía ver claramente aunque el cuarto estaba oscuro. El era alto, hermoso.
Era una imagen en tres dimensiones hecha totalmente en luz. El extendió su mano y la tome. Sentí una energía pacificadora que entró dentro de mí y sentí que aquel ser me amaba.


Su rostro era sumamente bello y emanaba amor. No quise soltar su mano, quería aferrarme a él, pero él desapareció y mi mano quedo con su energía por varios minutos.

 

Al siguiente día Esperanza me saludó:

- Joven Francisco, ¿Como está?
- Muy bien, vivito y coleando- respondí alegremente.

 

Al rato Gulnara bajo y preguntó desafiante:

- Francisco, ¿Qué has hecho con las pastillas del botiquín?
- Me las tomé todas.
- ¿Quisiste suicidarte? - preguntó cautelosamente.
- Sí.
- ¡Dios mío! - exclamó esperanza llevándose sus manos hacia la cara.

Gulnara respiró profundo y me miró despectivamente. - ¡Ojala te hubieras muerto!

- ¡Qué lástima! - le dije - Hay Francisco para rato...

Esperanza se rió. - Hay Francisco para rato - repitió contenta.

 


- ¿Cómo la pasaste la noche de grado?  - me preguntó Ramiro, uno de mis mejores amigos de curso en la Academia.
- Plenísimo, le hice morir de iras a Gulnara.


- Yo también les hice morir de iras a mis viejos, llegué a la ceremonia borracho...
- Eres un salvaje - le reclamé.


- ¿Y tú? , no te me hagas el santo.
- Gulnara se lo busco...


- ¿Por qué?
- Seis años de soportar ese colegio para que a la final me  venga a decir: No estoy orgullosa de ti - le dije imitando  a Gulnara.


- Los padres no entienden el sacrificio que hacemos los hijos al estar en la Academia.
- No lo  entienden.- Dije resignado y en tono burlesco.


- ¡Vamos al ejército! - me propuso.
- ¡Estás loco! - le reclamé. - Seis años de disciplina militar y ahora quieres que me pase obedeciendo por el resto de mis días.


- Pero es la única manera de estar lejos de nuestros viejos - Razonó él.
- Deben existir otras - le dije.


- ¿Cuáles? - me preguntó.- No tenemos plata, no tenemos profesión...
- Somos pobres y vivimos lejos...
- Y mi padre es ladrón  - dijo Ramiro.


- Tienes que decir: mi padre es banquero.
- Correcto ¡Colega!


ESTA PRUEBA ES SOLO PARA HOMBRES.

 

- Gulnara...Quiero ir al Ejército - le dije mientras cenábamos.

Ella pegó un salto de felicidad - ¡Por fin Francisco pensaste! - dijo festejando.


- Ese ha sido el sueño de toda mi vida. Voy a tener un hijo militar - gritó emocionada.
- ¿Y a esta... qué le paso? - Me pregunté al verla tan alborozada.

 

 

Fuimos a la primera entrevista. Entregue mi carpeta al capitán, él no observó mis documentos detenidamente, sino que se fijaba en una pequeña cola de pelo que me había dejado crecer.

 

- Se ve ridículo con esa cola - me dijo.
- ¿Qué tiene que ver la cola con esta entrevista? - le pregunte y él se quedó en silencio.

 
- Disculpe que sea indiscreto, ¿pero puedo hacerle una pregunta?


- Sí - contesto bruscamente.
- ¿Usted piensa?

 

El respiro profundo y lanzó la carpeta hacia mí.

- Usted no puede entrar a nuestra prestigiosa Institución - dijo furioso.

 

Tomé la carpeta y Gulnara me regresó a ver con gesto de capataz.

 

- Su esposo tenía razón - le dije. Gulnara tomó la carpeta y se dirigió hacia la oficina donde trabajaba el cuñado de su hermana. A los pocos minutos volvió.

- Empiezas exámenes mañana - dijo.
- Pero ya no quiero entrar al ejército - le dije


- ¡Empiezas exámenes mañana! - ordenó.
- ¿Le puedo hacer una pregunta indiscreta?
- No - respondió inmediatamente.

 

 

- ¿Cuál es esta letra? - me preguntó el oftalmólogo al señalarme una E.
- La C. - respondí.
- La siguiente...
- Una E -  Pero era un V.
- La siguiente...
- La D.- Pero era un H.

Y fingí por poco que no veía. El se acercó hacia mí y analizó mis ojos y escribió su informe.

 

- Con este estado de ceguera, no aprobaré y Gulnara me dejará en paz. - pensé.

- Ha aprobado todos los exámenes médicos - me dijo él.
- ¿Queeé? - pregunté incrédulo.
- Mañana empieza los físicos.

 

 

- No puede subir el cabo - Dio el informe un sargento a su superior sobre mi deplorable estado físico.

 

El teniente al ver mi ficha me dijo burlándose - Usted no podrá soportar nuestra disciplina. No ha hecho las abdominales requeridas.
Lanzó la bala apenas tres metros, no puede hacer flexiones de pecho. Ahora que le toca correr, no alcanzará ni siquiera  la primera vuelta...

Yo tan solo lo escuchaba y quería que me descalifique.

 

- Usted viene de un colegio de señoritas ricas… ¡Esta institución es para hombres! - Me dijo en tono orgulloso. - La siguiente prueba es para hombres - me volvió a repetir.

Me quedé pensativo por un momento y concluí. - He hecho todas las pruebas mal, seguro que si hago un buen tiempo en esta, no me aceptaran.  Lo que este idiota no sabe es que soy fondista - me dije a mí mismo.

 

- En sus marcas, listos, fuera... - dio la voz aquel teniente.

Empecé a trotar tranquilo. Sabía que la clave era dejar que el resto se queme para luego superarlos.

Al llegar primero la meta el cronometrista gritó - El ha hecho el mejor tiempo en 4.000 metros.

El teniente no pudo ocultar su rostro de asombro mientras pasé por su lado.  

- ¡Adiós!- me despedí.
- Hasta mañana... - me dijo él.
- He dado todas las pruebas mal. - Le reclamé. No quería que me acepten.
- ¡Excepto esta!. Eres un buen atleta y nos puedes ser de mucha utilidad. Mañana empiezas las pruebas intelectuales.

 

-          ¡Maldición! - me dije a mí mismo.


 

- Las provincias del Ecuador no son 19, son 20 - me corrigió un cadete de tercer curso que estaba encargado de vigilar que no copiáramos.

- ¿Qué esperas? - me decía y no le respondía nada.
- ¡Borra!... y pon la respuesta correcta.-

 

Como las respuestas estaban escritas a lápiz, tomaba el borrador, la borraba de mala gana y ponía la respuesta correcta.

 

- Abraham Lincón fue presidente de los Estados Unidos, nunca ganó el premió Nobel de la paz - me corrigió.
- Debería haberlo ganado - le insinué.
- En ese tiempo no existían los Nobel - me dijo y otra vez tuve que borrar y poner la respuesta correcta
y así lo tuve que hacer sucesivamente en todas las pruebas porque este cadete me cogió tal cariño que por poco me daba haciendo el examen él mismo.

 

Al llegar a la prueba de Inglés, no deje que él se me acerqué, apenas me dieron la hoja, la empecé a llenar, y por tratar de impresionar al resto,  salí primero. 
 

 

Un sábado por la noche, en una reunión familiar. Hubo una llamada telefónica. Gulnara la contestó.

- Señora, su hijo entra becado al Ejército, es buen atleta y sabe otro idioma.

Gulnara dijo alegremente a todos: 

- ¡Francisco va a ser militar!
- ¡Bravooooo! - gritaron todos.
- ¡Soy un imbécil! - me critiqué  a mí mismo.
- ¡Felicidades! - dijo Margarita, la  hermana menor de Gulnara
- Esto me pasa por correr como desaforado - me reclamaba a mí mismo.
- Serás el orgullo de la familia - dijo Gustavo,  el único hermano varón de Gulnara.
- ¿Puedo pensar hasta el Lunes si voy o no voy al ejército? - pregunté a Gulnara.
-  Tú sabes que siempre he respetado tus deseos...

 



 

- Gulnara... no voy a entrar al Ejército - Le dije el  lunes por la mañana.

 

- ¡Solo eso me faltaba! - me dijo Gulnara y cayo inmediatamente sobre el sofá, puso su mano en su cabeza y su rostro se empezó  a poner rojo.

 

- ¡Qué mal hijo que eres! - me reclamó - Yo lo he hecho todo por ti. Si quiero que vayas al ejército es porque quiero que  asegures tu futuro, porque tengas una buena profesión.
Todo lo hago por ti, pero ese es tu  pago. - y puso sus manos en la cabeza.

- ¡Esperanza! - gritó.
- ¿Qué señora? - respondió la sirvienta
- Tráeme mis pastillas, las necesito, me siento mal. Francisco me va a matar...


- Voy al Ejército - le dije.

Gulnara se incorporó rápidamente.

- No traigas nada - le dijo a Esperanza - Este momento voy a sacar la plata del banco para comprarte los uniformes - dijo alegremente y corrió a tomar la llave del auto.

 

 

- Ya quiero vestir el uniforme de gala - dijo uno que caminaba  junto a mí al ingresar a los dormitorios el día de ingreso al ejército.
- Con cualquier uniforme impresionaremos a las peladas - le  dijo otro.
- ¡La escuela es inmensa! - decía admirado otro.
- ¡Me encantan las piscinas!- dijo otro.
- ¡Ilusos!, no saben lo que les espera - les dije.

 

A la noche se asomó al dormitorio aquel cadete que me ayudó a corregir las pruebas.

 

- Estoy contento de que  estés aquí. Yo te ayude  de todo corazón porque tienes pinta de militar, tienes pinta de ser noble - me dijo en tono de orgullo - y esta profesión es noble.

Ese momento agaché mi cabeza.

- ¿Qué te pasa? - me preguntó.
- Nada. Tan solo necesito estar solo - le dije, porque en aquellos momentos lo que mejor podía haber hecho por mí aquel hombre era desaparecer de mi vista.


 

 

Después de un mes de estar en aquella supuesta  prestigiosa institución, la vida allí se me volvió insoportable - Ya estuve seis años en la Academia - me dije
- no deseo este estilo de vida por el resto de mis días.
 

Al momento en que iba a pedir la baja. Un brigadier del otro pelotón vino con un recluta  y le dijo al teniente que dirigía mi pelotón
- Este recluta pidió la baja.  Antes que salga a la vida civil, quiero que pelee con el mejor quiño de su pelotón. ¡Sáquele la mierda para que se acuerde de nosotros!

- Mejor pido la baja más tarde - pensé.
 

La pelea empezó y gritos de euforia se escuchaban alrededor.

- Dale...
- Pégale a ese recluta...
- Mátale a ese futuro civil...


Y uno que estaba alado mío, que era egresado del Colegio Militar gritaba como un fanático. - Pégale... Sácale sangre.. Dale duro... Detesto a los civiles...

- Tus padres son civiles, tus familiares son civiles,  y con los impuestos de los civiles, viven los militares - le dije.
 

El se quedó en silencio y al poco rato empezó de nuevo - Pégale... Mátale... Dale duro...
 

- ¡Qué difícil es que un militar piense! - me dije al ver aquel cuadro.
 

Al siguiente día estaba saliendo de aquella institución.


 


EL AMOR ENTRE HOMBRES NO EXISTE
 

- ¡Dios mío!, no puedo creer lo que están viendo mis ojos - dijo la madre de Renzo asustada.
 

Diego se acerco hacia donde Tomás y le lanzó un fuerte trompón que lo lanzó hacia el suelo.
 

- ¡Desgraciado! Estas corrompiendo a mi hijo - le dijo enojado y con su rostro rojo lleno de  iras.

Renzo se apresuró a ponerse su interior y acercarse a Diego.
 

- ¡Papá, tranquilízate!. Tomás  no me ha corrompido. -le dijo tomándole del brazo para tratar de evitar que Diego siga pegando a Tomás.
 

- ¡Entonces!... ¿Dime qué es lo que vieron mis ojos? - gritó Diego.- Tomás estaba montado sobre ti, culiándondote.
 

Tomás se arrimó a la pared mientras que Renzo le paso enseguida un pañuelo para que se limpie la sangre de su nariz y luego le paso su  ropa interior.


- Tomás, hemos sido demasiado buenos contigo. Tus padres y nosotros arrendamos este departamento para ustedes, para que estudien y sean buenos profesionales,
pero jamás nos imaginamos esto. - dijo la madre de Renzo desconcertada.
 

- Yo avisaré a los padres de Tomás que su hijo es un maricón - dijo Diego.
- ¡Por favor!, no lo haga - Suplicó Tomas.- Los matará del dolor.
- Ustedes también nos han matado del dolor - dijo la madre de Renzo.


Diego respiró profundo y miró hacia Renzo. Su orgullo le impedía que derrame una lágrima - Hijo, tú eres el más apuesto de todos mis hijos y el más querido.
En la hacienda yo hice una casa especial para ti, para que vivas allí con tu esposa y con nuestros nietos...

- Te lo agradezco papá, pero yo amo a Tomás.

- ¿Cómooo? - preguntó la madre de Renzo llevándose las manos a su cara.

- ¡El amor entre hombres no existe! - dijo Diego fríamente.
- Yo amo a un hombre - le dijo Renzo.
- Eso es pasajero - dijo la madre de Renzo.
- Lo amo desde que soy niño.
- ¡Cállate! - Suplicó Tomás a Renzo.
- ¡Renzo!... ¡Arregla tus maletas!, nos vamos para la hacienda - Ordenó - Diego.
- Papá yo me quedo aquí. Tomás me necesita...
- ¡Renzo!, te he dado una orden - dijo firmemente Diego.
- ¡Obedezca a su padre! - dijo Tomás a Renzo.

Renzo observo a Tomás y se le fueron las lágrimas.


- Papá, no me pidas eso, te conozco. Si voy a la hacienda, no regreso - le dijo Renzo llorando.
- Te he dado una orden - gritó Diego. - Te  esperamos afuera.
 

A Tomás se le fueron las lágrimas también, pero los dos trataban de contener al máximo su dolor.

- Te ayudo - le dijo Tomás queriendo empacar.

- Deja, lo haré solo. Acuéstate con la cabeza hacia arriba para que te pase la hemorragia - le dijo Renzo.

Renzo empezó a empacar tan solo poca ropa. Quería dejar el resto como pretexto para regresar por aquel departamento.
 

- Nos vemos pronto - le dijo Renzo a Tomás.
- Te estaré esperando - le dijo Tomás.
- Recuerda siempre nuestro pacto.
- Lo recordaré... - dijo Tomás.


TRES MESES DESPUÉS
 


- ¡Bienvenido a Caracas! - le dio la bienvenida a Renzo su hermano.

- ¡Bienvenido a Francia! - le dio la bienvenida a Tomás un sacerdote.
- ¡Bienvenido a la Universidad Central! - me dio la bienvenida el profesor de Castellano.


 

 

- ¡Estás con los del montón! - me dijo Gulnara.
- Me encanta la universidad del Pueblo - le dije.
- Todo mi sacrificio se ha ido por los suelos. - dijo ella decepcionada.


- Es por eso que escogí aquella universidad, porque no quiero seguir escuchando cuanto se sacrifica por mí.
- Esa universidad no es prestigiosa.
- A la final, es mi dinero.
- Has con tu dinero  lo que te dé la gana - me dijo aquella mujer que olvido que algún día ella fue pobre. Ahora ya despreciaba a los de su clase.

 

 

- Me das un café - le pedí a un joven  que atendía el bar. El me sirvió el café y quedo viendo hacia mis ojos.

- ¡Es demasiado guapo!  Las mujeres tienen que acosarlo. - pensé al verlo y él inmediatamente esquivo la mirada.

Me reí al ver su actitud tan nerviosa.

 

- ¡Mejor olvídalo!  Un tipo con esa pinta difícil que sea homosexual. - Pensé.

- ¡Matías!, pásame un café - Gritó su madre.

- Es un nombre interesante. No conozco ningún Matías que no sienta debilidad por los de su mismo sexo.  - me dije sonriendo. Tomé mi café y me fui a sentar a la mesa.

 

 

- Un cigarrillo, por favor - le pedía a Matías. El tomó uno de la cajetilla y me lo pasó.

- Un fósforo. ¡Por favor!

Encendía mi cigarrillo y le devolvía la caja.

 

- Gracias. -le decía y el tan solo hacia una leve venía. No pronunciaba palabra. Al rato él encendía un cigarrillo y me quedaba viendo.

Este ritual se repetía a cada cambio de hora en la Universidad.

 

 

 

ENTRE AMIGOS
 

- ¿Julio, has visto a Pablo?
- Sí, va por su segundo matrimonio.
- Es preferible que cambiemos de tema - le dije.


- ¿Sigues viendo al  chico del bar?
- Todos los días, me he vuelto un adicto al cigarrillo...y a él...


- ¿Te gusta?
- Sí, me gusta verle...
- Pero... ¿Te atrae sentimentalmente?
- No, los dos nos caemos mal.


- ¿Por qué? 
- El es muy serio, y yo soy medio loco.
- ¡Loca! - me corrigió.
- Julio, no me siento mujer...
- No importa, pero los dos siempre seguiremos siendo nañitas.- Dijo Julio abrazándome.

 

- Parece que ese tal Matías te ha hecho olvidar a Pablo.
- No lo creas. Pablo está en mi mente y en mi corazón todos los días.


- ¿Si tuvieras que  escoger entre Pablo y Matías?
- Me quedo con Pablo.


- ¿Por qué? si  te ha hecho ya dos cagadas.
- Pablo es rico y sencillo, Matías es un pobre arrogante.

 

- Creo que estas obsesionado por Matías - Dijo Julio.
- Creo que sí. Voy a dejar de verlo.
- ¿Por un largo rato?
- No, tan solo por ocho días, son suficientes para poner en orden mi cabeza y dejarme crecer la barba. Voy a cambiarme de look.
- Vas a ser un fenómeno. ¡Una mujer con barba! - dijo Julio en tono burlesco.
- Ñañita querida, si sigues hablando... ¡Mueres! - y le pellizque su brazo.
- Si no me respetas como mujer, ¡respétame como ecuatoriana! - me dijo él apartando en forma brusca mi mano de su brazo
y siguió caminando delante de mí de una manera afeminada que lograba hacerme reír.

 


EL LENGUAJE DEL SILENCIO
 

Después de ocho días volví al bar, apenas entré encontré que Matías estaba sentado en una mesa observando hacia la puerta. Al verme, se levantó inmediatamente, con su mirada me dijo que estaba enojado y se metió a la cocina, de allí no volvió a salir mientras estuve bebiendo un café.

 

Volví a la siguiente hora. Y él no apareció. A la siguiente hora paso lo mismo. Al siguiente día, no asomó, aunque su auto estaba parqueado fuera. Al tercer día, tampoco apareció.
Era lógico que él no quisiera verme. Al cuarto día, no asomó para nada aunque su madre lo necesite porque el bar estaba lleno.
 

Ni el quinto, ni el sexto, ni el séptimo. Al llegar el día octavo fui corriendo a medio día al bar.  Matías estaba atendiendo. Me sorprendí al verle y él me miró con ojos de dulzura.
Mis ojos demostraron felicidad al verlo.


El conocía perfectamente el lenguaje del silencio. Apareció después de ocho días y con su barba crecida. 

 

 

- ¡Hola! - Salude a Matías al verlo en la calle.

El no respondió mi saludo y siguió caminando fingiendo no conocerme.

 

- ¿Y a este qué le pasa? - me pregunté.

 




Entre al bar abrazado de Mónica, una amiga de estudios. Vi que a Matías casi se le salen los ojos.
 

Nos sentamos y nos pusimos a conversar amenamente. Matías no dejaba de observarnos. Por los gestos que puso - ¡Este está celoso! - pensé.

Matías me observaba mientras que  su madre lo veía de reojo a él. Tratando de disimular  yo también lo veía de reojo y  observaba la actitud  y de su madre.

Matías tomó un cigarrillo, lo encendió mirándome fijamente a los ojos.
 

- Este quiere que siga con el ritual - pensé.
 

Me acerqué a la barra. - Me das un cigarrillo por favor - le pedí.
 

Matías tomó la cajetilla, sacó un cigarrillo, me lo entrego y me paso la caja de fósforos. Lo encendí, le devolví la caja y dije - Gracias.

El me quedo viendo sin responderme - Este está furioso -   Se le notaba solo viendo  sus ojos.
 

Seguí conversando con Mónica alegremente y terminé mi cigarrillo. Regresé a ver a la barra. Matías había terminado el suyo.
 

Matías me observó y al estar seguro de que lo estaba viendo, tomó un cigarrillo en sus manos y lo encendió.
Exhalo el humo como provocándome y me quedo viendo fijamente a  los ojos. Entendí claramente su juego.
 

Me acerque a la barra, pedí otro cigarro, y observe el gesto de triunfo de Matías pero también miré hacia los ojos de espanto que tenía  su madre.

- Francisco, ¿Qué te pasa?, apenas apagaste un cigarrillo y vuelves a encender otro.

- Estoy nervioso - le dije a Mónica.

Después de cinco minutos termine de fumar el cigarrillo y Matías había hecho lo mismo.


- ¿Satisfecho? - Le pregunte  con mi mirada.

Matías bajo su rostro, tomó otro cigarrillo y se lo llevó a la boca.

- ¡Este está loco! - Me dije al verlo
- Mónica… ¡Vámonos de este lugar! - le pedí.
- No seas malito, quedémonos un ratito más que estoy coqueteando con un buenote que está en la mesa de allá - y me señaló hacia donde su conquista estaba.

- Ya vengo...
- ¡No te vayas! - me imploró.
- Tan solo voy a comprar un tabaco.
- ¿Otrooo?
- Te dije que estoy nervioso...
 

Al rato ya estaba mareado, el humo del tabaco me parecía asqueroso, sentí que me ahogaba. Quería que Matías se descuidara y apagar el tabaco o dejarlo simplemente a que se consumiera en el cenicero, pero no fue así. El me regresaba a ver, fumaba su cigarrillo y esperaba a que hiciera lo mismo.
 

Al terminar de fumar el tercer cigarrillo. Matías puso un rostro que reflejaba triunfo y felicidad. Ese momento ante los ojos de su madre los dos nos estábamos declarando.

Matías agachó su cabeza, tomó la cajetilla y sacó otro tabaco, se lo llevó a la boca.
 

- Mónica, ¡Vámonos de aquí!-  le pedí como si fuera una súplica.
- No, Francisco, estoy en el punto culminante...
- Mónica, ¡Por Dios! Vámonos de aquí.
- Espérate cinco minutos más y nos vamos - me dijo ella tratando de calmarme.
- ¡Este me quiere matar! - pensé al verlo.

Matías empezó a fumar su cigarrillo tranquilamente y retándome con sus ojos.

- Ya vuelvo...
- ¿A dónde vas? - me preguntó Mónica.
- A comprar un cigarrillo.
- Francisco, ¿Estás loco?
- No, estoy nervioso.

La madre de Matías puso cara de espanto. Matías no pensó que iba a cometer tal hazaña.

- Me das un tabaco...

Se repitió todo el ritual. Regresé a mi asiento y terminé casi ahogado.

Matías sonrió, sonreí a la vez.
- ¡Vamos! - dijo Mónica.  
- ¿Y tu levante?
- Se acaba de ir con otra chica - respondió ella decepcionada mientras en la radio Los Carpenters acababan de cantar "This mascarade".


 


- ¿Qué te pasa? - me preguntó Julio al verme en un café.
- Nada.
- ¡Mentiroso!, se te nota en la cara - Me reclamó.
- Ando medio loco por Matías, pero él es super raro. El otra vez casi me ahogo por su culpa y hoy lo ví en la calle, le  salude y no responde.

- Es un idiota...
- Realmente no sé qué es lo que quiere. Cuando realmente  tenemos oportunidad de conversar, no habla.
- Igualito a Pablo...
- No, desde que se caso, él que dejo de hablar fui yo.
- Entonces es de aquellos que se creen regios y que sus padres no los educaron como a nosotros...
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Mi querido Francisco. A nosotros nos enseñaron que uno es el que tiene que saludar primero, sino nadie le saluda. Estos pobres tirados a ricos, se creen regias y no saludan a nadie...
- Es primera vez que me pasa eso...

Julio empezó a silbar y me dijo - Tiene el síndrome de las locas...

- ¿Queeeeé?
- ¿Y ahora qué vas a hacer? - me preguntó evadiendo el tema.
- Tratar de olvidarlo.
- Eso no se puede...
- Todo se puede en esta vida -  le dije - Me voy de viaje a  Colombia por ocho días, y cuando vuelva no iré jamás por el  bar. Sé que después de dos semanas que no me vea,
   le dará   ataque, y...
- ¿Y?
- ¡Ojala!, así hable...

 

 

Eran las doce de la noche y Gulnara salió abrirme la puerta. Al verme preguntó asombrada.
 

- ¿Qué paso?
- Volví un día antes de lo planeado, no pude quedarme en Cali.
- Pasa - me dijo con un tono suave.
- ¿Dónde está Esperanza?
- Se fue de vacaciones. Mi tía Rosa me vino a ayudar. - dijo ella.

Tomé mis maletas y caminé rápidamente delante de ella.
 

- Traje algunas cosas para la familia.
- ¡Espera!... las abriremos en tu cuarto - me dijo ella
- Es preferible en el suyo.

- Francisco, estoy cansada. Mejor vemos las cosas mañana.
- Compré unos juegos de toallas plenísimos, quiero que los vea.
 

Entre al cuarto de ella y vi que alguien estaba  en su cama cubriéndose con la colcha la cabeza, pero claramente se podía notar su mano.
 

- ¿Vino Patricia a hacerle compañía?
- Sí - respondió ella nerviosamente.
- Por lo visto Patricia tiene manos de hombre...
- Francisco, ¡Ten calma hijo mío! - me dijo abrazándome.

- No me importa el hecho de que usted este con un hombre, él es casado - le dije al ver el reloj que estaba en  aquella mano.

Inmediatamente arranché la colcha  y aquel hombre quedo al descubierto y se levantó rápidamente.
 

- Francisco, ¡Discúlpeme! - me dijo con su aliento alcohólico, pero pareció que en pocos segundos se le fue la borrachera.
- ¡Vístase y vallase! - le dije.

- Hijo mío... ¡Tranquilízate! - me dijo Gulnara dándome un beso en la mejilla.
- Estoy tranquilo, pero ese hombre es casado - le reclamé.
- ¡Pero soy hombre! - Recalcó  con el típico tono machista
- ¡Vallase! - Ordené.
- ¡Francisco!, ¡Cálmate!, tú sabes que yo te amo - me dijo Gulnara.
- No hace falta que me diga "te amo " solo en casos de  emergencia.

 


A los  pocos días Gulnara vino a mi dormitorio y se paro firmemente en la puerta con pose de capataz.

- Por si no lo sabes… mi familia ya sabe lo que paso cuando llegaste de Colombia y tengo todo su apoyo.

- ¿Y eso que tiene qué ver?
- Te lo digo por si acaso... - me dijo con un tono amenazante.

- Ya me había olvidado del asunto.

 


Salí a comprar un cigarrillo y me encontré con el amante de Gulnara.
 

- Si usted piensa avisar  a mi esposa lo que pasó aquella noche, le juro que digo a todo el barrio que usted es un recogido.
- ¿Recogido? - le pregunté extrañado. ]

- Si, Gulnara me dijo que lo recogieron de la calle.

- Diga lo que quiera, total, no le tengo miedo a Gulnara, mientras que usted si le tiene miedo a su esposa- le dije riéndome y seguí caminando. 

 

 

 

Un día por la mañana llamé a Julio por teléfono.


- Julio, ¡Amanecí pelado las piernas! - le dije asustado por teléfono.
- ¿Con quién te revolcaste? - me preguntó  riéndose.

- No te burles. Te estoy hablando en serio. No tengo ningún  bello en mis piernas.

- ¡Mujeeer!... ¿Te depilaste?
- No… ¡Animal! Me depilaron y sin darme cuenta.
- No te creo - me dijo en tono incrédulo.
- No estoy bromeando. Encontré debajo de mí cama un frasco tapado con una franela roja que tenía dentro mierda con aceite y sal.
- ¡Eso es brujería!
- Debajo del último cajón de mi clóset encontré un pequeño ataúd que contenía un mechón de mi pelo amarrado a un dedo de muerto con una cinta roja - le dije alterado.
- ¡Te quieren matar ¡- me dijo Julio exaltadísimo.
- ¿Por qué?
- Entre brujas no se quieren - me dijo riéndose.

- Julio, aunque no lo creas estoy asustado. - le dije sintiéndome inquieto.

- Francisco, tan solo confía en Dios, El es más poderoso que todas esas huevadas. Pero realmente me sorprende que Gulnara sea así contigo.  A ella se le ve tan buena...

- Gulnara es aparentemente buena, pero  por dinero ella puede vender su alma al diablo...
- Me da pena de ella...
- ¿Por qué?
- ¡Es una  bruja principiante! No sabe que cuando hace daño a otra bruja como tú, toda su maldad se le revierte...
- ¡Deja de ser fastidioso!
- Nañita, yo siempre estaré contigo, besos y adiós. - me dijo riéndose.


 


A medio día le enseñé a Gulnara el ataúd.
 

- ¿Qué es esto? - le pregunté.
 

Gulnara por un momento se quedo callada y en sus ojos se podía notar espanto, pero al poco tiempo todos sus gestos cambiaron.
 

- Encontraste el ataúd que me regalo mi suegra cuando me case con Alfredo.
  ¡Qué emoción!. Mira qué lindo detalle el de la cruz en el medio...
 

Yo veía el detalle y me preguntaba - ¡Que irónico!, un ataúd de regalo de bodas.

Abrí el pequeño ataúd y le enseñé lo que contenía dentro. Ella otra vez se quedó por un instante en silencio, pero enseguida su ingenio apareció.
 

- Los huesos de muerto con los cuales Alfredo estudiaba  medicina.
- ¿El mechón?
- Es un mechón de pelo que corte a tu padre antes de morir.
- ¿Para qué?
- Como recuerdo.
- Alfredo tenía el pelo negro y lacio, este mechón es mío.
 

Gulnara se hizo la loca.


- Es de tu padre, con el tiempo a cambiado de color y de forma  dijo nerviosa.
- ¿Dónde encontraste el ataúd?
- Debajo del último cajón del clóset.
- ¿Cómo llegó ahí? - preguntó extrañada.
- Pregúntele al muertito - le dije alzando mis hombros.
- No te burles de los muertos. ¿Acaso no les tienes miedo? - me preguntó desafiante.
- A los muertos no les temo. Uno tiene que cuidarse en este vida de los  vivos que le rodean.  -  Le entregué su ataúd y me retiré.


 

 

 

- Gulnara, yo tengo una amiga que se llama Filo y sabe leer  muy bien las cartas - le dijo Inés Guayasamin, la hermana mayor de Alfredo.
- ¡Vamos a verla! - le dijo inmediatamente Gulnara.

- Quiero que vayas conmigo - me pidió.
- ¿Para qué?  No creo en esas cosas - le dije.
- Por eso mismo, para que creas.
 

- ¡Ese no es su hijo! - le dijo doña Filo a Gulnara, luego de que Inés nos presentara.

Gulnara y Inés se quedaron viendo asombradas por la veracidad de doña Filo.

- No hace falta ser bruja para darse cuenta que Gulnara y yo no nos parecemos en nada - pensé.

Luego Gulnara siguió las instrucciones de doña Filo. Barajo el tarot y con la mano derecha armó tres grupos.
Uno representaba a su pasado, otro a su presente y otro a su futuro.
 

Doña Filo fue dando vuelta a las cartas y ubicándolas sobre la mesa.


- ¿Te leo delante de ellos? - le preguntó a Gulnara.
- Sí, por mí no hay problema - Contestó ella.
 

Doña Filo empezó a leer las cartas a Gulnara y era como si esta señora la hubiese conocido desde antes.
Le describía muchas cosas sobre su pasado y sobre su carácter.
 

- Tú tienes un amante - le dijo al ver las cartas que representaban su presente - Y te encanta acostarte con él.
 

Gulnara no se inmuto. Inés  me regresó a ver con cara de picardía y me reí con ella. Por fin había descubierto que su santa cuñada no era tan noble como parecía.
Lo único que  le falto decir a doña Filo en las cartas era que el amante de Gulnara era un chofer.

Mi risa empezó a ser más picara tan solo de imaginarme qué pasaría si mi tía se enterase.
 

Luego de leer las cartas a Gulnara, doña Filo se dirigió hacia mí.
 

- Ahora leámosle las cartas al incrédulo...

- ¡Hazte leer las cartas! - insinuó Gulnara.
- Bueno - respondí
- ¿Te las leo delante de ellas? - preguntó doña Filo.
- Yo me hice leer delante de ti, ahora te toca a ti - interrumpió Gulnara.
- Bueno - dije otra vez.
 

Al leerme las cartas, sentí que esa señora estaba sacándome una radiografía de todo mi pasado. Era tan certera que mis manos se pusieron a sudar.
- Vives en una jaula de oro - me dijo. Pero cuando llego al presente, tuve que inmediatamente poner mis manos sobre las cartas.

- ¡Deténgase! - ordené.

 

Regresé a ver a Gulnara, ella tenía un gesto de triunfo.   Inés se puso sumamente seria y noté severidad en su rostro.

- ¡Ya fue tarde! - me dije derrotado.
 

Gulnara estaba buscando un arma con la cual atacarme. Doña Filo le dio la bala con la cual podía destruirme. Sude frió y mis piernas temblaron por un momento.
 

- Le voy a recomendar a varias de mis amigas - le dijo Gulnara a doña Filo y le pago más de lo que debía. Gulnara salió muy contenta, mientras que yo salí sin habla de aquel sitio.

 

 

 

¡TRÁGAME TIERRA!
 

Eran las once de la noche, estaba observando tranquilamente televisión cuando de pronto sentí que la puerta se abrió bruscamente y golpeó contra la pared. Gulnara entró furiosa, con su cara roja de las iras y sus ojos vidriosos.
 

- ¡Solo eso me faltaba que mi hijo sea homosexual! - gritó furiosamente.

- ¡Trágame tierra! - fue lo único que pensé y me quede helado.

- Acabo de hablar por teléfono con la madre de tu amante - me dijo con iras en su rostro.

- ¿Amante? - le pregunté extrañado.
- Sí, amante - Afirmó ella.
- Yo no tengo ningún amante - Aseveré enojado.

- Pues, tú amante está ahorita  borracho y acaba de declarar  todo.
- Declarar ¿Qué?
- Que los dos se comunican con las miradas, y que luego se ven en sitios donde su madre no los pueda ver. Su madre se ha dado cuenta de todo.

- ¿Matías? - pregunté asombrado.
- Sí, Matías - Repitió.
 

En ese instante me reí.
 

- Además de homosexual... ¡Cínico! - me recalcó.

- ¡No lo puedo creer!  Matías no bebe y tampoco es mi amante.
- Pero los dos tienen relaciones...
- Igual  que tenemos entre usted y yo, tan solo son comerciales.

- ¡No te puedo creer!  Antes ya supe lo tuyo con Pablo. Pensé que era pasajero y que te ibas a curar, además en ese tiempo no tenía una prueba fehaciente de tu homosexualidad,
pero ahora la tengo.

- Nunca fuimos nada con Pablo - le dije.
- ¡Mientes! - Me gritó.


Suspire casi derrotado y no le respondí.
 

- La madre de tú amante dice que como tú eres un tipo de plata,  tú le pervertiste a él, pero ella dice que pagara todo el dinero del mundo para que los dos se curen.

- ¿Curarme de qué?
- De tu enfermedad - me dijo enfáticamente.
- Que se cure él.   
- ¡Los dos son los enfermos! - Gritó enfurecida.
- A veces creo que la enferma es usted.
- No me respondas. ..¡Carajo! - gritó y me lanzó un chirlazo en la cara. - Yo siquiera lo hago con hombres - me dijo presumiendo.


Casi le respondo - Yo también -   pero preferí morderme la lengua porque era seguro que me lanzaría otra cachetada.

 

- Por cada lágrima que me ha hecho derramar, usted  derramará mil - le dije amenazándola con mi mirada y mi mano.

 

- Las maldiciones de los homosexuales no surgen efecto - me dijo con un  gesto de seguridad y  de orgullo.
 

- ¡Maldita adultera! - Le grité lleno de iras. Ella me lanzó otro chirlazo y enseguida quiso tomar mi televisión y lanzarla por los suelos.
 

- ¡Ni se le ocurra!  - le dije deteniéndola con mi mano.
- Si usted rompe algo que es mío, enseguida llamó a la  policía, digo que soy adoptado y que he sufrido maltrato físico y psicológico y pido que me devuelvan donde las  madres.

- Llama..., ¡Corre y llama! - Me reto. - Tomaré un cuchillo, me rajo la cara y les diré que tú me quisiste matar. Además, te hago acuerdo de que ser homosexual es un delito en este país.
 

Con su última amenaza me desarmó y sentí que dos lágrimas salieron de mis ojos que estaban llenos de iras.


- Por cada lágrima que he derramado, usted derramará mil - le repetí.
- Tus maldiciones, conmigo no funcionan. Yo tengo a Dios. – Presumió
- El Dios dinero.
- ¡Y con el puedo destruirte! - dijo con gesto triunfante y amenazante a la vez.

 

Ella respiró profundo, trató de contener sus iras y dijo:

- Francisco, tienes que ir donde el psicólogo.
- Ni loco...
- ¿Por qué? - preguntó amistosamente.
- Les conozco.
- Yo pago los gastos. Incluso si no resulta lo del  psicólogo yo pagaré la operación. -Dijo ella en tono conciliador.
- ¿Cómooo?
- Si, la operación. Haría cualquier cosa por verte feliz.
- ¿Desde cuándo usted se preocupa por que yo sea feliz?
-  ¡Eres cruel!  Ya entiendo el porqué tu amante quiere separarse de ti.
- ¿Qué Matías quiere separarse de mí?...
- Sí. El ha dicho a su madre que quiere separarse de ti. Quiere ser normal y volver con su novia.
 

Al oír aquello me reí.

- La única amiga que tiene Matías es lesbiana - pensé.

- Francisco, vayan los dos al  psicólogo. Nosotros pagaremos los gastos - me dijo Gulnara tratando de convencerme.
- No conozco a Matías, pero pagaré los gastos. El que debe ir al psicólogo es él.
- Eso cuesta mucho dinero - me dijo preocupada.
- Lo pagaré.
- Yo sé que lo harás, porque iras a trabajar con tu culo en la Colón - me vio con desprecio y se retiró.
- ¡Infeliz! - fue lo único que pude decir al verla.
 

Al cerrar la puerta lo único que quise es que la Tierra se abriera, me tragara y  yo desaparecer del planeta.

 

 

Al siguiente día fui al bar. La madre de Matías al verme se puso inmediatamente a la defensiva.  Igual fue la actitud de  su hijo.

 

- Me das un jugo de naranja - le pedí a Matías seriamente.

 

El fue a la máquina de jugos, llenó el vaso. Lo colocó en la barra, tomó un sorbete y trató de meterlo en el vaso. Mano y sorbete temblaron juntos.
Matías de los nervios no pudo introducir el sorbete en el vaso.

 

Matías respiró profundo. No me regresó a ver. Tan solo veía el vaso. Su madre no apartaba su mirada sobre nosotros. Matías hizo el segundo intento, pero no pudo.
El sorbete se cayó de su mano. Inmediatamente su madre tomó un sorbete y lo puso dentro del vaso. Matías tomó el vaso, me lo entrego mirándome con ojos de tristeza.

 

- ¿Por qué me hiciste esto? - fue lo único que puede decirle con mis ojos. El agachó su mirada y se retiro hacia la cocina y me quede por un momento escuchando
en la radio cantar a Chris Isaac, Wicked game.

 



 

SIMULACRO DE CEREMONIA DE CLASE

 

Una noche en la sala de la casa recibíamos una invitación para la boda de Patricia, hija de Alejandra, por lo tanto sobrina de Gulnara.

 

- Nos complace en invitarlos a la boda de nuestra hija con un teniente de la Fuerza Aérea - dijo muy orgulloso Iván Jácome, su padre.

 

- Este idiota no sabe que ya me entere que es un miembro de  la tropa - me dije a mí mismo.

- Eres muy amable - le dijo Gulnara.
 

- Será una ceremonia con clase. Tan solo he invitado a muy  buenos amigos míos. Como ustedes saben yo me llevo con lo  mejor de Quito.

- ¡Qué aburrimiento!, ya invitó a sus amigos argentinos - pensé.
 

- Estaremos allí. Muchas gracias. - le dije.

 

La recepción fue en El Rincón La Ronda. Iván ordenó poner música clásica, porque según él en las ceremonias con clase, la gente no baila, tan solo conversa.

 

- Francisco… ¡Qué fiesta tan aburrida! - reclamó Carlos. Un amigo de la Universidad que era amigo del novio a la vez. 
- Esto no es una fiesta. Iván confunde una boda con cóctel - le dije decepcionado.
- Lo que pasa es que tú solo estas enseñado  a las fiestitas del Quito Tenis.
- Tienes razón,  porque allí se baila y uno se divierte...

 

Iván apareció por nuestra mesa.

 

- Para que veas el buen gusto tengo, he ordenado poner  Mozart.- dijo orgulloso.
- Son las cuatro estaciones de Vivaldi - le dije serenamente, pero él con sus ojos casi me mata.


- ¡Brindemos con whisky por la felicidad de mi hija!  Tu prima querida - me dijo alzando su vaso.

 

- Brindemos con ron por la felicidad de Patricia que se ha casado con un miembro de la tropa - le dije levantando  mi vaso.

 

Vi como Iván bebió su whisky de un solo sorbo como si estuviese desesperado por desaparecer. - Ya te envió con el mesero un buen whisky - me dijo y se fue.

 

- Francisco, eres un maldito... - me dijo Carlos casi  sonriendo.


- ¿Por qué? - le pregunté fingiendo ser ingenuo.
- Hiciste quedar mal al pobre.


- El me invitó a una fiesta de clase y mira que es la fiesta más aburrida a la que he asistido. Te juro que las fiestas de pueblo son más divertidas que esta.
- Con banda de pueblo, chicha, una buena presa de pollo, cuy y todos borrachos...
- Y bien contentos…


- ¿Sabías que Iván prohibió al novio a traer a sus amigos?
-  ¿Por qué?
-   Justamente no quería que la tropa invada este recinto...
-   ¡Eres un malvado! - me dijo riéndose.

 
-   Y para colmo todas las mujeres de la familia del novio vinieron con  pantalón...
-   No les jodas.... son pobres...
-   ¡Animal!, eso es la última moda en las recepciones de clase....
-   Según tú o Iván...
-   Creo que según él, porque a mí la moda me vale un comino.

- Francisco ¿Por qué no estás en las mesas con tu familia? - me preguntó Carlos intrigado.
- Ellos no son mi familia - le dije renegado.
- ¿Por qué?
- Ya no siento que sean mi familia. Gulnara me acusa de que tengo un amante.

- No hay problema en que tengas una amante.
- No es una amante, "es un amante".- le aclaré
- ¡No te puedo creer!
 

- Alejandra se acercó a la mesa y alzando su vaso me dijo:
- ¡Salud!, Francisco, brindemos por la felicidad de tu prima.
- ¡Salud!
- ¿Chocamos? - me propuso ella, enseñándome su vaso.
- Tengo entendido que tan solo se choca con copas de champagne.
- ¡Deja de ser adefesioso! - me reclamó.


- Tu esposo me invitó a una ceremonia con clase y estoy  fingiendo que estoy la misma.
- A los que presumen tener clase, les encanta hacer el ridículo. Iván es uno de ellos.
- Y para colmo no vino ninguno de sus amigos argentinos.
- ¡Gracias a Dios! - dijo Alejandra aliviada.
- ¿Por qué no estás junto a tu madre?
- Prefiero estar solo - le dije.

- Francisco... ¡Entiéndela!  Ella se está poniéndose vieja y tú fuiste su esperanza. Ella construyó la casa para ti, para que tú vivas con tu esposa  y le des nietos. -
Ella bebió su whisky y continuó -  Pero mira, ahora todas sus ilusiones se fueron por los suelos.
Tú tienes un amante...

 

- ¡Yo no tengo amante! - grité golpeando mis puños sobre la mesa.

 

Noté como todos los invitados me regresaron a ver  y  Carlos se quedó helado.

 

- ¡Tranquilízate! - me dijo tomándome del brazo.

 

Alejandra se retiró asustada  y al poco tiempo vino Gladys,  la esposa de Gustavo, el hermano menor de Gulnara.

 

- Me importa que tengas o no un amante. Pero desde ahora en  adelante vas a andar con la cabeza en alto y no vas a darles gusto a que ninguno de la familia de tu madre te vean  derrotado. ¿Entiendes?  No les des ese gusto. Ellos toda la vida te han envidiado mientras que hipócritamente han fingido afecto por ti  - me dijo, secó mis lágrimas con un pañuelo y se fue.

 

- Carlos, este whisky barato ya me hizo efecto - le dije.
- Es mejor que no bebas más - me aconsejó.

 

Vi que un nuevo invitado estaba saludando con los novios. En aquel instante sentí que se me fue la borrachera. El se acercó hacia mí.

 

- ¿Es verdad lo que dicen por allí? - me preguntó.
- No tengo  un amante.
- ¿Y qué somos tú y yo? - me preguntó.
- Dos amigos que de vez en cuando se reúnen para tener sexo.
- ¿Acaso eso no es ser amantes?
- Cuando te cases, y los dos sigamos teniendo este tipo de  relación, los dos seremos amantes, mientras tanto no.
- ¿Y piensas seguir teniendo este tipo de relación después de que me case?
- ¡Olvídate!  Tú te casas por apartarte de tus instintos homosexuales. Yo ya no quiero ser homosexual. Esto tan solo me ha traído problemas.
- ¿Ha sospechado tu madre que hay algo entre los dos?
- No, ella vive en una total confusión, cree que los  homosexuales para ser felices tenemos que operarnos y cambiarnos de sexo...

 

Ese momento Raúl se rió.

- Además no se sospecha que un tipo guapo como vos, además mujeriego, coqueto y sobre todo que se va a casar, sea gay.
- Te falto decir que soy  hijo de su mejor amiga.
- Ja, ja, ja - Nos reímos los dos juntos.

 

Raúl se fue a coquetear con una invitada, mientras que me retiré a casa, para evitar seguir en la fiesta más aburrida de mi vida.  Pero sobre todo "con clase".

 

 

En un almuerzo familiar Iván en gesto de venganza me preguntó:

- Francisco ¿Por qué no te casas?
- Porque no me da la gana - respondí.


- ¡Qué grosero! - exclamó su hija.
- Los maricones no se casan - dijo él en tono burlesco.


- Entonces, si sabes la respuesta, ¿Para qué preguntas?

 

Iván se quedó en silencio pero su hija hablo inmediatamente.

 

- Ya entendemos porque no aguantaste en el Ejército. Ese lugar es tan solo para hombres.
- Allí se hacen hombres - dijo Alejandra.


- ¡Ilusos! - les dije.
- Insinúas que los militares somos maricones - reclamó el  esposo de Patricia en pose absolutamente machista.
- Sí, hay militares que son gays.
- ¡Eso es una falsedad!, allí todos somos bien machos. - dijo el esposo de Patricia en tono de altivez y prepotencia.
- Hay pocos gays en el ejército y justo son los que piensan. - le dije. El se quedó mirándome en silencio sin saber que responder.

Al ver su actitud  pensé - Este no entendió nada.

- Los negocios yendo mal - dijo Gulnara amargada - Ustedes saben que somos una familia católica y de valores.
Sobre todo creyentes, pero debido a que hay un homosexual en casa, estoy sintiendo el castigo de Dios en mis negocios.-

 

Aquel instante me estaba llevando un bocado de pan a la boca. Sentí que ese fue el bocado más amargo que había probado en mi vida.

 

- Doy gracias a Dios que mi hijo Matías, no sea como Francisco - dijo Rosa tratando de compararme.

Ese momento me atoré con el pan. Mientras Rosa continuó - Matías es tan guapo que siempre las mujeres le siguieron  y Gracias a Dios mi nieto...
 

- Que también se llama Matías - interrumpí.

- Ya tiene novia - dijo Rosa mientras que empecé a reírme y no podía parar. Mi amargura cambió totalmente por una risa incontrolable.

 

- Francisco… ¡Por Dios! ¡Compórtate! - me ordenó Gulnara y lancé una carcajada.


- ¡Ya no creo en castigos divinos! - dije riéndome.

- ¡Cállate hijo de la gran puta! - me dijo Rosa llena de iras.

 

Al ver su rostro otra vez lancé una carcajada y nadie sabía el porqué.

 

- ¿Acaso a ti Dios también no te ha castigado? - le pregunté y volví a lanzar una carcajada.

 

Parecía una venganza de la vida. Una noche en una fiesta, el hijo de Rosa vino a dormir en mi cama. Se desnudo y puso su nalga rozando mi miembro.
A la final terminé penetrándolo. El nieto de Rosa solía venir cada mes para que le regale mi ropa ya que Matías padre y Matías hijo eran de condición social baja.
El siempre me traía revistas pornográficas. Se desnudaba. Mordía con su boca la almohada mientras que yo lo penetraba y se meneaba maravillosamente.

 

- No sabes que tu madre es una puta y tu padre es un ladrón - me dijo Rosa con gesto hiriente.


- Pues gracias a este hijueputa, tu nieto puede vestirse - le dije. - Permiso... ¡Buen provecho! - me levanté y me retiré de la mesa mientras todos se quedaron en silencio.

Al llegar a mi cuarto me reí - Dios no castiga  a los homosexuales, sino a los . . . 

 

 

 


- Joven Francisco, por favor, no vaya donde el psicólogo - me dijo en tono suplicante Esperanza, la empleada doméstica.


- No voy a ir. ¿Por qué? ...
- Ellas lo quieren volver loco - me dijo asustada y continuó.


- Su madre con su hermana entran a su cuarto y lo revisan todo. Les escuché conversando y quieren que usted vaya al  psicólogo para que él emita un informe de que usted está  loco,
   de esa manera cuando usted se entere de lo que su  madre ha hecho, usted no podrá reclamar.

- Reclamar ¿qué?
- No sé joven, pero realmente tienen miedo. Incluso les escuché decir que el plan de que usted vaya al ejército les salió mal. Si usted siguiera en el ejército, no se hubiera enterado.
- Enterarme ¿de qué? - surgió otra vez la pregunta.
- No sé, Joven,  pero no vaya donde el psicólogo.


- ¡Estate tranquila! No iré.

 

Esperanza suspiro.

 

- Siempre creí que la vida de los que tienen plata era un cielo, pero viendo como es la de ustedes me doy cuenta que es un infierno. No cambiaría por nada del mundo mi vida por  la suya. Nosotros somos pobres, pero nos amamos.-

 

Al oír aquello, me senté y se me fueron las lágrimas.

 

- No lloré joven, no llore - me decía Esperanza tratando de consolarme.


- Me siento indefenso - le dije y ello poniendo sus manos sobre mis hombros me dio ánimos diciendo - Tan solo pídale a Dios fuerzas y pase lo que pase, siempre déle las gracias.
No hay mal que por bien no venga.

 

 



 

Era un veintitrés de diciembre de 1987. Estaba bajando las gradas, cuando Gulnara me interrumpió.

 

- ¡Necesito hablar contigo! - me dijo.
- Hable.
- Francisco, tienes que estar consciente de que eres hijo adoptivo y que nada de lo que está aquí es tuyo.
- Lo estoy.
- De acuerdo a las leyes ecuatorianas, tan solo era mi obligación el tenerte conmigo hasta los dieciocho años. Pues te has excedido cinco.
- Varias veces me he querido ir y no me ha dejado - le  reclamé.
- Tómalo como una obra de caridad.- me recalcó.
- Gracias.
- Pues ha llegado el momento de que tienes que irte. Yo te puedo dar todo lo que tú quieras incluso había pensado darte un auto, pero es preferible que te vayas, a menos que...
- ¿A menos qué?...
- Qué dejes de ser homosexual y vayas donde el psicólogo.
- ¡Me voy de casa! - Respondí.

 

Al día siguiente estuve viviendo en una casa de estudiantes.

 



- Francisco, tienes que venir a casa - me dijo Gulnara por teléfono a la semana siguiente.


- ¿Qué paso?
- El hermano de Alfredo acaba de fallecer. Tu tía Inés  nos pasará  viendo por casa para luego ir al funeral.

 

Fui a casa y noté a Gulnara  sumamente nerviosa.

 

- Tú no dirás que estás viviendo fuera - ordenó.
- ¿Y si aviso? - le reté.
- Simplemente diré a la familia de tu padre que eres homosexual.
- Usted gana. Haré un buen teatro.- le dije resignado.
 

 

 

En el funeral la conversación se centraba en alabanzas y admiración a Gulnara. De mala gana me mantuve en silencio todo el tiempo.

- ¡Le admiro mucho Gulnara! - le dijo Inés.
- ¿Por qué no se volvió a casar? - Le preguntó a Gulnara, Madre Rosalía Guayasamín, hermana de Alfredo y religiosa franciscana.
- Porque amo tanto a Francisco, que no soportaría que otro hombre suplante ese amor. He tenido buenas propuestas  matrimoniales, pero no estoy segura de que esos hombres  lleguen a amar a Francisco como yo.


- Francisco, tienes que agradecer a Dios, tener una madre tan buena - me dijo Inés.
- ¡Soy ateo! - Contesté.
- La educación católica que le di a Francisco no sirvió de nada - dijo mi simulacro de ejemplar amantísima  madre.

 

DESPUÉS DE CUATRO MESES
             
Recibí otra llamada de Gulnara.

 

- Francisco, tu tía Inés nos ha invitado a que vayamos al club con sus hijos. Ellos pasaran mañana a las ocho a recogernos, ven temprano.-

 

Al siguiente día fingimos con Gulnara ser la madre e hijos perfectos, aunque por dentro quería que Inés se entere. Ya no quería seguir en la casa de estudiantes. Inés  me podía ayudar.

 

Al volver a Quito y pasar cerca de la casa de estudiantes donde vivía ordené.

 

- ¡Paren por favor! Aquí me quedo - le dije a mi primo.


- ¿A dónde vas?  - preguntó Inés mientras que vi que el rostro de Gulnara se estaba poniendo rojo.
- A casa - respondí.
- Si allá mismo vamos - me dijo Inés.
- Yo ya no vivo con Gulnara - afirmé.

 

Gulnara se mordió los labios y me regreso a ver con gesto amenazante. Con mis ojos le dije que si ella decía que soy homosexual, yo diría que es amante de un chofer y además casado.

 

- Gulnara, ¿Por qué me dijo que usted vivía con Francisco y que pagaba sus estudios?


- ¡Grandísima mentirosa! - pensé y me mordí la lengua para no hacerla quedar mal.


- ¡Francisco tiene un carácter terrible! - dijo Gulnara haciendo el  papel de víctima y continuó  - Es necesario que Francisco experimente lo que es la pobreza, porque él no tiene noción de lo que es el valor del dinero. Eso me aconsejó la  psicóloga  de la Academia.

 

Inés inmediatamente me regresó a ver y me ordenó:

- Te espero esta noche en casa de mi madre, tenemos reunión familiar.
- Estaré allí - le dije y regresé a ver a Gulnara con gesto triunfante en mi rostro-


- ¡Hasta Luego! - les dije a todos.
- Adiós - respondió Gulnara.


- ¡Hasta luego! - respondió el resto. 


 

 

 

REUNIÓN FAMILIAR

 

- Necesito que me des tu versión - pidió Inés delante de la familia de Alfredo.

 

- Gulnara me dijo que yo era hijo adoptivo y que tenía que  salir de casa porque su obra de caridad conmigo se había excedido en el plazo.

 

- ¡Gulnara es una desgraciada! - gritó con iras Inés.

 
- ¡Es una puta! - dijo Mariana, sobrina de Alfredo.
- ¡Es una ladrona! – Aseveró  Camila, la madre de Alfredo.


- Francisco, ¿Cómo puedes estar viviendo fuera, si esa casa te  pertenece? - me preguntó Inés.


Ni me las había dado por enterado. - Gulnara me dijo que nada era mío.


- Francisco, mi hermano al morir te dejo la mitad de la herencia a ti, además Gulnara tomó en tu nombre la herencia que te  pertenecía por parte de mi padre.

 

Ese rato me quede pensativo. Trataba de captarlo, pero no entendía nada de lo que me estaban diciendo.

 

- Francisco, tienes que averiguar a nombre de quien está la casa - me pidió Inés.


- ¡Tú te vienes a vivir en esta casa! Tengo miedo que Gulnara o su familia te hagan algo - ordenó Camila.

 

EN LA NOTARIA
 

- Señor ¿Qué le pasa? - me preguntó la secretaria de la notaria al ver que mis manos temblaban al ver la última página de una escritura pública.

 

- Es la firma - le dije.
- ¿Qué pasa con la firma? - me preguntó el archivador que también se preocupó al ver mi estado.


- Es falsificada...

 

En aquella escritura constaba que cuando a la edad de dieciocho años había cedido toda mi herencia a Gulnara, y mi firma estaba falsificada.

 

-          Al final… el que le  hizo una obra de caridad fui yo.

 

EL CRIMEN PERFECTO
 

- ¡Su madre es muy inteligente! - me dijo el abogado que analizó  mi caso.

 

- ¿Por qué?

 

- Planeó el crimen perfecto. Después de cinco años, toda acción legal contra falsificación de firmas prescribe.  Además usted no es adoptivo,
usted fue reconocido como hijo  propio y según las leyes ecuatorianas usted no puede ejercer ninguna acción legal en contra de su madre.

 

Ese momento sentí que la sangre se me heló.
 
- Si ve a esa mujer, felicítela de mi parte, Es sumamente inteligente - me dijo el abogado.

 

En resumen, yo mismo pague mis estudios en la Academia Militar Ecuador, mientras que aguante todas las humillaciones de Gulnara, y además salve la vida de ella.

Cuando Alfredo Guayasamín murió, la casa estaba hipotecada a un prestamista ilegal “chulquero”. Con el dinero de mi herencia por parte de mi abuelo, Gulnara pago la casa.
Esa era la principal razón por la cual ella me reconoció como hijo propio con Alfredo Guayasamin, faltando dos meses antes de que el falleciera.

Aparte no deseaba que yo volviera donde las monjas, porque espero a que yo cumpliera 18 años, para de esa manera poder quedarse ya con toda la herencia.

 

En pocas palabras, si yo no hubiera sido reconocido como hijo propio de Alfredo Guayasamin, al morir él, yo hubiera regresado donde las monjas…
mientras que Gulnara Oliva Báez se quedaba en la calle.

 

 

ADIVINANDO EL PENSAMIENTO DE DIOS

 

- Hola, soy Tim y trabajo para H.C.J.B. Un familiar tuyo me  pidió que te ayudara. Sé que eres homosexual y me gustaría  conversar contigo para que sepas cual es el plan de Dios  para tu vida.- me dijo un gringo que me llamó por teléfono.

 

- ¿Eres sicólogo?
- No, trabajo como voluntario ayudando a gente como tú a que se cure y sigan los planes de Dios. ¿Quieres que te ayude?
- Sí, pero si no avisas a nadie.
- Lo que hablemos entre tú y yo es confidencial - me dijo.

 

Al siguiente día asistí al encuentro.

 

- ¿Cómo crees que empezó tu homosexualidad? - me preguntó.


- Cuando me sacaron del convento, me dejaron con un hombre joven que me cuidaba.
El tuvo juegos sexuales conmigo.


- ¿Te violo?
- No


- ¿Cuándo te diste cuenta que eras homosexual.


- Cuando me enamore de Pablo. El fue para mí muy especial.
- ¿Por qué?
- Nos hablábamos con la mirada. Creo que fue telepatía. No necesitamos de palabras. Incluso estando lejos, los dos estábamos unidos, y eso pasa hasta ahora.


- ¿Tuviste sexo con Pablo?
- No.


- No lo puedo entender. ¿Cómo puedes estar unido a una persona con la cual no has tenido sexo?
- Lo único que puede unir a dos hombres es el amor, tú no lo entiendes. - le repliqué.


- ¿Pero tuviste fantasías con él?
- No, Pablo emanaba una energía tan buena que para mí. El era mágico tan solo el verlo. Con una relación sexual, creo que esa magia acabaría.


- ¿Se dijeron alguna vez que se aman?
- No hacía falta, tan solo con vernos a los ojos sabíamos que nos amábamos.


- ¿Te sigues viendo con él?
- No, pero sé que ya va por su tercer divorcio.


- ¿Tercer divorcio? - preguntó Tim admirado.
- Si, es su tercero. Ya dio gusto a su padre casándose, no perderá su herencia,  y ahora ya no le molestaran más.


- Si lo amaste tanto, ¿Por qué no están juntos?
- Los dos no necesitamos estar juntos físicamente, estamos unidos a pesar de la distancia.

 

Tim empezó a indagar sobre mi vida sexual, sobre mis aventuras, mis defectos. A la final de la sesión me dijo:

 

- Francisco, Dios quiere que tu seas un hombre integro. El quiere que dejes de ser homosexual, que dejes de ser enfermo, que tengas una vida normal, te cases y tengas hijos.

 

- ¡Qué aburrimiento! - pensé.

 

 

Las siguientes sesiones fueron de estudios de versículos de la Biblia en que se declaraba a la homosexualidad pecaminosa. Tim con su  sutil propaganda anticatólica y con un buen manejo de ciertos versículos de la Biblia acabo haciéndome sentir que era basurita ante los ojos de aquel Dios que él profesaba. Al final de cada sesión terminaba aceptando que estaba enfermo y que necesitaba curación. Pero al salir de cada sesión, caminar por la calle y ver a algún hombre que era atractivo para mí,  me decía  - No me he curado todavía. - y  cuestionaba al Creador que todo lo hizo bien - ¿Dios por qué tiene que ser enfermedad admirar a un hombre?

 

 

Llegó la sesión número catorce.  Tim abrió la Biblia y me enseñó 1 de Corintios 6,12.


En la que decía que un hombre puede pasar a ser una sola carne incluso cuando tiene relaciones con una prostituta y que el que tiene relaciones sexuales prohibidas peca contra su propio cuerpo.
 

 Tim me dijo:

- Cada vez que uno tiene relaciones sexuales con alguien, se vuelve una sola carne con aquella persona y queda atado a ella o a él.
- No he tenido relaciones sexuales con Pablo y estoy unido a él. - le dije.
- Esas son ataduras emocionales, tú estás atado emocionalmente a Pablo y estas atado sexualmente al resto de personas con las cuales tuviste sexo.
  Tan solo Dios puede desatarte de aquellas uniones, porque Satanás fue quien les unió.
- No entiendo como un hombre puede quedar atado a otro hombre tan solo por una relación sexual? - le dije confuso.
- Yo tampoco entiendo, pero así dice en la palabra de Dios y debemos proceder a desatarte.

 

Tim tomó un crucifijo de madera de unos cincuenta centímetros aproximadamente con un Cristo clavado en la cruz.
 

- Francisco, vamos a desatarte de todas las uniones con quien tú has estado.
- ¿A qué tipo de uniones te refieres?
- A todas. Tienes que decirme todas tus relaciones con hombres, porque estás unido a todos ellos - me dijo como si  fuese una orden.
 

Me empecé a  asustar tan solo de pensar que por el hecho de haber tenido relaciones sexuales con un hombre ya estaba unido a él.
 

- No entiendo nada, pero si así Dios lo quiere, continuemos  con la ceremonia - le dije casi resignado.

- Francisco, tú vas a decirme el nombre de la persona con quien  estuviste, donde y qué paso. Luego vas a entregar a esa  persona y aquel hecho al Señor Jesucristo y vas a pedir que  él te desate. Al momento que entregues ese recuerdo y a la  persona a Jesús, has el gesto con las manos de que tú le  entregas todo al crucificado.
 

Tim puso delante de mí el crucifijo y empezó a orar pidiendo ayuda  a Dios para que me desate de todas las relaciones sean emocionales, afectivas y sexuales que había tenido con personas de mi propio sexo.

 

Al finalizar de decir las personas con las que había estado y realizar el acto simbólico de entregar ese hecho al crucificado.
Tim me pidió - Entrega tu atracción por Matías y pide a Dios que te desate de él.
 

- Dios, te entrego a Matías y desata la atracción que siento por él - Llevé mis manos abiertas con las palmas hacia arriba en gesto de que entregaba ese hecho al crucificado.
 

- Entrega tu amor por Pablo y pídele que te desate de él.
 

Al oír aquella petición me quede en silencio e inmóvil. Me sentí impotente, no deseaba hacer eso ni podía hacerlo. Sentí que si me desataba de Pablo, perdía algo de mí, se iba algo de mi vida.
 

- ¿Qué pasa? preguntó Tim al ver que no reaccionaba.

- No puedo, Tim, no puedo...


Me sentí débil ante el crucifijo. Sentí que era demasiado lo que me pedía aquel Jesús crucificado.
 

- Francisco, entrega a Pablo a Jesús y pide que te desate de esa unión - insistió Tim.
 

-¡Dios!, no puedo  - le dije mientras sentí que la debilidad en mi cuerpo fue creciendo. Mis manos se quedaron inmóviles y totalmente cerradas.

Por más que traté de abrirlas para hacer el gesto que hice antes con las otras relaciones, con esta ni siquiera pude abrirlas.
 

Tim puso su mano sobre mi cabeza y empezó a orar.


- Señor dale fuerzas a Francisco para que se desate de Pablo.
- No puedo, no me pidas eso - le dije casi derrotado.
- Abre tus manos y entrega ese amor a Dios - me pidió.
- ¿Por qué amar a un hombre tiene que ser pecado? - le pregunté casi llorando.
- Abre tus manos y desátate de Pablo - ordenó Tim.
 

Hice un gesto tratando de elevar mis manos hacia el crucifijo, pero tenía los puños fuertemente cerrados. Sentí que estaba traicionando a Pablo. Quise decir las palabras que Tim me había enseñado, pero mi boca no se abrió. Empecé a llorar de la impotencia. Sentí que si me desataba de Pablo moriría al instante. Prefería perder la promesa de vida eterna que me daba la religión de Tim a perder a Pablo.
 

- ¡Desátate de Pablo! - Ordenó Tim.

Mi cuerpo me venció y me fui hacia delante cayendo de rodillas y mi cabeza llegó hasta el suelo. Tim oraba en voz alta diciendo muchas palabras a su Dios para que me desate,
pero por más que él hubiese orado sus mejores oraciones, yo no podía hacer lo que él me pedía.
 

- ¡Dios! - grité.- No me pidas esto. - le dije y lloré por unos minutos.

- ¿Por qué amar a un hombre es pecado? - pregunté de nuevo a Tim y al mismo Dios.

No tuve respuesta.
 

Me levanté y sequé las lágrimas de mis ojos, me di fuerzas y le dije a Tim. - Esto no funciona, soy homosexual y no voy a cambiar. Voy a tratar de llevar una vida más tranquila, controlar mis deseos sexuales, pero mi amor por Pablo nunca morirá.
 

- ¡Paciencia, Francisco, paciencia!  Tú puedes cambiar.
- No, porque no considero que amar a un hombre sea malo...
- ¡Es malo! - me afirmó - Dios inventó el amor entre un hombre y una mujer...
- ¡Tú amas a un hombre! - Le reté.
- ¿Cómo? - Preguntó Tim extrañado.
- Jesús es un hombre y tú lo amas - Aseveré.
- Sí, pero ese es un amor diferente.
- Así es mi amor por Pablo… es un amor diferente...
 

Tim no supo  qué responder.

 


Era un miércoles a las 9 de la noche  en que Camila, la madre de mi padre adoptivo,  dejó de respirar en la habitación de la clínica. Los doctores y enfermeras vinieron enseguida en su auxilio.
A los pocos segundos Camila volvió a respirar y seguir con vida artificial.


- ¡Dejen que ella muera en paz! - dijo madre Rosalía desconsolada.
- Haré todo lo posible porque ella viva - replicó Inés.
- Lo único que estás haciendo es alargar su sufrimiento - Dijo madre Rosalía en tono de desesperación.

- Esa es la voluntad de Dios - dijo Inés.
- Dios no quiere que el ser humano sufra - dijo madre Rosalía enfáticamente.



 

Era un jueves a la 9 de la noche. Estaba solo en la habitación cuidando de Camila. El resto se fue a cenar. Parecía como si la misma escena se volvía a repetir a la misma hora del siguiente día. Camila abrió los ojos por un minuto, lágrimas salieron de ellos y al minuto los cerró y dejó de respirar. Me cercioré de que su respiración haya cesado. Luego toqué su pecho y noté que su corazón había dejado de latir. Una vez que estuve seguro que Camila había muerto. Llame al Doctor.


 

 

Después del funeral apareció Mariana, quien convencida de su mentira nos dijo - Una semana antes, mi abuelita me dijo que si ella moría todo lo que está en su departamento es mío...

La guerra de herencias se armó. Ese momento decidí que estaba de más en esa casa y pensé que debía salir lo más rápido posible. 
 

 

 

Llegó el fin de semana y decidí buscar a madre Magdalena. Fui a San Rafael, un lugar cercano a la ciudad de Quito en un Valle denominado "De los Chillos".  Llegué al letrero donde estaba un cocinero que decía "Holiday In". Siempre tenía en mente aquel letrero y sabía que muy cerca quedaba aquel hogar donde había pasado mi infancia.
 

- ¡Disculpe!, ¿Sabe usted dónde queda una casa de monjas en donde viven  chicas y niños? - pregunté medio dudoso a un señor que estaba caminando.

- Debe ser el hogar de tránsito - me dijo él.
 

Y me quede en silenció porque esa respuesta era rara para mí.
 

- ¿Conoce a que congregación pertenece? - me preguntó él.
- Visten de azul - fue lo único que me acordé.
- Ellas mismo son - me dijo y me dio la dirección.
 

 

 

 

Vi la puerta del Hogar de Tránsito y mi corazón empezó a latir fuertemente. Llegué a la puerta que tenía unas barandas de hierro  y pude observar claramente la casa de adentro.
Veía aquel lugar, pero no me acordaba nada. Solo me acordaba de la pileta que vi en la parte frontal de la casa.
 

Toqué el timbre. Después de poco tiempo salió una madre de unos sesenta años aproximadamente. Ella era delgada, estaba cojeando porque utilizaba botas ortopédicas con unos metales a cada lado de la pierna.

 

- ¿A quién busca? - me preguntó.
- A madre Magdalena - le dije.
- Ella ya no vive aquí, ella dirige el hogar de madres solteras en San Rafael.
- ¿Cómo puedo hacer para llegar allá?
- Tan solo dígame quién es usted y para que la necesita.
- Me llamo Francisco, yo viví aquí cuando era pequeño - le dije.

- ¡Dios mío! - exclamó y puso sus manos sobre su rostro y vi que de sus ojos empezaron a salir lágrimas y a mí me sucedió lo mismo.

- ¡Hijo mío!, por fin apareciste, soy madre Elizabeth. ¿Te acuerdas  de mí?

- ¡Madre Elizabeth! ¡Qué alegría volver a verla! - y mi corazón empezó a latir a mil.
 

Ella se apresuró abriéndome la puerta y nos abrazamos fuertemente. Los dos éramos un compendio de emociones alegres, lágrimas y felicidad.


- No tienes idea como hemos llorado por ti - me dijo.
- A mí también me paso lo mismo.
- Pasa, y cuéntame de tu vida...
 

En la sala, madre Elizabeth me invitó un vaso de jugo de naranja y me trajo galletas.
 

- ¿Cómo te ha ido?
- Más o menos, defendiéndome.
- ¿Y tu familia?
- No tengo familia - respondí.
- ¿Qué paso?
- Mi padre adoptivo murió cuando yo tenía once años y hace seis meses mi madre adoptiva me sacó de la casa.
- Ellos te robaron de aquí - me dijo madre Elizabeth.
- ¿Robaron?
- Te sacaron de casa sin el permiso de madre Magdalena, ni el permiso de tu propia madre.

 

Sentí que la sangre se me heló.

 

- ¿Has sabido algo de tu propia madre?
- No.
- Es preferible que no sepas nada de ella. Era muy rebelde y vivió una vida muy alocada. No es  buena mujer que digamos.
- No me interesa saber de ella  - le dije.
- ¿Has sabido de tú padre propio? - me preguntó.
- Sé que está muerto.
- El perteneció a una familia muy poderosa, era abogado, manejaba una empresa de venta de vehículos. El era bueno, pero fue cobarde.
- No quiero saber nada de él, quiero encontrar a madre Magdalena.
- Ve donde madre Magdalena, ella se pondrá muy contenta al verte.

 

Ella me dio la dirección, me despedí y apresuré mi paso para llegar breve a casa de madre Magdalena.

 

 

Llegué a casa de madre Magdalena. Era una quinta con muchas flores a la entrada. Dos niños salieron a recibirme. Ella era rubia de ojos azules y tenía como unos doce años.
El era trigueño, ojos y pelo negros y parecía que tenía unos diez años.

 

- Ellos deben ser criados por madre Magdalena - pensé al verlos con dulzura.
- Hola - me saludó ella.
- Hola, ¿Esta madre Magdalena?
- ¿Tú eres Francisco? - me preguntó.
- Sí.
 

Ellos abrieron rápidamente la puerta y salieron corriendo gritando:

- Mamá, mamá, Francisco está aquí.
 

Caminé lentamente dirigiéndome hacia la casa.  Tuve una sensación rara dentro de mí. Cuando llegué a la puerta de la casa salió una mujer de unos setenta años, no llevaba hábito.
Su pelo era corto y su rostro reflejaba dulzura y ganas de verme.
 

- ¡Mi Francisco!, mi Francisco. ¡Por fin juntos!
- ¿Madre Magdalena?- pregunté  tratando de comprobar si era ella.
- Si, soy tu madre Magdalena - me dijo con su rostro lleno de felicidad y se apresuró abrazarme. Mi corazón sintió una inmensa alegría al verla de nuevo.
- ¡Estas delgado, todo un hombre!. Te veo tan diferente...
- Son diecisiete años que no nos vemos - Le dije riéndome.
- Tengo unas fotos tuyas cuando eras niño, las he guardado como si fueran oro.  Te las voy a enseñar.

 

Madre Magdalena me invitó a pasar a la sala y empezamos a conversar y escuchó mi relato.
 

- La mejor obra de caridad que esa mujer pudo haber hecho contigo era el dejarte aquí.  No hubieras sufrido tanto.


- Ellos me dijeron que ustedes no podían mantenerme.


- ¡Mentira! - dijo enfáticamente - Nosotros teníamos ya programado tu futuro hasta que Raquel se metió.
- ¿Quién es Raquel?
- Es Raquel Villaquirán. Es aquella que cuando hubo el escándalo de las lesbianas en el Colegio la Inmaculada dijo que las cartas eran una obra de arte. Ella actualmente ya no es monja.
- ¿Y qué tiene que ver ella en esto?
- Ella era la trabajadora social del "Buen Pastor" en aquel tiempo y junto con el Dr. Rodrigo Campana planearon tu  rapto. Ella te entregó sin avisarme a aquella familia.
  Cuando le reclamé me dijo que no era mi misión educar niños.

 

Yo tenía la potestad para educarte. A ningún momento fuiste dejado por tu madre para darte en adopción. Nosotros te buscamos por todo lado para traerte de nuevo a casa, pero cuando dábamos con la dirección o con los datos de tus padres adoptivos, enseguida se cambiaban de dirección. Nos tenían prohibidas el ingreso al banco donde trabajaba tu  padre adoptivo.

Después de varios años nos dijeron que estabas en la Academia Militar Ecuador. Nos impidieron verte diciendo que había una orden para que nadie te vea.

 

- ¡Qué raro!, ¿Conoce usted a Gulnara?
- No, jamás la conocí.

- ¡Gulnara es una infame! - pensé al oír aquella respuesta.
 
- Cuando tú tenías once años, me llamaron a declarar al tribunal de menores. Tu padre adoptivo estaba  enfermo de muerte. Al  morir él, tú hubieras regresado con nosotras pero él había firmado un documento reconociéndote como hijo propio. Sus abogados me dijeron que tú estabas muy bien y que eras la adoración de tus padres. Que era preferible que no me veas porque sería muy dañino para ti acordarte de tu pasado.

 

- Mi pasado fue mejor a la realidad que viví con ellos.
- Tu madre te buscó hasta que tú tenías unos trece años. Ella perdió las esperanzas de encontrarte y no volvió más por aquí. Lo último que supe de ella es que se hizo prostituta.
- Ese dato si sabe Rosa, la tía de Gulnara.  - pensé inmediatamente.


- Francisco deja todo a Dios. El sabe porque hace las cosas. Lo  importante es que estamos de nuevo juntos. En la parte  posterior de la quinta existe una casa pequeña que construí  para un cuidador. Prefiero que tú vengas a vivir allí y   estés junto a nosotros.
 

Un gesto de alegría y agradecimiento se notó en mi rostro.

 

Ese momento entraron Susan y Marcos, aquellos niños que abrieron la puerta.
 

- Mi mamá habla mucho de ti - me dijo Marcos.


- ¡Eres su hijo adorado! - me dijo Susan.

- Ahora tengo tres hijos adorados - dijo felizmente madre Magdalena.
 

Al siguiente día estuve arreglando mis cosas en la casa que madre Magdalena había hecho para el cuidador. Al llegar la noche y ver las estrellas tan solo pude decir - Dios, gracias por haberme devuelto al hogar donde nunca debí haber salido – y  por fin salieron de mí lágrimas de felicidad. 

 


Parte II
Apariencias en el Mundo de las Religiones
 

 

Recibí por correo una invitación para asistir al Tercer Congreso Mundial de Filosofía Cristiana. Me fije en el sobre pero no había remitente. En su interior había un tríptico publicitario en el cual constaban los temas que se iba a tratar, sus exponentes, la fecha en que se iba a realizar y el valor de la inscripción. Creí que padre Marco Vinicio  Rueda  había dado mi nombre para aquel evento.

 

Fui a inscribirme y al rato que quise pagar la inscripción.
 

- No hay problema, su inscripción ya esta pagada - me dijo la secretaría.
- ¿La pago Padre Marco o madre Magdalena?
- No, su inscripción fue pagada desde España. - me contestó.
- ¿Quién la pago?
- Padre Aurelio - me dijo ella.
- No conozco a tal padre.
- Pero parece que él sí le conoce a usted.

 

Asistí al Congreso y me sentí medio incómodo entre tantos sacerdotes que venían de todo el mundo. Sabiendo que detestaba la filosofía, me  pregunté
- ¿Qué hago aquí?
 

Había un grupo muy especial formado por  cinco sacerdotes. Ellos eran jóvenes,  apuestos, elegantes en su vestir e llamaban la atención del resto cuando caminaban.
Vestían su clergyman negro, zapatos de charol y cada uno llevaba un bolso pequeño de cuero negro.
 

En el coffe break noté que me observaban e hice lo mismo. Inmediatamente ellos fingieron no verme y empezaron a conversar entre sí.
 

- ¡Son los cerebros de la Iglesia! - me dijo un señor que estaba junto a mí tomando café, al notar que los estaba observando.
- ¡Impresionante!... ¡Son tan jóvenes! - le dije.
- ¡Y tan guapos! - dijo una señora que estaba junto a nosotros. - ¡Qué desperdicio!
No entiendo como hombres tan guapos decidieron hacerse curas - dijo ella dando un suspiro.
- Yo tampoco...

 

Noté algo raro en ellos.  A cada charla a la que asistía, uno de ellos se sentaba junto a mí, sentía claramente que me estaban analizando y observándome de reojo.
Varías veces al regresar a ver, notaba que me estaban mirando. Me sentí como si fuese perseguido.

 

El último día del congreso uno de ellos se acercó a mí. Él era de mediana estatura, blanco, ojos azules y pelo castaño.
 

- Hola, ¡Qué tal! - me saludo.
- Bien gracias.
- ¿De qué congregación eres?
- No soy religioso - respondí sonriéndome.
- Lo pareces.
- Posiblemente, pero no lo soy.
- Pero vives en una  comunidad religiosa.
- ¿Eres amigo de Padre Marco? - le pregunté intrigado.
- No, mi nombre es Donato, soy de Pamplona, España. Soy investigador de asuntos eclesiales e investigo también  religiones.
- ¡Qué trabajo tan interesante! - le dije

- ¿Quisieras trabajar conmigo?
- Apenas me conoces y ya me propones trabajo - le dije extrañado.
- Te conozco más de lo que te imaginas. ¿Aceptas mi  propuesta? - me preguntó tomándome fuertemente de la mano.
- Sí. - Contesté como si estuviese hipnotizado ante la fascinación que  sus ojos ejercían sobre mí.

Donato separó inmediatamente su mano de la mía, la hizo puño y golpeo en gesto de triunfo la palma de su mano izquierda.
 

- En esta vida las cosas funcionan con un "sí" o con un "no".  El punto medio tan solo existe para los mediocres. Tan solo causa sufrimiento y confusión. La vida es radical,  eres o no eres.
  O lo haces bien o no lo haces. Dices "sí" o dices "no". Tú me dijiste que sí. Te espero mañana a las ocho de la  mañana en esta dirección. Tienes una entrevista…

- Está bien. Llevaré mi hoja de vida - le dije.


- No hace falta. Nosotros sabemos varias cosas sobre ti, y  lo que no sabemos, lo averiguaremos.
 

Me quede estático ante todo lo que él me dijo. Me fue difícil asimilarlo y trataba de comprender el porqué sabían varias cosas sobre mí.
 

- ¡No te quedes allí parado! ¡Anda a tu casa y prepárate para mañana! Con nosotros aprenderás muchas cosas. Realmente esta es una oportunidad que no todos la tienen - me dijo él en tono optimista.

 

- ¡Nos vemos mañana!
- ¡Nos vemos! - me dijo.

 

 

Al siguiente día fue a la dirección que Donato me dio. Pensé que la entrevista era con él pero me dijeron que Donato tuvo que viajar a Roma de urgencia.

Me llevaron a un cuarto, donde estuve rodeado por cuatro religiosos adultos, dos españoles y dos italianos. No había visto a ninguno en el Congreso. Ellos se presentaron como una organización católica encargada de investigar asuntos internos de la Iglesia y de otras religiones. Me hicieron una avalancha de preguntas que por poco me sentí en el banquillo de los acusados.

 

- ¿Piensas casarte? - me preguntó uno de ellos.
- No
- ¿Por qué?
- No me atrae el matrimonio.


Todos ellos guardaron silencio por un momento y se quedaron viendo.
 

- ¿Has pensado en ser religioso? - me preguntó otro.
- Para nada…
- ¿Por qué?
- No estoy de acuerdo con algunas cosas que ustedes hacen y que predican  mientras que Jesús jamás las mencionó.
 

Otra vez todos ellos se miraron y guardaron silencio.
 

- ¡Metí la pata! - Me reclamé - Acabo de contradecir a los que me van a dar trabajo.

- Puedes esperarnos un momento en el pasillo - me pidió uno de ellos.
 

Salí, me senté y estuve esperando a que uno de ellos salga y me diga - Debido a tu mentalidad, no puedes trabajar con nosotros.
 

Después de unos treinta minutos salió uno de ellos y me dijo:

- Tienes que dar varios tipos de pruebas.
 

Me llevo a su oficina y me realizaron  diferentes  pruebas que ya no sabía a qué atenerme.
 

A las ocho de la noche, me pidieron que esperara en el hall. Una sirvienta me paso un vaso de jugo con galletas. Estaba que me moría del hambre.


Después de unos veinte minutos uno de ellos salió. - Tienes una entrevista mañana a las diez con nuestro director.

- ¡Otra entrevista más! - Suspiré casi cansado.
- Sí, otra entrevista más - me dijo él.

- ¡Solo falta que me digan que tengo que desnudarme! - pensé casi renegado.
- No te preocupes, no tendrás que desnudarte - me dijo él.
- ¡Me adivinaste!
- Telepatía - me dijo riéndose.

 

 

Al siguiente día conocí al director. Un hombre de cuarenta  y cinco años con una expresión de sabiduría en su rostro. Cordial en su trato y digno de enamorarse.

- Soy Aurelio, soy sacerdote y dirijo a un grupo importante de religiosos. La mayoría de ellos investiga a fondo que hay detrás de las dos caras.


- ¿Las dos caras?

- Existe la cara del bien y la cara del mal. Desde que decidimos crear a un Dios a nuestra imagen y semejanza,  todos y todas las cosas en la vida tienen esas dos caras. 
Los seres humanos hemos decidido tener el acceso al  bien y al mal, aunque no sabemos todavía distinguirlos.
Lo que las religiones han enseñado es a confundir el bien con el mal y a ver maldad donde no existe.
La verdadera maldad nunca ha sido denunciada por la Iglesia ni por las mismas religiones.
"Nosotros buscamos la cara oculta, lo que se esconde detrás".
 

- ¿Cómo supiste mi nombre?
- Lo vi por medio de una denuncia que pusiste en el periódico.
- ¿Por qué me escogieron?
- Eres paranormal, homosexual, tu apariencia y retentiva nos ayuda mucho. Puedes mostrar la cara del bien y también puedes mostrar la cara del mal,
   pero es difícil acceder a tu lado oculto, mientras que por tu paranormalidad, tú puedes acceder al lado oculto de las personas siempre que te den acceso,
  ya que para ti no es importante la cara del bien, ni la cara del mal.  Tu trabajo consistirá en investigar a grupos religiosos y a congregaciones nuestras. 
  Vas a fijarte en lo que se esconde detrás. ¿Aceptas el reto?
 

- Sí.

- Mañana iras a esta dirección - y me pasó una tarjeta - Allí te espera Roberto con tres sacerdotes más. Ellos te darán algunas instrucciones.
   No te preocupes por tus estudios universitarios. El horario se adapta perfectamente. Trabajarás por un tiempo con nosotros y luego viajarás conmigo a España.
- ¿Para qué?
- Escribiremos un libro.

 

Aurelio se paró de su asiento, se acercó hacia mí y me abrazo. - Bienvenido - me dijo
- Gracias - respondí.
 

 

Al siguiente día fui a la dirección que me diera Aurelio. Era una casa de los años cincuenta ubicada por la Floresta.
 

- ¿Quién es? - preguntó una voz masculina por el portero eléctrico.
- Soy Francisco, vengo de parte de Aurelio.
- Espera un momento, ya te abro.

 

La puerta se abrió automáticamente y entré. La puerta del interior de la casa también se abrió automáticamente.

 

El decorado de aquella casa era elegante. Había cuadros de Jesús y María enmarcados en pan de oro. A mi lado izquierdo había una puerta abierta que daba hacia una oficina.
Aquella puerta llevaba una inscripción que decía "Conspicuos".
 

Del segundo piso y empezaron a bajar por las gradas cuatro hombres. Los reconocí inmediatamente, eran aquellos que vi en el congreso. Estaban con ropa semiformal, pero elegante.
Mientras más se acercaban capté el olor de su perfume. Era “Pasha de Cartier”.

 

- ¡Deben tener mucho dinero! - Fue lo primero que pensé.

Su presencia tanto en cuerpos como en cara era admirable.

 

El primero tenía pinta de árabe. Piel canela. Ojos negros, pelo negro y una barba a medio crecer.  Era muy varonil.
 

- Hola, soy Roberto - me saludó.
- ¡Mucho gusto!


- Soy Laurentino - me dijo el segundo...
- ¡Mucho gusto!


- Mi nombre es Cornelio - me dijo él más alto.
- ¡Mucho gusto! - salude.


- El mío es Rafael - me dio su mano, la apretó la mía y me quedo viendo a los ojos.
- ¡Mucho gusto!- contesté como si fuese disco rayado.


- El que te dé la mano suavemente y no te mira a los ojos, ¡es hipócrita! - me dijo él y sus ojos azules dejaron de verme.

 

Luego todos se colocaron frente a mí.

 

- ¡Se te ve bien! - me dijo al verme Laurentino.
- A ustedes también - respondí nervioso.


- ¡Tienes la apariencia perfecta para este trabajo! - me dijo Rafael.
- Estoy todavía confundido.- Les dije al oír aquello.

 
- Nosotros también hemos hecho lo mismo - dijo sonriente Laurentino.- Somos curas, tenemos apariencia de curas, pero realmente no pensamos como los curas.

- Estoy más confundido todavía.- les dije alzando mis hombros. Ellos se miraron sus rostros y sonrieron. Roberto abrió sus brazos y me dijo efusivamente.

 

- ¡Bienvenido al mundo de las apariencias!
- ¡Bienvenido! - me dijeron el resto.


- En este mundo vivo desde que tengo cinco años - les respondí mientras recibía el abrazo afectuoso de Roberto.
- Con nosotros lo vas a conocer más - me dijo él mientras que escuche la risa del resto.

-  Nosotros, ¡los religiosos!, somos los creadores del mundo de las apariencias. Nosotros lo creamos y nadie nos supera.  Creamos este mundo para que todo el que se aferré a una  religión tenga miedo al qué dirán y a la muerte.- me dijo Roberto.

- Luego de nosotros, sigue el consumismo como segundo creador del mundo de las apariencias, pero nosotros, ¡las religiones del mundo!, siempre mantendremos el primer lugar - dijo Laurentino alzando sus brazos en gesto de éxito.

 

- "No todo lo que brilla es oro" - me dijo Cornelio pasando junto a mí. - Muchos aparentan ser santos por fuera; pero son unos demonios por dentro. Hay otros que aparentan ser ricos por fuera; pero  por dentro son pobres y vacíos. Unos  aparentan ser exitosos por fuera,  mientras tiene depresiones por dentro. Los  sencillos parecen ser  pobres, pero en realidad lo tienen todo. Unos aparentan ser perfectos cuando en realidad  lo único que tratan es de ocultar sus defectos. Unos aparentan con su vestuario ser  honorables, mientras  que en realidad son unos ladrones con terno y corbata.-

 

Rafael tomando una Biblia en su mano me dijo - El hecho de que un hombre o mujer sean religiosos o prediquen creer en un Dios, no significa que sean buenos, ni tampoco que estén más cerca de Él, ni  que sean mejores seres humanos que el resto. Tampoco el hecho de que una persona sea atea o científica significa que sea más inteligente.

 

- ¡Cuídate de los que andan con la Biblia bajo del brazo! - me dijo Roberto, señalando a Rafael.
- Son los que ven los defectos de los demás y no los suyos  propios. Andan en las nubes y huyen de la realidad. 
  Son los  creadores del sufrimiento de los demás y ante el dinero se arrodillan.

Muchos hombres de tanto rezar se han perdido.
Muchos creen haber encontrado la luz y viven en la oscuridad.                
Muchos ciegos, guían a otros ciegos.
Muchos luchan por tener el poder, y al final de sus días se dan cuenta que no tienen nada.
Muchos quieren compañía tan solo porque temen la soledad y a conocerse a sí mismos.
Muchos no buscan, porque quieren seguir perdidos.
Muchos buscan a Dios en las alturas y no quieren darse cuenta que Dios está dentro de uno mismo.
Muchos muertos actualmente viven con otros muertos.- me dijo Roberto poniendo su mano sobre mi hombro.

 

 

LA LEY DEL MONO

 

 

 

El me señaló tres figuras de monos que estaban en un estante. Un mono estaba tapado los ojos, el otro tapaba con sus manos sus oídos y el último tapaba con sus manos su boca.

- ¿Conoces aquella figura? - me preguntó.
- La ley del mono - le respondí.
- ¿Qué significa ?
- No he visto nada, no he escuchado nada y no diré nada.
- En el mundo de las religiones, esta ley funciona de maravilla. Cuando investigues un grupo, guardaras esta ley, pero a nosotros nos dirás todo.

- ¡Sé fiel! - me dijo Laurentino. - Para nosotros la fidelidad es básica. "El que es infiel en lo poco, es infiel en lo  mucho". La infidelidad duele.
Si tú no eres infiel, nos dolerá pero lo dejaremos en tú conciencia. No nos referimos a la fidelidad sexual, esa no existe.  Nos referimos a la lealtad.

- Todos hemos pasado por tu entrenamiento. Tenemos cierto grado de paranormalidad - me dijo Rafael

- Y hemos sido entrenados en el Instituto de estudios paranormales del Vaticano. – Enfatizó Laurentino.

- ¡Descubrirás cosas que jamás te imaginaste! - dijo Cornelio.
- ¡Aprenderás cosas que jamás nadie te las enseñará! - me aseveró Rafael.
- Iras a lugares donde algunos no han llegado - me retó - Roberto.
- Y sobre todo descubrirás cual es el lado oculto de ti mismo - me dijo Laurentino.
- Al Momento que sobrepases los límites que sociedad te ha puesto, las cosas que el resto llama “reales” te parecerán una tontería y lo increíble te parecerá normal.
- ¡Bienvenido al mundo de las apariencias! - me volvió a decir Roberto.
- ¡Bienvenido! - dijeron todos en coro.

 


LOS OJOS SON EL ESPEJO DEL ALMA

 

Mi entrenamiento empezó, todos los días iba a aquella casa y conversaba con alguno de ellos. Además me inscribieron en un curso de Teología para Laicos y Mariología.

- ¿Crees que soy gay?  -  me preguntó Rafael.
- No - le dije.
- ¿Por qué?
- Lo he visto en tus ojos.
- ¿Crees que Aurelio sea gay ?
- No
- ¿Lo has visto en sus ojos?
- Sí

Rafael suspiró y me dijo - ¡Siempre observa los ojos! Ellos son el espejo del alma. Si una persona te da acceso, entrarás en su vida y podrás conocer su interior. Si no te da acceso, no reflejara absolutamente nada.

 

- Aurelio no me dio acceso - le dije.
- Entonces no puedes conocer el interior de Aurelio - me respondió. - pero si el de Pablo y de Matías...
- ¿Cómo sabes eso? - le pregunte intrigado. Jamás había hablado de ellos.
- Me diste acceso.
- No conozco el interior de Matías. Creía que él entendía el lenguaje del silencio...
- Pero él es demasiado superficial... - me interrumpió.
- Es difícil que un superficial entienda el lenguaje del silencio - le dije.
- Pero él accedió a tu alma - me dijo.
- Al igual que lo hizo Pablo. Mas Pablo y yo, nos comunicamos.

   Matías es sumamente vacío y sin vida...
- ¿Lo amas?
Tan solo suspire...

Luego me llevó a su cuarto y me dijo. - Aunque no lo creas, mira como tienen las personas su baño y su cocina.  En estos lugares veras exactamente si la persona tiene respeto por sí misma -

Luego me enseñó varias fotos de gente importante. 

- Todos ellos aparentemente son gente importante y con  clase.
- ¿Aparentemente?
- Mira sus ojos y veras tristeza e insatisfacción.
- ¡Orgullo y falsedad!
- ¡Vanidad y soledad! - acotó él - La clase no está en la cantidad de dinero que tengas, está en la calidad de persona que seas. El primer indicio para descubrir que una persona no posee clase es cuando esta presume al resto de ser una persona con clase.

Hay ricos cultos e incultos. El culto es sencillo, el inculto presume y es capaz de hacer las mayores canalladas con tal de tener dinero. Generalmente en su infancia fueron pobres. De aquellos pobres que llegan a tener dinero tan solo por figurar. ¡Cuídate!



 

 
 

LA ENERGÍA NO MUERE, SE TRANSFORMA.

 

Todos somos energía. Todos venimos de la energía. El rato que tú entiendas el manejo de energías. Lo entenderás todo. La energía no depende del resto. La energía esta dentro de ti, tú eres quien la maneja. La energía tiene dos polos, el positivo y el negativo. Los dos forman un equilibrio.  Tú eres quien hace que la energía sea positiva o negativa. El resto nada tiene que ver en como sea tu energía. No existe la muerte. La energía se transforma. - me dijo Cornelio.

 

 

LA FE ES PODER

 

La fe es poder. Es decir "yo puedo". No debe existir dentro de ti la palabra "No puedo" porque en realidad significa "no quiero". Si tienes fe en ti mismo puedes mover aquella montaña que es tu propia concepción de lo que es un obstáculo.

 

Las religiones se aprovecharon de la fe e influyeron en el hombre la creencia en una fe ciega. "La fe es experimental". No se puede creer en algo que  no se ha comprobado o experimentado.

Al contrario que la fe. Las religiones crearon el miedo para manipular a los hombres. El miedo a la muerte, el miedo al infierno, el miedo al castigo, el miedo al más allá. El  miedo al futuro, el miedo al qué dirán.  Si el hombre no tuviera miedo, ni culpa, tan solo en el habitaría el amor,  no necesitaría de las religiones.

"No creas nada de lo que te digan las religiones, hasta que lo compruebes o experimentes" - me dijo Roberto.
                  

 

LA APARENTE "SOCIEDAD NORMAL" DEL 3%

 

Laurentino dibujo un circulo en un pizarrón y sonriendo me dijo - Imagínate que esto es un cerebro.-

Luego dentro de aquel simulacro cerebro hizo un círculo pequeño y escribió dentro  "3%".


- Tan solo usamos el 3% del potencial que tenemos en nuestro cerebro y a las personas que durante toda su vida tan solo utilizaron el 3% de su cerebro la sociedad los llama  "normales". Los que han llegado al 10%  se los llama genios  y los que pasan ese porcentaje, se los llama anormales, locos, brujos, paranormales, homosexuales, guerrilleros,  revolucionarios, hijos de Dios, profetas, clarividentes, conflictivos, místicos, antinaturales y cosas por estilo - me dijo riéndose.

- Los hombres que saben esto crearon normativas para mantener el 97% restante dormido, porque descubrieron que así podían manipular al resto.

En pocas palabras el ser humano debido a su poco desarrollo cerebral, es un ser manipulable.

La primera normativa con la que se puede manipular el cerebro del resto es con la religión. La segunda es el miedo y la tercera, el dinero. Estos tres elementos harán que el ser humano sea  manipulable viva por siempre en el mundo de las apariencias. Este ser manipulable  nace, crece, hace lo que el resto le dice que haga, se reproduce y muere, sin  pena y sin gloria para sí mismo.

"Hasta que el ser humano no aprenda a pensar en masculino y femenino a la vez, no aprenderá a ver más allá de sus narices".

La sensibilidad, la ternura, la intuición, no son femeninas.
Solo son intuición, ternura, sensibilidad.

El coraje, la valentía, la prudencia, no son masculinos,
tan solo son coraje, valentía, prudencia. 

Después de un mes de estar con ellos. Aurelio me llamó. - ¡Francisco, vas a un entrenamiento mas fuerte!  Aprovecha el lado oculto de estas enseñanzas.  

 


CONSPICCIUS

 

Al siguiente día estuve viajando fuera de Quito. En el aeropuerto de la ciudad a la que arribe me esperaban dos sacerdotes. Ellos me subieron inmediatamente en un auto negro y procedieron explicarme rápidamente todo lo que podían.

- Nos levantamos a las cuatro y treinta de la mañana, tenemos media hora de meditación. A las cinco y treinta estamos en el desayuno. A las seis te explicaremos que es lo que tendrás que hacer en todo el día. De ocho en adelante viene tu entrenamiento. Tendrás a tu alcance más de dos mil libros e informes confidenciales. Almorzamos a las doce, luego podrás ver noticias. Podrás descansar media hora y luego pasarás a rezar nonas.

- ¿A qué hora voy a dormir?
- Esa hora te la fijas tú.
- ¡La noche es larga! - me dijo el que iba manejando.
- ¡No te preocupes!, nosotros también pasamos por lo mismo. Investigamos por todo el mundo, es primera vez que nos metemos en tu país -  me dijo aquel que me daba las instrucciones.

 

 

Llegamos a una casa grande de dos pisos que estaba en medio de una quinta. Al entrar lo primero que me enseñaron fue la biblioteca.

- Aquí pasaras gran parte de tu tiempo  - me dijo aquel sacerdote.

 

Luego de enseñarme toda la casa y ver que en la puerta de una oficina tenía una inscripción que decía "Conspiccius " - me indicaron cual iba a ser mi dormitorio.

Los dos sacerdotes se despidieron y vi que entro en mi cuarto un sacerdote de unos treinta y ocho años aproximadamente. Su rostro expresaba una bondad inmensa.

- ¡Bienvenido a este  mundo de locos!
- Gracias - le dije riéndome.
- Mi nombre es Bruno, me especializo en oración y meditación. Marco fue profesor mío.
- ¿El les dio mi nombre?
- No. El jamás debe saber que tú estás trabajando con  nosotros. Nadie debe saberlo hasta que llegue el tiempo en que se te autorice. Cuando estés investigando otras religiones que no sea la católica, dirás que madre Magdalena es tu abuela. No queremos que te relacionen para nada con la Iglesia Católica. A madre Magdalena no le contarás nada sobre nosotros. ¿Entendido?
- Sí - Contesté y  pregunté -¿Cuántos viven aquí?
- Permanentemente tan solo vivo yo, el resto es rotativo.

Vas a conocer a sacerdotes de diferentes congregaciones,  todos ellos se han especializado en ciertos temas de locos.- me dijo contento. - Por la noche tan solo cenaremos los dos.

 

 

En la cena Bruno estuvo conversando conmigo y me dijo:

- Todas las religiones tienen el bien y el mal, espíritus buenos y malos. Ritos, creencias, sacrificios. Todas tienen  ángeles. Todas tienen Mesías, enviados, profetas.
¿Pero realmente cuál de ellas tiene a Dios?
- No sé - respondí.

Bruno dejo de comer, se acercó hacia mí y puso su mano sobre mi pecho.
- La religión de tu corazón. - me dijo dulcemente.

- Yo creo en la religión del corazón. En la religión en la que tú haces lo que quieres hacer por ser feliz y hacer feliz a los que te rodean aunque te tachen de loco. Es la religión de la felicidad interna, de la libertad, es la religión del amor.

- ¿Crees en Dios? - le pregunté.
- Creo en aquel padre amoroso que predicó Jesús.
Creo en el  supremo arquitecto como llaman los masones.
Creo en ese  padre cósmico que ama a todos sus hijos por igual, que no  tiene divisiones, que no tiene escogidos, ni elegidos. Creo en la madre naturaleza, en la energía divina.
Creo en el padre que no tiene categorías con sus hijos.

Para el padre todos somos iguales: blancos y negros, pobres y ricos, creyentes y ateos, justos y pecadores, heterosexuales y  homosexuales, travestíes y transgéneros, damas y prostitutas.

No creo en aquel Dios creado por el hombre.
No creo en aquel Dios que premia al hombre si hace lo que él quiere
y lo castiga si lo desobedece.
No creo en aquel Dios que lo tiene planificado todo.
No creo en aquel Dios que tiene elegidos.    
No creo en aquel Dios que te amenaza a que si no crees en Jesús te irás al infierno.
No creo en el hecho de que si no estás afiliado a una religión no habrá salvación.

No creo en aquel Dios que por tener una bronca con el demonio hace que el ser humano pague los platos rotos y espera a que este sufra demasiado para traerle una salvación a  sus sufrimientos. No creo en aquel Dios que es la viva imagen de ser humano limitado.

- ¿Dónde está tu Dios?
- Éstá en todo lado.
- No le veo. - le dije viendo a mí alrededor y tratando de provocarle.
- Mientras no aprendas a ver a  la energía divina en tu interior ni en el que está a tu lado,
   jamás podrás ver al Creador.

- ¿Cómo mantiene el hombre contacto con su Creador? – Le pregunté intrigado.

- ¡Imagínate que El es una gran computadora!
   Nosotros somos sus terminales.
   Nosotros venimos de Él.
   El envía su energía divina  hacia nosotros y esa energía la llamamos vida.

Tan solo nosotros somos los que decidimos mantener comunicación con El.
El siempre está conectado a nosotros, mas nosotros no siempre estamos conectados a Él.

A través de la oración puedes conectarte con El.
A través del silencio interno puedes hablar con Él.
Es necesario por un momento estar solo.
No temer a la soledad.
"El que teme a  la soledad teme al cambio y por ende a la muerte".

Todos podemos hablar con Él. El conversar con el Padre no es privilegio de pocos.

Jesús trajo el mensaje de que todos somos hijos del Padre. 
El hombre tergiversó aquel mensaje poniéndole a Jesús como  su único hijo.
Jesús jamás dijo que él era el único hijo de  Dios. Siempre el habló
que él era el hijo del hombre.

El nos enseño a orar diciendo - Padre nuestro...

Y los dos empezamos a orar.

 

 

ANGELES VERSUS EXTRATERRESTRES

 

- ¿Qué pasaría si tú hubieras vivido en tiempos bíblicos  donde jamás viste un avión o cosa por el estilo y ves que desde  el cielo baja una nave espacial, y de ella baja un hombre?

- El sería Dios - respondí.
- ¿O ángeles?
- ¡Tal vez!
- La Biblia está llena de estos hechos - me dijo Andrés. Un sacerdote Ufólogo que me entrenó mi primer día en Conspiccius.

- "Al principio Dios dijo hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza". - Leyó Andrés al inicio del Génesis - Hagamos esta en plural.

El hombre a imagen y semejanza de Dios, quiere decir que el Dios de la Biblia es de carne y hueso, no como nos enfocan que es un espíritu. -

- Y los hijos Dios, bajaron y se mezclaron con las mujeres de la Tierra y nacieron hombres gigantes. - Leyó en Génesis 6.

- "Sodoma y Gomorra". Aparecieron dos hombres a Lot. Actualmente los llamamos ángeles. Sodoma según el relato fue destruida por una lluvia de azufre y fuego que bajo desde el cielo bajo. Actualmente lo llamaríamos misiles.

- ¿Cómo pruebas eso?
- Hay radioactividad en el sector donde los arqueólogos ubican a Sodoma y Gomorra, además se encontraron tectitas.

Estas piedras tan solo se las han encontrado en Hiroshima y  Nagasaky después de una explosión nuclear.

Los borreguitos  creen ciegamente que Sodoma y Gomorra fueron destruidas por la homosexualidad de sus habitantes. La palabra “homosexual” fue creada en el siglo 19.  Cualquier Biblia que tenga la palabra "homosexual" en su texto, está alterada.

Lot entrega a sus hijas, para que los Sodomitas hagan con ella lo que ellos quieran. La mujer no vale nada para los que se llaman “justos”. Para los Musulmanes Sodoma y Gomorra fueron destruidas por la “falta de hospitalidad”.

El pueblo hebreo siguió durante cuarenta años por las  mañanas a una nube y por la noche a una luz. El mana venía desde el cielo.

¿Por qué hoy ya no se dan estos supuestos  milagros habiendo tanta hambre en el mundo? - me preguntó.

- ¿Serían descubiertos?

- El momento que el ser humano  se dé cuenta a quien llamaron Dios en el pasado,
  varias religiones caerían.

Andrés continuó con su listado:

Elías subió al cielo en un carro de fuego.
Ezequiel describe que ve a Dios, cuando en realidad vio a una nave espacial.
Moisés hace el arca de la alianza sobre la base de instrucciones dadas por Jehová.
El arca es un condensador eléctrico y a la vez un transmisor.
Moisés se comunica por un querubín y Jehová responde por el otro.
Moisés tan solo puede ver a Jehová en el monte Sinaí y Jehová le habla de espaldas.
Jehová le da un mandamiento que no se haga ninguna imagen de él.
Los reyes magos siguen la estrella de Belén
y por último los apóstoles ven ascender a los cielos a Jesús.

La pregunta es: Realmente Jehová fue un Dios?

Lo mismo pasa en la mayoría de religiones en el mundo. Seres se aparecen
a ingenuos que les hacen creer que son los elegidos y les dicen que formen
religiones, y mira las broncas que han causado hasta ahora…

 


LOS DIEZ MANDAMIENTOS MANIPULABLES.

 

Andrés me entrego la Biblia y me abrió en Éxodo 20.

- ¿Cuál es el primer mandamiento? - me preguntó.

- No tendrás otros dioses delante de mí.


No harás para ti  imagen alguna de las cosas que  hay arriba en el cielo, ni   abajo en la tierra, ni las que hay en las aguas debajo de   la tierra.
No te postrarás ante ellas.
No las servirás.

Pues yo, tu Dios castigo la maldad de los padres en los hijos hasta tercera y cuarta generación de aquellos que me  aborrecen. - le conteste leyendo la Biblia.

- Hay varios tipos de Dioses, el Dios dinero, El Dios de la  fama, el Dios poder y el Dios del placer. A estos dioses actualmente el ser humano rinde pleitesía. Como creemos poder  interpretar a Dios y creemos conocer su pensamiento. Hemos cambiado este mandamiento. Para nosotros el hecho de hacer imágenes no importa. Para protestantes y judíos sí. Pero el  caso es que con imágenes o sin ellas, vemos aquí a un Dios egocéntrico y además vengativo que castiga a inocentes por culpables. Es el Dios que va tomando características que los humanos le van dando según sus  apreciaciones. Es el Dios que infunde miedo.

- ¿Cuál es el segundo?

- No tomarás en vano el nombre del Señor tu Dios, porque no dejará el Señor sin castigo al que tomaré el nombre del  Señor Dios suyo.

- Ja, ja, ja ...  ¿Cómo puedes jurar por alguien que no conoces y acaso Dios tiene nombre? De eso se aprovecho  León Febres Cordero   en su candidatura para la presidencia, juró en un Estadio que salvaría al país.  Como el pueblo es manipulable, se olvido de este mandamiento y lo eligió como presidente. Ja, ja, ja. Esperemos  el castigo.- Luego suspiro - ¡No hay castigo para los ricos!  En la realidad parece que  Dios tan solo castiga a los pobres...

 

- "Acuérdate de santificar el día sábado".

- Aunque dicen que la Biblia es la palabra de Dios, parece que la mayoría se puso de acuerdo para hacer a Dios a un lado y cambiar al sábado por domingo. La cara oculta de este cambio fue que nuestros antepasados adoraban al Sol  como su Dios el día domingo. Para evitar seguir con este acto denominado pagano, decidieron que el domingo sería el día santo aduciendo que Jesús dijo que el sábado era para el hombre y que él resucitó el domingo.

 

- "Honra a tu padre y tu madre".

- Gracias a este mandamiento, padres y madres han cometido grandes abusos contra sus hijos. Han obligado a las mujeres  a que contraigan matrimonio con alguien a quien no amaban  y sobre todo han pensado que los hijos son propiedad de ellos. Es un mandamiento dado en una sola dirección. Gracias a este mandamiento los padres han podido programar la vida de sus  hijos y se han vuelto egoístas pensando no en la felicidad de los hijos, sino en la felicidad que los hijos puedan dar a sus padres.

- "No matarás".

- Antes de dar este mandamiento a Moisés, Jehová de los Ejércitos ordenó que si alguien pasaba del límite que él había impuesto lo mataría. Luego Jehová ordena que los israelitas maten a los gentiles. ¡Qué Dios tan contradictorio!  Pues  nosotros también manipulamos este mandamiento. Bendecimos armas, apoyamos guerras, matamos ilusiones, matamos sueños, matamos al amor, hemos cometido millones de asesinatos en nombre de Dios.

 

Ningún cristiano hace caso de este mandamiento. Jamás protestan cuando los poderosos arman guerras,  no ven el mal donde está. Siguen pensando que igual que el Dios Jehová, que matando se soluciona todo.

 

- "No fornicaras".

- Este mandamiento significa "No tendrás sexo con prostitutas", por lo tanto, “no pagarás por sexo, no prostituirás el amor. Que poco hombre es aquel que paga por sexo.

Este mandamiento tiene lado oculto. El acto sexual es el acto en donde se concentra la máxima energía que posee el ser humano. Es la única energía que puede crear vida.
Aquí hay un gran secreto... Investígalo.  R
ecuerda que el sexo mal utilizado, mata.

 

- "No robaras".

 

- No roba el que lo hace por necesidad. Roba el que lo hace  por figurar.
Los más grandes ladrones son aquellos que han  robado a los otros el derecho a ser felices, la capacidad de amar.
Los que quitan el pan y la educación de un pueblo por comprar armas de muerte.
Los que ha costa de intereses ahorcan a su prójimo.
Los desleales a quien le ayuda, los malagradecidos, los traicioneros, los que se aprovechan del indefenso, los que limitan el pensamiento humano…

 

- "No mentiras, ni levantaras falso testimonio contra tu prójimo".

- La mentira es la reina del mundo de las apariencias y el chisme su consorte.
La mentira se vuelve normal y hasta  necesaria en el mundo de las apariencias. 

Pero los más grandes mentirosos son aquellos que han infundido la idea en el ser humano de que Dios  tan solo ama a pocos; que tiene sus elegidos,  que tan  solo tiene un hijo único,  que existe un cielo y un   infierno después de esta vida,  que la salvación es de los que creen en una religión, de que el amor es limitado, que la Biblia es la palabra de Dios y que su forma de pensar esta allí escrita.  Los grandes mentirosos son aquellos que han jugado con la  mente humana y han hecho que el ser humano sea un ser  un limitado.

 

- "No codiciarás la casa de tu prójimo. No desearas la mujer de tu prójimo, ni esclavo, ni esclava, ni buey, ni asno".

 

- "No desearas la mujer de tu prójimo", recalca el papel  machista del mandamiento. La mujer como propiedad del hombre y a la mujer no se le puede pedir que desee a otro hombre que no sea más que su dueño y por último vemos en este  mandamiento a un Dios que aprueba la esclavitud.

La Biblia ha sido el libro más manipulado de la historia y por lo tanto los mandamientos también. Al terminar de leerlos tan solo queda una pregunta - ¿Son estos mandamientos dados por Dios o son creados por la mente de un ser que adecuó su mentalidad a la realidad de un pueblo en un tiempo especifico?
 

 

 

Vas a meditar esta noche,  a media noche paso por ti, necesito que veas algo.

- ¿A media noche?
- Sí, a media noche.

 


BUSCA LA LUZ, ESTA DENTRO DE TI
 

A media noche vino Andrés a mi dormitorio.

- Tengo que enseñarte algo sumamente interesante. ¡Acompáñame!- me pidió.

Subimos al auto y tomamos la carretera. Luego de pocos minutos llegamos a una planicie deshabitada y al fondo se podía ver tan solo la silueta de las montañas. Al salir del auto Andrés me pidió que mirara al cielo.

 

- ¡Mira tanta belleza!  Todo eso el Padre lo hizo para nosotros.

Andrés colocó su brazo sobre mi hombro y  dijo - Mira hacia la montaña y quédate en silencio.

Sentí que de la mano de Andrés salía un calor que iba penetrando por mi hombre y luego fue calentando todo mi brazo.

- ¿Sientes mi energía?
- Sí - respondí.

 

De pronto me quede ileso y empecé a dudar de lo que mis ojos veían. Una luz iba apareciendo en la oscuridad de la montaña como si esta tuviese un aura. Cada vez esta luz era más clara y me puse nervioso. Regresé a ver a Andrés, pero aquel fenómeno parecía no inmutarle. El apretó su mano que estaba por mi brazo y volví a sentir su energía que me dio la confianza de que nada malo pasaba.

 

Empecé escuchar un leve murmullo y al ver hacia la montaña la luz empezó a ascender. Me quede inmóvil. Andrés apretó más fuerte su mano porque mi corazón empezó a latir fuertemente y mis ojos ni siquiera se permitían parpadear.

 

Estaba viendo una nave enorme. Era diez veces más grande que un avión de pasajeros. Tenía luces en forma de estrella que giraban lentamente. Esta iba ascendiendo lentamente. No me podía explicar cómo podía viajar a tan lenta velocidad. Aquella nave se dirigía hacia donde nosotros estábamos parados.

 

Al aproximarse pude apreciar que tenía en el centro una luz incandescente. En pocos segundos aquel objeto estaba estacionado a unos doscientos metros sobre nuestras cabezas. Sentí temor y a la vez admiración al ver semejante tecnología.

 

Los dos quedamos iluminados por el centro energético de la nave que estaba justo sobre nuestras cabezas. Andrés me abrazó fuertemente.

- Ellos querían conocerte - Me dijo y continuó - Mi amiga Mayra te envía saludos,  dice que estés tranquilo. Te envía un mensaje:

"Busca la Luz que está dentro de ti”.  
 



- ¡Esto es una locura! -  le dije riéndome nerviosamente.
- ¿Por qué? - me preguntó Andrés.
- Estoy debajo de una nave gigantesca, abrazado por un cura  y además una extraterrestre me envía un mensaje.
- Tuvimos contacto con extraterrestres de los buenos. También hay de los satánicos.
De esos, ni te acerques. No caigas en el juego que han caído los que se dicen tener el poder del mundo.  Cuando entiendas todo esto, te darás cuenta que no es una locura.
Mientras tanto la locura de abrazarte me está gustando.

Los dos nos abrazamos fuertemente mientras que la nave en cuestión de segundos desapareció.

Al regresar a Conspiccius, Andrés dijo - "Bienaventurados los que son como el apóstol Tomás, porque no serán engañados".

 

 

KARMA Y DARMA

 

Estaba recostado en una camilla. A mi lado estaba sentado Diogo, un sacerdote brasileño de 45 años aproximadamente. Además de ser sacerdote era sicólogo y siquiatra.

- ¡Cierra los ojos y relájate! - me sugirió.
- Vas a viajar con tu mente al año de 1965 y te vas a  introducir en el vientre de tu madre. - ¿Dime lo que ves y lo que sientes?
- No veo nada - respondí. - Siento  algo de sufrimiento causado  por parte de mi madre.
- Retrocede al año de 1964 y ¿dime  lo que ves?
- El espacio, veo la tierra
- ¿Quién eres?
- Soy el que soy...
- ¡Diste el clavo! – Dijo el emocionado y golpeando su puño contra la palma de la mano opuesta.
 
- No tengo nombre, ni identidad - le dije extrañado.
- Pero eres conciencia
- Sí, sé donde tengo que nacer. Yo elijo prácticamente cual  será mi nueva vida.
- ¡Por qué elegiste a tu madre?
- Sé que tan solo le pediré prestado su vientre por nueve meses. Ella no es mi madre.
- ¿Elegiste a tu familia también?
- En esta dimensión no existe ese concepto. "Familia es quien te ama y a quien tú amas". El resto es invención humana.

- Retrocede al último día de tu existencia anterior
- Tengo cinco años. Estoy con mis padres, estamos presos con varia gente.
- ¿Por qué?

- Mi padre se opone al sistema.
- ¿En donde estas?
- Cuba.
- ¿Cómo es la cárcel?
- Estamos a la intemperie vigilados por militares y todo está cercado por mallas. No me siento bien allí. Tengo ganas de treparme la malla y escapar.

- ¡No te apartes de nosotros! - me pide mi padre.

 

Yo no obedezco. Ellos se descuidan y salgo corriendo hacia la malla.- En aquel instante sentí que mi cuerpo convulsionó.

- ¿Qué pasa? - preguntó Diogo asustado.
- ¡Es electricidad! ¡Es horrible! Mis manos no se pueden despegarse de la malla. Oigo los gritos de mi madre. Veo como  mi cuerpo cae al suelo. Estoy muerto. Veo a mi madre llorar desesperadamente y mi padre la consuela y lloran juntos. Los militares les impiden acercarse hacía mi cuerpo. Veo sufrimiento en el rostro de mis padres, pero siento que fue mejor morir.

- Vas a retroceder en el tiempo y vas a buscar cual fue tu vida anterior a la que acabas de ver.
- Soy estudiante de derecho en Winsconsin.
- ¡I can't understand you! - me grita Tom.
- ¿Quién es Tom?
- Es el hombre a quien más amo.
- ¿Es tu pareja?
- No, es mi profesor, está casado y tiene dos niños y me reta porque yo acabo de tener una hija con una estudiante y sin haber contraído matrimonio.
- ¿Por qué?
- Nuestra situación es difícil. Estamos conversando en un  parque en el cual hay una laguna artificial canoas. El me pide que me vaya con él a otra ciudad.

El me besa en la frente  y un grupo de estudiantes nos acaba de ver. Los dos salimos corriendo de aquel parque.

- Mira como fue el último día de tú vida con él.

 

- Es de noche, estoy  parado esperando  a Tom  frente a la puerta de un mini mercado que está cerrado, por dentro tiene luz.

Tom viene caminando con sus manos en sus bolsillos. Los dos  nos sentimos felices al vernos. El saca de su bolsillo un caramelo y me lo da. Me abraza fuertemente y me dice
 - ¿ Do you listen to our favorite song?. (Escuchas nuestra canción favorita) -  Escucho que desde de un departamento que se encuentra cerca alguien está cantando "Charade".

Tom pasa su mano acariciando mi rostro. Me siento feliz al  acariciar su pelo.

Aparece un automóvil negro que pasa cerca de nosotros. Un hombre saca su mano de la ventana delantera y veo que tiene un revolver y dispara. La bala llega directamente a la espalda de Tom. El pone sus brazos sobre mis hombros tratando de abrazarme y sostenerse. Me mira a los ojos y me besa. No puede decirme nada. Apoya su cabeza sobre mi hombro y siento como su cuerpo se debilita. El está muriéndose. Siento que sostengo todo el peso de su cuerpo porque el ya no tiene fuerzas. Sus brazos se debilitan. Yo lo abrazo fuertemente tratando de sostenerlo. Sus manos no se apartan de mi  cuello. Me dejo vencer por el peso de su cuerpo y me pongo de rodillas abrazándolo fuertemente. El me mira, pero no dice nada, veo sangre en su boca y lo beso. Lo beso tan fuertemente y siento como se muere. Miro al cielo tratando de entender el porqué lo mataron. Mis manos están llenas de sangre. Lo beso en la frente, lo beso en los labios, no quiero que él se vaya.

 

Veo de nuevo aparecer aquel automóvil. Siento miedo indescriptible y los quedo viendo. Son aquellos estudiantes que nos vieron cuando estuvimos con Tom en el parque. Una mano sale por la ventana. Dejo caer el cuerpo de Tom al suelo. El dispara.

 

- ¿Qué te pasa? - preguntó Diogo al ver que me sacudí en la camilla y di un grito de dolor.
- Siento el dolor de la bala dentro de mi cuerpo.
- ¿Qué ves?
- Veo mi cuerpo sobre el de Tom. Los dos estamos muertos, hay sangre que se escurre por la vereda. El hombre que cantaba ha salido a espiar por la ventana. - le dije con un sabor amargo en mi boca.

 

- Retrocede en el tiempo y observa tu vida anterior a la que acabas de ver.
- Ya no me pidas eso.- le dije con tristeza.
- ¡Haz un esfuerzo! - me pidió.


- Soy capitán del ejército y tengo el mando de un pelotón. Siempre me fijo en el tercero de la fila. Es muy atractivo  y a  la vez tímido. Cada vez que lo miro, él inmediatamente esquiva  la mirada. Clavo mis ojos sobre él y me rió interiormente al notar como  se pone nervioso.

Veo un bar. El está allí, me acercó. Tomamos una cerveza. Hay risas entre los dos. Le propongo ir a un hotel.

Veo un amanecer, los dos estamos desnudos escuchando en la  radio cantar "On a clear day". Me siento contento de tenerlo a mi lado.

- ¡Mira tu muerte! - me ordenó y obedecí con desgano.

- Estoy en la guerra. Me informan que el enemigo va a atacar el puesto de comunicaciones. ¡Dios mío! Matías está allí.- dije angustiado.
- ¿Matías? - preguntó Diogo.

 
- Sí, sé que en esta vida él es Matías, en aquella se llama  Bill.
- ¿Cómo lo sabes? - preguntó Diogo extrañado.
- No me preguntes cómo, simplemente lo sé.
- Estas en la cuarta dimensión. Sigue relatándome...

- Dejo a mi pelotón y me apresuro, voy corriendo hacia el  puesto de comunicaciones. Bill está sentado en el interior de una pequeña cabina hecha de madera. "Tenemos que salir de aquí" - le digo. Bill no me responde. Con sus ojos me hace una seña para que mire hacia atrás.

 

Miro hacia atrás y veo a un alemán apuntándome con su fusil. El dispara. Caigo al suelo a los pies de Bill, tengo un dolor fuerte en el pecho, puedo sentir mi respiración.  Bill se desespera por ayudarme pero el alemán lo apunta con su fusil. Veo lágrimas en sus ojos.

 

- ¿Qué te pasa? - me preguntó Diogo al ver que mi cuerpo dio otro salto en la camilla.

- Aquel soldado se dio cuenta que seguía vivo y disparo de nuevo.
- ¿Qué ves?
- Veo a Matías viéndome muerto tratando de contener su llanto, siento su angustia, pero él no puede hacer nada. Veo alejarse aquella imagen de mí, todo  se oscurece. No veo nada.

- ¡Retrocede!...  Trata de buscar otra vida.
-¡Es doloroso! - le dije con mala gana
- La muerte siempre es dolorosa, pero es un cambio.

Y sentí que aquella sensación de dolor se fue.

- ¡Siento paz!, Una paz interior inexplicable. Veo que  estoy arrodillado ante un crucifijo. Soy  sacerdote. Visto un hábito blanco con capa café.
- ¿Cómo te llamas?
- Juan
- ¿Qué año es?
- 1539
- ¿Por qué te incómodas? - me preguntó Diogo al ver mi rostro.
- Mi superior ha descubierto que escribo poemas de amor a un hombre y me envía a un sótano.
- ¿Cómo es tu muerte?
- No existe para mí la muerte. La deseo tanto. Quiero estar junto a él.
- ¿Quién es él?
- Es mi amado...

- ¡Busca otra vida! - me ordenó.
- ¡Estoy cansado!
- Necesito que vayas hacia otra vida -  Diogo me lo pidió.

- Siento frío, mi cuerpo esta mojado por la lluvia, llueve a cántaros, estoy en un bosque. Hay una fogata al fondo.  Hay  varios monjes allí.

- ¿Monjes?
- Sí, monjes franciscanos.

- ¿Qué haces tú allí?
- Estoy con una rodilla al piso y con la otra y mis dos brazos sostengo a Pablo.

- ¿Pablooo?
- Sí, Pablo. No me preguntes cómo lo sé, pero lo sé. En aquella vida se llama Pietro.

- ¿Qué le pasa a Pietro?
- Se está muriendo y no puedo salvarlo. El resto de monjes nos ha dejado solos porque saben que Pietro va a morir. El está muy enfermo pero siente como la lluvia  moja su rostro. Para él ese hecho significa libertad.

Pietro muere en mis brazos. Alzo mis ojos al cielo, siento la lluvia mojar mi rostro y siento una extraña amargura en mi garganta.

- Vas a tratar de ir a lo más profundo del tiempo y me vas a decir que es lo que ves.

Después de un minuto de intentar hacer lo que él me pidió le dije: - No veo nada. Lo único que sé es que tengo conciencia.

- ¡Adelántate a la tercera dimensión! - Me pidió.

- Veo una gran masa incandescente. Veo una explosión. Todo se va formando, todo va adquiriendo un orden. Este orden viene dado por la energía divina  que emana del Creador. El empieza a poner vida en su creación, todo sale de El. Nada es mágico, todo va evolucionando.

Veo naturaleza, agua, cascadas, flores,  un lugar precioso. Allí habitan unos seres. Son bellísimos, están desnudos. No veo que tengan órganos genitales. Sus ojos tienen un color especial, parecen estar  hechos de cristal y son más grandes que los nuestros. Ellos  son demasiado hermosos. Pueden reproducirse solos.

- ¿Qué ves?

- Veo emerger de la oscuridad a un hombre. El está vestido de negro y lleva una capa. Este hombre es hermoso. No podrida explicarte pero su belleza sobrepasa los límites de la belleza humana. Sus ojos reflejan la mirada de un ser  sumamente inteligente y que maquina algo.

 

Veo a la raza humana. La raza andrógina desapareció, se creyó autosuficiente y el Creador decidió dividirla en hombres y mujeres. Ellos habitarán en este planeta.

Veo un lugar donde todos somos conciencia. A cada uno se le injerta un punto de luz que está unido a otro punto de luz que va injerto en otra conciencia. Estas conciencias son complementarías y hasta que no se unan en el amor, no podrán volver hacia su Creador.

 

Veo a este ser hermoso vestido de negro al que muchos llaman Satán que conquista sutilmente a los humanos a través de su belleza, a través del egoísmo, a través de la vanidad, a través del lujo, a través de cosas aparentemente bellas, sobre todo los conquista a través del poder,  luego de conquistarlos, los vuelve esclavos de la oscuridad. Satán tiene celos de todo lo que el Padre ha creado y no quiere que el ser humano vuelva hacia su creador.

 

Veo como un punto de luz es injertado dentro de mi  alma y veo como el punto de luz complementario es injertado en otra alma. Siento que caigo. Estoy cayendo en un vacío. Voy a mi primera vida y siento por primera vez lo que es el temor porque estoy siendo separado del Padre...

 

De pronto abrí los ojos  y vi que Diogo me estaba observando. A ningún momento Diogo me pidió que los abriera, pero la sensación de caer en un vacío fue horrible.

- "Nada es casual en esta vida. Todo tiene su propósito y ese propósito está escondido" - me dijo Diogo mientras me recuperaba tratando de sentarme.

 

- ¿Crees en la reencarnación? - le pregunté.

- La palabra "reencarnación" existía en la Biblia. Esta palabra fue cambiada por "resurrección".

- ¿Crees en la resurrección?
- Solamente en la de Jesús. El resto de nosotros resucitará cuando ame.
- ¿Estamos muertos?
- Realmente tenemos muerto el 97% de nuestro cerebro y el 100% de nuestro corazón.

- ¿Existe el cielo y el infierno?
- No, fueron una creación de la Iglesia para dominar al resto. El cielo y el infierno están dentro de ti. Tú haces que tu vida sea un cielo o un infierno y después de tu muerte iras al cielo o infierno que tú mismo creaste. Al igual que en esta vida te juntarás
con los que vibren igual a ti.

- ¿y Satán?

 

- Nuestro cerebro es una gran antena. Quieras o no,,, hay seres superiores en inteligencia a nosotros. Satán domina a través de cuatro pilares: La Economía, La Política, La Religión organizada e institucionalizada y la milicia. A este sistema Jesús lo llamo “mundo” y la sociedad lo llama “civilización”.

- ¿Crees en lo que vi? ¿Por qué siempre ame a hombres?

- El amor no es asunto de sexos, es la unión de dos almas. "Lo que Dios ha unido, el hombre no lo separa". El amor auténtico hacia otra persona tan solo aparece una vez en cada vida que tiene el hombre, pero el hombre no sabe distinguirlo y alucinado por la vanidad y el orgullo tiene dificultad en comprenderlo y lo deja pasar. Al final de la vida el hombre recién se da cuenta que amo poco.

 

- ¿Por qué tantas vidas?

- Porque la vida es un proceso de aprendizaje. Porque existe la ley de la acción y reacción. La ley del karma y darma.  Todo lo que haces tiene un efecto. Todo lo que debes,  así no te guste,  lo pagas. Lo que siembras, cosechas. Has daño a alguien y la misma vida te devolverá ese daño en un ciento por uno, igualmente has el bien a alguien  por amor y la misma vida  te devolverá bendiciones en el ciento por uno.

 

- ¿Habla la Biblia de reencarnación?

- Elías envió a cortar las cabezas de los sacerdotes. Luego Elías vino como Juan Bautista y fue enviado a que corten su cabeza por Salomé. Todo se paga en esta vida o en la  siguiente, - me dijo Diogo sonriendo.

Al despedirme Diogo me dijo - Espero que algún día aparezca tu complemento.

- Yo no lo espero tanto, no quiero volver a verlo morir. - le dije riéndome.




 

¿CREES QUE PUEDES VOLAR?  

Aquella pregunta me hizo Pedro. Un religioso de una comunidad en la que muy pocos llegan a ser sacerdotes.

- Puedo volar con mi pensamiento -   respondí.
- Puedes volar con tu mente y tu espíritu.

Pedro me pidió que me recostara en la camilla. Luego me pidió que me relaje y me llevo a un estado de conciencia alfa.

- ¡Levántate! - ordenó y me senté en la camilla.
- ¡Regresa a ver! - me pidió.

Regrese a ver y vi a mi cuerpo sobre la camilla dormido.
- ¡Elévate hacia el techo! - Ordenó él.

Escuchaba claramente su voz y veía como él daba órdenes a mi cuerpo dormido. Me levante  y me eleve, sentí que era liviano y llegué hacía el techo.

- ¡Traspasa el techo  y sal de Conspiccius!  - ordenó.

Sentí por un momento temor. Estaba volando y además no me explicaba cómo podía atravesar el techo si veía claramente mis manos. De pronto todo me pareció un sueño, pero puse mi mano en el techo y sentí como esta traspaso, mi cuerpo no tenía masa ni peso y traspase el techo y sentí como salía de aquel lugar.

- Sal de esta atmósfera, viaja hacia la cuarta dimensión y pide estar en la presencia del Padre - me dijo Pedro, pero su voz la escuche más lejana.

Sentí que volaba, que atravesaba las nubes y en cuestión de segundos me vi sumergido en el espacio viendo planetas, estrellas pasar a mi lado. Sentí viajar a una gran velocidad y de pronto ser llevado hacia otra dimensión donde me sumergí en un gran espiral de luz que me daba una sensación de paz y alegría inmensa. No quise salir de ese lugar, quería que la sensación durase por largo tiempo, pero sentí que un cordón de plata que estaba unido a mi cuerpo me halaba y me hizo que viaje de nuevo hacia mi cuerpo.

Sentí como si fuese un shock eléctrico al momento que regrese a mí cuerpo. - ¡Abre tus ojos! - me pidió.  

Todos podemos experimentar la presencia del Padre. No se necesita ser un santo para estar frente a Él, porque todos somos sus hijos.

Al mirar al reloj que estaba en la pared, me asuste, porque para mí tan solo pasaron 10 minutos, pero en el reloj habían pasado cuatro horas y   media.

- Viajaste por la cuarta dimensión a la séptima.
En la cuarta dimensión no hay tiempo ni  espacio.
En la quinta predomina la mente, en la sexta no existe el ego.
En la séptima sientes la energía del padre.
A la octava tan solo ha llegado Cristo. El viene del padre y él es el Padre.

Así como hay leyes aquí abajo, así es arriba, para traspasar a esas dimensiones, tienes que tener limpio tu corazón, ahorrar energía sexual y en lo posible no comer carne. Toda esta experiencia se llaman viajes en astral, desdoblamientos o viajes mentales y todos lo podemos hacer. Generalmente podemos salir de nuestro cuerpo, el rato que dormimos. La mayoría de gente tiene su conciencia dormida por aferrarse a lo material, seguir el sistema competitivo  y  depender de lo sensitivo que aunque sale en astral cree que es un sueño. Todos podemos volar.

 

 

 

¿ES LA BIBLIA LA PALABRA DE DIOS?

 

- Todos los historiadores del Vaticano sabemos que la respuesta es "no". - me dijo padre Marco, un historiador de Biblia y conocedor de lenguas Bíblicas graduado en la Universidad Gregoriana en Roma.

 

- La Biblia fue un libro que se escribió en base a la mentalidad y a la realidad histórica de un pueblo.

Fue un libro que se le adecuo de acuerdo a la mentalidad de los escritores que jamás estuvieron inspirados por Dios, porque si hubieran estado inspirados por un ser superior no cometieran tantos errores. Por más místico que se sienta el ser humano, o lo declaren otros humanos “santo”, nunca dejará de ser humano. Por  cuanto, el ser humano, está sujeto a error. Gracias a Dios, somos defectuosos...

 

Los evangelios fueron escritos después de 70 años de la muerte de Jesús y tan solo un apóstol lo conoció. El resto solo fue tradición oral.

 

Jesús nunca vino a fundar una Iglesia, ni tampoco a crear organismos creadores y clasificadores de pecados. Su mensaje fue totalmente tergiversado y se ha utilizado la imagen de Jesús como una mercadería. El cielo y el infierno fueron creados como mecanismos de dominio, mas estos solo existen la mente de cada persona.

 

Existen más de 2000 divisiones del cristianismo y todas se basan en interpretaciones fundamentalistas de la Biblia y en base a estas interpretaciones todas creen poseer la verdad.

Si comparas una Biblia con otra versión y así lo haces con otras de las más utilizadas en la actualidad, encontraras que existen más de 250.000 diferencias.

 

Si crees que la Biblia que tienes es la original, pues te diré que hay más de 14.000 alteraciones tan solo en el nuevo Testamento.

 

Para los musulmanes, la palabra de Dios es el Corán,
para los hindúes el Bagavad Ghita,
para los católicos;  la Biblia Católica,
para los protestantes; la Biblia protestante, con unos cuantos libros menos,
para los Judíos; el antiguo testamento y algunos libros más, y así seguiremos la lista.
El hombre escoge los libros según su conveniencia.

La Biblia enfoca la guerra entre un Dios y un demonio. Un Dios que en el antiguo testamento se vuelve ególatra, prepotente  y además machista. Favoreciendo en si al hombre heterosexual, y poniendo debajo a la mujer y todo lo que se le parezca.

Un Dios que no le gusta lo creado y lo destruye a cada momento. Promete un cielo a los que cumplen con una serie de mandatos hechos por hombres y el infierno a los que no estén de acuerdo. Después de una gran tribulación y sufrimiento por parte del ser humano debido a que este Dios deja en su dominio a Satanás. Aparece la figura de un salvador, pero  para que llegue este salvador el hombre tendrá que pasar por grandes penalidades.

Si comparamos los textos de varias Biblias, se puede notar como claramente estos cambian. Existe el llamado cambio de palabras, que hacen que no se exprese lo mismo que el autor quiso explicar.

 

Durante varios años la Biblia fue propiedad de la Iglesia Católica en los cuales se realizaron  miles de cambios de palabras y de estos cambios no se libran las organizaciones protestantes. La religión cristiana y especialmente la Católica se basan en más de 300 mentiras, científicamente y lógicamente comprobadas.

Recuerda que Juan describe a “La gran ramera” una institución que se encargará de tergiversar el mensaje. Los Protestantes acusan que es la Iglesia Católica, pero no se dan cuenta que ellos son nuestros hijos...

 

"La Biblia ha sido el libro más manipulable " de la historia humana.

La Biblia tiene las dos caras. La gente que ha entendido su mensaje ha ayudado a mucha gente y ha hecho grandes bienes. La gente que no ha entendido su mensaje ha cometido las más grandes masacres y maldades que se han visto en la historia de la humanidad bajo el nombre de Dios. Pero la Biblia también tiene el lado oculto. Fue escrita en clave...

El rato que descubras la clave, descubrirás, que la salvación  es hoy y está en ti mismo.
No en nadie más...
 

 

DE LA DESCENDENCIA DE UN HOMOSEXUAL VENDRÁ EL MESÍAS.

 

"Y acabando de hablar David a Saúl, el alma de Jonatán se empató al alma de David, y le amo Jonatán como a sí mismo...

Hizo Jonatán alianza con David, pues le amaba como así mismo." I Sam 18, 1-4

"Se abrazaron los dos y se besaron. Dijo Jonatán a David. Vete en paz, ya que nos hemos jurado en nombre de Yahve: que Yavhe este entre tú y yo, entre mi descendencia y la tuya para siempre". I san 20, 41-42

"Como cayeron los héroes en medio del combate. Jonatán por tu muerte estoy herido. Por ti lleno de angustia, Jonatán hermano mío, en extremo querido, mas delicioso para mi  fue tu amor que el amor de las mujeres”. II Samuel 1,25

 

  • Estos textos han sido cambiados en varias Biblias, la palabra "amor" cambia por "amistad", La palabra "besaron" cambia por "lloraron".
     
  • ¡Se encendió la cólera de Saúl en contra Jonatán y le dijo " hijo de una ramera!,
    ¿Acaso no sé yo que prefieres al hijo de José para vergüenza tuya y vergüenza de tu madre? Pues mientras viva sobre el suelo el hijo de José, no estarás a salvo ni tú ni tu realeza, así que manda a buscarlo y tráemelo, porque es reo de muerte."
     
  • El texto original es Yo no sé cual es tu relación, tu compañía íntima con el hijo de Isaí.
     
  • El ser reo de muerte era por el hecho de tener relaciones entre dos hombres que era condenado con esa ley en Levítico.

Después de darme toda esta explicación Marco me dijo.

- Todos aquellos que seguimos doctrinas y no las analizamos ni comprobamos, somos unos borregos. Durante siglos se le dijo a la gente que de la descendencia de David vendrá el Mesías. Según la Biblia, José viene de la descendencia de David. José fue padre adoptivo de Jesús. Por lo tanto...

 

A DIOS LE ENCANTA BURLARSE DEL LIMITADO ENTENDIMIENTO HUMANO

 

Con esta frase se presentó en la biblioteca de Conspiccius, Alexandro, un sacerdote italiano y además sexólogo.

- Jehová escogió a David, para que guíe a su pueblo. David amo a Jonatan...

- Jesús  escogió a un apóstol para que este con él hasta en la cruz. Juan fue el más amado...

-  Un ente espiritual lanza del caballo a Pablo, luego este escogió debido a su formación se dedico a condenar a los homosexuales siendo el mismo homosexual. El fue el que hizo del cristianismo una religión. Pablo fue el más fanático...

- El sacerdocio  eligió a un poeta homosexual, para que los hombres lo declaren doctor de la     Iglesia tergiversando sus escritos. Juan de La Cruz escribió poemas de amor de un hombre hacia otro hombre. La iglesia los cambio por la Esposa (La Iglesia) y el esposo. Declarando de esta manera a los escritos como místicos.

- El supremo escogió a San Sebastián, a San Agustín, a San Francisco, y no me cansaría de decirte cuantos homosexuales han tenido vocación para el servicio.

Para burla de todos, este  Dios ha elegido que el 54 por ciento de miembros de la cual todos denominamos la Iglesia de Jesús sea homosexual y este cincuenta y cuatro por ciento se ubique en los cargos estratégicos y de liderazgo. En pocas palabras, si la iglesia se mantiene y ha mantenido su poderío ha sido gracias a homosexuales que han sabido cargar su doble cruz valientemente y en silencio.

 

- ¿Por qué hay tanta homosexualidad dentro de la Iglesia? - Le pregunté con un poco de incredulidad.

La Iglesia solo nos puso dos caminos: O te casas o te vuelves religiosos.
Si te quedabas soltero eras mal visto.

Históricamente esa han sido las opciones tanto para heterosexuales, bisexuales u homosexuales. 
Entonces el homosexual que no se casaba para aparentar, entraba a la Iglesia.
Es por eso que hay tantos conventos en la época colonial que son inmensos.

Acuérdate que cuando Humboldt visitó Quito, escribió en su diario que  en la noche
 la lujuria  hervía en el  convento de San Francisco. Había más de 200 celdas,
y allí solo vivían hombres.

 

De esa manera el hijo que era homosexual, pasaba a ser el querido de la familia y nadie sospechaba sobre su verdadera orientación sexual. Muchos se acogían a la religión con el afán de castrar sus pecaminosas pasiones, según ellos, pero lamentablemente las consecuencias son fatales. Ellos mismo acababan desarrollando un odio interno en contra de los homosexuales, cuando ellos mismo lo son. . Es por eso que la Iglesia es  una institución homofóbica por excelencia. 

"No dudes, todo cura que habla mal de los homosexuales, es homosexual". Como algunos ya han desarrollado amor por la buena vida y el poder que tienen dentro de la Iglesia.  El hablar mal en contra de los homosexuales,  les mantiene en su puesto. La gente no sospecha que ellos lo son y de esa manera siguen manteniendo su  status dentro de la Iglesia. Es decir, en el mundo de las religiones, hablar mal  sobre la homosexualidad es un excelente negocio.

 

El cociente de inteligencia aceptable está entre la puntuación de 90 a 100. Los que en la sociedad se llaman normales, su cociente fluctúa entre 80 a 100 y ellos se defienden con su aparente normalidad tan solo porque les gusta el sexo opuesto. El cociente de inteligencia de los homosexuales dentro de la Iglesia o que siguen líneas espirituales  fluctúa entre 120 y 140.

¡A Dios le encanta burlarse del limitado entendimiento humano! - me volvió a repetir Alexandro y luego dijo - A los homosexuales les encanta burlarse del limitado entendimiento de los heterosexuales, ya que ellos dominan el mundo.

 

El hombre heterosexual con una falsa concepción de lo que es ser hombre ha sido destructor. El homosexual ha sido creador.

Mientras que los militares crean la guerra, los homosexuales les están diciendo, utilicen la cabeza porque el 70% de la diplomacia mundial es manejada por homosexuales.

Mientras lo heterosexuales con mentalidad estrecha acusan que los homosexuales no pueden tener hijos. Los homosexuales han sido buenos padres de familia y además no han causado tantas muertes que superan los muertos de la segunda guerra mundial, causado por los abortos hechos por los heterosexuales por su falta de responsabilidad y sobre todo en el hombre.

 

50% de nacimientos en el mundo son dados por padres que no admiten su responsabilidad y echan toda la carga a las madres.  Ellos son los que más presumen de ser normales, mientras son unos cobardes. Ellos si son  unos pobres maricones.

 

Los  que se dicen "normales" se basan en que Dios creó    hombre. Pero ellos no respetan a la mujer, la han utilizado como un objeto, han creado normas y reglas donde ponen a la mujer bajo su mando o tutela, la maltratan, y han creado cargos tan solo para hombres, uniones solo entre hombres y hasta han llegado a la estupidez de decir que Dios solo escogió hombres para su apostolado.

 

¿Son realmente los hombres y las mujeres compañeros?

Existe un gran número de divorcios o muchos que se quieren acoger al divorcio y no lo pueden hacer.

 

¿Acaso Dios condena a un hombre y una mujer a vivir juntos, cuando el amor ya se murió?

Los que conocen el secreto de la afinidad, siempre han agrupado hombres con hombres, mujeres con mujeres. ¿Acaso la Iglesia no hace lo mismo?



ESTADÍSTICAS

 

Alexandro trazo una línea en el pizarrón y la dividió en cinco partes iguales, en cada una de ellas escribió 20%.

 

- La sexualidad del hombre es variable e ilimitada en sus formas de expresión. En cuanto a sexo "nada está dicho".  No se puede decir que la heterosexualidad sea lo normal en la sexualidad, porque tan solo el 20% de hombres es puramente heterosexual toda su vida. El segundo rango es el de los heterosexuales que de vez en cuando sienten atracción o fantasías sexuales por personas de su mismo sexo, el siguiente rango son los bisexuales, el siguiente rango es de los homosexuales que tienen relaciones esporádicas con personas del sexo opuesto y el último son homosexuales que se mantienen con esa preferencia toda su vida.-

 

Alexandro dividió a la última división que representaba a los que se mantienen homosexuales durante toda su vida y la dividió en diez partes, en una de ellas escribió "10%". Luego dibujo una especie de montaña cuya punta sobresalía la parte del 10%, el resto se encontraba debajo.

 

Este 10%, lo denominamos " La punta del Iceberg", es solo lo que se ve. Es el denominado ambiente gay. Sitios de contacto, saunas, parques, discotecas, bares. Tan solo este 10% de homosexuales es perceptible, es contable, es el que se toma en las estadísticas. El resto no cuenta. El resto son los homosexuales de clóset. Son militares, curas, casados, políticos, gente que por su posición social, económica, cultural, tiene que ocultar su vida gay o simplemente porque no le gusta como se desenvuelve la punta del Iceberg.

 

La punta del Iceberg es un ambiente sin valores trascendentales y eso es lo que el resto vemos y catalogamos como que todos  los homosexuales son iguales.

 

De cada familia de seis personas, uno es homosexual. La primera fantasía sexual del hombre es participar en orgías, la segunda es tener relaciones sexuales con personas del mismo sexo. ¡Somos una tarea de hipócritas! - dijo Alexandro en voz alta.

 

- ¿Cómo sabes esos datos?

 

Alexandro se arrodillo e hizo el papel de pecador mientras que yo hacia el papel de su confesor.
- Padre, ¡Acúseme! ...soy casado y siento atracción por mi vecino.
- Padre tengo una familia pero tengo un amante varón,
- Padre me masturbo pensando en hombres, soy sacerdote...

Alexandro se paro y me dijo, no te estoy revelando las personas, tan solo te estoy revelando como sacamos estadísticas, pero la más práctica forma de conocer la orientación sexual de las personas es en base a energías

- ¿ Energías ?
- El rato que entiendas que todos somos energía y entiendas su manejo, lo entenderás.

Al ver mi cara  de asombro él se rió y dijo - Cada vez que escuches a un predicador católico hablar en contra  de los homosexuales, tan solo piensa que esta escupiendo al cielo y cada vez que oigas escuchar a cualquier predicador de otra religión o persona sin credo religioso hablar despectiva o burlonamente en contra de los homosexuales, inmediatamente piensa que es un homosexual en potencia.

El 99% de homofóbicos son homosexuales reprimidos, hombres que no se aceptan o esconden su homosexualidad o homosexuales traumados.-

Al ver otra vez mi cara de asombro, Alexandro se rió y me dijo - "Energías, todo es energía". El momento que entiendas el manejo de las energías,
lo entenderás todo. 

 


 

PROTOCOLO, ETIQUETA Y DERECHO CANÓNICO.

 

- Hemos inventado el protocolo más difícil del mundo - me dijo Camilo. Un experto en el tema de protocolo, etiqueta y Derecho Canónico.

- ¿Para qué sirve el protocolo?
- Para presumir en actos de estado. Cada cual tiene su rango, y cada cual tiene su puesto. Y como nosotros nos creemos los elegidos y los representantes del Cielo en la tierra, hemos diseñado el Protocolo del Vaticano para que nos rindan pleitesía. Lo dominamos todo.

- ¿Para qué sirve la etiqueta?
- Para que un presumido pueda fijarse en los errores de los demás.
Para no poder ser natural y ser uno mismo.
Tras la etiqueta se oculta una gran mascara de hipocresía.
El hombre fue el diseñador de la etiqueta y tan solo lo hizo pensando en que podía ser clasificado como bueno o malo.

- ¿Para qué sirve el Derecho Canónico?
- Para que la Iglesia Católica pueda dominar al resto de borregos. Para que los presumidos que se creen elegidos se declaren con rangos y categorías de poder mas no de servicio. Para que incluso se lleguen a llamar príncipes. Para inventar pecados, para condenar todo lo que sea placer.  Las relaciones anales son consideradas deliberadamente placenteras, por lo tanto se clasifican como pecaminosas.

Los dos nos miramos y él me dijo - Estas tres van de la mano en la Iglesia: Protocolo, etiqueta y Derecho Canónico, tan solo fueron creados para complacer  la presunción y vanidad del hombre. Vanidad de vanidades, todo es vanidad...

¡Gracias a Dios no tengo nada! - me dijo Camilo contento - ¡Bendita pobreza! - eso me hace ser alegre como San Francisco de Asís. -  En su rostro veía  reflejado una alegría interior. El me dio un beso en la mejilla y se fue.

 

 

 

EL INFORME ROCKEFELLER

 

- Estos son  los Estados Unidos de Norteamérica - me dijo Leandro señalando un mapa. - Este punto es el Vaticano - me dijo señalando hacia el lugar donde estaba el Vaticano y continuó - El Vaticano es apenas una punto en este mapa y mira cuán grande son los Estados Unidos. El poder de Estados Unidos empieza en el siglo pasado. Nuestro poder ha reinado durante dos mil años. Presidentes y reyes han pasado delante de nosotros. Ni siquiera Napoleón pudo detenernos. Ni siquiera el Pentágono que  tiene un sistema de espionaje tan perfecto como el nuestro. Nosotros no tenemos sus equipos sofisticados, pero si tenemos una inteligencia suprema.

 

- ¿Cómo lo hacen?
- Has aprendido varios métodos y no te has dado cuenta. Podemos entrar al interior de una persona, inclusive sin su permiso.
Tan solo  basta que ella nos confiese cuáles son sus pecados.
- ¿La confesión?
- Sí.
- Pero no es un secreto.
- Cuando atenté contra la seguridad y estabilidad de la Iglesia, no es un secreto. Nosotros lo  declaramos a nuestros superiores.
- ¿Dicen el nombre de la persona?
- En algunos casos sí, en otros no, inclusive podemos decir el hecho, sin decir que nos fue dicho en secreto de confesión.

Leandro puso en mis manos un informe, su nombre era  "El Informe Rockefeller".

 

- Este informe declara como nosotros con la teología de la liberación nos hemos vuelto enemigos de los Estados Unidos. Ellos representan el consumismo, nosotros estamos representando la opción por los pobres. Nuestra doctrina no es conveniente para los gringos y es por eso que ellos financian a sectas protestantes para que vengan a predicar a Latinoamérica.

Les hacen una promesa de salvación, les prometen la vida eterna si tan solo creen el nombre de Jesús. Usan versículos de la Biblia en que pueden convencer que los católicos estamos equivocados. Su principal objetivo no es llevar a la gente a Dios, sino separarlos de la Iglesia Católica. El lavado de cerebro se da en los adventistas prometiéndoles que si guardan el sábado serán los elegidos. A los Testigos de Jehová se les utiliza como trabajadores sin sueldo convenciéndoles de que si predican el evangelio y su doctrina serán salvos. A los evangélicos se les convence que todo es hecho por Dios, incluso que los gobiernos son puestos por él y se vuelven conformistas separados de toda justicia social lícitamente que Jesús volverá a los Estados Unidos y que esta es la Tierra prometida. Detrás de toda religión o secta organizada hay un fin económico y a la vez político.
 

 


LOS CUATRO PASOS
 

Volví a Conspicuos. Aurelio me dijo - Ahora vas a salir a trabajar investigando religiones e  investigando vidas. Tal como dice la Biblia. Se manso como un cordero  pero sagas como una serpiente. Cuídate de aquellos que fingen afecto, mira siempre a los ojos de las personas. Da tu confianza a todos, todos son dignos de ella, pero cuando alguien abuse de ella por primera vez,  finge ser tonto. Si abusa por segunda vez, soporta, cuando llegue a la tercera vez, sepárate sin pelea. ¡Guerra evitada, guerra ganada! Al hipócrita hazle creer lo que tú quieras hacerle creer. Pero si llega a la cuarta vez, ataca con la verdad y luego mantente lo más alejado de aquella persona, ellos son un fastidio para el alma.

Ten la mente abierta, escucha, aprende. Se tolerante, esa es una virtud que los cristianos no la tienen. Pero siempre duda. "No creas nada de lo que te digan hasta que lo compruebes y lo experimentes".
 

ELITISTAS
 

- ¡Hermanos!... ha llegado el momento de demostrar nuestra gratitud con Jehová. - Gritó animosamente el conductor del culto "Verbo", una nueva organización cristiana que venía desde Miami.

- ¡Den lo que más tengan!.. Recuerden que al que da, Dios le devuelve el ciento por uno. Así dice la Biblia.

- ¡Amen! - respondieron la mayoría y empezaron a dar. Las canastas se llenaron de dinero. El lavado cerebral resultó. La frase fue cambiada.
"El que deja todo por mí yo le devolveré el ciento por uno".


Luego un  pastor gringo habló - ¡Hermanos!... he conversado con Dios y me ha pedido que oremos por nuestro hermano Jimmy Swagart. El ha caído en la tentación del demonio. El es un elegido de Dios y Satanás con sus garras le ha querido tentar.
 

- Y él se dejó - pensé yo y me reí interiormente. El negocio de Jimmy Swagart se fue a la quiebra. El habló tan mal de su competencia, otro predicador de las Iglesias eléctricas. Su competencia lo investigó y descubrió que la debilidad de este supuesto santo pastor eran las prostitutas.

- Francisco... ¡No me dejan casarme! - me dijo Jaime a la salida.
- ¿Por qué?
- El padre de mi novia es diplomático y el mío es militar.
- ¿Y eso que tiene que ver?
- El padre de mi novia dice que no estamos a su mismo nivel social y económico.


- ¿Qué dicen los de la Iglesia?
- Apoyan al padre de ella porque es el que más diezmos da.
- ¿Son clasistas?
- Para nada... - Dijo Jaime jocosamente. -Cuando  tenemos que ir a las reuniones para jóvenes. Mi novia va a la del Quito Tenis porque allí se reúnen los de clase alta. Nosotros iremos a la de la Rumipamba porque allí se reúnen los de clase media y el resto irá a las reuniones de la Magdalena en el sur  porque allí se unen los de clase baja.

- ¡Vamos a la de clase alta! - Le reté.
- No podemos. Los pastores consideran que no nos debemos  mezclar entre clases sociales porque así existe una mejor comprensión y afinidad.
- ¿Consideras a esto cristiano?
- No.
- Entonces porque sigues aquí.
- Por ella.
- ¿Quiere ella casarse contigo?
- Ella respeta lo que diga su padre y su pastor.
- Entonces no te quiere.
- ¿Crees tú eso?
- Sí, lastimosamente tú no eres del jet set.
- Francisco, es preferible que me vaya de aquí.
- Yo también pienso lo mismo y quiero irme breve
- ¿Porqué?
- Los supuestos miembros del jet set  me están mirando de pies a cabeza, parece que no les gusto mi pobre vestuario.
- ¡Tu vistes bien! - me dijo riéndose - te espero en la reunión de jóvenes.
- No creo que vaya.
- ¿Por qué?
- Me he  de aburrir, todos se los ve tan buenitos.
- ¡Parecen buenitos!, pero para una crítica y un chisme, son número uno.
   No son normales como los dos - me dijo él riéndose.

 

 

AYÚDATE QUE YO TE AYUDARE

 

- Estoy seguro de que Dios me va a dar trabajo - dijo un hombre de unos cuarenta años en la reunión de los carismáticos.

- ¿Has hecho algo por conseguirlo? - le pregunté delante de todos.
- No - respondió él.
- ¿Cómo esperas conseguir trabajo si no lo buscas?
- Es que tengo una fe muy fuerte en Dios y estoy seguro que un día de estos alguien llama por teléfono y me ofrece trabajo.
- Recuerda la frase "Ayúdate que yo te ayudare" - le dije
- ¡El tiene una fe suprema! - me aclaró con cara de pocos amigos la mujer que conducía el grupo.
- Espero que le funcione - dije yo.
- ¡Hermanos!...Oremos porque nuestro hermano Miguel consiga trabajo y porque su fe siga manteniéndose tan férrea como hasta ahora.
- ¡Amén! - Respondieron todos menos yo.

- La virgen nos pide que también oremos por la Pachi, ya que nadie le cree. La virgencita ha escogido al Ecuador para protegernos y darnos su mensaje.

- ¡Gloria a Dios! - Respondieron todos y otra vez me quede callado. Un hombre que estaba junto a mí, al ver que no respondía me dijo  muy animoso - ¡Gloria a Dios hermano! - y me dio una palmada en la pierna.
- ¡Por siempre, jamás, amén! - le respondí.

Otra vez la que conducía aquella reunión me quedo viendo con cara de pocos amigos.

 

 

APARENTES APARICIONES

 

- ¿Qué paso cuando llegó la Pachi al Jardín? - me preguntó Antonio. Un sacerdote especializado en apariciones marianas que vino desde Roma para investigar el asunto del Cajas.

- Las nubes se abrieron y pude notar miles de estrellas.- Le respondí admirado por lo que había visto.
- ¿Qué paso cuando la Pachi estuvo dentro?
- Puso su cabeza hacia atrás y empezó a dar el mensaje. Tenía voz de española. Varios empezaron a gritar que veían a la virgen y un amigo mío que es ateo, se agarró duro de mi brazo y empezó a rezar el Padre Nuestro.
- ¿Viste a la Virgen?
- Vi algo como una silueta de mujer con un velo verde, era un color verde precioso, nunca lo he visto.
- ¡Histeria colectiva! - me dijo Bruno riéndose.
- ¿Por qué te ríes de una aparición?
- Porque somos manipulables - me dijo - Estamos viviendo una situación difícil y el gobierno utiliza el método de las apariciones para despistar al pueblo.

El espiritismo está prohibido en la Biblia, entonces, es absurdo que la virgen haga espiritismo con una joven y todavía que hable como española. Cuando quieras darte cuenta que los mensajes son falsos analízalos.-

 

Bruno sacó todos los mensajes que había dado la Pachi, todos ellos habían sido analizados por expertos en gramática, Biblia y hasta sintaxis.

 

- Dios en estos mensajes es el gran castigador y la virgen es la víctima que trata de detener la mano de Dios a toda costa para librar del castigo a la tierra. La virgen a pesar de que habla a todos como "hijitos míos" tiene en consideración el título de Presidente y envía saludos y bendiciones especiales a un presidente que ha sido el más grande violador de los derechos humanos.-

Luego Bruno tomó un casete y  dijo - Enviamos a una mujer a que se una al grupo de la Pachi. Ella gravó esto.

 

Al escuchar aquel cassette se podía notar claramente como la supuesta vidente era entrenada por dos sacerdotes para dar los mensajes. La voz gutural de española era hecha por ella misma. Los mensajes eran compuestos con anterioridad y ella tenía que aprenderse de memoria.

 

- Aquí va a pasar lo mismo que en Chile. Pinochet utilizó el mismo método para despistar al pueblo. Crearon las apariciones de Punta blanca contratando a una joven que fingió hacer el papel de muchacho estigmatizado. Los mensajes eran a favor del gobierno y la virgen criticaba a los obispos que no estaban de acuerdo con la política del General. - me dijo Antonio.

 


 

En mi segundo viaje al Cajas, iba caminando hacia el jardín. Dos jóvenes de los denominados "Guardianes de la fe" venían conversando delante de mí.

- Tu madre tiene la culpa de que yo este aquí -  le reclamaba el uno al otro.
- Tú eres el que acepto - le dijo su amigo.
- Tengo que hacer rezar el Rosario a la una de la mañana - dijo despechado el reclamante.
- No te quejes, yo tengo que hacer rezar el Rosario a las tres de la mañana.
- Hubiera estado viendo televisión...
- Hubiera ido a visitar a mi pelada...

 

 

- Antes de que haya las apariciones, ellos ya estaban aquí - me dijo una indígena que vivía por el sector.
- ¿Quiénes son ellos?
- Dos sacerdotes, un peruano y un español, con la Pachi y su familia.
- ¿Ellos estuvieron analizando el lugar?
- Sí.

 

 

- Por la ubicación del lugar, puedes ver al Sol sin que este hiera tus ojos - me dijo Antonio.
- Pero el Sol danza. - le dije al ver aquel fenómeno.
- Es un efecto visual. La sobre exposición a la luz hace que tus ojos o el lente de una cámara vea como si el  Sol estuviese danzando.

 


Algunos miembros de Los Guardianes de la Fe enseñaban fotos de una silueta de una mujer en el cielo. Ellos decían que las fotos fueron tomadas en El Cajas. Cuando vimos con Antonio, el me dijo - Son las mismas fotos que circularon en las apariciones de Venezuela.

 

 

Un grupo de siete muchachos pertenecientes a Los Guardianes de la Fe se pusieron de rodillas frente al jardín. Todos ellos se agarraron de las manos, el primero mantuvo los ojos abiertos mientras que los otros seis cerraron sus ojos y bajaron su cabeza como si estuviesen orando.

 

No pasaba nada cuando pasaba delante de ellos cualquier ciudadano común, pero cuando pasaba delante de ellos un sacerdote, el panorama cambiaba totalmente. El primero apretaba fuertemente la mano del que estaba a su lado, el que recibió el apretón  hacia lo mismo con el que estaba junto a él  y en menos de un segundo todos estaban comunicados. El show daba su grandioso inicio.

 

- ¡Padre Perdónanos! - decía uno
- Vigencita... ¡Protégenos! - decía en voz alta otro.
- ¡Somos pecadores! - Gritaba una chica.
- ¡Sálvanos madre del cielo! - oraba otro y así seguía el show.
- ¡Bendito sea Dios! La salvación llegó a los ricos - dijo una señora que estaba parada estática junto a mí viendo aquel espectáculo.

Cada vez que un religioso pasaba cerca de ellos, el show se repetía con un tipo de oración especial en la que Raymundo y todo el mundo tenía que enterarse que estos jóvenes eran pecadores y estaban totalmente arrepentidos de su vida mundana.

Llegó el momento en que un Monseñor muy conocido en el país, paso delante de ellos, pero aquel monseñor sabía que todo era una falsa. El show empezó, lloros, arrepentimientos y peticiones en voz alta. Monseñor pasó sin inmutarse.  El primero lo quedo viendo con mala cara y aflojo inmediatamente la mano y el resto dejo de actuar. Se levantaron. La función había terminado, volverían a actuar dentro de una hora.

Luego detrás de una roca se oía su festejo.

- ¿Viste como nos quedo viendo aquel cura con cara de tonto? - dijo uno y el resto se reía a carcajadas.
- Tuve que aguantarme varias veces la risa al ver la cara de pendejos de algunos - dijo otro. Y sucesivamente iban festejando una tras otra las situaciones que pasaron mientras mantuvieron su teatro.

 

 

- ¡Oren por la Pachi! - volví a escuchar en las peticiones de los carismáticos.

- ¡Oren por la Pachi! ¡Tan joven!... y se prestó para semejante farsa - les dije.
 

 

 

Después de asistir por un buen tiempo a los Testigos de Jehová y ver como su lavado cerebral se basa en el odio a los católicos, el convencimiento de que ellos tienen la verdad y sobre todo su odio hacia los homosexuales, llego el momento de irme. Para librarme de ellos tuve que decir que creía en extraterrestres y les enseñe los versículos en donde supuestamente  había  referencias de ellos. La mayoría de ellos me acuso de satánico porque en su grupo religioso la mayoría  están convencidos de que los extraterrestres son demonios.

- ¡Hermano!...Usted tiene que creernos, nosotros tenemos la verdad - me dijo un miembro.
- Tan solo Dios tiene la verdad - le dije.  Ninguno supo qué responderme y me despedí.


 

- ¿Es usted homosexual? - me preguntó un mormón después de permanecer un tiempo en su organización y tratar de entrar en ella como miembro fijo.

- No aceptamos a los homosexuales en nuestra Iglesia - me respondió él.
- ¿Por qué?
- Porque así lo dicen nuestras reglas y así lo dice nuestro fundador.
- ¿A su fundador le gusta cambiar de opiniones?
- Dios no cambia de opiniones - me dijo muy seguro de sí mismo.
- Parece que sí. El profeta Smith cambia de leyes según el parecer del resto y no de Dios.
- ¿Por qué?
- Cuando se fundaron los mormones eran polígamos y además el profeta Smith casaba entre hombres.
- ¿Como usted lo sabe?
- Lo investigue.
- Nosotros no sabemos eso.
- Pero sus superiores sí.
- Soy claro, no admitimos homosexuales en nuestra Iglesia.
- No me hace falta, prefiero estar fuera de su iglesia a estar con personas que predican que el amor de Dios es tan solo para los heterosexuales.

 


- Te dije que mantuvieras la boca en silencio - me reto Aurelio.
- Tuve que decir la verdad.
- ¿Cuál verdad? -  Me retó a lo cual no supe qué responder.
- Cuando vayas a investigar grupos religiosos, tienes que ocultar tu identidad sexual, sino ninguno de ellos te aceptara.
Quiero que vayas a aprender, no quiero que vayas allí para enseñar. - me dijo enojado.
- A sus órdenes patrón... - le respondí. - y le extendí mi mano.

Aurelio la tomó y se despidió - ¡Adiós! - me dijo.
- Nada que Adiós, necesito dinero...

Aurelio rió disimuladamente - ya te lo voy a dar.
- Mis investigaciones cuestan - le dije. Aurelio metió sus manos al bolsillo y luego  puso sobre mi mano cierta cantidad de dinero que me debía.


 


- ¡Hermanos!...Hoy vamos a hablar sobre un tema muy importante - dijo un pastor evangélico y por su acento y pinta, sin dudas era gringo.
- El tema es...

Todos lo quedaron viendo con cara de incertidumbre.

- El amor al prójimo. - dijo él
- Gloria a Dios...
- Amén...

Dijeron los otros.

Luego de dar su charla el dijo - Yo tenía un pastor en mi iglesia. El una vez me dijo que cuando alabe a Dios, sienta como si estuviera haciendo el amor con El. - El pastor miró a todo su público y luego dijo en voz alta - Hacer el amor con Dios es pecaminoso. Solo a un homosexual se le puede ocurrir semejante locura. Aquel pastor era homosexual y gracias a Dios lo expulsaron de la Iglesia. Ja, ja, ja... - se burlo con una risa sarcástica y el resto hizo lo mismo.

- ¡Gloria a Dios!...
- Amén...
- ¡Alabado sea el Señor!...

Dijo el resto de  borregos. Uno de ellos me quedó viendo al ver que no respondía  efusivamente al igual que ellos.

- ¡Por siempre, jamás, amén!. - le dije.
- ¡No entiendo! - dijo viéndome con su cara de espanto.
- Yo tampoco...


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- La salvación del mundo está en la transmutación sexual - dijo el instructor gnóstico - El Cristo interno tan solo se lo despierta mediante la práctica de la transmutación sexual. Debemos estar preparados porque Hercobolus ya se acerca a la Tierra y tan solo los que hayan practicado la transmutación sexual serán salvos.

- ¿Y los homosexuales? - preguntó Benjamín.
- Tal como dice nuestro venerable maestro Samael,  los homosexuales deben volver por el camino que vinieron, no pueden ser admitidos en nuestras filas. Ellos están involucionando. Cuando mueren pasan a dimensiones inferiores.

- ¿Quién le dijo eso? - preguntó Benjamín.
- Esta escrito por nuestro maestro.
- Un taxista mexicano que mezclo varias religiones y fundo esta - le dije a Benjamín en voz baja.
- ¿Qué opinas de lo que acabas de escuchar? - me preguntó Benjamín.
- Mira la sociedad que han creado los heterosexuales, y pregúntate ¿Si es una sociedad que está en involución o evolución?
- Espiritualmente esta en involución.
- ¡Tal como es arriba es abajo!  
- ¡Gracias maestro! - me dijo él sonriendo.
- De nada... mi pequeño saltamontes.

 


- Francisco, abotónate la camisa - me pidió un dirigente de un grupo juvenil católico.
- ¿Por qué?
- Eso es vanidad, andas enseñando a todo el mundo que tienes pelo en pecho.
- No me he dado cuenta, siempre he vestido así.
- ¡Qué falta de humildad!

Al momento de la oración él dijo en voz alta: Señor te agradecemos que en este grupo nos hemos congregado gente de la Universidad Católica y de la Politécnica, porque somos los más devotos a ti, porque tenemos la humildad que tú solicitas para ser tus servidores, porque no somos vanidosos Señor. Esperamos que gente de otras universidades pueda ser como nosotros. Gracias padre por elegirnos.

- ¡Gracias Padre por el descole! - dije mentalmente y me salí.

 

 

TROPICANA

 

Fui una noche al teatro Bolívar a ver una versión del Cabaret Tropicana que vino a Ecuador. En el intermedio me dirigí hacia el urinario. Un hombre de aproximadamente 27 años se puso en el urinario contiguo. El me miró fijamente a los ojos.

 

- ¡Dios mío!... ¿Por qué hiciste hombres tan guapos? - Le pregunté en mi interior.

 

Este hombre era la versión juvenil de Tyron Power. Sus ojos negros profundos hablaban  y me pidió que viera hacia abajo.

 

Dirigí mi mirada hacia donde él me pedía. Su miembro estaba totalmente erecto. Otra vez respire profundo - ¡Dios mío! - El mío también empezó a tener una erección. Aquel hombre me estaba haciendo perder la cabeza.

 

Un hombre se aproximaba por el pasillo, inmediatamente él que estaba junto a mí me guiñó el ojo y me hizo una seña con su cara que saliésemos al pasillo.

- ¡Bonito espectáculo!  - me dijo una vez que estuvimos en el pasillo del teatro.
- Sí, está precioso, siempre quise ver al Tropicana.
- Yo también y me gustaría algún día viajar a Cuba para verlo personalmente.
- Siento nostalgia por Cuba. Sé que algún día estaré allí y visitaré el Tropicana.
- Espero que tu sueño se cumpla.
- Hoy se ha cumplido la mitad - le dije
- Soy Fausto.- me dijo amablemente y me apretó la mano.
- Soy Francisco.
- ¿A qué te dedicas?
- Soy estudiante ¿y tú?
- Soy modelo.
- ¡Tienes buena pinta! - le dije admirándolo
- La pinta no sirve de mucho, modelo desnudo...
- ¿Dónde? - pregunté admirado.
- En Francia.
- ¿Pornográfico?
- ¡No seas salvaje! - se rió - Soy modelo artístico. Algunos pintores me pagan por posar desnudo.
- ¿Puedes modelar para mí?
- ¿Pintas?
- No, pero soy ágil con las manos.
- No te creo, pero me gustaría que tuvieras tus manos sobre mí.

Me mordí los labios y sonreí.

- Estamos yendo demasiado rápido. - le dije nervioso.
- Deseo que vuele el tiempo.- me dijo tomándome del brazo y  llevándome hacia el interior del teatro.
- ¿Qué vas a hacer cuando concluya el show? - me preguntó.

- Pues, tenía pensado ir a casa...
- ¿Dónde vives?
- En el valle.
- ¿Podemos ir a tu casa?
- No, vivo con mi abuela.
- Pues bien, esperemos a que termine el espectáculo y te invito a tomar un trago.
- Gracias.

Los dos fuimos a sentarnos. Lastimosamente como teníamos sillas numeradas tuvimos que continuar viendo la segunda parte del show solos. Aunque Fausto estaba tres filas delante de la mía y a un costado izquierdo. Cada cambio de número él regresaba a ver y me sonreía.

Al salir fuimos a un bar que estaba cerca. Era todo un contraste y había mucha tolerancia. En la pista bailaban parejas de heterosexuales, en la barra se encontraban travestíes y transexuales y en el sector donde se localizaban las mesas tan solo había hombres.

- El señor que está en la otra mesa les envía esto y pregunta si les puede acompañar - nos dijo la mesera y puso una jarra de guayusas sobre nuestra mesa.

- ¿Quieres que él nos acompañe? - me preguntó Fausto.
- No.
- Respeto tu decisión, pero no te pongas nervioso.
- Estoy nervioso, pero quiero estar a solas contigo - le dije.
- Señorita, devuelva esto a aquel señor. Lo lamentamos - le dijo Fausto y devolvió la jarra de guayusas.

Después de una larga conversación Fausto llevo el vaso de ron a su boca y empezó a jugar sensualmente con él.
- Fausto, me estas derritiendo - le dije y me mordí el labio inferior.

- ¿Quieres pasar esta noche conmigo? - me preguntó.
- Me encantaría, pero tengo que llamar a casa, no he dormido nunca fuera.
- ¡No seas mentiroso!
- No te miento, desde que vivo con mi abuela, no he dormido  fuera de casa.
- Pues llámala.

Salimos de aquel bar y llame a casa, pero como era muy tarde, madre Magdalena estaba durmiendo y no contestó el teléfono.

- No contestan - le dije.
- Pues decide, porque mañana yo vuelvo a Francia.
- ¡Acepto! - dije inmediatamente.

Fuimos a un hotel, al ver que éramos dos hombres, no nos dejaron entrar. Fuimos a otro y nos dejaron pasar. Apenas Fausto cerró la puerta, los dos nos abalanzamos como un par de desesperados y la pasión se apodero de los dos y pasó lo que tenía que pasar.
 

 

- Francisco, tienes que hacer el papel de religioso - me dijo Aurelio.
- ¿Religioso?
- Sí, serás el Religioso  por cuatro días. Visitaras una pequeña comunidad de tres sacerdotes que viven en Palmira.
- ¿Cómo?
- Serás el visitador de la comunidad que llega desde Roma.
- ¿Qué tengo que hacer?
- Investigar a donde desvía los fondos Padre Miguel, él es el Prior de aquella comunidad y además director de la escuela que ellos tienen.

Aurelio puso tres libros sobre su escritorio. Uno era la vida del santo de la orden, otro; las reglas de la orden y el último  era sobre la historia de la orden y sus obras por todo el mundo.

- Tienes una semana para estudiarlas. Luego iras a esa comunidad. Todo está planeado. El padre provincial de la orden sabe que tú vas para ayudarlo.



 

SI TIENES UN HONDO PENAR PIENSA EN MI...  

 

Al escuchar aquella canción a Tomás se le estremeció la piel. Regresó a ver hacia todos los lados de la cantina donde estaba él sentado recordando viejos tiempos, pero no vio a nadie conocido. Miro hacia la rocola, habían puesto su tema favorito. Tan solo un hombre podía haber puesto ese tema, pero eran varios años que no lo veía.

- El señor que está detrás de usted le envía este trago - le dijo el mesero.

Tomás inmediatamente regresó a ver quién estaba  atrás. Al ver quién era su rostro volvió a brillar la felicidad.

- ¡Renzo! - dijo alegremente.
- ¿Puedo sentarme contigo? - preguntó Renzo con una risa picara.
- ¡Por supuesto! -  Dijo Tomás emocionado.

Renzo se levantó y sintió ganas fuertes de abrazar a Tomás, pero miro a su alrededor y recordó que estaba en una cantina sumamente machista. Cualquier expresión de afecto entre dos hombres era considerada como anormal.

Los dos contuvieron las ganas de abrazarse. Renzo se sentó en la mesa donde se encontraba Tomás.

- ¡No tienes idea la alegría que siento al verte de nuevo!
- Tampoco la tienes tú. - le dijo Tomás.
- He rogado a Dios todos los días para que nos volviéramos a encontrar.
- Dios escuchó tus suplicas y también las mías.
- Posiblemente demasiado tarde - dijo Renzo en tono triste.
- ¡Nunca es tarde! - Replicó Tomás.
- Nunca es tarde para volvernos a amar - le dijo Renzo cambiando su gesto.
- ¿Me sigues amando?
- Te he amado siempre.
- ¿Dónde estuviste?

- Mis padres me enviaron a Venezuela, luego fui a la Zamorano y acabe viviendo en los Estados Unidos. Hoy he vuelto. Te escribí varias cartas, pero no supe nada de ti.

- Fui varias veces al departamento, pero los dueños de casa me dijeron que nunca recibieron una carta para mí.

- Seguro que se la dieron a mis padres - dijo Renzo, mientras que Tomás suspiró.

- Mi madre murió al poco tiempo, mi padre no me perdona, ni  quiere verme. Tengo miedo de estar aquí.
- ¿Dónde estás viviendo?
- Estoy hospedado en casa de un amigo.
- ¿Te quedaras aquí?
- ¡Depende!
- ¿De qué depende?
- Tan solo de mí...

Los dos se quedaron mirando a los ojos.

- Tomás ¿Estas pensando lo mismo que yo?
- Sí - respondió él.

Los dos subieron en el carro de Renzo y fueron hacia Alausí,  un pueblo que se encontraba a una  media hora del Palmira, se hospedaron en un hotel y pasó lo que tenía que pasar.

Al siguiente día Renzo le dijo a Tomás.

- Quiero verte de nuevo.
- Yo te llamaré a casa, diré que me llamó Fausto y que soy amigo tuyo de la Zamorano.

 


NADA ES CASUAL, TODO TIENE UN PROPÓSITO OCULTO

 

- ¡Te ves increíble con el crergyman! - me dijo Aurelio al verme  vestido de cura.
-  Me veo chistoso - le dije al verme en el espejo.
- Ahora empieza en realidad tu trabajo, te darás cuenta el porqué te escogimos.
- Me dijeron porque era paranormal y además gay.
- Tu apariencia ayuda mucho. Pareces religioso. Parece que no movieras un dedo por fuera, pero por dentro todo lo analizas.  Padre Francisco.
- Gracias Padre Aurelio, ¿Cuánto ganaré por esto?

Aurelio abrió el cajón de su escritorio y tomo un fajo de billetes y me los dio.

- Pago por adelantado - me dijo sonriendo.
- Gracias.

 

 

- ¡Buenos días padrecito! - me saludaba la gente en las calles del pueblo. - Buenos días - respondía alegremente.

Sabía que los religiosos me esperaban a las dos de la tarde pero había llegado dos horas antes.

Llegue hacia la dirección que me habían dado. Al entrar a la escuela note que no había ruido de estudiantes. Todos estaban en clase. Junto a la escuela se encontraba un convento del siglo pasado. Las paredes eran de adobe y estaban pintadas de blanco. A un lado se encontraba una iglesia con un parque pequeño.

Nadie notó mi presencia. A mi lado había dos puertas cerradas y a un costado una escalera que me llevo hacia el piso superior. Por lo visto esta comunidad era muy pobre o sinceramente había fuga de dinero. En los pisos se podía notar que  rara vez los limpiaban porque no pasaban ni cera. Llegué a pensar que era por la afluencia de tanto niño.

Al llegar al segundo piso, caminé sigilosamente tratando de que nadie se entere de mi presencia y me repetía constantemente en  mi mente todo lo que tenía que decir.

Logre divisar sobre una puerta un letrero que decía "Dirección". Seguí caminando suavemente y entre a la sala de espera. La oficina del director estaba con la puerta cerrada. Mire hacia mi alrededor y era el decorado tradicional de una comunidad católica. La foto del Papa por un lado. Una imagen de Cristo con cara de tristeza en otro lado y otra imagen de la Inmaculada Concepción.

 

Algo pasaba dentro de la oficina del director. No escuché palabras pero se oía un jadeo y respiraciones profundas de un hombre y una mujer.

Me armé de valor, tomé el cerrojo e inmediatamente abrí la puerta.

 

Un hombre se espantó y quitó las manos de donde las tenía puestas y una mujer se levanto de sus piernas e inmediatamente procedió a abotonarse su blusa. Tres segundos antes la cara de aquel hombre estuvo metida entre los senos de aquella mujer. Ninguno de ellos sabía que decir.

 

Aquella mujer abotonaba su blusa con celeridad y estaba muy nerviosa, ella era madre de algún estudiante porque encima del escritorio había una lonchera.

- ¿Padre Miguel? - pregunté mirando a aquel hombre.
- ¿Padre Francisco?- me preguntó él.
- El mismo - respondí.
- ¡No lo esperaba tan temprano! - me dijo el levantándose de su asiento.
- El chofer manejó rapidísimo.
- ¡Qué sorpresa! - me dijo riéndose nerviosamente.
- ¿Usted también llegó temprano? - Pregunté  a aquella señora que vestía tan tentadoramente. Ella tomó su cartera, luego la lonchera - ¡Perdón! - me dijo y salió rápidamente, ni siquiera se despidió de Padre Miguel.

- ¡No piense nada malo! - me dijo padre Miguel.
- No soy mal pensado. En arca abierta justo peca.
-  ¿Por qué me defiende?
- Llevo varios años como visitador y he visto como las mujeres tientan a los curas.
  Luego dicen que nosotros somos los depravados.

Miguel rió pícaramente - Eso es cierto. Ellas nos buscan, nos mandan cartas...

- Y se les insinúan...
- ¡Y a la final! somos hombres y ellas son nuestra debilidad - me dijo Miguel.
- A veces ellos también son su debilidad - le dije seriamente.
- ¡Ni Dios lo permita! - dijo Miguel e inmediatamente se santiguó.
- ¡Yo soy bien machito! - me dijo. Siempre me han gustado las  mujeres.
- ¿Para usted ser macho significa tan solo el hecho de que le gusten las mujeres?

Miguel por un momento dudo.

- No quiero decepcionarle, pero en la última visita que hice al noviciado de la Comunidad en Quito, por la noche se  pueden oír las camas rechinar.
- ¿Qué insinúa?
- Que en nuestra comunidad existen hombres que son débiles ante la carne de otros hombres y no se creen para nada que son menos machos que usted - le dije.
- ¿Ha dicho esto al provincial?
- Tengo que seguir la ley del mono. Imagínese si yo hablara...
- ¿Pero conmigo hará lo mismo? - me preguntó el nervioso.
- No he visto nada.

- Padre Francisco, en esta comunidad tan solo somos tres religiosos. Padre Alberto que es un viejito de 78 años, Padre Tomás que acabo de venir de Francia y su  servidor. Hemos preparado un almuerzo de bienvenida para usted. Pero primero llamaré a Tomás para que lo lleve a su dormitorio y luego le haga conocer la comunidad.

Miguel abrió la ventana de su oficina que daba hacia el patio y grito a un niño que estaba caminando.


- ¡Llama a Padre Tomás!...Dile que lo necesito.

A los pocos minutos de estar conversando con Miguel, escuché dos golpes en la puerta.

- ¡Adelante! - dijo Padre Miguel.

La puerta se abrió y regrese mi vista para conocer quién era Padre Tomás. Lo vi y sentí que se me heló la sangre. Me quede mudo tal como se quedaron Miguel y la señora pocos minutos antes. Padre Tomás hizo lo mismo. Me quedo viendo sin pronunciar ni una sola palabra. Los dos nos repetíamos en nuestra mente - ¡No puede ser!

- ¡Solo eso me faltaba! - pensé yo. Quería llamar a Aurelio y decir que mi misión se arruinó. Aunque me habían entrenado para fingir, esta vez no pude ser buen actor. Padre Miguel notó mi actitud.

 

- ¿Ustedes ya se conocen? - preguntó Miguel
- No - contestó inmediatamente Tomás.
- ¿Pero parece que ustedes ya se conocieran? - insistió Miguel.
- Había escuchado hablar tanto de usted a Miguel, que me pareció haberlo conocido antes - me dijo Tomás.
- Tuve la sensación de haberlo conocido en Italia - le dije fingidamente.
- Solía ir a Italia de vacaciones, pero nunca llegué a casas de la comunidad. ¡Vacaciones son vacaciones! - dijo Tomas.
- ¡Tomás!... Lleve al Padre Francisco a su dormitorio, luego hágale conocer nuestra obra. ¡Almorzaremos a las dos! - Ordenó Miguel. 

Tomás tomó mi bolso. Salimos de la oficina y empezó a caminar con paso apresurado delante de mí. Iba muy serio y en silencio mientras que en mi mente tenía la idea de llamar a Aurelio y decirle que estaba enfermo y que iba a volver a Quito.

Al llegar al dormitorio. Tomás puso mi bolso sobre la cama. Mirándome seriamente me dijo - No creas que no estoy impresionado por lo que veo. Tú, un estudiante de universidad que vive con su abuela... ¡Eres religioso y de mi comunidad!

- Y ¿Qué crees que estoy sintiendo yo?  Tú, un modelo de desnudos en Francia.
¿Qué haces aquí?
- Lo mismo que tú. - me dijo  el furioso.
- ¿Qué significa lo mismo? - le pregunté.
- ¡Actuando!  
- ¿En qué aspecto actúas?
- Tengo todo el tiempo que fingir que no soy gay - Me dijo apretando sus puños.- y ahora que me doy cuenta que me he llegado a acostar con otro sacerdote…
¡Me siento miserable! Según el apóstol Pablo estamos condenados a los quintos infiernos.
- No te preocupes… ¡Pablo fue gay!
- ¿Pablo... homosexual?, Francisco... ¿Estás loco?
- No mí querido Fausto. Estudia psicología homosexual y sobre todo homofobia. Te darás cuenta que Pablo fue un  gay traumado. El máximo enemigo del homosexual, es el mismo homosexual.
- Francisco, llevo varios años en la Iglesia y jamás aprendí eso....
Y no te creo, ¡Teólogo moderno!
- ¡No me creas!... ¡Investiga! y no sigas siendo borrego.
- No soy ningún borrego, pero no me siento bien por haberme acostado contigo.- me dijo furioso.
- Y cuando lo hicimos ¿Acaso no te sentiste bien? - le grité.
- ¿Qué sentiste tú?
- No quería que la noche se acabe.
- A mí me paso lo mismo.
- ¿Entonces qué...?
- ¡Olvídalo! Francisco... ¡Olvídalo! - me pidió.
- Otro idiota que me dijo que me ama - le dije dándole la espalda.
- ¡Estaba excitado! - Gritó.
- Gracias por una magnifica velada. ¿Pagaste tu entrada a Tropicana y el hotel con el dinero de la comunidad?
- No, Yo sé como consigo mi propio dinero. Al decirte que
 soy modelo de desnudos artísticos en Francia, no te mentí.

En ese momento me quede como estático, sin saber cómo reaccionar.

- ¡No te quedes allí como idiota! - me grito - ¡Camina y sígueme!  Te llevaré a conocer la obra.

Íbamos caminando los dos juntos por el corredor de la escuela.

- ¿Eres muy joven para ser visitador?
- Soy el único disponible para la zona.
- ¿Por qué te eligieron?
- Por los idiomas.
- Tienes acento mexicano.
- Tengo tantos idiomas en mi cabeza que mi acento es raro.
- Cuando te conocí, pensé que no eras ecuatoriano - Me dijo riéndose.

- ¡Buenas tardes Licenciado! - Saludé a un profesor que pasaba junto a nosotros.
- ¡Doctor!... Por favor... Soy Doctor. ¡Cualquier burro es hoy en día licenciado!  - me dijo muy altivamente.
- ¿Usted qué prefiere que le digan, doctor o señor? - le pregunté.
- ¡Doctor! - Dijo él muy orgullosamente. - Por algo he estudiado seis años.
- Hoy en día abundan los doctores, pero escasean  los señores - le dije.
- ¡Qué lástima que a pesar de haber estudiado seis años, siga siendo un burro!- le dijo Tomás enojado.

Aquel doctor nos quedó viendo con cara de pocos amigos y escuchamos sonar la campana. - ¡Es hora de almorzar! - dijo Tomás alegremente.

- Camina de prisa antes de que este burro nos patee - me dijo susurrando.

Al entrar al comedor me estaba esperando Padre Alberto, un anciano cuyo rostro expresaba felicidad y sabiduría.

- ¡Padre Francisco! Me da mucho gusto conocerlo - me dijo el estrechando mi mano.
- A mí también - le dije amablemente.
- Me han hablado mucho de usted. ¡Tan joven y visitador!.. Eso es todo un éxito.
- Para mí el éxito está en la felicidad que usted refleja en su rostro - le dije.
- Ese es mi secreto - me dijo sonriendo - Ser transparente me hace feliz.

Al sentarnos los cuatro, empecé a sacar mentalmente estadísticas. - 25% es célibe por la edad, 25% no es célibe y el 50% somos gays.- 

La mesa estaba muy bien decorada. Había un perfecto orden en la posición de cubiertos, vasos y copas. De entrada me dieron un cebiche de camarones.

- ¡A los tiempos comida ecuatoriana! - dije emocionado.
- ¿Le gusta el cebiche? - me preguntó Alberto.
- El ecuatoriano me encanta. - y tomé con mis manos una porción de maíz tostado que estaba en un pozuelo y me los lleve a la boca.

Tomás, Miguel y Alberto me quedaron viendo como anonadados.

- ¡Maldición! - me dije a mí mismo mientras que veía como ellos se quedaron estáticos observándome. - Estos saben de etiqueta - pensé.

- ¡Padre Francisco! - me dijo Miguel - No quiero que se ofenda, pero teníamos entendido que usted era un experto en etiqueta y protocolo.
Y es por eso que nosotros nos esmeramos por atenderle de acuerdo su rango y a sus conocimientos.

- Apenas llegue a Conspicuos, ahorcaré a Aurelio - me dije a mí mismo luego suspire y les dije - Al venir a visitarlos, me dije a mi mismo: ¡Por fin te libraste de la etiqueta y el protocolo! y miren lo que ha pasado.

- ¿Le incómoda? - Me preguntó Alberto.
- Sí, realmente no tienen idea como me incómoda tanta norma.

 

Ellos otra vez me quedaron viendo anonadados.

- ¡Por Dios!, sean naturales y olvídense de la etiqueta - les pedí.

 

Todos ellos lanzaron una carcajada y lo primero que hicieron es tomar el maíz tostado con las manos y llevárselo a la boca.

- No tienes idea como nos preparamos para tu venida, tuvimos que leer libros de etiqueta y mira en lo que ha quedado nuestro trabajo - me dijo Tomás sonriente.

- No te preocupes, te servirá para cualquier ocasión que tengas que aplicarla.

 

- ¿Cuál es el mejor tipo de etiqueta? - me preguntó Alberto.

- A donde vayas haz lo que vieras y si eres el anfitrión busca la manera de que tus invitados se sientan de lo mejor. Es simple, no existen reglas. Todo está en la amabilidad, el respeto y hacer que uno mismo y el resto estemos contentos.
 

 

"La mejor manera de enterarse de la vida de los religiosos, es conversar con la cocinera de la comunidad". Ese consejo lo recibí en Conspicuos y lo iba aplicar por primera vez.

- Parece que Miguel es muy pícaro - le dije a doña Carmen, la cocinera de la comunidad.
- Padrecito, son 15 años que trabajo aquí y he visto tantas cosas, que lo de padre Miguel me parece una travesura de guaguas.
- ¿Qué travesura?
- ¿No sabrá?
- No.
- ¡Dios me libre! Ustedes son los últimos en enterarse, pero yo me doy cuenta de todo.
- ¿De qué?
- No se lo diga a nadie, pero Padre Miguel tiene un hijo en con una mona.
- ¿Cómo lo sabe?
- Cada mes viene la mona a visitarlo con el guagua de cinco años. Según padre Miguel, dice que es su prima, pero yo me doy cuenta a leguas que el guagua es idéntico al padre. Luego que la mona se va, varias cosas desaparecen de la bodega. Padre Miguel les manda regalando bolsas de comida. ¿Por más que sean curas, todos los hombres son igualitos!... Ven un buen rabo y pierden la cabeza.

 

 

Al anochecer alguien golpeo la puerta de mi cuarto.

- ¿Quién es?
- Soy Tomás.
- Adelante...

Tomás abrió lentamente la puerta. - No te molesta si converso contigo.
- No

Tomás cerró la puerta y cayó de rodillas frente a mí.

- ¿Qué te pasa?
- Quiero confesarme.
- Prefiero que te sientes y me cuentes que es lo que te pasa.
  Las confesiones solo me saben a pecado.

Tomás se sentó junto a mí y suspiré aliviado.

- Francisco, el sábado pasado me acosté con un hombre y mañana lo voy a hacer de nuevo.
- ¿Cómoo?
- Ves, es preferible que me confiese - Y volvió a arrodillarse.
- ¡Levántate! Los dos cojeamos del mismo pie.
- Pero es que tú no me entiendes.
- Los confesores nunca entienden, prefiero que me hables como amigo.
- Pero como amigo te espantaste.- me dijo reclamándome.
- Cómo no me voy a espantar, si sé que eres un cura.
- Tú siendo cura te acostaste conmigo el lunes.
- No sabía que eras cura.
- El tampoco lo sabe.
- ¿Quién es él?
- Renzo
- Renzo ¿qué?
- Eso no importa, lo que importa es que  lo amo.
- ¿Acaso  no estabas tan solo excitado?
- No, a él si lo amo, excitado o no excitado.
- ¡Gracias por tu sinceridad! - Y agaché mi cabeza.
- Francisco no quise ofenderte, pero ya te darás cuenta como funciona el ambiente.
- ¿Cuál ambiente?
- El ambiente gay
- Cuál ambiente
- Hazte el ingenuo...
- Conozco el ambiente gay de los religiosos y religiones.
- Ese no es el ambiente, nosotros somos gays del clóset.
- ¿La punta del Iceberg?
- ¿Qué es eso? - me preguntó extrañado.
- Lo que se ve.
- Sí, lo que se percibe y lo que se ve.
- Entonces no lo conozco.
- ¡Es preferible! - me dijo - A mí y a Renzo no nos gusta.
- ¡Cuéntame tu historia! - le pedí.  


Tomás me contó toda la historia y termino apoyando su cabeza en mi hombro con sus ojos llenos de lágrimas.

- Francisco, desde que nos separaron, no volví a ver a Renzo, hasta el sábado pasado.
- Pero algún día Renzo o alguno de sus familiares se va a enterar que eres cura.
- Antes de que pase eso voy a pedir el pase, no quiero quedarme aquí.
- Pero mañana vas a ir con él y será preferible que le digas la verdad.
- Lo haré, antes de que arme un incendio.



Sábado por la mañana Tomás llego de su supuesta visita a su primo. Tomás estaba serio y al ver sus ojos noté confusión en ellos.

Le pedí que me acompañara a conversar en el patio.

- ¿Qué paso? - le pregunté con una curiosidad extrema.
- ¿Qué no pasó? - me dijo molesto.
- Entonces ¿qué no paso?
- Que no le dije que soy cura.
- ¿Estás loco?  Te acostaste con él y no le dijiste la verdad.
- ¿Cómo sabes que me acosté con él? - me preguntó fingiendo hacerse el ingenuo.
- Tomás, tú mismo me lo contaste y no creo que hayas ido a dormir a un hotel con el hombre que amas a rezar el rosario.
- No rece el Rosario. El ni siquiera me dio tiempo de hablar. Apenas entramos al cuarto me abrazo desesperadamente, me beso y toda la noche pasamos haciendo...- Tomás suspiró.
- Ya me imagino...
- Al final se despidió y me dijo que me acordara que pase lo que pase él me seguirá amando.
- ¿Quedaron en verse de nuevo?
- Le dije que un día de estos los llamaría, pero hasta eso yo pediré el pase. Esta noche escribo la carta al provincial.
- ¿Huyes de él?
- No tengo otra salida - me dijo nervioso - Amo a Renzo, pero soy sacerdote. ¿Qué puedo hacer?
- Has lo que tu corazón te diga.
- Mi corazón, mi corazón... Lo único que dice mi corazón es que lo amo, pero mi cabeza que es más realista me dice que voy a provocar un escándalo.

 

 


La hora del almuerzo fue adelantada porque a la una de la tarde había un matrimonio que tenía que celebrar padre Alberto.

- ¿Te sientes mal? - preguntó Miguel a Alberto al notar que se le veía cansado y comía muy lento.
- ¡No es nada! - contestó Alberto débilmente.
- Alberto, noto que estas pálido. Yo voy a dar la misa. - le dijo Miguel.
- No, tengo que darla yo, ellos son buenos amigos míos y son bienhechores de la comunidad. Yo les prometí que casaría a su hijo.
No se preocupen. Casi siempre me pasa, pero enseguida me recupero.

De pronto, la cabeza de padre Alberto cayó de un solo golpe sobre la mesa y todos nos asustamos. Sus manos empezaron a temblar.

- Esta con taquicardia - dijo Tomás.
- ¡Llama inmediatamente al Doctor Andrade! - Ordenó Miguel.

Tomás se apresuró a llamar.  El doctor ordenó que le lleven a la clínica. Alberto estaba a punto de tener un ataque cardíaco.

Alberto perdió la conciencia, estaba todo débil. Tomás y Miguel lo cargaron y lo subieron en el auto de la comunidad.

- Tomás... ¡Tú tienes que realizar el matrimonio! - Ordenó Miguel.
- Bueno  - contestó Tomás.


- Permaneceré en la clínica hasta ver lo qué pasa - nos dijo Miguel.
- No te preocupes, anda con cuidado y llámame por cualquier novedad - le dijo Tomás.

Tomás y yo volamos a lavarnos los dientes y luego fuimos a la sacristía para alistar a Tomás para la misa. Un muchacho del recinto que hacía el papel  de sacristán ayudó a vestir a Tomás.

Abrí la puerta de la sacristía y vi que la Iglesia estaba llena. Un fuerte olor de perfume se percibía y se podía ver a las mujeres con sus mejores galas. El novio ya estaba con la novia esperando en el altar. El era un joven de 28 años muy apuesto, pero en su rostro había frialdad. La novia era más joven, unos veintitrés años aproximadamente. En sus ojos se podía ver que ella lo amaba. Aunque la novia veía al novio con dulzura, el novio parecía como si su mente estuviera en otra parte.

Cerré las puertas de la sacristía y dije a Tomás - Ya están listos, solo falta encender las luces del altar.

Tomás fue a consultar los nombres de los futuros esposos y abrió el libro de registros de misas.

- Francisco, imagínate, les voy a casar y ni siquiera los conozco. Ruego que no estén ninguno de los que me conocieron antes...
- ¿Y si están?
- Bueno, de una vez por todas que le cuenten...
- Yo creo que eso sucederá, incluso él podría ser un invitado.
- ¡No digas eso! Si eso pasa, ¡me muero en plena misa! - me dijo y nos reímos los dos.

De pronto la risa de Tomás se interrumpió. El se quedó estático mirando el registro. Su dedo apuntaba directamente hacia el nombre de los novios. Paso una y otra vez su mirada por los nombres  y se quedo inmóvil.

 

- ¡No puede ser!... No Señor... No, Dios mío...
- ¿Qué pasó  - le pregunté al verlo angustiado.


- ¡Francisco!... Tienes que ayudarme... Tú tienes que dar la misa - Me dijo agarrándome fuertemente de los brazos.

Al oír aquello. Respire profundo - Dios, ¡ayúdame! - dije mentalmente, sintiendo que el frió se apoderó de mí.

- ¿Por qué?
- No puedo decirte -  y quedo mirando al sacristán.

 

- Por favor...  ¡Espéranos afuera - le dije al muchacho. El salió y cerró la puerta.
- Francisco tienes que realizar ese matrimonio - Me imploró.
En aquel instante no sabía como decirle - No puedo.

La puerta de la sacristía sonó. Tomás se puso inmediatamente de espaldas.

- Padrecito, estamos esperando y padre Alberto no sale - me dijo una señora amablemente.
- Padre Alberto está en la clínica, pero va a salir un  reemplazo.
- ¿Qué le paso? - Me preguntó llevando sus manos a la cara.
- Tuvo una taquicardia.
- ¡Dios mío!  Esperaremos a que dé la misa padre Miguel.
- Miguel está en la clínica. Padre Tomás va a dar la misa.
- ¿Es nuevo?
- Sí, él va a dar la misa.


- Bueno, padrecito, esperamos...

Cerré la puerta y vi que Tomas estaba con sus manos juntas orando angustiosamente. Me acerqué al registro para ver los nombres y repetí lo que dijo Tomás anteriormente - ¡No puede ser!

- ¡Somos hombres muertos! - me dije a mí mismo. Tomás que no podía aparecerse y yo que no podía dar una misa.

- Francisco ¡Tienes que dar la misa! - me dijo Tomás, y ya no era una súplica, era como si recibiese una orden.
- No puedo - le dije.


- Francisco, no quieres confesarme, no quieres dar una misa de matrimonio, ¿quién eres en realidad?

- Dios mío, ¡ayúdame! - fue lo único que alcancé a decir en aquel momento.
- Tomás, no puedo casarlos. Tú estuviste con él ayer, tú amas  a ese hombre y él te ama a ti. Por más que diga "Lo que Dios ha unido el hombre no lo separe", esa unión no será aprobada por Dios. ¿Entiendes?

- Entonces ¿Qué hago? - me preguntó suavemente y con sus  ojos casi llorosos.


- ¡Sal y enfréntalo!  Si él te ama no continuará con esta parodia, si no te ama, se casará con ella.
- ¡Francisco! Voy a morir acribillado. Diego me matará.

 

- ¿Padrecito? - se oyó la voz de una mujer que venía de la puerta. Tomás inmediatamente se puso de espaldas.
- Los invitados están esperando - me dijo.


- ¡Ahorita sale! - le respondí y ella regresó a su puesto.
- No entiendo el porqué no me dijo que se iba a casar - dijo Tomás.
- Tú tampoco  le dijiste que estabas casado... y con Dios.

Tomás respiró profundo y se armó de valor.

 

- Francisco, no enciendas la luz del altar hasta que yo esté allí y pon atención por lo que pueda pasar porque necesito alguien que me defienda. Aunque sé que Diego fingirá, no hará nada contra mí durante la ceremonia, pero me matará cuando concluya...
- Si se llega a concluir...


- Me mandas al patíbulo - me dijo con ojos de tristeza.
- ¡Se valiente! estaré orando por ti.
- No me queda otra alternativa.

 

Tomás tomó el micrófono inalámbrico y camino hacia el altar, se puso con el rostro frente al crucifijo y de espaldas hacia los fieles. Nadie pudo distinguirlo.  No había tanta claridad en el altar. Entonces encendí la luz. El miró hacia donde estaba aquel Jesús crucificado. Parecía como si él  se sintiese como aquel hombre, sin alternativa de escape. Se estaba crucificando a sí mismo.

- Yo confieso a Dios todo poderoso...

 

Su vos era lenta como un sollozo, una imploración a Dios y ante sus hermanos, ante Renzo y su familia que absurdamente le perdonaran por sentir amor hacia un hombre.

- Y ante vosotros hermanos que he pecado mucho de palabra obra y omisión...

 

Era la primera vez que veía un gesto así. Un sacerdote sintiéndose pecador entre todos los fieles. De espaldas hacia todos, pero todos incluido él con frente ante la imagen del crucificado.

- Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa...

 

Cada golpe que Tomás daba en su pecho era un golpe realmente de dolor.

- Por eso ruego a Santa María virgen, a los santos y a vosotros hermanos...

Cuando dijo hermanos, lo dijo con fuerza.

 

- Que intercedáis por mí ante Dios nuestro Señor. - Se quedo en silencio por un momento. - Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

 

- ¡Amén! - contestaron todos.

 

Tomás se dio la vuelta y lo primero que hizo fue mirar a Renzo y poner sus manos sobre el altar como si tratara de agarrarse. Renzo inmediatamente se hizo para atrás al darse cuenta quien era aquel sacerdote. Los dos se quedaron viendo a los ojos mientras que a mí se me heló la sangre. Renzo empezó a respirar aceleradamente. Tomás se agarró del mantel del altar duramente y se quedo en silencio.

 

Una mujer que estaba sentada en la primera fila agarró duramente la mano de su esposo en el cual se veía furia en su rostro. El era alto, bien fornido y de aproximadamente unos cincuenta y cinco años. Su rostro se iba poniendo poco a poco rojo. El era capaz de matar a Tomás. Había dos jóvenes junto a ellos que seguramente eran los hermanos de Renzo. Ellos estaban atónitos ante semejante cuadro.

 

El silencio continuo. La novia veía a Renzo y luego veía a Tomás. Para los dos la novia no existía. La novia tan solo trataba de explicarse qué era lo que  allí estaba pasando. 

Tomás alzó la mirada al cielo y suspiró. Trato de armarse de valor para continuar con la parodia, pero la novia se adelanto

- ¿Qué pasa? - Ella  le preguntó a Renzo.

 

Renzo la quedo viendo por un momento y luego regreso a ver a su padre. Por un momento en los ojos de Renzo brilló el deseo de venganza. Regresó a ver a Tomás, respiró profundo, se dio la media vuelta y empezó a caminar, dejando a la novia en el altar. Ante la mirada atónita de todos los allí presentes, Renzo se dirigió hacia la salida de la iglesia. Al ver salir a su prometido  por la puerta de la Iglesia. La novia se desmayó. La gente reaccionó y se armó el alboroto. Varias viejas encopetadas fueron   a su  auxilio.

 

- ¡Pobrecita, mi reina! dejarla así plantada - dijo una.
- Todos los hombres son iguales...
- Tan bonita, y quedarse sola...
- Algo ha deber hecho este desgraciado...

Eran los comentarios de las distinguidas damas.

 

- Por favor Diego, ¡No armes ningún escándalo! - le dijo la madre de Renzo a su esposo agarrándolo fuertemente del brazo.

Tomás estaba ileso observando como si estuviese hipnotizado hacia la puerta de la Iglesia.

 

- ¡Vente conmigo! - le dije a Tomás tomándole del brazo y lo lleve hacia la sacristía.
- ¡Anda rápidamente a tu cuarto, pon seguro y no salgas de allí! - le ordené mientras que veía que el padre de Renzo se aproximaba.
- ¡Soy hombre muerto! - pensé al ver como aquel mastodonte se  venía en contra de mí.

- ¡Dígale a ese cura maricón que salga y se enfrente como hombre! - Me gritó.
- Diego... ¡por Dios!... ¡Cálmate! - le pidió su esposa.


- Primero, vaya hable con su hijo - le dije
- Usted no es nadie para decirme lo que tengo qué hacer - Me volvió a gritar.
- Ni usted tampoco - le grité hecho el valiente aunque por  dentro estaba que temblaba pensando en el puñete que me iba a dar.
- ¡A mí usted no me grita! - me dijo el gritándome.
- ¡Ni usted tampoco! - y l e grité también.
- ¡Por Dios Diego!... ¡Baja la voz!... El es sacerdote.
- ¡Tomás es maricón! - dijo Diego en voz alta.
- El padre ha sido maricón - empezó el murmullo de los invitados que nos rodeaban.

Le quede viendo a los ojos y le dije - Acaba de escupir al cielo.

- ¡Ooooh! - se oyó de nuevo el murmullo.
- ¡Vaya hable con su hijo! Tomás no tiene nada que hablar con ustedes. - le dije.
- Tomás hizo esto a propósito para dañar el matrimonio de mi hijo. - me dijo Diego  lleno de iras.
- Tomás no tiene nada que ver en esto. El reemplazo a padre Alberto...
- Entonces... ¿Por qué no dio usted la misa? - me increpó.

Otra vez me dije a mi mismo  - ¡Dios mío!  - y respondí:
- Porque soy hermano, todavía no soy sacerdote...

Respiré profundo y me dije - Estoy hundido, mi misión se arruino. Miguel se dará cuenta que no soy cura -

- Diego, el hermanito nada tiene que ver en esto. Vamos a casa y conversamos con Renzo. ¡Compórtate por favor y no  hagas escándalo! Suficiente con el que ha armado tu hijo.
- Es tu hijo también - Le recalcó el.
- No te hagas el macho conmigo, que las preferencias sexuales las pone el padre. - le dijo ella furiosa y aquel mastodonte se amansó.
Ellos se retiraron y ni siquiera se despidieron.

 

 

La novia todavía no se recuperaba totalmente y se encontraba en el suelo.

 

- ¿Estás bien? - le pregunté.
- Sí padre, ya me siento mejor.
- Lamento mucho lo que paso, pero era preferible que pase.
- ¿Es cierto lo que dicen que aquel cura es maricón?
- No lo sé, me acabo de enterar.
- No deben permitir a maricones en la Iglesia - me dijo ella.
- Pero tú ibas a permitir a uno de ellos como tu esposo...

Ese rato ella abrió los ojos más de lo normal. Me quedo viendo como espantada y se desmayó.

- ¿Qué paso? - Me preguntó una señora al ver que la novia se volvió a desmayar.

- ¡Bendita prudencia! - le dije alzando mis hombros y me retiré y  otra vez cayeron las viejas pitucas a auxiliarle. 

- ¡Pobre guagua!... ¡Como ha sufrido! - dijo una de ellas.

Una sensación de tristeza y confusión reinaba por todo lado. Las mujeres que tanto se habían arreglando, puesto sus mejores vestidos y perfumes iban abandonando el lugar, al llegar a la salida daban un suspiro. En pocos minutos la Iglesia quedó vacía con las flores y los adornos dentro. El sacristán cerró la puerta. Me senté frente al altar y se repetía dentro de mí aquella frase que Diogo me había enseñado en Conspiccius.

"Nada es casual en esta vida, todo tiene un propósito oculto. Es Dios quien burlón, gusta disfrazarse de azar".

Mire a mi alrededor sentí un nudo en mi garganta y un sabor amargo en la boca.  
 

 

 

Por la noche estábamos tan solo dos en el comedor y aunque la mesa estaba servida, Tomás no tenía apetito. Los dos nos mantuvimos en silencio y nos veíamos las caras. Eran rostros de preocupación.

Miguel llegó y nos dijo - Alberto está mejor. Tendrá que pasar algunos días en la clínica porque su corazón está muy débil. Aparte de eso, este día ha sido lleno de emociones fuertes - dijo suspirando - Los padres de Renzo fueron a contarme todo lo sucedido y quiero hablar a solas  - dijo dirigiendo su mirada hacia Tomás - Nos disculpas Francisco...

Tomás fue a conversar con Miguel mientras que me dirigí hacia el dormitorio pensando en todo lo que podría pasar.

Después de una hora Tomás entro en mi dormitorio - Francisco, Miguel lo sabe todo, pero quédate tranquilo, no te involucre para nada en el embrollo. Tú no sabes nada.

- La ley del mono - le dije.
- Ojala que Diego supiese aplicar esta ley.
- ¿Qué paso?
- Diego llamó al provincial y pidió que me expulsen de la Comunidad. Mañana viene el provincial con su séquito para juzgarme.  No sé si tú estarás presente. Tengo entendido que mañana vuelves para Quito y luego viajas a Italia.  


 


¡Misión cumplida! Aurelio identificó a la mujer. Sabía su nombre, su dirección e incluso sabía la cantidad de dinero que le era asignada.

Con esos datos, Aurelio pasaría el informe al provincial de la comunidad y luego enviarían al ecónomo.  

 

 

EL QUE ESTE LIBRE DE PECADO QUE LANCE LA PRIMERA PIEDRA

 

Domingo por la mañana llegó el provincial, con Jorge, Teodoro y  Alcisar que eran los consejeros. 

- Francisco queremos que te quedes con nosotros, tendrás voz y voto en la reunión - me pidió el provincial.

En la sala de comunidad nos reunimos todos excepto Tomás que se fue a orar a la Iglesia.

- ¿Qué hacemos con Tomás? - Preguntó el padre provincial.
- Será mejor darle el pase - dijo Miguel.
- Preferiblemente al extranjero - dijo Alcisar.
- Ese maricón tiene que salir afuera. - dijo Teodoro en tono humillante.
- Nuestra congregación se ha caracterizado por tener hombres de bien.
Un hombre con semejante degeneración tiene que salir fuera - dijo Jorge mientras que Alcisar y Teodoro hicieron una señal de afirmación con su cabeza.

- Lo que me preocupa es que ese muchacho no tiene donde ir. Su padre no lo quiere ver.  No tiene absolutamente a nadie - dijo preocupado el padre provincial.

- La comunidad tiene el suficiente dinero para mantenerlo por un tiempo hasta que encuentre trabajo y se estabilice. Es preferible que gastemos un poco de dinero en él a que dañe la buena imagen que tenemos - Dijo severamente Jorge.

- Si permitimos que alguien como él se quede, después  tendremos religiosos que querrán maquillarse y de pronto querrán utilizar velo - dijo Teodoro quebrando su mano en son de burla. Alcisar y Jorge lanzaron una carcajada.

- ¿Cuál es tu opinión Francisco? - me preguntó el provincial.

- La decisión debe ser tomada por Tomás. Si él quiere quedarse será mejor devolverlo a Francia, caso contrario él mismo decidirá si se va.
- Lo mismo pienso yo - dijo Miguel.
- Un pecador como el debe mantenerse lo más alejado de  nosotros - dijo Jorge con un gesto de odio y otra vez los borregos de Teodoro y Alcisar volvieron a afirmar con su cabeza.
- ¡Ya basta! - Gritó el provincial y viendo severamente a sus consejeros les dijo - ¡Tarea de hipócritas!

Los tres se quedaron estáticos y se pusieron a la defensiva.

- Para mi ser provincial no es nada fácil porque tengo que callar muchas cosas. - Respiro profundo vio hacia Miguel y dijo:
- Sé que uno de ustedes tiene un hijo y desvió  los fondos para mantenerlo...

En aquel momento Miguel esquivo su mirada.

- Pero no queda más alternativa, es la única manera de ayudar a su criatura. Pero de ustedes...

El provincial quedo mirando hacia sus consejeros - He tenido que hacerme el tonto y fingir que no sé nada.  Todo por no causar un escándalo o dejarlos fuera.

¡Tú, Jorge! - dijo enfáticamente y le señalo con su dedo.
- Tú que tanto hablas de santidad, de ser hombre de bien. ¿Acaso confundes la homosexualidad con desviación?

Jorge se hizo para atrás. Sus ojos estaban pendientes de lo que el provincial iba a decir.

- A ti te gusta llevar a los adolescentes del colegio a tu cuarto, les engañas diciéndoles que van a corregir juntos los exámenes y aprovechas para cogerles sus genitales y  hasta los masturbas. La mayoría se deja, porque lo que les  importa es que les pongas una buena calificación, pero algunos me han contado lo que tú haces. El otra vez vino el  padre de familia de Juan Carlos Sandoval pidiéndome que te expulsara de la orden por morboso. ¿Quieres también que pongamos a consideración tu caso en esta reunión para saber qué hacemos contigo?

Jorge respiró profundo, esquivo su mirada y se puso a ver hacia el techo. No quiso ver las caras de desaprobación de sus colegas Alcisar y Teodoro.

- Y a ustedes... ¡Santos padres! ...¿Quién les engañó que los heterosexuales son superiores a los homosexuales?

Teodoro y Alcisar inmediatamente se regresaron a ver sus caras. Sin darse una respuesta volvieron a ver el rostro del provincial.

- Nuestro santo padre y fundador, San Sebastián, fue homosexual.
- ¡No puede ser! - dijo Teodoro asombrado
- Los castigos que se auto infringió fue porque sintió amor por un hombre. La Iglesia lo declaró santo porque con sus  martirios trataba de extirpar aquel sentimiento considerado  tan pecaminoso. Tomás ama a ese hombre. ¿Acaso amar es pecado?

Nadie supo qué responder.

- Tomás es juzgado por amar a un hombre. Tu Jorge tienes  relaciones en las que no existe el amor de por medio y juzgas a Tomás. - Dijo observando a Jorge y luego dirigió su mirada hacia Teodoro y Alcisar. - Y ustedes dos creen que no sé que para nada cumplen con su voto de castidad.... ¿Quién esté libre de pecado que lancé la primera piedra? - Ordenó.

Todos agachamos la cabeza y nos quedamos en silencio.

- Los que quieran que Tomás se quede y le demos el pase para Francia, que levanten la mano - dijo el provincial.

Jorge fue el primero en levantarla. Luego todos hicimos lo mismo.

- Tomás regresa a Francia - dijo el provincial y se retiró.  

 




Tomás sintió unos pasos que caminaban por la Iglesia. El pensó que era alguno de sus acusadores y no regreso a ver. 
Tan solo apretó sus manos y en oración le pidió al Creador que calme su suplicio.

 

- Quisiera tomar toda tu locura y darte mi tristeza - dijo una voz conocida para Tomás.
- Toma mi cruz - le dijo Tomás al verlo.
- He llevado tu cruz  y la mía por toda mi vida - le dijo Renzo.
- No la llevaste, te ibas a casar - le reclamó Tomás.
- Tú te casaste primero, y con Dios - le increpó Renzo.
- Fue mi decisión y así no hago mal a nadie.- dijo Tomás firmemente.
- ¿Qué vas hacer ahora?
- Depende...

Renzo entendió lo que Tomás le quería decir.

- ¿Dejarías los hábitos por mí?
- ¿Dejarías a tus  padres, tu status, tu apariencia por mí? - le preguntó Tomás.

Los dos quedaron por un momento en silencio, hasta que Renzo viendo hacia el crucifijo que estaba sobre el altar hablo:

- ¿Por qué a Jesús se lo ve tan triste?
- Porque así es como tú lo quieres ver.
- Nunca he visto una imagen de Jesús alegre, siempre lo veo con cara de pena o cara de bobo.

Tomás se rió. - Jesús no era así. Es la Iglesia la que ha hecho esa imagen de él. - Además en la Iglesia son racistas - le dijo Renzo.
- ¿Por qué?
- En la mayoría de casos Jesús es blanco, pelo claro y ojos azules.
- Y eso que no has visto al Divino niño.
- ¿Quién es?
- Es un guagua precioso, bien gringo.
- ¿Acaso fue Jesús así?
- Para nada. En Palestina, no son así - le dijo Tomás.

Renzo empezó a caminar hacia el altar. - Creo que Jesús debe haber sido un hombre alto, fornido, muy apuesto, fuerte de carácter, coqueto con las mujeres, tierno con los hombres, bromista con los apóstoles, juguetón con los niños y ponía en el puesto a los hipócritas.

- Además tenía un apóstol que era gay - le dijo Tomás.
- ¿Noooo? - dijo Renzo.
- Siiiiii - le dijo Tomás
- ¿Quién era?
- Juan
- ¿Cómo lo sabes?
- Me lo dijo Padre Francisco.
- ¿Quién es él?
- Es un teólogo moderno, estudio en Italia y es el  visitador de la comunidad.


- Me gusta la idea. - dijo Renzo - Jesús ando con los rechazados, es por eso que debe haber elegido a Juan.
- Juan fue el apóstol a quien Jesús más amo y Juan amo tanto a Jesús, que cuando lo apresaron, todos los apóstoles heterosexuales salieron corriendo y se fueron muertos de miedo a esconderse, mientras que Juan estuvo con Jesús hasta su muerte.
- A él no le importo el resto - le dijo Renzo.


- Cuando un hombre ama a otro hombre, no le importa nada.- le dijo Tomás,
- Así te amo yo - le dijo Renzo.

Tomás lo miró con gesto de ternura y le preguntó:

- ¿Estás dispuesto a cargar tu cruz conmigo?
- Tu amor, es mi cruz y tu cruz es mi condena. - Respondió Renzo dándole un beso en la frente.
- Quiero condenarme contigo.
- Deja todo esto y ¡Vámonos! - le propuso Renzo.
- No tenemos dónde ir....
- Tengo guardado algún dinero. Iremos a Quito y conseguiré trabajo. Tú también lo conseguirás, mientras tanto arrendaremos un departamento pequeño. ¿Aceptas  mi propuesta?
- Sí - respondió Tomás.  




El momento de mi despedida llegó. Miguel y Tomás salieron a despedirme.

- Espero tenerte de nuevo - me dijo Miguel.
- No sé cuando vuelva. Voy a Quito, visitaré a unos familiares y luego regresaré a Roma
- Estoy seguro que no te vas a olvidar de nosotros.
- ¡Nunca! - le dije y me dio un abrazo.

Luego Tomás se acercó hacia mí.

- Adiós Francisco. No sé cuando te volveré a ver
- Muy pronto. Guarda el secreto que te dije y llámame dentro de tres meses.
- Correcto.

Tomás me abrazo fuertemente.

- Adiós mi buen amigo.
- No digas Adiós, di "hasta pronto". - le dije.
- Cuídate mucho.
- ¡Sé feliz!

Me aleje de aquel recinto. Todos en aquella furgoneta  íbamos en silencio.
Al aproximarnos a Quito escuchaba cantar a Pedro Heredia en la radio:
- Amanecer frente a tu casa, sin saber que pasa, eso es morir de pie...

Y el auto pasó frente a la casa de Matías. Ese momento me di cuenta que volví a la realidad y que aunque fingí ser cura, experimente que detrás de los hábitos se esconden realidades que los fieles jamás llegarían a pensar.
 





EL SHOW DEBE CONTINUAR 

 

- ¡Todo es un show! - dijo Cornelio al ver como en la televisión los políticos se peleaban, se insultaban el uno al otro y todos hablaban en nombre del pueblo y de la patria.

- Todos persiguen el poder  y en el fondo todos son masones. Lo que ves es una farsa y todo el pueblo se cree aquella parodia.

 

 

- Vas a ser de nuevo religioso - me dijo Aurelio.
- ¡Renuncio! - respondí enojado y Aurelio se rió.
- No vas a ser otra vez sacerdote, iras a una comunidad que tiene como carisma el ser activos y contemplativos.
- ¿Quiénes son?
- ¡Investiga!
- No me digas también que tengo que investigar lo que voy a hacer.
- El prior de la comunidad en Cuenca  tiene a la comunidad  abandonada, se comenta que sale con una mujer casada, pero el principal problema es el que no hay un solo postulante que llegue a ser novicio. Ramiro, el prior,  los expulsa aduciendo  varias cosas, pero en los informes que manda a Burgos consta que los expulsa por ser  homosexuales. Tienes que averiguar qué  hay detrás de eso.
- ¿Es homofóbico?
- No lo sé, lo único que sé, es que para un religioso  homosexual, sus peores enemigos son sus hermanos en Cristo. Ramiro acaba de expulsar a Jaime, un postulante de 27 años que quería ser sacerdote. Este anda diciendo a Raymundo y todo el mundo que aquella comunidad es un relajo y Jaime  asevera que no es homosexual.
- ¿Cuándo iré a esa comunidad?
- Tienes todo el tiempo del mundo - me dijo Aurelio - Mientra tanto investiga al Club 700.

 



DE LOS ESTADO UNIDOS CON AMOR...

 

En un programa de televisión aparecen los niños aucas pescando con sus lanzas. Una voz en off dice - Esa es la manera como los salvajes ecuatorianos aprenden desde temprana edad a asesinar.

 

La animadora horrorizada dice que Ecuador  es un país lleno de salvajes y alaba a Dios porque la evangelización y la civilización llegaron a este país gracias a ellos. Los misioneros estadounidenses.

 

En aquel vídeo no se muestras ciudades como Quito, Guayaquil o Cuenca. Tan solo se muestran comunidades de aborígenes  a los cuales este grupo de supuestamente "redimidos"  los llaman "salvajes" pero que en si son más civilizados que todos nosotros por el respeto que ellos tienen hacia la naturaleza.

El montaje es perfecto, ante el resto del mundo fuimos presentados como unos salvajes y asesinos. Y los animadores del club 700 como nuestros salvadores y además quienes nos trajeron la civilización.

 

- Los Católicos ya estuvimos mucho antes que ellos llegaran - me dijo Cornelio al ver aquel programa.
- Cuando hay estados de emergencia en cualquier país del  mundo, los primeros en salir corriendo son los protestantes, nosotros nos quedamos hasta el final - dijo Laurentino.
- Luego ellos se ponen como los nuevos evangelizadores - dijo con despecho Rafael.
- Van donde nosotros ya hemos llegado - dijo Roberto.

"Todo lo que está bajo el poder e influencia del informe  Rockefeller se olvida de la opción por los pobres. Los  grupos protestantes toman a la riqueza como una bendición, y enseñan a los pobres que su pobreza es voluntad de Dios  y que es  Dios es quien elige los gobernantes de la Tierra. Sobre la base de una falsa promesa de salvación y vida eterna se les enseña a los pobres a que sean conformistas. - Fue mi informe.



ANTES Y DESPUÉS

 

Roberto me puso sobre el escritorio dos dibujos de mi rostro.

- ¡Antes! - me dijo señalándome al de su derecha - y ... ¡Después! - me dijo al señalarme el  rostro de su izquierda.
- Para hacerme esa transformación, necesitaré plata - le dije.
- ¡La conseguirás! - aseguró.

 


- Madre Magdalena... ¡Quiero ser sacerdote! - le dije cuando  estábamos los dos cocinando.
- ¡Estás loco!
- Quiero servir a Dios - le dije mientras pelaba las papas.
- No necesitas ser sacerdote para servir a Dios.
- Pero me gustaría ir a una congregación que tenga como carisma el ser activos y contemplativos.
- ¿Contemplativo?
- Sí, contemplativo - le dije ante su duda.
- No sirves para contemplativo. ¡Olvídate de eso!... No quiero que sufras como yo he sufrido por ser religiosa.

 

 

- Madre Rosalía... ¡Quiero ser sacerdote! - le dije a mi tía.
- ¡Gracias a Dios! - Exclamó ella - ¡Un religioso más en la  familia! Tú tío también lo fue. El fue franciscano.
- Lo sé...
- ¿Quieres llevar los hábitos franciscanos?
- Ya los llevé - le dije.
- ¿Cómo? - me dijo ella admirada.
- Sé mucho de San Francisco que me siento franciscano sin  estar dentro de la orden - le dije.
- ¿Por qué no te haces uno de los nuestros?
- Quiero ir a una congregación que tenga como carisma el ser activos y contemplativos.

Ella se quedó pensando y me dijo - Anda habla con el padre Felipe del San Vicente de Paúl, él te ayudará.

- Padre Felipe, quiero ser sacerdote.
- ¿Secular o religioso?
- Religioso.
- ¿De qué orden?
- De una activa y contemplativa.

Padre Vicente se quedó pensativo y viéndome de pies a cabeza.

- ¿Por qué quieres ser contemplativo?, tan solo pocos tienen ese don.
- Porque escuché el llamado de Dios - le dije.

Padre Vicente se quedó otra vez pensativo.

- ¡Estas loco! hijo mío - me dijo poniendo su mano sobre mi hombro.
- ¿Por qué?
- No existen tales llamados de Dios, nosotros nos hemos inventado para presumir que somos elegidos.
Anda y vete  tranquilo... ¡Deja de tomar y de fumar!



 

 

 

- ¡Este es Jaime! - me presentó mi jefe en la pequeña empresa que yo trabajaba. - El acaba de dejar el Carmelo para ser sacerdote.
No le gusto para nada la comunidad y ahora quiere ingresar a otra comunidad. Tal vez  usted que conoce al padre Marco puede ayudarle -

- ¡Dios!, ¡No puede ser tanta coincidencia! - Me dije a mí mismo. - Yo buscando por otros lados y él en  mis narices.

 

 

 

- Aurelio... ¡Soy un Genio! Descubrí la comunidad - le dije emocionado.
- No lo descubriste, todo fue coincidencia...
- ¿Cómo lo supiste?
- Te vi cuando conversaste con Jaime...

Me quede en silencio, vi sus ojos  y lo entendí todo.

 

 

 

Entre por primera vez a la iglesia de  Santa Teresita y me senté frente al altar. Un sacerdote español salió a dar la misa. Al ver las estatuas de los fundadores del Carmelo se me estremeció el cuerpo. - ¡No puede ser!... me estoy volviendo loco.- me dije a mí mismo. El color del hábito era exactamente el mismo que había visto cuando Diogo me hizo la regresión.

Al acabar la misa me acerqué donde un sacerdote que confesaba.

- Padre quiero ser religioso.
- Pues has escuchado el llamado de Dios - Me dijo dulcemente - Tendrás que hablar con el provincial.

 


EL HABITO NO HACE AL MONJE.

 

Pocos meses después estaba teniendo una entrevista con Ramiro Lasso, Prior del Carmelo en Cuenca y profesor de novicios, para ser admitido como postulante de la orden.

Al verlo, otra vez sentí que se me estremeció el cuerpo.


- ¡Este hombre va a ser mi dolor de cabeza! - pensé.

Ramiro era alto, tenía treinta años, se estaba quedando calvo. Era de tez blanca y un hombre muy apuesto. Severo en su rostro, pero en sus ojos guardaba un gran secreto.

- Nuestra comunidad es una de las mejores, somos los intelectuales de la Iglesia. - me dijo orgulloso.
- Pensé que eran los jesuitas - le dije.


- Sé que tienes influencias de ellos por padre Marco, él fue mi profesor y sé que fue tu maestro de oración. Eso te  servirá con nosotros.
- Lo sé.

Ramiro me quedó viendo de pies a cabeza como tratando de  descubrir algo en mi interior.

- Si yo descubriese algo en ti que fuese incorrecto y te expulsaría de nuestra comunidad. ¿Te sentirías fracasado?
- No - le respondí fríamente.


- ¿Por qué? - Preguntó  viéndome  fijamente a los ojos.
- Porque ustedes son dependientes, yo soy independiente.

Ramiro respiró profundo y me preguntó - ¿Eres homosexual?
- No
- ¿Qué opinas de los homosexuales?
- Lo que cada cual haga en la cama, no es de mi incumbencia.

Ramiro se levantó de su asiento, respiró profundo y me dijo - Necesito tu fe de bautismo, una solicitud dirigida al  provincial y dos fotos.
Entras como postulante carmelita  desde el primero de octubre.

Respire profundo y le dije - Gracias.

Me retiré y me fui a la capilla y lágrimas salieron de mis ojos.

- ¿Por qué lloras? - me preguntó Marcelo, un novicio.
- Mi vida se basa en decisiones, en decir "si" o decir "no".     
El dijo - nuestra vida se basa en lo mismo.

Y me quede en silencio, por no decirle la verdad - No tienes idea lo humillante que es para mí tener que mentir sobre mi orientación sexual, para poder ingresar a una comunidad en que aunque mi motivo sea  investigar, sé que también puedo servir a Jesús...
 

 


 

- Madre Magdalena, necesito mi fe de bautismo, ¿La tiene?
- Te bauticé quince días después de nacido porque casi te mueres, ese bautismo no lo registramos. Pídele a tu madre  adoptiva que te dé la fe de bautismo que te hicieron antes de que hagas la primera comunión.
- Prefiero volverme a bautizar.

 


 

- Padre, necesito encontrar una partida de bautizo - le dije al director de la Curia.
- ¿Para qué la necesita?
- Voy a estudiar para ser sacerdote.
- ¡Pídela a tus padres! - me dijo aquel anciano.
- No tengo padres propios. Soy adoptivo.

El me quedo viendo con gesto de desprecio y frunciendo su seño dijo:

- Según el derecho canónico, los hijos bastardos no pueden ser sacerdotes.
- Según el derecho canónico de su época.
- En mi época solo podíamos ser sacerdotes los hijos de buenas familias - me dijo él sintiéndose muy orgulloso de sí mismo.
- Es por eso que la Iglesia está en decadencia - respondí fríamente.
- ¡Anda y haz que te bauticen de nuevo! - me gritó.
- Voy a ser declarado hijo de Dios  por tercera vez y  usted dice que soy  bastardo…


Algunos de los que se creen ser servidores de Dios, parece que sirvieran al demonio, porque solo están dentro de la religión para creerse más que los demás.

 

 



El mismo día que me gradúe en la Universidad, tuve que viajar a Cuenca a la casa donde vivían los postulantes.

Apenas llegue a la casa, Ramiro empezó a darme el horario

- A las cuatro y media nos despertamos. De cinco a seis  tenemos maitines, a las seis y media desayunamos...

Mientras que Ramiro hablaba me daba la sensación de que había vuelto a Conspiccius.

- Tienes que obedecer lo que dice el Padre Prior - me dijo Hernán. Un postulante que iba por su segundo año y por su forma de hablar se le notaba ciertos rasgos afeminados.

- ¿Por qué?

- Porque nuestra santa madre, Santa Teresa y nuestro santo padre, San Juan de la Cruz, dicen que "La voz del Prior es la voz del mismísimo Dios".

Quede viendo a Ramiro. Sus ojos negros se clavaron en los míos.

 

- Cuando tuve la visión del demonio, sus ojos eran igualitos a los de este - me dije a mí mismo.

- ¿Has entendido Francisco, que la voz de Dios, es la voz del Prior? - Pregunto Ramiro.
- No creo en esas antigüedades - le dije.


- Pues los carmelitas sí -  dijo Ramiro.
- ¡No seas conflictivo!  y dale la razón a nuestro santo Padre Prior - me dijo Hernán, cruzando los brazos.
- ¿Santooo? - le pregunté.
- ¡Qué cepillo que eres! - le dijo Sebastián, un postulante que venía de Quito.
- Es el chismógrafo de la comunidad - me dijo al oído Santiago.
- ¿Cómo así quieres ser sacerdote? - le pregunté.
- Mi madre no podía tener hijos y le hizo una promesa a Dios de que si quedaba embarazada su hijo se lo entregaría al  Señor y veme aquí.
Estoy jodido.
- Y no puedes llevarle la contraria.
- ¡Dios no quiera! Me hace sufrir mucho diciéndome que me voy en contra del cuarto mandamiento. No tienes idea lo curuchupas que son en Cuenca - me dijo Santiago y Ramiro le alcanzó a escuchar.
- Francisco, Cuenca es diferente a Quito. Aquí la gente es demasiado conservadora y curuchupa. ¡Cuídate!, porque por adelante te están alabando y por detrás te están criticando.


 

 

 

Una tarde entre ayudar en la cocina.

- Francisquito... ¿Cómo hago para que estos curas me paguen mi seguro social? - me dijo doña Virginia, la cocinera de la comunidad.
- ¿Cuánto tiempo trabaja para ellos?
- Veinte años.
- Y no le han asegurado
- Para nada, ni siquiera vacaciones tengo.

 

Ese momento me reí.

- Usted si que es malo... ¿Por qué  se burla de mi desgracia?
- No es eso, doña Virginia. El domingo escuché a padre Saúl  dar tremendo sermón sobre la justicia social y la opción preferencial de la iglesia por los pobres.

- "En casa de herrero, cuchillo de palo".- dijo ella decepcionada.
- Tiene que ir al seguro y decir que no le han afiliado.
- ¿Y si me botan del trabajo? - me preguntó ella muy asustada.
- No le botaran, no les conviene. Les saldrá caro.
- Gracias, Francisquito, cualquier cosa que  usted necesite... yo le he de ayudar.
- Doña Virginia, me contaron por allí que Ramiro es amante de Ana - le dije.
- ¡Usted sí que es tarado! - Me dijo ella.
- ¿Por qué?
- Cualquier idiota se da cuenta...
- Me es difícil imaginarme eso de Ramiro - le dije fingiendo ingenuidad.
- Ramiro ha sido el peor prior que ha tenido esta comunidad. El es amante de la esposa de su mejor amigo.
De él se puede esperar todo. Ana viene aquí casi todos los días diciendo que es para confesarse, pero yo no me trago ese cuento
ni algunos de los que ya se fueron.


- ¿Qué paso con ellos?
- Cualquiera que se dé cuenta de la relación que tiene Ramiro es expulsado de la comunidad.
- ¿Por qué expulsaron a Jaime?
- No sé, desde el día que asaltaron a Padre Pedro, Jaime cambió radicalmente y se fue.
- ¿Quién es el  padre Pedro?
- Es un hombre santo, es el padre más santo que yo he visto en esta comunidad.
  El se sabía castigar con silicios.


- ¿Se azotaba?- pregunté asombrado.
- Sí, se azotaba por sus pecados. Yo sinceramente no sé de qué pecados se arrepentía porque era un padre demasiado bueno.
Era un lindo mi padre Pedro. Imagínese que ese padre era tan santo, que después de lo que le asaltaron en la  sacristía fue a latiguearse con los silicios que tiene en su cuarto pidiendo perdón por los pecados del ladrón. Eso solo hace un hombre santo.

 

- No entiendo porque  llaman santo a un hombre que atenta contra su propio cuerpo - le dije extrañado.
- ¡La carne es pecado! - me dijo doña Virginia asustada.

 

 

- Hola Francisco, ¿Cómo te ha ido? - me saludo Ana una tarde.
- Muy bien ¿Y a ti?
- No tan bien como ti, es por eso que vengo a confesarme con Ramiro. ¿Está aquí?
- Sí, pasa no mas a su cuarto.
- ¡Gracias! - me dijo sonriente.
- Lo que tiene que hacer uno por ganarse unos centavos - me dije el rato que me toco subir al techo de la Iglesia para poder observar desde allí al cuarto de Ramiro.

La confesión, era singular. Ana, una mujer de treinta y ocho años le conversaba a Ramiro todos sus pecados en la oreja, abrazándolo para que él la escuchara mejor. Luego le perdonaba con caricias y de penitencia, mejor ni les cuento...

La confesión duraba en promedio de quince a treinta minutos.


Creo que Ana era demasiado devota o demasiada pecadora que por lo menos este sacramento se repetía de tres a cuatro veces por semana.

Un sábado por la noche los seguí y encontré a Ana acariciando a Ramiro detrás de la Iglesia. Ellos quisieron disimular, pero fue demasiado tarde. Empecé a caminar y pase junto a ellos como si no hubiese visto nada.

 

 

- Francisco...  ¡Sírvete esta mandarina! - me dijo padre Saúl.
- No, gracias.
- Pero sírvete... ¡Estas flaco! - insistió él.
- Ya no avanzo.- respondí.

Saúl creía que le estaba despreciando.

- Francisco, te la estoy dando de buena gana...
- Saúl, para mí la palabra "no" significa "no".
- Lo que pasa es que no te gusta nuestra comida.- dijo Saúl.


- No es eso, realmente aquí hay demasiada comida y tan solo de verla me he llenado.
- Pero es mala, no se come tan bien como en España -   me dijo él frunciendo el ceño.
- Tienes la razón. Hoy no desayune porque no había jamón en la mesa, en España lo teníamos todos los días. - dijo Ramiro.
- Y teníamos del buen vino.- agregó Saúl.


- Para nosotros es sagrado los viernes por la noche comer camarones y el domingo pollo - dijo Ramiro.
- Además del flan que nos trae doña Carmenza - agregó Saúl.
- ¿Y si no hay camarones, pollo y flan? - les pregunté.
- Saúl y yo no comemos - respondió Ramiro.


- ¡Qué darían los pobres por tener lo que tenemos en la mesa y ustedes dicen que es malo - les dijo padre Alfredo. Un anciano que tenía una fundación para ayudar a los pobres.

- Que haya pobres, no es nuestra culpa, Dios diseño de esta manera el mundo - dijo Ramiro estirando sus brazos en señal de cansancio.
- Hoy he trabajado como nunca, he dado tres misas. - y bostezó.

 

Sebastián me regresó a ver y me dijo en voz baja - Si este trabajaría como cualquier normal, se muere.
- No tiene idea de lo que es trabajar. - le dije casi murmurando.

 

Mientras cenábamos, padre Alfredo le paso el periódico a Ramiro diciéndole - Tú eras confesor de este muchacho, mira lo famoso que es ahora.

Ramiro vio la foto de aquel torero en la primera plana del periódico. Su rostro cambió al verlo. Una nostalgia profunda se vio en sus ojos.

- ¡Qué pena! - dijo Ramiro en un sollozo y puso a un lado el periódico.
- ¿Por qué? - Le pregunté.
- El sufre mucho interiormente.- y dio un suspiro.

Ramiro no pudo seguir comiendo.

- ¿Por qué no comes? - le preguntó padre Alfredo.
- Desprecias la comida al igual que Francisco - le dijo Saúl.

Ramiro suspiró y poniendo sus manos sobre la mesa dijo - ¡Esto es demasiado para mí! - Luego tomó la mano de padre Alfredo y le dijo:
- Padre... a usted Dios le ha de escuchar más que a mí. Tengo apenas 30 años y esta cruz me es demasiado dolorosa. Ya no la soporto.
Pídale a Dios que me lleve...

- No me pidas eso, El sabrá cuando le tendrás que dar cuentas - le dijo Alfredo, luego Ramiro se retiró de la mesa.

 

 

Al siguiente día Ramiro tenía que dar la primera misa de 6 de la mañana, como era sábado, el resto de la comunidad dormía.

 

Mientras Ramiro estaba en la Iglesia, entré a su cuarto que apestaba  todo  a cigarrillo. Al ver el cenicero estaba lleno de colillas. Sobre su escritorio estaba un libro llamado El Retorno de los Brujos. - Si él lee esto... ¡Pronto dejara de ser cura!  - me dije a mí mismo. Aquel libro tenía una dedicatoria de Ana. Había otro libro llamado "El último Evangelio de Juan", que tenía una dedicatoria de Patricio,  el esposo de Ana. Por lo que Aurelio pudo averiguar. Ana y  su esposo eran masones.

 

Al ver el tacho de basura, noté una funda de papel que envolvía algo. Abrí la funda y dentro estaba una botella de licor. Ramiro había estado bebiendo solo toda la noche. En su velador había un sobre. Era una carta para él, la abrí y leí lo siguiente:

"Ramiro, te ame, te amo y te amaré siempre. Nuestra relación es imposible. Tú que no sabes qué mismo quieres de la vida y yo con mi fama tengo que guardar las apariencias. Pero a pesar de todo fui tuyo y fuiste mío y eso nunca se borrara de mi mente. Ahora me has dejado de llamar y de escribir. Sigues  tratando de seguir con tu proceso de maldita beatificación para ser provincial de la orden, pero no vas a lograr nada hasta que no te encuentres a ti mismo. Con tu forma de ser indefinida, lo único que sabes hacer es daño en nombre de Dios.

No pienses que te voy a escribir de nuevo, dicen que es fácil olvidar, pero yo no puedo, pero por lo menos al no verte, la vida no se me hace tan dura.

Te ama,

El nombre del que firmaba la carta, era el mismo torero que salió en primera página del periódico.

 

 

Ana me invitó a cenar un día antes de Navidad.

- ¿Con quién vas a pasar la Navidad? - me preguntó.
- Con madre Magdalena.
- ¿Es monja?
- Sí
- ¿Y tu familia?
- Ella es mi familia.
- Pero, ¿tu madre propia?
- No la conozco.
- Pero ¿Sabes su nombre?
- Se llama Inés
- ¿Y  el de tú padre?
- Esteban
- ¿Qué apellido?
- Cordero

- ¡Yo lo sabía!- gritó ella asustada - tú eres hijo del Esteban.
- Es idéntico - dijo la madre de Ana.
- Nosotros te invitamos a casa porque te pareces mucho a Juan Esteban, tú hermano.- me dijo Patricio, el esposo de Ana.
- Yo soy prima de tu padre, por parte de los "Crespo" - gritó Ana emocionada levantándose de su asiento y llevando sus manos al rostro.

Al oír aquello, me agarré duro de la silla y otra vez apareció en mi mente la frase - ¡No puede ser! -

- ¿Conoces a tú padre? - me preguntó Ana.
- No, supe que está muerto.
- Si, murió en un accidente de tránsito - me dijo su esposo.
- Tú abuelo está en Cuenca, este momento le vamos a visitar y le contaremos todo. - dijo Ana emocionada.
- ¡Ojala que no le dé un ataque! - pensé.

 


- Gonzalito, en una conversación que tuvimos con él, nos enteramos que Francisco es hijo de Esteban. Por lo tanto es tu nieto - le dijo Ana al anciano que era el padre de mi desconocido padre.

El viejo me quedó viendo y noté furia en sus ojos. El agarrándose duro de su bastón se levantó y señalándome con su dedo me dijo:
- Usted no se va a burlar de mí, lo que quiere es nuestro dinero...

- No me hace falta, he vivido en mejores casas que esta - le dije.
- ¡No seas orgulloso! - me dijo Ana.
- Es que es la realidad, no necesito su dinero - le dije al anciano.

El me quedo observando y  de pronto se le fueron las lágrimas.
- Hablas igual que mi hijo y tienes sus mismos gestos. - me dijo. Me quede en silencio al oír lo que  me decía.
- ¡Voy a investigar! - dijo y se retiró.

 


- Ramiro, quiero confesarme contigo. - le dije.
- Habla
- Ayer me masturbé.
- Eso no es pecado. Estas tensionado - me dijo.
- Creí que era pecado.
- A todos aquí dentro nos pasa.
- Creo que a ti no.
- ¿Por qué?
- Tú eres amante de Ana.
- ¡No seas mal pensado! - me reclamó enojado.
- Los he visto.
- Yo no he hecho nada con ella - me recalcó.
- ¡No me niegues! - le dije enfáticamente - Tú y Ana son amantes.
- Cada ladrón juzga por su condición. Hay maldad en tu corazón…
- No es maldad - le recalqué.
- Sí es maldad porque tus ojos se imaginan lo que no es. Ana y yo somos buenos amigos.    Ve y reza tres padres nuestros,  diez ave Marías  y pide perdón a Dios por ser mal pensado. - me ordenó.

 

 

Al siguiente día recibí una llamada telefónica de Quito.

- ¡Feliz día! - me dijo madre Magdalena.
- Feliz día - contesté.
- Tu abuelo acaba de llamar. Tienes tres hermanos. Tu abuelo y tu abuela fueron padrinos de vocación de mí y de Marco. Creo que tu padre nos vendía los autos para la comunidad,   pero él muy cobarde me huía - me dijo mientras que me quede  mudo.
- Te espero esta noche, cenaremos con madre Soledad. Madre Elizabeth te manda muchos saludos...

 


Una vez en Quito, en la casa de madre Magdalena. El ama de llaves me dijo - Vinieron sus tíos, se encerraron con madre Magdalena en la dirección. Yo traté de escuchar lo que hablaban, parece que ellos quieren que todo se oculte.

Al siguiente día, un carro de la compañía de mis supuestos tíos "Automotores y Anexos" apareció en la comunidad.

- ¿Y este carro? - le pregunté a madre Magdalena.
- Me lo regalaron de Alemania.
- Pero el dinero de la fundación viene en Abril.
- Me lo adelantaron - dijo ella.
- Ya tenemos dos autos - dijo contento Marcos  - Uno es para mi mamá y otro es para mí.
- Nada es tuyo, todo es de la comunidad - le dijo ella.
- ¡No te hagas la loca! Tú te has matado trabajando por todo esto y dices que todo es de la comunidad - le dijo Marcos abrazándola.

 

- Aurelio, quiero salir de aquella comunidad.
- ¡Ten paciencia! - me dijo él.
- Ya no soporto estar allí, no tienes idea lo que estoy sufriendo.
- Lo entiendo - me dijo él rodeando con su brazo mi espalda.
- Ramiro fue con Ana, Patricio y Monseñor Luna a hablar con tu abuelo y decirle que tú eras un impostor, que habías inventado toda esa historia y que tan solo quieres su dinero.
- Tú sabes que todo fue casual - le dije.
- Nada es casual. Tú sabes muy bien eso.
- Pero que tiene que ver Monseñor Luna en todo esto.
- ¡Apariencias! querido, apariencias... Ante el resto aparece como el transformado, el servidor de las clases pobres, pero todavía los ricos y su conservadorismo le tiene atado.
- Estoy a punto de botar la toalla.
- ¡Sé fuerte! - me dijo.
- ¿Por qué tengo que estar más tiempo en el Carmelo si ya descubriste varias cosas sobre Ramiro?
- ¡Un hombre como Ramiro no puede llegar a ser provincial! - me dijo él.- Nosotros tenemos el poder de cambiar el futuro. Hazle creer que él tiene el poder. 

 

 

 

En la Universidad contacté con Teo. Un estudiante de Teología que fue postulante del Carmelo y también fue expulsado por Ramiro.

- ¿Por qué te expulsaron? - le pregunté
- Ramiro me acuso de ser homosexual.
- Basándose ¿en qué?
- Ramiro dijo que me vio besándome con un hombre cuando fuimos a la piscina.
- ¿Es eso cierto?
- Noooo - dijo y movió sus manos con gesto femenino.

Posiblemente no sea cierto, pensé, pero al verlo noté que a Teo le salían las plumas.

 


Charly era otro postulante que salió de aquella comunidad. Logré hacerme amigo de él y pude conversar.

- ¿Por qué quisiste ser religioso del Carmelo?
- Porque en esa comunidad todos somos unas señoritas - me dijo con un gesto muy femenino que al verlo me dije - Este tiene plumas de avestruz.
- ¿Por qué dices eso? - le pregunté.
- No hacemos nada, tenemos empleadas, nos tratan como reinas. Tan solo nos dedicamos a estudiar. Somos los intelectuales de la iglesia - dijo otra vez moviendo sus manos suavemente.
- ¿Eres gay?
- Como todos allí - me dijo.
- ¿Quiénes son todos?
- No me gusta generalizar, pero lo es el provincial, lo es Ramiro...
- ¿Ramirooo?
- Sí.
- ¡Se lo ve tan varonil! - le dije.
- Todavía no tienes buen ojo. Mírale como come, como habla en ciertas ocasiones y te darás cuenta.
- ¿Quiénes más?
- Son...
- ¡Dios mío! - suspire al oír aquella lista.
- ¿Qué te pasa? - me preguntó.
- Esta comunidad supera las estadísticas - Le dije, me levanté - Gracias por conversar conmigo
- ¡De nada! Ven por aquí cuando quieras.

 

     

- ¡Feliz  año! - me saludó padre Saúl abrazándome.
- ¡Feliz año! - le respondí.
- ¡Llegas temprano! - me dijo Ramiro viendo su reloj.
- Vine en avión.
- Y por lo visto tienes zapatos nuevos que son caros y una chaqueta fina. - me dijo viéndome de pies a cabeza.
- Me los regalaron por Navidad.
- No creo que las monjas tengan tanta plata.
- Si no me crees es problema tuyo.

Ramiro me tomó del brazo y me retó:

 - ¿Dónde está tu voto de pobreza?
- ¿Dónde está el tuyo? - le pregunté.
- No tenemos nada, la comunidad es la dueña de todo.
- El voto de pobreza, aquí es un adorno...
- Viniste a darnos clases de cómo vivir.- me reclamó.
- No, pero realmente tan solo uno de ustedes cumple con el carisma de la orden.
  El resto tan solo está aquí por comodidad y vanidad.
- Es por eso que va a venir el Provincial. Tú no tienes vocación para ser carmelita.
- Lo seré eternamente...
- Yo tengo el poder de expulsarte y dejarás de serlo - me dijo con tono autoritario.
- En tus manos nada esta, si crees que tienes poder te viene del más allá. Todo está dispuesto...  ¿Acaso no lo entiendes? - le dije en un tono irónico.
 
Por un momento se quedo en silencio y pensativo.
- No lo entiendo.
- Es tomado de Jesucristo Superstar - y me reí al ver que detrás de su tonto poderío
 jamás entendería de estas cosas. A veces uno tiene que ser más paranormal que intelectual.

- ¡Jamás serás sacerdote! - me dijo viéndome despectivamente.
- El que fue sacerdote por una vez, lo es para la eternidad...
- Tú no eres sacerdote - me dijo.
- Tú no lo entiendes.
- ¿Y qué debo de entender? - me preguntó molesto.
- Nos volvimos a encontrar... y si no fuera por mí, ninguno de ustedes estuviera aquí.

Ramiro respiró profundo. Su rostro era pálido, se dio la media vuelta mientras que Saúl suspirando, siguió con el sermón.

- Francisco, te pido que dejes de ser mal pensado. Ana y Ramiro son buenos amigos.
- ¿Cómo sabes que soy mal pensado? - le pregunté extrañado.
- Ramiro me lo contó.

Regrese a ver a Ramiro y le reclamé - Ramiro, eso te lo dije en confesión.

- Por si no lo sabías, cuando la confesión atenta a la Iglesia o a la buena marcha de la comunidad, esta puede ser  revelada. 
Tú actualmente eres un peligro para la comunidad - me dijo mirándome con despreció.

- ¿Por qué?
- No tienes idea del valor del dinero, cada vez que viajas lo haces en avión.
  No contribuyes a la comunidad económicamente.  Además acabas de encontrar a tu      familia que es millonaria y te dejarás seducir por su dinero.
- No hace falta...
- No quiero que pidas nada a esa familia, primero está tu vocación - me ordenó.

Le vi a sus ojos y tan solo pude decir mentalmente - ¡Hipócrita! 

 




En el Sermón del domingo Ramiro dijo - ¡Queridos hermanos!.... hoy estamos vestidos de morado, porque esto significa que entramos a la cuaresma, por lo tanto nos estamos preparando para entender el significado de la muerte de Cristo.

- Y de tú muerte - le dije mentalmente.
- ¡Hermanos míos! Lo importante en esta época es tratar de ver nuestros pecados, enmendarlos, volver nuestros ojos al  padre y sobre todo amarnos los unos a los otros como El nos amo.
- ¡Padre Ramiro es un santo! - dijo un feligrés que estaba junto a mí.
- Es un sacerdote integro - dijo una beata.
- Es un sabio - dijo una carismática.
- Es una apariencia - dije en mi mente.

Llegó el momento en que el consagró la hostia. Me quedo viendo a los ojos y me salí.

A la noche llamó Aurelio y me paso un mensaje - Estate listo para dejar la comunidad.

 

 

Después de rezar maitines. Ramiro vino a mi dormitorio y con su rostro lleno de furia gritó:

- Tienes hasta las diez de la mañana para dejar la comunidad.
- ¿Por qué me expulsan? - le pregunté.
- Lo único que te digo es que tienes hasta las diez para dejar esta comunidad. Lo hemos decidido todos.
Eres un peligro para la orden - me gritó de nuevo señalándome con  su dedo.
- No tengo dinero para regresar.
- Pide a alguien que te ayude.
- No tengo a nadie quien me ayude en esta ciudad.
- Eso no es de mi incumbencia - Respondió él alzando sus hombros. Luego volviéndome a señalar con su dedo índice y amenazándome me dijo:
- Si hasta las diez no has salido, yo mismo botaré tu ropa en la calle.

 

 

- Aurelio...él me expulso. No tengo dinero para volver - le dije por teléfono.
- Mantente allí y actúa con el cuarto paso.
- Si digo la verdad me ahorcará.
- El que se ahorcara será el mismo. No tendrá alternativa, o deja la comunidad o se casa.
- ¡O me mata!
- No te pasará nada.

 



 

- Marcelo, ¿Puedes ayudarme? - le dije al chismoso del grupo juvenil.
- ¿Qué paso?
- Me expulsaron de la comunidad.
- ¿Por qué?
- Descubrí que Ramiro y Ana tenían amoríos.
- Sabes que me lo sospechaba, pero ahorita me lo acabas de confirmar - dijo el sonriendo pícaramente. - ¿Cómo te puedo ayudar?
- Tengo que esperar hasta mañana que me den las notas de la universidad y por la noche viajaré a Quito. Me puedes hospedar en tu casa.
- Encantado Panchito, mi casa es tu casa.
 

 

Después de dos horas, media Cuenca estaba enterada del hecho.

Llamé a Aurelio y me dijo - Ramiro es como muchos curas,  muy intelectuales, pero poco prácticos. ¡Estate preparado! El fuego está que arde.

 


A los pocos minutos llamó  Guillermo, un estudiante que vivía en el Carmelo en Quito.

- Te hemos localizado y tan solo quiero decirte que lamentamos el hecho de que hayas entrado
   al Carmelo.
- ¿Por qué?
- Tú no eres como nosotros. La mayoría de nosotros proviene de familias decentes y buenas.
Tú nunca has tenido una  familia verdadera y sabes que la familia es la base de la sociedad
y de vivir en comunidad y es por eso que no puedes adaptarte a una vida religiosa.
- Vivo en una comunidad religiosa y no he tenido problema.
- Es que nosotros no te socapamos como las monjas. Nosotros somos hermanos en Cristo...
- Que si tuvieran un puñal cada cual se clavaría por detrás.
- ¿Cómo puedes decir eso?
- He conversado con cada uno de ustedes, y ni siquiera entre ustedes mismo se quieren.
¡Simulacros de hermanos en Cristo!

Ese momento me lanzó el teléfono.



Por la noche vi que Ramiro y Patricio venían con linternas a buscarme como si fuera un fugitivo de la Ley. Entraron a la sala y Patricio se vino sobre mí y me dio un trompón. Marcelo se lanzó a agarrarlo para que no me siguiera pegando.

- ¡Eres un malagradecido! - me gritó y vi que entró Ana y al verme  dijo. - Te invitamos a nuestra casa, te dimos cabida en ella, incluso te hicimos conocer a tu abuelo y mira como nos pagas.

Ramiro exaltado dijo - Has difamado a la esposa de mi mejor amigo.

- Pégale Patricio... ¡Pégale! - ordenó Ana - Se lo merece.
Marcelo detenía fuertemente a Patricio que tenía todas las ganas de obedecer a su amantísima esposa.

Ramiro se acercó a mí y juntando sus manos como si fuera una plegaría me dijo - Francisco, ¿Te das cuenta de lo que has dicho? Está en juego mi sacerdocio.

- No te importo el sacerdocio de los otros... - le reclamé.
- ¿Cuáles otros?
- Aquellos que sacaste de la comunidad...
- Ellos salieron por homosexuales - me dijo.

Ese rato sentí que se me estremeció todo el cuerpo - ¡Me das asco! - le grité.
- ¡Te vas de esta ciudad! - ordenó Patricio - Si no te vas, yo mismo llamaré a la Policía para que te saquen de aquí.

 


- Agradezco a Dios que volviste y que saliste de este infierno que es ser religioso. - me dijo Madre Magdalena al verme - Tú no sabes hacer caso. Eres terco. Yo te dije que no servías para contemplativo. - me reclamó.

Respiré profundo y le respondí - Soy contemplativo.

 

SI SUPIERAS LA VERDAD, NO TE ACOSTARÍAS CONMIGO.

 

Un viernes por la noche Aurelio me hizo vestir un terno azul que me había comprado. A las once de la noche me llevó en su auto y lo parqueo en la calle Jorge Washington y Amazonas, luego de estar por una hora en silencio me preguntó:

- ¿Ves aquel Vitara azul?
- Sí.
- Es la séptima vuelta que da a la Avenida.
- No lo había notado.
- Es agregado Militar de Argentina, se llama Gilo. Quiero que averigües con quién se acuesta...

- Aurelio, lo qué él haga en la cama, no es de nuestra incumbencia.
- Creo que sí - me dijo - Quiero confirmar mi sospecha.
- ¿Cuál?
- Tú me darás la respuesta. Te paras en la esquina. Al momento que pase le quedarás mirando fijamente a sus ojos y le seguirás con la vista. Luego el te invitará a subir a su  auto. Te irás a su departamento y le sacarás sus más hondos secretos.
- ¿Cómo?
- Para sacar información a un militar, tan solo tienes que emborracharlo y engrandecer su ego.

El auto volvió a pasar de nuevo.

- Octava vuelta - dijo Aurelio.
- ¡Es guapísimo!...
- ¡Ni lo pienses! - me dijo al ver mi rostro.
- Aurelio, son seis meses que la he pasado de célibe.
- Te contrate para que investigaras no para que te  prostituyas.
- No le cobraré...

 

 

Gilo me llevó a su departamento. Preparó un vodka y me lo dio.

- ¿Te han dicho que eres guapo? - me preguntó.
- Prefiero que me digan la verdad.
- ¿Y cuál es la verdad?
- ¿Quieres acostarte conmigo?
- Sí - respondió inmediatamente.

Una carcajada salió de mí y Gilo me aflojó la corbata y  mi camisa. Luego acercó suavemente su cara hacia la mía y me dio un beso.

- ¡Gracias! - le dije suspirando.
- ¿Por qué me lo agradeces?
- No tienes idea cuanta falta me hacía...

A las tres de la mañana Gilo me tomo de la mano y me dijo:
- Francisco, estas borracho, vamos a dormir.
- ¿Tú no estás borracho? - le pregunté con acento ebrio.
- Es la milésima vez que te digo que no bebo.
- Pues, yo tampoco bebo, pero esta noche he bebido por ti.

Al siguiente día amanecí desnudo junto a Gilo.

- Gilo, ¿Tienes amante?
- No lo sé - me dijo dudoso. - Ciertos días de la semana me veo con un empresario italiano, es muy apuesto, culto y
tiene clase.
- ¿Cómo lo conociste?
- El estaba parado esperando un taxi y  me ofrecí a llevarlo.
- ¿Dónde?
- En la Orellana y Seis de diciembre.
- ¿Cómo se llama?
- Paolo. Tiene unos cuarenta y cinco años y realmente es muy interesante. Me gustaría llegar a más con él.
- ¿A qué te refieres con llegar a más?
- Un romance - me dijo y me volvió a besar.
- ¡Eres un pícaro!
- Sino tengo un romance con Gilo, seguro lo tendré contigo.
- No estoy disponible por el momento.

 



- Francisco, te estuve esperando hasta las tres de la mañana - me reclamó Aurelio enojado.
- Me quede a dormir con Gilo.
- ¿Qué averiguaste?
- Se llama Paolo, es italiano, empresario y se encuentran frecuentemente en la Orellana y Seis de Diciembre.

Aurelio respiró profundo.

- ¿Qué más? 
- Nada más - le dije alzando mis hombros - Excepto que el próximo jueves tengo una invitación de Gilo para ir a un cóctel en la Embajada de Italia.

 

 

 

- ¿Piensas que Paolo puede aparecer aquí?
- No lo sé, no hemos hablado últimamente.
- ¿Le has llamado por teléfono?
- No tengo su teléfono, él es muy reservado. El tiene el mío, pero no me ha llamado.

Después de unos minutos vi entrar a un religioso con su traje de gala. Era uno de los de  más alto rango en el país. El empezó a saludar de uno en uno. Gilo cambió inmediatamente su rostro y se deslumbró al observar aquel elegante monseñor.

Llegó el momento de saludar con aquel embajador de la Iglesia.

- ¡Buenas noches! - me dijo.
- ¡Buenas noches! Señor Nuncio...

Luego vio directamente a los ojos de Gilo y saludó:
- Buenas noches Gilo.
- Buenas noches Paolo.

El Nuncio se acercó disimuladamente hacía la oreja de Gilo rompiendo su  etiqueta le dijo - Si hubieras sabido que soy sacerdote, no te hubieras acostado conmigo.

Dos semanas después El Vaticano pidió el cambio del nuncio. 

 

 

En el departamento de Gilo...

Gilo encendió nervioso la chimenea y me sirvió un vodka.

- ¿Dime quién eres en realidad? - me preguntó al darme el vaso.
- Me llamó Francisco, tengo 26 años y ...
- Soy espía  - complementó él.
- ¿Espía?
- No me engañas, conozco a un espía a leguas - me dijo.

Me reí y me tomé un sorbo de vodka.

- ¿De qué te ríes? - me preguntó.
- Cuando era adolescente, soñaba con ser espía y ahora tan solo estoy tratando de poner los pies en el suelo. - y suspiré.
- Todos tenemos ese tipo de sueños - me dijo - pero existen diferentes tipos de espionaje.
- El tuyo utiliza las armas. - le dije.
- Y el tuyo la inteligencia - me dijo.
- Yo no soy espía - le recalqué.
- Francisco, actualmente los servicios de espionaje saben que los militares somos débiles ante la carne de los de nuestro sexo y contratan jóvenes apuestos, jóvenes que uno pierde la cabeza por acostarse con ellos y ya me han mandado varios tratándome de sacar información.

- ¿Y qué tipo de información te he sacado yo?

Gilo respiró profundo - No sé qué tipo de información me sacaste, pero sé que tú eres religioso. Mientras dormía, revise tu billetera. Vives en una comunidad de monjas y eso es tan raro para mí. Eres igual que Paolo. - me vio con gesto molesto y se agarró de los pelos.

- ¡No lo puedo creer me acosté con dos curas! - dijo cerrando sus ojos.
- Gilo, lo lamento. Eres un tipo tan guapo que si te hubiera dicho que soy cura, tampoco te hubieras acostado conmigo - le dije.
- ¿Pero no te da miedo que te vean en la calle?
- Es primera vez que lo hago - le dije.
- No te puedo creer.
- ¡Es cierto.  Vi que a un chico le subieron a un auto y te vi dar varias vueltas por la Amazonas que capté como funcionaban los contactos.

Gilo me quedo mirando con cara de incrédulo.

- ¿No conoces otro tipo de contactos? - me preguntó.
- Una vez hice un contacto en un urinario de un teatro
  ¿y a  que no te imaginas que paso después?
- ¿Qué? - me preguntó intrigado.
- El era sacerdote, y de mi comunidad.
- ¡No puede ser! - me dijo el asombrado mientras que bebí otro sorbo de vodka y él se sentó junto a mí. Pasó su mano sobre mis hombros y me abrazó.
- Me hubiera gustado ser tu pareja, eres diferente - me dijo mirándome pero inmediatamente separó su mano y se levantó y mirándome me dijo
- pero los curas no son santos de mi predilección.
- Te acostaste con nosotros - le dije riéndome
- Nunca hay que decir de esta agua no he de beber - dijo el asustado.
- Pero no importa, algún día tendrás una pareja que no sea cura. - le dije.


- No lo creo... Conozco como es el juego. Deje todo por  introducirme en el ambiente. Me divorcie, deje a mis hijos en España y pensé que iba a ser feliz, pero lo único que  hice es labrar mi propio infierno - me dijo renegando.

 

- ¿Por qué dices eso?
- En el ambiente no se conoce la palabra "lealtad".
- ¿En el ambiente gay?
- No me digas que no lo conoces...
- No lo conozco - recalqué.
- ¡Ah!...Me olvidaba... Eres gay de clóset.
- Quiero conocer la punta del iceberg - le dije levantándome del sofá y tomándolo de su brazo.
- ¿Cuál es la punta del iceberg? - me preguntó
- Lo que se ve.- le dije.


- ¿Para qué quieres conocerlo?, no te pierdes de nada bueno.
- Para experimentarlo.
- Anda viernes noche al Escocés, te sientas en las mesas de afuera y pides una cerveza. Alguien se te acercará y podrás conocer la punta del iceberg.
- Ves, aunque eres extranjero, conoces más que mí.
- "Espartacus"... querido - me dijo sonriendo.

 



- Francisco, tienes que investigar a una nueva versión de los Rosacruces - me dijo Aurelio.
- Aurelio, ya no voy a trabajar con ustedes.

 

Aurelio inmediatamente se paró de su asiento y apoyó sus manos sobre el escritorio.

- No creo haberte escuchado bien...
- No quiero saber nada de religiones.
- Es porqué Ramiro te expulsó aduciendo que eras homosexual.
- ¿Cómooo?

- ¿No lo sabías? - me preguntó Aurelio.


- Me dijo que me expulsaba por mi mal carácter.

Aurelio empezó a caminar por la oficina. - Un día antes que tu salieras del Carmelo yo pedí a un ayudante nuestro que vive en Cuenca que se vaya a confesar con Ramiro diciendo que tú y él tuvieron relaciones. Al siguiente día Ramiro te expulsó.

 

Ese momento lo entendí todo - Soy un peligro para la comunidad - le dije.

- Sí, realmente somos  un peligro - me dijo Aurelio.

Lo quede viendo fijamente a sus ojos y él a los míos.

- Aurelio, ¿Tú eres gay?
- ¿No te diste cuenta?
- No.
- Mis ojos no te dieron acceso, al igual que los de Ramiro y al igual que muchos en la Iglesia.

Llevé mis manos hacia mi rostro y le dije   - Ya no quiero saber nada de esto.

 

- ¡Eres un cobarde! - gritó  - Apenas te faltan dos meses y podremos ir a España.


- No quiero ser parte de este show - Le dije furioso - He visto cometerse las peores atrocidades en nombre de Dios.
- Yo las veo todos los días - me dijo Aurelio dando un golpe sobre el escritorio.
- Yo ya no soporto el verlas - le dije con iras.

Aurelio se sentó y me dijo - Tú no eres de los nuestros. Para ser gay se necesita ser bien valiente y tú en cambio huyes.

- No quiero seguir viendo tanta maldad solapada.
- No quieres seguir luchando... ¡Cobarde! - me dijo viéndome casi con desprecio.
- Aprendí con ustedes a decir "no".


- Y es bueno que lo hayas aprendido - me gritó levantándose de su asiento y otra vez dando un golpe sobre su escritorio dijo:
- No cualquier pendejo puede ser gay. Para ser gay tienes que tener los cojones bien puestos.


- Aurelio ya he aguantado muchas humillaciones por ser gay y no quiero seguir aguantando más.
- ¡Pobrecito! - me dijo como tratándose de compadecer de mí en son de burla.


- ¡Miren al víctima! - y me señaló. - Vivo veinticinco años en la Iglesia y he visto como humillan a mis hermanos, incluso como me han humillado a mí y no he dejado mi lucha. Si fuera como tú, hace varios años que hubiera abandonado todo esto, pero para mí todo tiene un sentido.


Los homosexuales no estamos de locos en este mundo. Todo tiene un equilibrio. Si el mundo fuera heterosexual completamente, hace tiempo que ya nos hubiéramos destruido.
- Esa es tú lucha.- le recalqué.


- Es nuestra lucha porque nosotros tenemos que ser más valientes.- Me dijo severamente - El heterosexual tan solo carga una cruz.
Nosotros cargamos dos. Una la que nos pone la vida y otra es la cruz que nos ha puesto la sociedad y la misma Iglesia.
- Esa cruz se la impusieron ustedes mismos.


- Y esa cruz es la que cargamos en silencio - me dijo y se le fueron las lágrimas.

 

Ese momento mire al techo, me mordí los labios para que no se me escapé la amargura que sentía por dentro. Luego le miré y le dije:
- No quiero cargar más una cruz que no la he pedido.

 

- ¡La cargarás! y no tienes idea cuan amarga será esa cruz para ti... Sé que quieres conocer "La punta del Iceberg". Esa será tu tercera cruz. - y me dio las espaldas. - En el lenguaje del silencio aquel gesto significa rechazo. 

 

Me di la media vuelta y me retiré en silencio.

 


PARTE 3

 

 

 

 

APARIENCIAS EN EL AMBIENTE GAY

 

Un viernes por la noche estuve sentado en el Bar El Escocés, pedí una cerveza y no la bebí.
Observaba hacia todos los lados y no pasaba nada.

- Gilo me tomó el pelo - pensé.

Pasaron treinta minutos y estaba a punto de irme cuando un joven trigueño de unos veintiséis años se acercó a mi mesa y me saludo:

- Hi... How are you?
- Fine thanks.
- My name is Juan José.
- I'm Francisco
- What are you looking for?
- I'm looking for a gay place.

El se quedo pensativo por un momento y  también me mantuve en silencio tratando de fingir que era extranjero.

- Do you want to know a very exciting place?

Lo primero que se me vino a la cabeza fue la palabra "sexo".

- Yes.  

El se quedó otra vez en silencio y note que hacía esfuerzos por tratar de explicarme en Inglés.

 

- Hablo español - le dije.
- Entonces no vemos mañana a las 2 en el Estadio. Te llevaré a una sauna. Allí se puede hacer de todo.
- Esta bien, nos veremos allí.

 

 

 

Al siguiente día fui puntual a la cita pero Juan José no apareció. Fui a una tienda cercana y pedí una guía telefónica  y averigüe la dirección de aquella sauna.

Al entrar a la sauna tenía los nervios de punta. La primera sensación que tuve es que ese lugar no era gay.  Entre y tan solo de ver el decorado me pareció que era el peor sauna que había conocido en mi vida.  

Al irme a los vestidores y desvestirme, note que algunos me pasaban viendo disimuladamente.

 



Al dirigirme al turco, un hombre gordo de unos cuarenta y cinco años me puso la mano sobre mi terno de baño y me agarró la verga.

Inmediatamente retire su  mano. - ¡Aquí no pasa nada! - me dijo: 
- ¡No tengas miedo!
- No tengo miedo, pero la cogiste sin mi permiso.

Me dirigí hacia el turco y lo primero que pude ver es dos hombres acostados con su cuerpo totalmente desnudo.  Me senté y casi no podía apartar mis ojos sobre tan perfectas nalgas.

Al ver hacia mi derecha, un hombre de unos cuarenta y cinco años, me vio y casi se le salen los ojos.  Se paró inmediatamente y salió como si hubiese visto al demonio.

- Mi querido padre Adalberto - pensé  al verlo. - ¡Qué cura tan guapo!

Al poco rato dos jóvenes se quedaron viendo y el uno con los ojos le hizo señas para que salieran.  Salió el uno primero y el otro lo siguió atrás.

- "Cuando veo esto me doy cuenta que el hombre es el único animal  que está en celo durante los 365 días del año" -  Me dijo un gringo que estaba junto a mí poniendo su mano sobre mi pierna.

Retiré su mano con gesto de rechazo y  al verme a los ojos notó mi enfado.

- ¿Por qué me rechazas, si todos aquí estamos por lo mismo? - preguntó un poco molesto.

Le pedí a Dios que me diera un poco de paciencia porque tenía ganas de mandarle al Diablo.  Respiré profundo y le di mi explicación.

- Un día asistí a una charla en una Iglesia Evangélica sobre "el  amor al prójimo".
El pastor se burló sarcásticamente de otro pastor que era homosexual.

En aquel momento note que el gringo se puso pálido.

- Ese pastor tan burlesco... ¡Eras tú!.- le dije mirándole fijamente a los ojos mientras que él  bajo la mirada.

Quite su mano sobre mi pierna, me levanté y me dirigí hacia el sauna en donde un joven de unos veintidós años me saludo:

- Hola, ¿Qué tal?
- Bien, ¿y tú?
- Bien, gracias. Dándome una escapada.
- ¿De quién?
- De mi pareja.

Me reí por un momento y le pregunté:

- ¿Qué hace tu pareja?
- Está haciendo trámites para viajar a Suecia. No quiere saber nada de Ecuador.
- ¿Por qué?
- Quiso ser sacerdote, pero lo expulsaron.
- ¿Por qué?
- Porque trincó a un sacerdote llamado Pedro tirando con otro en la sacristía.
El cura se había bajado la sotana al vuelo y el otro no tuvo tiempo para subirse el pantalón.
El cura  muy sinvergüenza había acusado a su machuchains que era un ladrón.

- ¿Cómo se llama tu pareja?
- Jaime - respondió.
- ¡Maldición!...
- ¿Qué dijiste?
- Nada, absolutamente nada.- Aunque me olvide del Consejo que Pablo me había dado.
 

Otra vez me dije ¡Qué irónica es la vida!  Jaime fue aquel que acuso a los carmelitas de que hacían barbaridades dentro del convento, pero él jamás dijo que era homosexual. Y recordé que Pedro era aquel sacerdote que todos en la comunidad del Carmelo de Cuenca consideraban un santo porque  solía auto castigarse con silicios. Ya me explicaba el porqué.

Al rato un mulato se paró frente a mí, puso sus manos en la cintura y me preguntó desafiante:

- ¿Acaso te crees la divina pomada?
- No, ¿Por qué? - le respondí extrañado al ver aquella actitud increpante.
- Estoy que me doy ya diez vueltas delante de ti y no me paras zona.- Me reclamó.
- No te he visto...
- Tú no tienes ojos para nadie, excepto para esos dos culos que están en el turco.
- ¡Están divinos! - le dije.
- ¡Mírame! yo también tengo buen cuerpo.

Lo vi de pies a cabeza y por ser un hipócrita bien educado le dije
- ¡Realmente tienes buen cuerpo!

En su rostro brilló la felicidad de la vanidad complacida e inmediatamente se sentó y puso su mano  sobre mi terno de baño.

- Aquí nadie pide permiso - Le reclamé.
- Aquí tienes que ser lanzado - dijo y me la empezó a fregar.
- ¡Qué buena verga que tienes!  Hoy no te dejaré solo a ningún  momento.
- ¿Acaso soy de tu propiedad?  
- ¡Eres un bobo!... No entiendes como funciona esto - Me dijo exaltado.
- ¿Eres nuevo? - Me preguntó.
- ¿Acaso no lo has notado?

Frunció su ceño y quitó su mano de mi verga.

- ¿Es primera vez que estas en un sitio gay?
- No, he estado en otros que se los suele llamar "conventos".
- ¿Conventooos?
- Sí, Conventos.
- ¿Son sitios de contacto?
- Sí, super solapados.
- ¿Cuándo me llevas a uno?
- ¡Es difícil! Tienes que llenar una ficha de admisión. ¡Son sitios exclusivos! - y entre mí pensé que el tipo era un tarado.
- No es como la discoteca a la que voy.- me dijo como si presumiese.
- ¿Discoteca? - Pregunté asombrado.
- Sí, discoteca...
- ¿Existe una discoteca gay en Quito?- Pregunté asombrado.
- Sí.
- ¡De lo que me he perdido!... ¡Llévame a conocerla! - Le pedí

 

El puso un gesto de duda.

- Yo te pago - le dije.
- Aceptó - Contestó inmediatamente

Mientras me vestía, frente a mí tenía un sex show en vivo y en directo.

- ¡Buen provecho! - les dije y él que estaba siendo penetrado me pidió con su mirada que me acercara.
- ¿Te la mamo? - me dijo.
- No.
- ¡Qué arisco que eres! - y continuo con su jadeo.

Al dirigirme hacia la salida sentí que alguien puso su mano sobre mi hombro.
Al regresar a ver me di cuenta que era el penetrador.

- No se lo digas a nadie - Me pidió de favor.
- Tan solo tengo un amigo que estuvo en la Escuela Militar y  él no es gay ni tampoco sabe mi nota -Me dijo,
- ¡Qué pequeño que es el mundo! - le dije.
- Me dio mucha tristeza cuando te fuiste. Hubiéramos sido buenos amigos.
- ¿Fueron esas tus intensiones?
- Sí, me gustaste desde que te vi por primera vez cuando aplicabas para la Escuela Militar,
por eso te ayude a  corregir los exámenes.
- Siento defraudarte, pero realmente no me ayudaste en nada.
 
El no lo entendió  y luego de permanecer en silencio y pensativo por un rato me preguntó:
 
- ¿Cuándo nos vemos?
- Algún día...
- ¡Francisco, vámonos! - Gritaron desde afuera.
- Es Vicente, lo acabo de conocer y me va a llevar a conocer una discoteca.
- Yo no voy a ese sitio. Es demasiado notorio.
- Lo entiendo...
- Adiós.
- ¡Cuídate!

 

 

Vicente me llevó a caminar por la Avenida Amazonas. A cada rato saludaba con sus amigos  y acotaba que todos eran gays.

Un auto con cuatro hombres se estacionó junto a nosotros

- ¡Vicente! - gritó uno de ellos.
- ¡Hola mi capitana! - saludó Vicente luego se acerco a saludar al resto.
- Hola mi tenienta...
- Hola mi comandanta...
- Hola mi sargenta...

Al despedirse me dijo: - Todos son militares.

- Ya me di cuenta.
- Les gusta subir a chicos, hacer de activos. De esa manera  siguen creyendo que son hombres.
- Lo son.
- Pero no se aceptan como homosexuales.
- Ese complejo lo tienen casi todos los milicos.
- Militares y curas son medios hombres - me dijo riéndose.
- Les gusta vivir entre hombres, comparten entre hombres...
- Y por más machos que se den, les das tres tragos y los llevas a la cama.
- Y al otro día fingen no acordarse de nada ...
- ¡Qué trauma!

Al llegar al final de la avenida, vimos a varios chicos parados en la vereda y otros sentados en las bancas.

- Ellos andan en busca de una aventura - Me dijo Vicente.
- Ya lo noté.
- ¿Cómo te diste cuenta?
- Tú sí que eres bien provinciano - Le dije.
- Vi como un carro se estaciono y uno de ellos se subió a auto.

Luego Vicente me llevó a un bar gay. - Este es el mejor bar gay de Quito - presumió.

Apenas entré, todos los que estaban allí me quedaron mirando de pies a cabeza e incluso noté claramente  como se fijaron hasta en mi forma de vestir.  Me senté con Vicente y claramente se podía escuchar la  conversación de la mesa contigua en la que dos jóvenes hablaban en voz alta y en tono afeminado para que el  resto les escuche.

- En mi último viaje a Nueva York me compré esta camisa.  Es seda pura.- Presumió tocando su camisa.
- Sabes que mis papis se fueron a Europa y me trajeron una maleta llena de ropa. ¿Lo peor es que no sé que ponerme?  Continuó presumiendo él otro.

Los dos masticaban chicle en un gesto femenino y veían a su  alrededor como si el resto les apestara.  Mientras que para mí por su cultura me daba cuenta que la camisa de seda pura era de las baratas que se compra uno en los almacenes chinos del centro de la ciudad y que la ropa del otro para nada era Europea.

- Me parece que este ambiente es muy superficial - le dije a Vicente.
- No les pares zona. Aquí cada cual se cree más regia que la otra, hablan tonteras y al amanecer les encuentras buscando cacheros en El Ejido.
- Ja, ja, ja... - Nos burlamos de ellos y tuve que  interrumpir mi risa, porque me quedaron viendo con mala cara.
- ¿Se puede reír en este lugar?- Les pregunté y me viraron la cara.

Detrás de mi mesa estaba sentado el asesor del Presidente del Ecuador de aquel entonces que no apartaba sus ojos de mí.   Una mujer de aproximadamente unos cincuenta años se acercó a la  mesa.

- ¿Qué se van a servir? - Nos preguntó amablemente.
- Un Vodka - Dijo Vicente.
- ¿Y tú?
- Una cola. (Gaseosa)

Ella me quedó viendo como si yo fuera un idiota.

- ¿Eres nuevo aquí?  - Preguntó.
- ¿Acaso no te das cuenta? - respondí.

Su cara cambio, parecía que me quería dar veneno.
- Por si no lo sabes, a este lugar se viene a consumir - Me dijo en tono severo.  


Respire profundo y le pregunté:

- ¿Cuánto cuesta un vodka?
- Cuatro mil sucres.
- ¿Cuánto cuesta una cola?
- Mil sucres.
- Dame cuatro colas.

Me quedo viendo con cara de espanto.

- No tengo ganas de beber alcohol - le dije.

Al poco rato tenía cuatro vasos de Coca Cola frente a mí y una fuerte crítica del resto de supuestos niños ricos y  cultos que veían  de reojo a la mesa.
El único que se rió fue el asesor del Presidente del Ecuador.

Tomé un vaso de cola y le dije a Vicente - ¡Salgamos de aquí!, este ambiente me cayo fatal.  

 

Luego de caminar unas pocas cuadras llegamos a una casa en donde Vicente tocó el timbre.

A través de una rejilla  en la puerta aparecieron un par de ojos que nos quedaron viendo y por un momento solo me analizaban a mí.

- Viene conmigo - le dijo Vicente.

Nos hicieron pasar.  Aquel sitio  era un departamento adecuado para discoteca. Dos cuartos eran pistas de baile y a  en otro  cuarto estaba ubicada la barra. Puse una cara de deprimido al ver que sus  paredes estaban pintadas de negro.
- ¡Típica discoteca costeña! - Pensé

Aquel lugar estaba repleto de gente pero solamente de sexo masculino y la mayoría me quedaba viendo.

- ¡Carne nueva! - grito uno. Vicente me agarró del brazo y me llevó hacia la barra.

- Me das un Vodka - dijo Vicente al barman.
- Me das una cola - pedí yo.
- No vendemos colas, tan solo trago.- me dijo el barman.
- En estos lugares me voy a volver alcohólico a la fuerza - dije a Vicente.
- No te hagas el puritano y bebe.
- Un ron, por favor - y me tomé un sorbo de mala gana.
- No te sientas mal - me dijo Vicente.
- ¡Este ron es chiveado! - le dije frunciendo mi cara.
- Aquí es así. Es la única discoteca para gente como nosotros y te tienes que adaptar.
- Este es el único país en el cual el vendedor es más importante que el cliente. Y sobre todo en los sitios gays.    
No entiendo el porqué se dejan maltratar tanto. - Le reclame.
- Nos conformamos - dijo Vicente - Son los únicos lugares en los que podemos desatarnos.

- Hola Francisco - me saludó un amigo de la universidad.
- Hola Joel, ¿Cómo te va?
- ¡Bien admirado!...,¡Es un milagro verte aquí!  Por fin te atreviste a visitar a los pobres.
- No seas odioso...
- Nunca me imagine verte en un lugar como estos.
- Ni a ti tampoco.
- ¿Te invitó a bailar?
- Acepto.

 

 

Mientras bailaba observaba a todos lados y me quedaba admirado. En aquella discoteca estaba gente a la cual yo conocía,  pero que jamás paso por mi mente la idea de que fueran gays. Ese ambiente era tan loco y tan festivo. Hombres bailando con otros hombres, travestíes, afeminados imitando a cantantes femeninas. Hombres muy varoniles bailando con una sensualidad única. Por un lado unos se besaban; por otro, se acariciaban pero también note en algunos  que sus rostros reflejaban la más triste soledad que era adormecida con sorbos de alcohol.

- Si es así como bailas, ¿Cómo serás en la cama?- me dijo Joel.
- Terrible, querido... ¡Terrible!
- Te invito a dormir conmigo...
- Mejor invítame un trago. Me hace falta.
- ¿Estas nervioso?
-  ¡Impactado!
 

Al ir hacia la barra me quede parado y totalmente ileso.

- ¿Qué te pasa? - me preguntó Joel.
- Nada... no es nada - Mientras observaba como Matías estaba en la barra mirándome fijamente a los ojos  y a su lado estaba un hombre gordo que tenía puesto su brazo alrededor de su cintura

- ¿Quién es al que tanto observas? - preguntó Joel.
- Nadie. Me recuerda  a un amigo que se murió.
- Este no es momento que te acuerdes de los muertos. La vida es una sola y...
  ¡Gózala mi hermano!
- Pase lo que pase... La vida continúa.

Nos mantuvimos conversando con Joel mientras que  Matías y yo nos veíamos fingidamente de reojo.  Los dos estábamos pendientes el uno del otro. Al poco tiempo un grupo de amigos de la universidad se acercó hacia nosotros.
 

 - ¡Hola Francisco! - me saludo Carlos y me dio un beso en la mejilla.
- ¡Hola rompecorazones! - me dijo Gonzalo e igualmente me dio un beso en la mejilla.
- ¡Hola gay de clóset! - saludó Alejandro dándome un beso la mejilla.
- ¿Qué te pasa? - me preguntó Joel al notar que estaba a la defensiva.
- ¡Nunca me imagine que ustedes fueran gays! y es primera vez en mi vida que saludo a hombres dando besos en las mejillas  y me extraña que  Gonzalo me haya dicho que soy  un  rompecorazones.
 

- ¿Acaso crees que no me di cuenta las miraditas que se mandaban tú y el que atiende el bar de la universidad?...
Qué a propósito lo veo muy mal acompañado.- me dijo Gonzalo
- El que está con el corazón roto soy yo.
- ¿Por qué?
- El dijo a su madre que los dos éramos amantes y que él quería ser normal. Su madre avisó a la mía y míralo allí...
- Pues... ¡Vamos a romperle el corazón a ese hijueputa! ,  porque yo lo he notado. Al único que  para zona en la universidad es a ti.

- He visto como varios hombres quieren abordarlo y no les deja, pero cuando estás tú... Sus ojos solo son para ti - dijo  Carlos.

- And I only have eyes... for you - Cantaron en coro todos... burlándose de aquel hecho, logrando de esta manera captar la atención de Matías.

- Francisco... ¡Abrázame fuertemente y dame un beso apasionado!  - me pidió Joel.

Ni corto, ni perezoso seguí sus instrucciones.  - ¡Qué vivan los novios! - gritaron los otros tres.

Matías saltó de su asiento, lanzó su vaso sobre la barra, y el vaso se rompió. Dejo a su compañero y pasó furioso  por mi lado dirigiéndose hacia la salida. Aquel gordito le seguía y le preguntaba - ¿Qué  te pasa?... ¿Por qué actúas así?

Matías no decía ni una sola palabra. Había furia en su mirada y siguió caminando hasta que ambos  desaparecieron. Todos nos quedamos viendo a los ojos y nos reímos.

- En este ambiente tienes que tratar así a esos huevones - dijo Joel.
- No le pares zona. ¡Todas las locas son iguales! -  dijo Gonzalo.
- ¡Parece que siente algo por ti! -  Exclamó Joel
- ¡Tan solo parece! - les dije suspirando y decidí que era mejor irme.  Aunque por fuera me reí de aquel hecho.  Por dentro estaba hecho mierda.

Antes de llegar a la puerta de salida de aquel lugar me encontré con un buen amigo.

- ¡Benjamín!, no tienes idea la alegría que me da verte.
- ¡Francisco!, que gusto vernos a los tiempos. Los dos somos aquellos niños malcriados que cuando fuimos al retiro espiritual  los de Conspiccius nos prohibieron hablar y nosotros rompimos la regla.

- Pero eso te sirvió para que te contraten.
- Ya no estoy con ellos desde hace un mes, mi misión acabo. - Me dijo bajando su rostro y lo sentí decepcionado.
- ¿Por qué?
- Me toco investigar a los del Opus Dei, Familia, Tradición y Propiedad y para colmo me enviaron donde los Social Cristianos.
- ¿Y qué pasó?
- Lo mismo que a ti. Acabas despechado de ver tanta hipocresía. Los del Opus Dei en realidad son "Opus gay".  Estoy convencido que es el satanismo dentro de la Iglesia Católica. Los de Familia, Tradición y Propiedad son  en realidad son "Infidelidad, Traición y Vanidad" y los Social Cristianos de "cristianos" solo tienen el nombre.

- Francisco, tú has estado últimamente en tantos grupos religiosos que me sorprende verte en este antro.
- He estado últimamente en unos antros muy bonitos y elegantes en los cuales los que parecen más santitos son  peores que todos nosotros juntos.
- ¡Bienvenido al mundo de la felicidad aparente!- me dijo al  oído
- Gracias. Ya me di cuenta. ¡Por fin conocí la punta del Iceberg! Es un ambiente tan divertido pero a la vez tan  vacío…
- Y te parece divertido porque estas con unos cuantos tragos encima.

- ¿Y si llevaría unos cuantos tragos más?
- Harías lo mismo que hace la mayoría. Tan solo anestesiarías el dolor.

Benjamín  puso sus manos sobre mis hombros y me dijo: - Francisco, aquí tan solo se fijan en tu apariencia, en tu cara, tu cuerpo, si tienes buen trasero o si tienes una buena verga.
- No hace falta que me lo digas, ya me di cuenta. Igualitos a los hetero...
- La Punta de Iceberg, no es más que la imitación del ambiente machista heterosexual.
- Es la misma tontera en versión gay, sino que es oculto.

Los dos nos quedamos viendo a los ojos y fruncimos el ceño.
 
- No te vincules nunca sentimentalmente con alguien que frecuente estos lugares.
- Ya me lo advirtieron - le dije.
- Pero lo que no te han dicho es que tienes que cuidarte de aquellos que sufren del "Síndrome de las locas"
- ¿Qué es eso? - le pregunté extrañado.
- El que sufren muchos de los que están aquí, que por tapar lo  vacíos que son interiormente presumen al resto que son personas de clase y por poco se creen las divinas fingiendo que tienen mucho dinero.  Nos lo contagiaron ciertos heterosexuales que predican que el éxito está en obtener status...
- Nunca me enamoraré de uno de esos. Tú sabes que no soporto a  los plásticos.
- Francisco... Tú has vivido en otro mundo. Este ambiente no es para ti.
- Prefiero este ambiente porque aquí siquiera sé en qué terreno piso.
- ¡Cuidado te hundas!

  Vinieron dos afeminados y se acercaron hacia nosotros.

- Hola, soy Carla Salas...
- Y yo Adriana Mandini - dijo el otro.
- ¡Hola señores! - Saludé  y aquel que se hacía llamar Adriana me corrigió.
- Señorita y de programa...
- ¿Quieres bailar conmigo? - interrumpió Carla
- ¡No gracias!... Estoy de salida.
- ¡No se vayan! - dijo en tono de suplica Adriana.
- Ya es hora...
- ¿Eres nuevo aquí? - preguntó Carla.
- Sí.
- ¡Ay qué lindo!  Hoy te inauguras en el ambiente y te vamos a bautizar.
  Te pondré el nombre de "Vanessa". Te queda precioso.
- ¡Yo me llamo Francisco! - le dije casi furioso.

Adriana juntó sus manos y se las llevó hacia su cara, agachó un poco su cabeza y mirándome con sus ojos hacia arriba me dijo: 
- ¡Ay!... pero no te enojes.  ¡Vanessa es un lindo nombre!
- Este simulacro de mujer me está sacando de quicio - Pensé. 
- ¡Yo me llamo Francisco! -. Le repetí.
- ¡Ay Carla!... es mejor que nos vayamos de aquí porque Vanessa está enfurecida y de pronto nos vaya a aruñar.

Los dos se fueron y Benjamín sonrió. - No cambias, sigues teniendo un carácter fuerte - me dijo.

Mientras que continuábamos conversando con Benjamín  notamos que dos mujeres de unos veinticinco años aproximadamente nos analizaban y observaban al resto con gesto de admiración. Se notaba claramente que ellas estaban allí por primera vez y
que no eran lesbianas. 

Una de ellas se acercó sigilosamente  - Disculpen la pregunta... ¿Acaso ustedes también son maricones?

- Sí... ¿Qué te parece? - Contestó Benjamín secamente.

A ella casi se le salieron los ojos de sus órbitas. Nos quedo viendo con cara de espanto y se tomó su trago de una sola.

Inmediatamente fue donde su amiga y le contó lo que Benjamín le había respondido  y a ella también le paso lo mismo.  En menos de diez minutos, ellas estaban totalmente ebrias. Mientras nosotros nos reíamos al ver aquel cuadro.

- Si las mujeres supieran la cantidad de hombres que tenemos sexo con hombres dirían con tristeza que ya no hay puros machos...

- Al último hombre heterosexual puro se le comió un Dinosaurio- Le aseveré
- ¿Qué hubiera pasado si Adán hubiera sido gay?
- No  hubiese sido tan pendejo...
- ¡Por supuesto! - respondimos los dos al unísono.
Cuando investigaba en la Iglesia, me decía " No puedo creer que él sea homosexual".  Ahora  al saber que son tantos, cuando encuentro a un heterosexual puro me digo " No puede ser que él no sea homosexual".
- El que no cae, resbala - me dijo Benjamín riéndose.

De pronto la música paró. Uno de los que atendía en la puerta ordenó a todos que dejasen de bailar.  Toda la gente que estaba allí se puso a conversar y muchos se dirigieron a la barra.  Vi que varios hombres entraron a revisar el lugar.
 

- ¡Benjamín!... ¿Qué pasa aquí? - le pregunté asustado.
- Es la policía con el Intendente.
 

Ese rato sentí que mis nervios se pusieron de punta. Me imaginé que nos iban a llevar presos a todos porque en aquella época ser homosexual en Ecuador era un delito.

- ¡Tranquilízate! - me dijo Benjamín al notar mi angustiante estado de ánimo.
- ¡Papeles! - Nos pidió el gendarme.

En aquel momento empecé a temblar interiormente. Por el tipo de trabajos que había hecho en mi cédula constaba como religioso.

El la observó mientras que yo  rogaba a Dios que no mire el reverso. Pero él dio la vuelta a la cédula y se fijo en  mi profesión.

- "Cura detenido en discoteca gay" - fue el titular de prensa que se me vino en ese instante a la cabeza.

El policía disfrazado de civil me quedó observando fijamente. 

- ¡Me fui preso! - pensé y tan solo de imaginar que tendría que llamar a Madre Magdalena desde la cárcel, la piel se me puso de gallina.

El gendarme tan solo movió la cabeza en gesto de desaprobación.
- ¡Salga de aquí! - me ordenó.

- ¡Usted también! - le dijo a Benjamín. En su cédula también él constaba como religioso.

Ese momento me asusté al máximo tan solo de pensar en que madre Magdalena tendría que sacarme de la cárcel al otro día.

Al salir pensé que afuera estaba la policía esperándonos. Vi un patrullero con dos policías dentro pero no nos dijeron nada.

Benjamín me dijo en voz baja - ¡Tranquilízate!...Camina y alejémonos lo más rápido de aquí.

Mis pies aceleraron. Al llegar a la esquina Benjamín se empezó a reírse burlándose de mí.

- Francisco, nadie ha ido preso por ser homosexual. La policía y el Intendente van allí tan solo para sacar plata.

Ese momento di un suspiro de alivio.

- Benjamín...Esta noche hubiera sido inolvidable para mí. Primera vez en una disco gay y primera vez en la cárcel.
-  Aunque no estuviste en la cárcel, yo sé que para todos, la primera noche en la discoteca se nos vuelve inolvidable.

 


 


SE ACABARÍA NUESTRA MAGIA  
 


 

- Francisco, te invito a una cena de ex-alumnos de la Academia. Todos están casados, tienen hijos y son gays.  No van a ningún lugar de ambiente y los únicos solteros seremos tú y yo.- me invitó Julio por teléfono.

En la cena estaban diez personas. Esteban y Ricardo estaban en la  cocina y mientras cocinaban cantando: 

- Se le echa sal cebolla, hojitas de laurel...

- ¡Estos son unas locas! - dijo Raúl, un ex brigadier de la promoción 78.
- ¡Déjales!...Solo aquí son libres - le dijo Aníbal, justamente amigo de  mi promoción al cual yo le temía un poco de recelo, porque presumía ser muy machito.
- ...Componte niña componte, que hay viene...
- ¡Tu marido! - Interrumpió Raúl.
- ¡No tengo marido!... Tengo esposa - Aclaró Ricardo, un amigo íntimo de Pablo de la promoción 81.
- ¡Pero te encantaría tener uno! - dijo Ismael, que era el más antiguo de todos, Promoción 1961, Justamente cuando Pablo nació.
- A estas alturas de mi vida, lo que menos quiero es atarme a alguien. ¡Suficiente con la bruja que tengo en casa! - Aclaró él.
- Si retrocedieran el tiempo, ¿Se volverían a casar? - Les preguntó Julio.

Ismael desde la cocina dijo - Yo toco madera querido...

- ¡Es un auto castigo! - Inmediatamente dijo Raúl.
- Me case tan solo por satisfacer a mis padres - dijo Aníbal casi despechado.
- No me volvería a casar, pero me gusta ser padre- dijo Alberto, el más joven de todos nosotros, promoción 85.

El timbre sonó e Ismael se apresuró a abrir la puerta. - ¡Miren! ... acaba de llegar el reincidente - dijo Ismael en voz alta.

Inmediatamente miré hacia los ojos de Julio con mirada retadora y  él alzando sus manos  dijo - ¡Sorpresa!

- ¡Mi querido Pablo! - Le saludo Raúl dándole un fuerte abrazo y un beso la mejilla mientras que a mí se me erizó la piel. Sentía cosquillas en la barriga,  un vacío en el estomago, mi corazón latía a mil, y parecía que mi alma se iba a salir por la boca.

Pablo saludo con todos y al llegar a donde mí, me saludo con la mirada.

La reunión continuó pero Pablo se mantenía en silencio y se dedicó solo a beber. En menos de una hora estaba casi borracho.

- Les voy a poner mi disco favorito - dijo Ismael y empezamos a escuchar a Michael Crawford cantando  "In the still of the night".

- Do you love me as I love you?... - Se escuchaba cantar a dúo entre Micheal Crowford y la voz desafinada de Ismael mientras que  Pablo se bebió un trago de un solo sorbo.

- ¡Esto es con dedicatoria! - Me dijo Julio al oído.

Pablo clavó sus negros ojos en los míos y  con su mirada me pidió que vayamos hacia el balcón.  

- ¿Me amas tanto como te amo yo a ti? - me preguntó.
- Te tendré en mi corazón como lo mejor que pasó en mi vida.
- Yo te adoraré siempre. - Me recalcó sin dejar que sus ojos se aparten de los míos.
- Tú no me adoras. ¿Recuerda que te casaste?
- ¡Y me divorcie tres veces por tu culpa! - Me increpó.
- ¡Aprende a reconocer tus errores! o ¿Ya no te acuerdas lo que me enseñaste?... El que te casaste fuiste tú...
- Aprende a olvidar mis errores. El que te ama, soy yo. - Otra vez me recalcó en tono fuerte.
- Los he olvidado...
- Entonces, empecemos de nuevo y seamos por fin pareja.
- No puedo.
- ¿Acaso crees que no sé que te enamoraste de otro? - Reclamó.
- Enamorarse es una cosa, amar es diferente. 

El respiró profundo.
- ¿Me amas? - Me volvió a preguntar.
- ¿Qué te dicen mis ojos?
- Veo resentimiento.
- Fuiste un cobarde por no perder nada, mientras que yo lo perdí todo.
- ¡Mientes! - Dijo enfáticamente. - Tú también me negaste.- Y  lágrimas salieron  de sus ojos.
- ¡Francisco!... Es inútil tratar de engañarnos. Los dos nos amamos y  a la vez nos negamos ser felices.  ¡Mira hoy las consecuencias! Yo divorciado tres veces y tú sin rumbo fijo.

Pablo suspiró mientras que con mi mano sequé sus lágrimas y se me fueron también varias a mí.

- Francisco, yo no te amo - me dijo - ¡Yo te adoro!
- Me dices demasiado tarde...
- ¿Y acaso no lo podemos intentar?
- Se acabaría nuestra magia.

Apreté sus manos. Le di un beso en la frente y me despedí.

Al salir de allí, estaba lloviendo. Tan solo pude detenerme por un momento y mirar hacia el cielo.


Abrir mis brazos y ponerlos en posición horizontal con las palmas de las manos hacia arriba y sentir como la lluvia mojaba mi cara. Tan solo regresé a ver hacia atrás. Pablo estaba en el balcón de la casa en la misma posición, con su cara hacia el cielo, sintiendo como la lluvia mojaba su rostro con los ojos cerrados.

 

 

 


SI LA VIDA TE PATEA, PATÉALE A LA VIDA

 

Un día Julio me llamó - Francisco, estoy enfermo, tengo gripe y voy a seguir tu consejo.
Tú me dijiste que para curar  la gripe es bueno ir a un sauna. Vamos al sauna, te invito,
y es mejor irnos temprano porque no hay mucha gente.

Llegamos al sauna  y realmente no había mucha gente. Al entrar al baño turco, tan solo observábamos que había  dos personas además de nosotros. No se podía distinguir sus rostros debido a que el vapor estaba muy condensado.

Lo que  sí podíamos observar era que esos dos hombres estaban besándose, acariciándose
por todo el cuerpo y  llegaron a un cierto momento de excitación que hasta oíamos sus gemidos.

Julio me dijo - Aquí estamos de más... ¡Vamos al sauna!

 

El sauna quedaba contiguo al baño turco y  cualquier persona que salía del baño turco obligadamente tenía que pasar por el cuarto del sauna.

Los dos comenzamos hablar con el lenguaje de las plumas y nos matábamos de risa al oír las tonterías que se nos ocurría.

- ¿Sabías que al patojo del Carlos le dicen "La vida eterna”?


- ¿Por qué? - le pregunté.
- Porque nunca va a estirar la pata.
 
- Y al Mauricio le dicen "semáforo".
- ¿Semáforo?
- Porque a partir de la media noche nadie le respeta.

- Al Vicente le dicen "La puerta".
- ¿Por qué?
- Porque todo el mundo le clava...
- Y a ti te dicen "Vaso de agua"
- ¿Por qué? - me preguntó extrañado.
- Por qué no te niegas a nadie.

- ¡Ni hables!  A ti te dicen "bruja".
- Yo no soy bruja - Le dije enfáticamente.
- No lo serás, pero dominas a todas...
- Mejor te callas... Cruella de Vil....
- Detrás de una gran bruja, hay una gran maestra - dijo Julio alzando sus brazos.

Cuando de pronto un hombre gordo, con barba, salió del baño turco. 
El nos vio y me guiñó el ojo.  Julio le dijo sonriente
 - ¡Buen provecho!

- ¡Gracias! - Contestó riéndose  y siguió su camino hacia las duchas.

Al ver su rostro Julio me dijo - Deben haber hecho muy bien el amor, que el gordo salió tan contento.

- Morirás engañado. Aquí se viene a tirar, no a hacer el amor...

 

Julio se quedó pensativo y me dijo - Llevo ocho años en el ambiente  y jamás he hecho el amor con nadie.
-  ¿Ochoooo añoooos?

Ese momento la puerta del turco se abrió y salió el otro hombre que se sorprendió al ver a Julio. Viró sus ojos rápidamente y salió disparado. Julio se quedó helado, apoyó su  espalda y cabeza hacia la pared  y empezó a respirar  profundo.

 

- ¡No puede ser! - Murmuró.
- ¿Qué te pasa?
- ¡No lo puedo creer!  ¡Nunca lo sospeché! ¡Nunca tuve ni la más mínima idea de que él fuera gay! -  dijo Julio
con su mirada perdida en el techo.

- ¿Quién es él?
-  ¡Es mi papá!

Hubo un largo silencio entre nosotros. Los dos no sabíamos qué hacer.  No nos  movimos de aquel sitio. Alcanzábamos a escuchar que él otro hombre que estaba con el padre de Julio, le reclamaba: 
- ¿Por qué te vas? Quédate un momento más -. Pero al padre de Julio no se escuchaba. El no  decía nada.

A los pocos minutos escuchamos sonar la puerta. Nos dimos cuenta que él se había ido.

- Francisco… ¿Qué hago?... Ese hombre ama a mi madre y yo lo amo a él. Dime
  ¿Qué hago?

- Aplica la ley de mono. Tú no has visto nada, no has oído nada y no dirás absolutamente    nada. Eso funciona de maravilla en el mundo de las religiones.

- Ojala que ese consejo sea bueno en mi caso y él haga lo mismo, porque por seguir tu consejo de que cada vez que tenga gripe venga al sauna... resultó fatal.
- Te dije que vayas al sauna, no te dije específicamente a este.
- Francisco, ¿Por qué habiendo tantos saunas en esta ciudad tuvimos que venir justamente a este? - Preguntó desconcertado.
- Por qué es el único donde no nos aburrimos.
- Y en realidad que no nos aburrimos porque aquí uno viene a tener emociones fuertes.
Tengo ganas de llorar pero no  te voy a dar el gusto.
- ¡Llora!  Por mí no hay problema.
- No Francisco, porque si lloró... se me cae el rimel.

Nos reímos juntos ante aquella ocurrencia, mientras que Julio fingia ser una mujer que se arreglaba las pestañas.

- Francisco... ¿Qué pasaría si la familia de tu padre, se entera que eres gay?
- Madre Rosalía moriría de pena, soy como un hijo para ella.
- Nadie ha muerto por enterarse que un familiar suyo es gay - Me dijo reprochándome.
- Pero si se han muerto los que no quieren que su familia se entere.
- Nosotros no moriremos por eso, somos independientes.  
- No lo creo, mejor pregúntate ¿Qué pasaría si se enteran los miembros de Familia, Tradición y  Propiedad  que a dos de sus principales colaboradores les gusta tener relaciones homosexuales y  a la vez son padre e hijo?
- ¡Ay!... Me muero de la risa solo de imaginarlo.
   Todos son allí son unas locas reprimidas y tiradas a beatas

Julio me tomó de la mano y dijo:

- Francisco, A los gays la vida nos platea fuertemente,
  pero "Si la vida te platea,  platéale a la vida".
- Vámonos de aquí, Cruella de...
- ¡Vámonos! - respondió el inmediatamente.

 

 

MR. PERFECCIÓN Y PERFECCIÓN ETIQUETA Y PROTOCOLO

 

Conseguí empleo en una empresa que venía desde México llamada Provivienda para 
instalar sus operaciones en Ecuador. En aquella empresa todas las mujeres hablaban del gerente, vivían todas  enamoradas de él. Todavía no le había conocido personalmente porque él estaba en México.

 

La mayoría de tiempo  me pasaba escuchando los comentarios de la admiración que tenían las mujeres sobre él:

- ¡Qué lindo que es Héctor!
- Héctor es tan guapo...
- ¡Que voz tan varonil que tiene!
- ¡Qué cejas y qué ojos!

Tan solo al escuchar tantos comentarios halagadores sobre mi jefe, tenía muchas ganas de conocerlo.  Según ellas era un adonis.

Sabía que era guapo, que tenía dinero, que era casado y tenía dos hijos, pero no había ninguna foto de él.

Llegó el momento que volvió de México y él quería conocer a sus nuevos empleados.
Me llevaron a la sala de reuniones. Al descubrir quien era aquel hombre que enloquecía a las mujeres.

Tan solo me dije admirado - ¡Pero si este hombre pertenece a nuestro gremio! Fue amante de un amigo mío que lo conoció en México. 

Héctor Hidalgo López  era de aquellos que acostumbraba pasar con su vehículo por los paseos de México  donde se podían hacer contactos y subía a jovencitos a su auto.

Al irnos conociendo de uno a uno, él fingía muy bien su preferencia sexual. A  todos nos preguntaba sobre nuestro estado civil.  Un amigo de trabajo le respondió que era soltero y él se burló  diciendo a todos - "Solterón maduro, maricón seguro".

"Esa es la manera con la cual  los que no se aceptan así mismos tratan de ocultar lo que son, se burlan de otros,  siendo ellos mismos homosexuales". - Pensé.

Cuando supo mi estado civil, también trató de burlarse con aquella  frase porque él no se acordaba de mí absolutamente para nada.  Al intentar decir... "Solterón maduro"...  le interrumpí - "El ser casado no  es ninguna garantía".

Todo ese humor sarcástico contra los homosexuales se le fue.

El aparentaba muy bien el no ser homosexual.  Tenía una secretaria con la cual se mostraba muy cariñoso y algunos  en la empresa se imaginaban que él era mujeriego. El resto de hombres  no creíamos en su teatro porque éramos gays. Esa empresa estaba totalmente manejada por gays.

Héctor  era el típico hombre que tuvo una infancia, adolescencia y juventud llenas de pobreza y se imaginó que al tener dinero por fin iba a ser "gente", una persona de valor. Creía que tener dinero, era ser  un hombre de éxito. En pocas palabras, era el típico pobre que al llegar a tener un poco de dinero se descuadra. Pero eso sí, para Héctor, la frase "El fin justifica los medios" le caía al pelo.

Luego de conocerlo más me daba cuenta que era de aquellos que podían vender a su propia madre con tal de conseguir el tan anhelado status que nunca tuvo. Pero ante el resto era magistral dando sus charlas sobre desarrollo personal.

Al poco tiempo de venir al Ecuador, Héctor  se divorció. La separación con su esposa ya venía desde hace dos años atrás. 

Al venir al Ecuador ellos fingieron que estaban casados de buenas maneras y que se llevaban bien.  Todo fue hasta abrirse mercado en este país y entablar muy buenas relaciones comerciales.

Todo fue hecho para que el resto de gente se imagine que él tenía un hogar bien formado.
Una vez que cumplió con su cometido e instaló su empresa en Ecuador, despachó a su esposa. Ella ya no era indispensable en su teatro.

Luego despachó también a su secretaria y la reemplazó con otra que era una mujer venezolana muy bella pero que vivía confundida  creyendo que en todo se debía aplicar la etiqueta y el protocolo.

Ella vino a presentarse. Se sentó frente a mi escritorio, con su espalda pegada al espaldar de la silla y cruzando su pierna derecha  sobre la izquierda  me dijo:

- Francisco, tienes que trabajar conmigo correctamente porque tú no sabes de etiqueta y protocolo, y he visto que en tu trato con el cliente.
Tú protocolo es pésimo.
- Rosy, el protocolo  al que te refieres se aplica en actos de estado.
- Francisco... ¡Tú, un simple vendedor!  No me vas a enseñar a mí sobre etiqueta y protocolo - dijo  con gesto de superioridad.
- Si sabes tanto de etiqueta... ¡Siéntate bien! - Le dije levantándome del asiento.
- ¡Estoy bien sentada! - me respondió casi furiosa.
- ¿Fuiste pobre? - Le pregunté con la seguridad de que su respuesta iba a ser afirmativa.
-  Sí, al igual que Héctor. Los dos hemos tenido que trabajar mucho para llegar obtener este status. - Respondió orgullosamente.
-  "Los dos hemos tenido que robar mucho para obtener este status" - Era la frase correcta.
- ¡Ya me doy cuenta! -  y suspire. Moví la cabeza y me acordé lo de que me enseñaron en Conspiccius.
"Tras la máscara de la etiqueta y el protocolo, se oculta el complejo de inferioridad."

 

 

 

Un día el gerente de sistemas nos reunió a todo el grupo de amigos gays y nos dijo:

- ¿A qué no saben la última?
- ¿Cuál? - le preguntamos.
- Héctor Hidalgo se va a casar con Rosy, su nueva secretaria.
- ¡Mr. perfección se casa con  Miss etiqueta y protocolo!
- Realmente son hechos el uno para el otro- dijo Renato.
- ¿Y a ti Francisco, qué te pasa? Parece que no te agrado la noticia. - me dijo el gerente de sistemas.
- ¡Estoy confundido! - Les dije - No entiendo que irán a hacer ese par de  lesbianas.

 

 

SER O NO SER

 

Un teniente de policía se acercó a mi escritorio. - Quisiera que me explique su sistema de financiamiento - me pidió.

Aquel teniente era alto, tenía ojos verdes, su piel blanca y para mi criterio era sumamente atractivo.

- Por supuesto. En este momento se lo explico.

Al poco tiempo me dijo - No espero incomodarlo, pero ahorita estoy corto de tiempo.
Le parece si me visita en mi departamento y luego le invito a cenar.

- ¡Gracias! - Respondí.

A la noche acudí a la cita y Martín había preparado él mismo la cena.
Después de una larga charla de varios temas me dijo:
- Francisco, no entiendo el porqué un hombre no puede amar a otro hombre si no veo nada malo en eso.
- ¡Este es gay! - Fue lo primero que pensé - ¡Yo tampoco lo entiendo!
- Francisco, en el poco tiempo que he conversado contigo te he  tomado mucha confianza. Quiero contarte un secreto.
- ¿Cuál?
- Siento una fuerte atracción por los hombres y a veces creo que soy gay pero también me gustan las mujeres.
- Entonces eres bisexual.
- Realmente no lo sé. Jamás he tenido una relación sexual con un hombre. ¿Y tú?
- Sí. - Respondí sigilosamente.
- No quisiera incomodarte, pero me gustaría tener una relación contigo.
- No mezclo trabajo con placer - Le respondí aunque por dentro estaba que me moría de ganas.
- ¿Podemos ser buenos amigos?
- ¡Encantado!

Aunque tan solo éramos amigos, notaba que Martín era demasiado celoso y quería pasar casi todo su tiempo libre conmigo.
Una noche que tenía una cita con Susana, una  amiga mía que andaba enamorada de mí.
 Me despedí de Martín y le dije que me iba para mi casa.
Al llegar al restaurante donde tenía que encontrarme con ella y saludarla.
Noté que alguien detrás de mí extendió su mano hacia ella y se presentó:

-   Mucho gusto, soy Martín.-  

¡Y este! ...¿De dónde apareció? - Me pregunte a mí mismo.  Tuve que disimular que Martín venía conmigo.

Al sentarnos en la mesa. El se sentó junto a mí y Susana quedó frente a nosotros.
Comenzamos a tener una charla amena y Martín notó que Susana me miraba como idiotizada.  El rodeo con su brazo mi espalda y puso su mano sobre mi hombro. Ese rato no supe donde meter mi cara de la vergüenza.  Todos los que estaban en aquel  restaurante nos quedaron mirando y empezó la murmuración.  Susana trataba de fingir que nuestra actitud no le sorprendía pero no pudo.

Martín se retiró por un momento al baño y Susana estaba intrigada.

- Francisco... Perdona la indiscreción, pero ¿Acaso tú y Martín son gays?
- No, ¿Cómo se te puede ocurrir semejante barbaridad?
  Somos muy buenos amigos y a él le gusta abrazarme.

Susana se tranquilizó - Por un momento llegué a pensar que los dos eran maricones.

Martín volvió  y continuamos la conversación. En ese momento un joven que vendía flores se acercó a nuestra mesa y le dijo a Martín:
- Señor... ¡Compre una flor para la señorita!

Martín sacó el dinero de el bolsillo de su chaqueta compró una flor. Susana se sintió halagada al ver aquel gesto.

En ese momento, todos los ojos de los que estaban en el restaurante estaban sobre nosotros.
Martín tomó la flor y me sentí muy a gusto al pensar que se la iba a entregar a Susana y que de esta manera se iría de ella la idea de  que había algo secreto entre los dos, pero pasó todo lo contrario. Martín me entregó la flor a mí.

Ese momento noté que todos los que estaban en el resto de mesas no apartaban sus ojos sobre nosotros. Incluso los que estaban de espaldas hacia nosotros, tenían su cabeza totalmente virada hacia nuestra mesa. Susana se quedo estática, mientras que tan solo tomé la flor y me puse en el bolsillo que estaba junto a  la solapa de mi chaqueta.

- ¡Trágame Tierra! - Fue lo único que pensé en aquel instante, pero fingí con mucha discreción que apreciaba el gesto de Martín.

Al salir de aquel lugar y caminar por la calle. Susana me agarró del brazo.


Al ver eso, Martín otra vez paso brazo sobre mi espalda y puso su mano sobre mi hombro. Estaba yo en el medio, con un hombre abrazado por un lado y una mujer agarrada a mi brazo por otro.

Martín bajo su mano hacia mi brazo y empezó a apretar fuertemente para que Susana noté la presión y de esta manera obligó a que ella me soltara.

Tenía que ir a dejar a Susana en su casa, pero Martín se adelantó:
- Susana... Tú vives muy lejos...Yo te pago el taxi.
Es mejor que vayas sola porque Francisco también vive lejos y más  noche no hay transporte para el Valle.

Susana captó muy bien el mensaje. Tomó un taxi y se fue.

Martín notó que estaba enojado y tomó la flor que estaba en el bolsillo de mi solapa, la olió y me la volvió a poner en el mismo lugar.

-  Desde ahora en adelante, tú y yo somos pareja.
- ¡Martín!... Yo no quiero tener pareja - le recalqué.
- Desde ahora en adelante... Tú y yo somos pareja, y punto...
- ¡Qué difícil es que un policía razone! - le dije con una mirada severa.

El tan solo se río y no le lleve la contraria, pero estaba seguro que no me iba a acostar con él. Enamorarse de un bisexual  que todavía no sabe que es lo que desea en realidad, me parecía sumamente peligroso.

 

 

 


Martín fue un hombre que me mantuvo alejado del ambiente gay. Con él llegamos a compartirlo todo, incluso nuestro sueldo. Salíamos  juntos a comprar nuestras cosas. El elegía mi vestuario y yo el de  él. Cualquier decisión era tomada entre los dos. Con él la pasábamos bien sea con dinero o sin dinero.

No había día en  que no discutiésemos por nuestra forma de pensar o de actuar.
Día que no había peleas, era porque alguno de los dos estaba enfermo.
A Martín le encantaba pelear porque se burlaba  de mí cuando me ponía furioso.

A veces tan solo me llevaba la contraria para lograr sacarme de quicio y al rato cuando yo ya estaba a punto de perder la cabeza, me decía - ¡Tranquilízate mi amor!-  Ese momento se me iban todas las iras. 

Pero  a pesar de compartirlo casi todo, nunca tuve una relación sexual con él. 
 
Un viernes por la noche, caminando por la avenida Amazonas. Martín quedo viendo a una mujer joven y me dijo en tono altivo:

- ¡Realmente soy más macho que tú porque me gustan las mujeres!
- A la final eres un homosexual reprimido y machista
- ¡Soy heterosexual! -  Dijo enfáticamente.
- Soy homosexual y Adiós. - Respondí e inmediatamente me separé de él caminando más rápido para poder alejarme  pero el inmediatamente grito:

- ¿A dónde vas?
- A conversar con un gay. Son conversaciones más interesantes.
- ¿Acaso te aburro? - Grito de nuevo.

Yo detuve el paso y regresando hacia él le dije:

- Los heterosexuales tan solo saben hablar de fútbol, política, presumir  sobre cuántas mujeres se han comido y  son expertos en quejarse.
- ¿Y tú por qué no te quejas? - Me reclamó con ojos de furia.
- Yo mismo elegí mi vida...Adiós  aburrido. - Otra vez di la vuelta y trate de caminar rápidamente.
- ¡Pero soy normal! - Me dijo en tono orgulloso - ¡A mí me gustan las mujeres!- Gritó al ver que me alejaba.

Otra vez detuve mi paso y le quede viendo como si fuera un tonto:
- Lo que acabas de decir es un alarde a la estupidez.  Estadísticamente ser normal es hacer lo que la mayoría de la gente hace a pesar de saber de antemano
que los resultados son negativos. Si a eso llaman ser "normal", prefiero ser anormal.

 


Al poco rato, mientras estábamos conversando con Julio en el Escocés vimos pasar a Martín delante de nosotros abrazado de una prostituta y con gesto de presunción.

- ¡El tuyo sí que es ridículo!  Hace lo que todos los heterosexuales hacen cuando quieren darse a más machos. "Pagan dinero por obtener sexo".
- El día que pague por  sexo, dejo de ser gay.

 

 



Luego fuimos a la discoteca y al salir en el auto de Julio. Noté que él se puso nervioso.

- ¡Francisco!... Un patrullero nos viene siguiendo.

Regrese a ver y noté que  Martín  estaba en aquel patrullero pendiente de con quien yo salía de la discoteca.
- ¡No te preocupes!... Es Martín.
- ¡Francisco!... No entiendo como habiendo tantos hombres en Quito, justo tuviste que meterte con la Angie Dickinson...

 

 

EN CASA DE HERRERO, CUCHILLO DE PALO

Martín con sus ahorros logró comprarse un auto.

Una tarde lluviosa que íbamos en su auto, Martín vio como la gente que estaba en la calle se mojaba. 

- Lo que más me alegra de tener este carro es ver como esos hijueputas se mojan allá afuera. - dijo orgullosamente.
- ¡Este ya se descuadró! - Murmuré.
- ¿Qué dijiste?
- "Hay pobres que a pesar de comprar un auto, siguen siendo pobres”.


 

 



A los pocos días... ¡Para colmo de un policía! ... Le robaron el auto  y hasta el día de hoy, no lo encuentra. 

A veces le llamaban colegas suyos para decirle donde estaba el carro, pero tenía que darles dinero para que hablen.

Al final se cansó de buscar  porque descubrió que un superior suyo dirigía una banda de roba carros y además un capitán de la policía era el que ordenaba que hagan inspecciones en la discoteca gay, no con el afán de llevar presos a nadie, sino porque quería averiguar  si su amante se encontraba allí.

 

 

 

 

Una tarde caminando hacía su casa, cayó un aguacero y no teníamos donde escampar. Al verle tan empapado y muerto de iras le dije: 
- ¡Bienvenido al mundo de los hijueputas!

 

Martín me quedo viendo y se miró el mismo. Los dos completamente empapados por la lluvia. El empezó a reírse sin parar y a mí me paso lo mismo.

Luego cerré mis ojos, alce mi cara hacia el cielo y abrí mis brazos sintiendo claramente como la lluvia me mojaba 
- ¿Acaso esto no es magia?- me pregunte a mí mismo y le dije - ¡Es tan bueno ser un hijueputa!

Tan solo sentí con mis ojos cerrados que Martín me dio un beso en la  mejilla y luego me abrazó diciéndome al oído
- Realmente, es bueno ser  un par de hijueputas.

 


- ¡Francisco!...Ya es hora que vivamos juntos - me dijo Martín.
- No puedo. Mientras Madre Magdalena viva, yo estaré con ella.

- Francisco... llega cierto momento en la vida que uno tiene que dejar la casa de los padres.  Si tú no sales de esa casa, jamás maduraras. Tú no tienes concepto de lo que es el valor del dinero...
- ¿A eso le llamas madurez?  

 

 

Fuimos a buscar un departamento. El estaba muy  contento.
Lo dejamos reservando y al otro día teníamos que  ir a pagar una garantía.

Por la noche fuimos con él al ver a mi hermano que se presentaba en un concierto tocando el piano.  Me emocionaba tanto al verlo que Martín notaba lo duro que se me hacía el ver a mi hermano y no poder ni abrazarlo. Mi hermano no sabía de mi existencia.

Martín me tomó de la mano - Algún día estarán los dos juntos, no sufras por eso. Por el momento me tienes a mí.

Después del concierto, había quedado con Nicolás en darme una escapada para irme a la discoteca.

Al salir del teatro le dije tristemente:
- Martín, me siento mal por el hecho de haber visto a mi hermano, me voy para mi casa.
- Esta bien... Nos vemos mañana.


- ¡Al fin me libre de este! - Pensé.

Al llegar al Escocés y saludar con Nicolás noté que una mano aparte de la mía se extendía y le saludaba:
- ¡Hola! Soy Martín... Mucho gusto ... 

- Nicolás, te presento a Martín - dije fingidamente y Martín sonrió.


- ¡Encantado de conocerte. Francisco me hablado mucho de ti.
   Son tan buenas referencias que él me ha dado que te invito a que vayamos a la discoteca.

Enseguida le di una patada por debajo de la mesa a Nicolás y con mis ojos le dije que no, pero fue tarde.

- ¡Muchas gracias! - Contesto Martín.

 

Antes de entrar a la discoteca me dijo:
- ¡Francisco!... Sé que tus amigos no saben que somos pareja, pero yo quiero que sepan porque me da miedo entrar a este lugar. Quiero que estés junto a mí y que nadie me moleste.

De nada sirvió decir que los dos éramos pareja. Esa noche Martín recibió todo tipo de propuestas y como le vieron que era carne nueva,  varios anduvieron detrás de él.

Martín no aceptó ninguna invitación y no quiso separarse de mí. Hasta que Nicolás le invitó a bailar.  Martín aceptó después de consultármelo.                                                                 

Me quede parado en un rincón. No tenía ganas de bailar y tampoco pude apartar mis ojos de Martín porque conocía  como funcionaba la gente en ese lugar.

Nicolás poco a poco se le iba acercando, mientras que Martín trataba de separarlo lentamente con sus manos. Hasta que Nicolás se acercó  y  puso su mano sobre la bragueta de Martín tratando de agarrarle los genitales.   Ese momento me acerque y dije a Nicolás
 - Voy a bailar con Martín.

Nicolás se retiró y Martín  suspiró aliviado.

-¡Gracias a Dios que viniste!... Ese tipo quería agarrarme  los huevos.
- Y tú estabas a punto de permitir que te los cogiera  - Le reclamé.
- ¡Este momento nos vamos de aquí! - Ordenó enfadado.

A la salida de aquel lugar Martín estaba contrariado y me dijo:

- No entiendo  con qué clase de amigos te llevas.
   Lo único que pude notar en ese ambiente es que ustedes son muy promiscuos.
- ¿Y acaso los heterosexuales no lo son?
- ¡No tanto como ustedes! - Dijo enfurecido.


- La diferencia es que los heterosexuales pagan por sexo, nosotros no.
- Pero aquí tú no puedes encontrar un amigo sincero.
- Este es un lugar que tan solo vengo para divertirme, no vengo para más.
- Si es así como funcionan las cosas, te digo que no quiero ser para nada gay.
   Mientras tú frecuentes este tipo de  ambiente, jamás saldrás del lodo.- y luego ordenó:
- ¡No te quiero volver a ver más con tus amigos gays! Los detestó.
- ¿Y  acaso tú no eres gay?
- ¡Yo no soy gay!- Dijo enérgicamente.


- Martín, has estado este último tiempo conmigo. Has dicho que me amas, me has besado y   dices que no eres gay.
- No soy gay - Respondió enfáticamente - Me gustan las mujeres, y cuando he tenido relaciones sexuales con hombres las he hecho de activo.

Me quede ileso - Jamás me he acostado contigo - le dije sorprendido por aquella revelación y él respondió.
- He estado con los travestíes a quienes les he llevado presos.

Sentí que se me estremeció la piel. Respiré profundo y le dije: 
- Realmente... No eres gay -  aparentando darme por vencido. 
- ¡A la final!.... Comprendiste.- Dijo en tono altivo.
- Sí... al  final entendí que no eres gay... ¡Eres una loca  tercermundista!

Martín se alteró y me volvió a repetir furioso:
- No soy gay, porque los gays no pueden tener hijos y yo voy a tener uno.
   Los gays no pueden casarse  y yo me voy a casar  con la madre de mi hijo.

- Eso no lo sabía - Le dije tristemente.


- No quise contártelo, ni siquiera mis padres lo saben. - Dijo seriamente.

Después de  quedarme en silencio por un corto instante le supliqué:  
- ¡Aléjate de mi vida!... No quiero saber nada más de ti.
   Realmente tú estás más enlodado que cualquiera de nosotros.

Inmediatamente su actitud cambió. De altivo y arrogante paso a ser sumiso.

- Francisco... No quise herirte, pero entiende.
  Necesito casarme para poder ascender de rango.
  Yo amo mi profesión y no tengo otra alternativa. Mi profesión me lo exige.
  Yo deje  embarazada a esa mujer antes de conocerte.
- Martín, déjame solo.- le supliqué.
- ¿Por qué?... Francisco... ¿por qué?
   Yo te amo.... ¡Intentémoslo!....
   Mañana  iremos al departamento, pagaremos la garantía y viviremos juntos.
- Y luego tú te irías con tu esposa.
- ¡Entiende! - me dijo fuertemente - tengo que hacerlo por salvar las apariencias.
- No quiero ese tipo de relación en mi vida.
  Yo amé a un hombre y no quiero volver amar a nadie más.
   Martín, ¡entiende!  Yo contigo no crezco.

Martín guardó silencio y lágrimas empezaron a salir de sus ojos.

- ¡Francisco!... Si quieres, no me caso.
  Diré a mis amigos que eres mi primo y viviremos juntos.
- No es eso.... Mientras que tú no te definas, no podremos vivir juntos.
- ¡Intentémoslo!...
- No.
- Francisco... ¿Por qué te niegas a ser feliz? - me preguntó casi llorando.
-  La felicidad para el gay es efímera - Le respondí.
-  Para todos… -  Suspiró  - Para todos.

Martín me observó a los ojos fijamente. En mis ojos no había ni una sola lágrima.
Era el hombre más duro ante él.
 
- ¿Cuál es tú última decisión? -  Preguntó.
- ¿Acaso no entiendes que significa la palabra "no"?. - Le  grité con iras.

El cambio de tono y me dijo furioso - No te quiero volver a ver más en mi vida y lamento haberme enamorado de un niño como tú.

Martín se dio la media vuelta y lo vi alejarse. Respiraba profundo tratando de contener mis emociones.

Caminé solo hasta  llegar  al bar gay.
- ¿Te sirvo una cola? - Me preguntó  la “amable” señora.
- No. Esta vez quiero cuatro vodkas.

Otra vez me quedo viendo con cara de espantada y dijo:
- ¡Qué tipo tan raro!
- ¡No te entiendo! - le respondí casi derrotado.
 

 

 
ANESTESIA  EMOCIONAL 

 

 

 

Un viernes, al terminar mi desayuno, Madre Magdalena me preguntó:

- ¿Has leído el periódico?
- No, para nada.
- Tú hermano murió.

Sentí un frío que me invadió por todo cuerpo. Tenía una sensación dentro de mí de esas en las que uno no sabe cómo reaccionar.

- Murió ayer. Ahogado en un río tratando de salvar a su perro.

Mientras madre Magdalena me estaba explicando cómo fueron  los hechos de su muerte. Sentí un dolor profundo en mi corazón.  Me dolió tanto el haberlo perdido pero no lloré. 

Esta vez trate de ser duro. Fui a trabajar y bloqueé mi cerebro. Risas y bromas con mis compañeros de trabajo.  Incluso leí la noticia en el periódico, pero seguí en un estado de coma emocional.

A la noche me encontré con Julio en el Escocés. Al ver mi rostro preguntó:

- ¿Qué te pasa?
- Tengo todas las ganas de emborracharme.
- Ya sé lo que te pasa. Ya me contaron que Martín terminó contigo.

Julio puso su mano sobre mi hombro y me dijo -  Es por eso que yo no me enamoro, ni nunca me enamoraré. En este ambiente es preferible estar solo. Todos los hombres somos iguales.

Luego me dio un apretón con su mano y tratándome de dar ánimos me dijo:

- ¡Francisco!... No quiero verte así... ¡Vamos a la maricoteca!... Bailaremos y nos olvidaremos de todo esto.  No quiero que te vayas a tu casa y te encierres allí.
Conozco lo melancólico que  eres.

Al entrar en  la discoteca mis ánimos cambiaron totalmente al ver que Matías estaba allí. 
Veía a Matías en el momento en que menos deseaba verlo.

Jonás se acercó y  preguntó:
- ¿Conoces a aquel hombre que está allí con su pareja? - Y  señaló hacia el lugar donde estaba Matías.
- Lo conozco de vista.
- Pues parece que él a ti no te conoce tan solo de vista. El otra vez estuve en su casa y me habló de ti.  Me dijo que tú nunca tendrás pareja porque nunca amarás a otro hombre tanto como lo amaste a él.
- ¡Matías está tratando de volverme loco! - Le dije impresionado por aquella aseveración que no la entendía.

Reuní a Benjamín, Nicolás y Julio y les pregunté:

- ¿Les gustaría ser espías?
- Ya va... -  dijo Benjamín renegando.
- ¿A quién hay que matar? - Preguntó inmediatamente Julio
- Voy a matar a uno con la indiferencia - Contesté.
- ¡Ay !... Toda la vida soñé con ser Mata Hari y acostarme con  los del Jet set. - dijo Nicolás.
- ¿Ven a aquel que está allí con su pareja? - y señalé hacia Matías.
- ¿Qué pasa con ese hombre tan serio y aburrido? - Preguntó Nicolás.
- Gracias a su madre, la  mía se entero que soy gay y tuve que salir de casa.

Luego empecé a darles las instrucciones:
 
- ¡Benjamín!... Tú vas a fingir ser mi pareja y mientras puedas, disimuladamente mira sus ojos.
- ¡Nicolás!... Mientras bailas no apartes la vista sobre él.
-  Y ¡Julio!...Tú te colocas junto a él, te haces el disimulado. Bebes suavemente un trago...
   Admiras el ambiente pero tus oídos estarán atentos a todo lo que él diga y míralo de reojo para ver sus  reacciones.

Ese momento le quité el trago que tenía Nicolás en su mano y me lo bebí de una sola.
- Es para adaptarme a este ambiente aparentemente tan divertido - le dije  mientras que Nicolás me veía anonadado.

Mientras bailábamos "Piel Morena" con Benjamín. Nicolás se acercó hacia mí y dijo:
 
- Matías se acaba de ir.

Fui hacia donde estaba Julio.

- ¡Francisco!... Tú eres demasiado cruel con Matías. Yo miró a  sus ojos y veo que él te ama. Pero eres totalmente indiferente y  con tu indiferencia estás logrando tu propósito. Es como si él hubiese muerto para ti.

Cada vez que tú besas a Benjamín puedo notar claramente que él siente que le estás clavando un puñal.  El trata de fingirlo pero no puede. Con tu actitud lo estas matando.

Para tranquilizar los ánimos de Julio le dije:

- ¡Mira!... El que está con pareja es él. Yo, no.
- Cuando estuve junto a ellos, su pareja le reclamó diciéndole
   "¿Por qué sufres tanto por Francisco, si él no tiene ningún interés por ti.
El está allí feliz puteando mientras que tú aquí sufriendo.
   ¡Ya deja de sufrir por él!  El no vale la pena.

Matías le dijo - Yo te fui claro... Acepté ser tu pareja pero tú sabes que amo a Francisco

- ¡Pero él no te ama a ti! -  Le aclaró su pareja y se fue furioso.  Matías tan solo te quedo viendo con su cara de tristeza y se fue. 
   ¡Francisco!... ¡No te entiendo!... ¿Por qué actúas así?
- Yo tampoco entiendo a Matías. El quiso separarse de mí  y ahora dice que me ama.
- No hace falta que lo diga. Se le nota en sus ojos.- dijo Benjamín.
- ¡Ya no soporto este juego! - Les dije cansado.
- ¡Sabía que era un juego! - Exclamó Julio.
- ¿De qué juego me hablas?
- Tú no fuiste pareja de Matías.
-  Lo fui en otra vida…
-  Pero en esta, no - me retó.
- ¿Cómo lo sabes?
- Jamás me lo contaste y él es un muerto en vida... No soportarías a alguien así.
  A veces pienso que tú le haces creer que lo amas para herir su vanidad.
- ¡Ese es precisamente el juego!

Cristian un buen amigo de Matías se acercó hacia mí.

- Estoy cansado, no he conseguido nada. Creo que mi táctica ya no funciona.
- ¿Les sigues tratando de conquistar diciéndoles  "Eres  el hombre más guapo que he visto esta noche y te voy amar por siempre. Luego te acuestas con él y  al otro fin de semana ¿dices lo mismo a otro?
- Sí.
- Esa táctica ya no funciona.
- Pero dime de qué otra manera puedo conseguir pareja.
- Primero divórciate de tu esposa.
- Si me hubieras aceptado como tu pareja,  ya me hubiera divorciado.
- No creí nunca en tu táctica. Hubiera preferido que me digas directamente:
¿Quieres acostarte conmigo?
- ¿Quieres acostarte conmigo?
- Mejor llévame a casa.

 

 

Al siguiente día a la hora del almuerzo, Cristian me llamó:

- Matías me acaba de llamar, se enteró que salí contigo anoche y lo primero que me preguntó es que si habíamos hecho algo.
- ¿Y tú qué le dijiste?
- Que no paso nada, que somos buenos amigos
- ¿Y por  qué él quería saber eso?
- No sé... Creo que por protegerme de ti.
- ¡Protegerte!... ¿De qué? Si tú no eres ningún santo - y me reí.
- Matías me dijo que me cuide mucho de ti. Que tú eres malo y le has hecho mucho daño.
Y que pesar de que los dos nunca fueron nada. Le haces y le seguirás haciendo daño.
Además  me aseveró que realmente no te conoce.

Ese momento casi me puse pálido y me exalté.

- ¿Cómooo?... ¡Qué no me conoce!  
- ¡Que no te conoce! Yo en cambio si lo conozco y demasiado bien - Me dijo presumiendo.
- ¿En qué aspecto?
- Matías es un hipócrita. A pesar de que  tiene pareja, anduvo como loco  insistiéndome.

Cristian  sonrió y  dijo: -  Matías y tú ya tienen algo en común.
- ¿Qué?
- Que los dos se acostaron conmigo.
- ¡Gracias por la puñalada!
- De nada querido...pero es una pena que los dos se traten así porque yo creo que los dos se  aman.
- ¿Por qué?
- Porque el amor es un juego en el cual dos tontos juegan a hacerse daño.
- El único tonto aquí soy yo. ¡Gracias por avisarme!
- De nada querido...

 



Al sentarme a la mesa, Madre Magdalena estaba enojada con Marcos porque él había llegado borracho al amanecer y le dijo:
- ¡Mira Marcos!... Toma como ejemplo a Francisco. Él no toma, no fuma, no tiene vicios. Es un hombre tranquilo. ¿Por qué tú no puedes ser igual a él?
- ¡No quiero ser zanahoria! Francisco no toma, ni fuma, ni le gustan las mujeres - dijo Marcos.
- ¡Acertaste una! - Le dije felicitándolo.
- ¡No puedo creer que seas maricón! - me dijo Marcos.
- ¡Eso es antinatural! - exclamó Padre Marco.
- Es tan solo una elección - dijo Madre Magdalena.
- Eso no está bien visto ante los ojos de Dios - replicó Padre Marco.
- ¿Por qué tuve que hablar? - Me reclamé a mí mismo.
- Pues dile a Dios que se vaya adaptando a verlos, porque yo en la Iglesia he conocido a muchos - Le dijo Madre Magdalena.
- Pero ellos nunca podrán ser felices.- Dijo padre Marco mientras que mis nervios estaban de punta.
- ¿Y qué es para ti la felicidad? - Le reclamó Madre Magdalena.
- Es amar, ser fiel  y servir a los demás.
- ¿Qué es para ti la felicidad? - Me preguntó Marcos.
- Sin comentarios...
- Para mí es tener dos buenas peladas y chupar con mis amigos.- dijo Marcos riéndose.
- ¡Eres un salvaje! - Le dijo Madre Magdalena.
- Así soy feliz - acotó Marcos alzando sus hombros y riéndose.

 


Después del almuerzo fui a mi casa tratando de poner mi cabeza en orden. Al llegar la noche empecé a sospechar lo peor.

Llamé por teléfono. 

- ¡Buenas noches! - Contestó Gulnara.
- ¡Buenas noches!  Le habla Francisco
- ¡Hola Francisco!- Saludó amablemente y como era tan directa preguntó:
- ¿Qué quieres?
- ¿Quisiera saber qué daño le hice para que usted me cause tanto mal?
- ¡No sé de qué me hablas!...No te he visto, ni he sabido de ti por estos últimos siete años
   y a pesar del tiempo sigo siendo tu madre porque fui yo quien te crío.
   Tú no tienes idea como duele saber que andas diciendo que no soy tu madre. 
- Pero una madre no hace lo que usted me hizo.
- Francisco... Yo hice buenos planes para tu futuro. 
  Tener una buena casa para ti y  tus hijos.  Pero ves, eso no sucedió.
   Hoy estoy sola. Vivo aquí con mi madre, pero me siento sola.
  Tu abuelita se volvió carismática y ahora las dos nos hemos entregado a Dios.
- ¡Milagro!  Dos brujas se convirtieron en carismáticas - Pensé.

- Matías, le envió saludos,- Le dije
- ¿Quién es Matías?
- Es aquel que su madre habló con usted y le dijo que éramos amantes.

Ella permaneció en silencio por un momento fingiendo que estaba tratando de recordar.
- No conozco a ningún Matías - me dijo enfáticamente como si esa tranquilidad y paz que Dios le había dado, estaban siendo abandonadas.
- Matías y yo hemos sido pareja por siete años.
- A veces uno no entiende los designios de Dios - me dijo ella extrañada y a través del teléfono podía sentir que se estaba poniendo preocupada.
- He conversado con su madre y ella me ha dicho que nunca habló con usted, que realmente no la conoce.
- Yo jamás te he dicho que la madre de Matías haya hablado conmigo. ¡Yo no la conozco! - respondió rápidamente.
- ¡Acabo de entenderlo todo! - Le dije casi dándome por derrotado.

- Ahora sí creo que usted me entiende la pregunta que le hice al iniciar esta conversación.
   "¿Qué daño le hice para que usted nos hiciera tanto daño?"

Tan solo pude escuchar un suspiro al otro lado del teléfono.

- ¿De dónde sacaron el nombre de él?- le pregunté.
- Detectives - respondió ella.

Ese momento se me heló la sangre y no quise seguir hablando.

- Adiós.
- ¡Que Dios te bendiga!

Al colgar el teléfono tan solo pude decir - ¡Maldición! - y caí en el suelo derrotado, sin saber qué hacer.  Alcancé a ver sobre mi escritorio la foto de mi hermano y en ese momento volví a la realidad al darme  cuenta de como funcionaba la vida y exploté en un mar de lágrimas.

Lloré  por todo lo que me había pasado. Lloré por todo y por todos. Lloré por mi vida misma,  por Matías y sobre todo  por aceptar la dura realidad de que mi hermano estaba muerto. Lloré tanto, que me dolió hasta el alma.  Fue tanta la energía reprimida que salió que las llaves de la casa que estaban todavía en mis manos se habían doblado.

Me empecé a sentir mal. Mis manos empezaron a temblar sin control. 

De pronto sentí estiramientos en todo mi cuerpo y una especie de convulsiones momentáneas.  Mi cuerpo empezó a enfriarse.  Mi corazón empezó a latir tan rápidamente que parecía que se me iba a salir del pecho.  Mi respiración se volvía cada vez más difícil. Sentí que me iba debilitando.

Cada vez se me hacía más difícil moverme. Sentí que me iba a desmayar y esta sensación paso a ser una sensación de muerte  y en esos momentos la muerte era mi mejor aliada.
No la temía. Deseaba morir así, quedarme dormido y no despertar jamás.

A pesar de esa sensación de muerte, sentí que debía pedir ayuda y estaba solo.
Mi casa quedaba lejos de la casa principal.  Fui caminando hacia allá y lo que normalmente me demoraba unos cinco minutos. Esta vez me demoré horas.
No podía caminar normalmente y tenía un fuerte dolor en el pecho.

Al llegar a la puerta de la casa principal, apenas tuve fuerzas para  tocar el timbre y caí desmayado.

Al poco tiempo, me vi a mí mismo. Vi que estaba tirado en el suelo como si fuere un borracho durmiendo en la grada inferior de la puerta. 

Había gente que pasaba por mi lado, pero nadie me hacía caso. Era un mundo paralelo.
Veía como esa gente caminaba y atravesaba las paredes de la casa.
Ese momento me di cuenta que estaba muerto.

"Esta es la dimensión de aquellos que quieren seguir muertos. Son aquellos que tan solo escuchan lo que quieren escuchar y ven solamente  lo que  quieren ver. Es la dimensión de los que se aferran a las cosas, a las circunstancias y a las personas. Es la dimensión de los que no entienden que Dios no es un dios para los que están muertos. Si no vieron a Dios en su creación, jamás verán a Dios después de la muerte.  Esta es la dimensión de los muertos que no se quieren dar cuenta que están muertos". - Dijo una voz.

Regresé a ver hacia atrás mío y había un gran túnel con una luz al fondo y de pronto sentí  viajar a una gran velocidad  a través de aquel túnel  que sin ningún control sobre mí mismo.

Cuando llegué al final del túnel,  algo me detuvo. No sentía miedo y quise atravesar aquel espacio en que dividía la luz de la oscuridad,  pero  había una barrera invisible que me impidió pasar. Escuché una voz  suave y dulce de un hombre que me dijo:
-  Todavía no es el momento. ¡Tienes que regresar!

 

Al terminar de escuchar aquella voz, otra vez  volví a viajar por ese inmenso túnel lleno de oscuridad. Aquella luz cada vez la veía más lejana y se iba haciendo un punto pequeño de luz en el infinito. Sentí como entré de nuevo a mi cuerpo y fue como si una fuerte descarga eléctrica me era dada. Mis ojos se abrieron. Ese momento, una religiosa abrió la puerta.

- ¡Francisco!... ¿Qué haces tirado en el suelo a estas horas de la  madrugada?
- Madre... ¡Estoy mal! ...Siento que me muero.

 

Las monjas me llevaron a la clínica. Al hacerme todos los análisis del caso, el doctor que me trataba me dijo admirado:
- ¡No entiendo realmente como tú puedes estar vivo!
   Según los resultados de los exámenes  que te hice, 
   tú deberías haber muerto hace cuatro    horas.

 

 

¿CREES QUE LO NUESTRO SEA PECADO?

 

 

Después de que me recuperé.  Envié a Matías un cassette con música especial para él  por el día de su cumpleaños   y una carta en la  que le pedía perdón por el daño que le había causado. En aquella carta le decía que si él me perdonaba  y quería empezar una relación conmigo, le esperaba el viernes noche en la discoteca. Justo el día de su cumpleaños.

El viernes fui a la discoteca y esperé a Matías hasta que se hicieron las tres de la mañana, pero él no apareció.  Pensé que no me había perdonado y que tampoco quería nada conmigo y le di toda la razón.

Como estaba con varios tragos encima del despecho me dije - ¡Esta noche me voy con el primero que encuentre!

Como tenía por política nunca hacerme ningún contacto en la discoteca porque generalmente allí existía el denominado "correo de brujas", donde todo lo que uno hace, el resto se entera con la mayor celeridad posible, que los chasquis nos quedaban cortos.

Decidí que era mejor salir hacia la avenida Amazonas donde pasaban autos con algún hombre que quería tener una aventura a la madrugada.

No cumplí con aquella promesa de acostarme con el primero que encuentre. Estaba despechado pero no había perdido mi capacidad de elección. Mientras fui caminando por aquella avenida unos cuatro vehículos se pararon, pero a mí no me gustaron sus conductores y seguí caminado. 

Cuando llegué al final de la avenida, pasó un automóvil azul. Un hombre adulto y  parecido a David  Copperfield, me quedo mirando.   Me hizo señas con su dedo de que se parqueaba en la esquina siguiente. Caminé hacia el lugar donde él estacionó su auto y al acercarme, él quitó el seguro de la puerta y me invitó a subir.

 

- ¡Qué tal! - Saludé.
- Hola... ¿Qué haces?
- Estoy esperando a que amanezca, para luego irme a casa.
  Soy pobre y vivo lejos.- le dije riéndome.
- ¿Qué tan lejos?
- En el valle.
- Entonces no eres pobre pero realmente sí vives lejos.
- Me llamo Mauricio, soy gerente de un banco.- Dijo con su voz varonil.
- Soy Francisco, trabajo para una financiera.
- Ring , ring, - sonó su celular. Mauricio lo apagó de inmediato. - ¡Me tienen  vigilado! 

En su dedo anular de la mano izquierda llevaba dos anillos. Uno era un aro de compromiso.

- ¿Eres casado?
- No - Contestó seriamente. - ¡Es tan solo un adorno! - me dijo enseñándome el aro que llevaba puesto.

El estacionó su auto y no quiso seguir más con nuestra conversación. Se quedo callado y le noté que estaba un poco nervioso.  Daba la impresión que era novato en el ambiente. Luego que se armó de valor y dijo con  tono receloso:

- ¿Puedo hacerte una pregunta indiscreta?
- Sí, no hay problema.
- ¿Eres gay?
- Sí
- ¡No lo pareces! - Dijo mirándome fijamente.
- ¿Y cómo te imaginas que somos los gays?
- No sé, pero he visto varios en esta avenida. Se los ve afeminados. 
  ¡No creo que tú seas gay!
- ¡Soy gay! - Le insistí.
- ¡Demuéstramelo!

Pasé mi mano sobre su cuello y le di un beso en la boca. Tan solo basto eso para que Mauricio explote.

Era como si hubiese estado reprimido durante mucho tiempo, como si él ansiase por dentro tener una primera vez y se desató la pasión.

En medio de besos y abrazos y una excitación a punto de estallar, escuchamos unos golpes en  la ventana.

Ese momento y a causa del susto, los dos  nos separamos inmediatamente. 
Al ver hacia la ventana nos dimos cuenta  que afuera estaba una señora indígena con su hijo.

- Señor... ¡Cómpreme una flor para su amigo! - Le dijo ella a Mauricio.

El abrió la ventana, compró una  flor y me la regaló.

Tan solo observaba la cara de espanto de la criatura que tenía unos cinco años de edad y que estaba despierto trabajando con su madre  a la madrugada y me empecé a cuestionar.
- ¡Dios mío! Yo gasto mi dinero en una discoteca, mientras que otros no tienen ni siquiera para comer.

Ella al tomar el dinero se fue caminando con su hijo.  

- Es la única manera de que nos dejen en paz. - Dijo Mauricio.

Seguimos dando rienda suelta a la pasión y de tanta pasión no nos dimos cuenta de que un vehículo se había estacionado junto al nuestro. Nos habían estado observando. Otra vez nos separamos tratamos de fingir que no pasaba nada, pero al mirar hacia el otro auto me di  cuenta que era demasiado tarde. Un amigo de mi trabajo me estaba acusando con el dedo.

- ¿Quién es él? - Preguntó Mauricio.
- Un amigo de trabajo.
- ¡Te cagaste!
- No te preocupes. Si él va donde el gerente a avisarle que soy  gay, no pasará nada.
- ¿Por qué?
- Porque el gerente también lo es.

El auto se fue y la pasión terminó. Mauricio me volvió a dejar en la discoteca.

- Francisco... ¿A dónde te fuiste?  - me preguntó Julio
- No tienes idea, conocí a un hombre guapísimo, que se me pone la piel de gallina solo de  recordar lo que hicimos.
- Ya me imaginaba - Me respondió Julio-  ¡Te has vuelto un puto!
- Y en este ambiente... ¿Quién no lo es?
- Todos, querido, todos.
- Si fuera mujer, hubiera sido puta - dijo Nicolás.
- Si fuera heterosexual, me hubiera aburrido - dijo Julio.
- ¡Qué viva la putería! - grito Nicolás.
- ¡Qué viva! - Respondimos todos.
- ¡Y que viva la fiestita! - Gritó Julio.
- ¡Qué viva! - Respondimos todos al unísono.

- Francisco, la vida es una sola y hay que disfrutarla. De la manera en que nosotros nos divertimos, no hacemos mal a nadie.  Me alegra saber que la has pasado bien.- me dijo Julio pasando su mano sobre mis hombros mientras que seguíamos bailando el himno gay a nivel mundial.  "I will survive" de Gloria Gaynor.

 

 

 

A la tarde del siguiente día me llamó Cristian.

- Francisco...¿Fue Matías a la discoteca ?
- No. ¿Por qué me lo preguntas?
- Su pareja lo está buscando. Ayer fue su cumpleaños y no paso con él.
- ¿Llamaron a casa de sus padres?
- No.
- El está allí.
- ¿Cómo sabes tú eso?,  ¿Acaso volvieron?
- Lo he visto por la mañana.
  El estaba llorando escuchando "Al borde" de Crucks en Karnac.
  Mi tema favorito.
- Francisco...
  ¡Eres un desgraciado! Sabes que Matías tiene pareja y te metiste con él -
me reclamó Cristian.
- Estuve con él, pero él jamás se dio cuenta.
- ¡No te hagas el tonto!  Te conozco. ¡Eso se llama traición!
- Eso se llama "Astral".
- ¿Queeeé?
- ¡Casabaca! sorda...
- ¡Gracias querido!  Pero no te preocupes.  No le voy a decir nada a la pareja de Matías.
- ¡Gracias por tu comprensión!  Yo tampoco le diré que estuvo contigo.
- Mejores me callo...

Pocos días después, mientras estuve comprando en el supermercado noté que un hombre me esquivó la mirada  y se dio rápidamente media vuelta  hacia el estante, era como si tratase de evitarme.

Era Mauricio y junto a él iban dos niños y estaba acompañado de una señora.

- ¡Este es casado! - Pensé  - y al ver que su esposa era una gorda, pequeña y fea me dije a mí mismo.  - La suerte de la fea,  el bonito la desea.

 



 

Pasaron dos meses y recibí una llamada de Mauricio.
 
- Francisco, quiero que vengas a mi departamento. Tengo una botella de whisky, comemos algo y  luego conversamos.

- ¿Y  tu esposa?

El se quedo callado, y le volví a preguntar - ¿Y tu esposa?

Otra vez se quedo en silencio.
 
- Mauricio, sé que eres casado. No trates de negármelo.
- Me acabo de divorciar  y tú eres el culpable, quiero que vengas a festejar conmigo.
  ¡Al fin me libre de esa bruja! - Me  dijo riéndose.
- ¿Por qué los hombres casados que han estado conmigo me echan la culpa de sus divorcios?
- ¡Eres el terror de las mujeres casadas! - me dijo burlándose.

 

 

Mauricio había rentado un departamento elegante y lo había decorado con buen gusto.

Conversamos de todo un poco, sobre todo acordándonos de los viejos tiempos cuando éramos cadetes en la Academia Militar Ecuador.
Mauricio había estudiado en la Academia 10 años antes que mí.

- Fui a buscarte unas tres veces a esa discoteca, pero jamás te encontré.
  No me  gusto para nada ese lugar.
- ¿Por qué?
- Ese lugar no es para mí.  ¡No es de mi status! A mí no me gusta que vayas a ese sitio.
- Voy solo a bailar.
- ¡Hipócrita! - Me dijo en tono fuerte - Es muy difícil creerte, porque allí todo el mundo está que le come a uno con los ojos. Los gays allí son enemigos de los  propios gays. 
No iré por allá jamás.  Los homosexuales que tenemos clase no vamos a ese tipo de lugares.

 

 
Por conservar su prestigio Mauricio pasaba toda la semana con  una supuesta novia que se consiguió  y la llevaba a todas las reuniones sociales con sus amigos heterosexuales.

Los fines de semana Mauricio  salía con su grupo de amigos y con ella a bailar en una de las mejores discotecas de la ciudad.  Luego de ir a dejar a su supuesta novia en casa, pasaba recogiéndome por la avenida Amazonas a las dos de la mañana, luego que yo salía casi borracho de la discoteca.

 

 

- ¡Hola Francisco! - me saludó Mauricio alegremente y ponía su mano apretándome la pierna y luego me daba un beso.
- ¡No tienes idea la alegría que me da verte! Un día de estos me han de asaltar.
- Cómo siempre... ¡Estas borracho!
- ¡Cómo siempre tú también!
- Lo importante es que cuando estamos juntos, tan solo somos tú y yo.
   En este corto  tiempo que pasamos juntos... Tú vas a serlo más importante del mundo para mí y yo lo seré para ti. Este tiempo lo aprovecharemos al máximo. Conversaremos, comeremos, veremos el amanecer y...
- ¿Y... ?
- Y en este rato me declaro un insensible ante el resto del mundo - Gritó Mauro mientras que en la Radio Sting cantaba  "Its Probably me".
- ¡Este es el Himno de los gays que frecuentan lugares de ambiente! -  Dijo.  

Mientras estábamos abrazados en el sofá de su departamento escuchando a Caetano Veloso cantar  "pecado".  Mauro me preguntó:

- ¿Crees que lo nuestro sea pecado?
- Cuando estabas casado sí.

El se quedo por un momento en  silencio y apoyó su cabeza sobre mi pecho.

- No creo que algo tan bueno sea pecado - Dijo y me abrazo fuertemente diciéndome luego al oído - Te amo.
- ¡Estás borracho!        
- Tú sabes que te amo.
- ¡De qué sirve que me ames si mantenemos esta puta relación! - Le reclamé enfadado.
- Todo lo hacemos clandestinamente. No puedo hablarte en una situación normal.
  Cuando estás en el Banco me esquivas.
  Tengo que soportar amanecerme en una avenida para poder verte.

Mauricio permaneció en silencio. Dormimos juntos hasta medio día y me despedí con un beso.

- ¡Te paso recogiendo la otra semana?
- Bueno - Le respondí.

Al abrir la puerta de su departamento, su simulacro de novia  estaba afuera a punto de tocar el timbre.  Ni siquiera le saludé y me abrí paso delante de ella.  

 

 

Los otros fines de semana, no fui a hacer lo usual. No quería amanecerme más en aquella avenida.  Todas las noches veía su foto que la tenía sobre mi velador y el fin de semana solía llamar a  su casa y al escuchar su voz, colgaba el teléfono.

Después lo seguí llamando pero no contestaba ni él, ni el contestador automático y me empecé a preocupar.


Después de un mes sin verlo, me invitaron a una fiesta. Salí como de costumbre a las dos de la mañana y pasé por la avenida.  Para mí sorpresa vi que Mauricio venía caminando.

- ¡Francisco! ¡No tienes idea de cómo te he estado buscando!
  Te he llamado a tu trabajo, pero siempre me contestan que no estás.
- Es cierto, la mayoría de  tiempo paso en la calle.
  Pero también te he llamado, pero tú teléfono no contesta. 
- Francisco, lo vendí todo. Vendí mi carro.
  Ya no vivo en aquel departamento porque me voy a trabajar a Londres.
- ¿Cómooo?
- Me voy a Londres. Salgo esta mañana a las nueve y 
  por eso te andaba buscando para despedirme.
- ¿Cuándo nos volveremos a ver?
- No lo sé. Invertí capital allá y tengo que hacerlo producir.

Mauricio se abalanzó a mí y me abrazó fuertemente. También hice lo mismo. No nos dijimos nada.
 
Era primera vez que a él no le importó lo que dijera la gente porque estuvimos abrazados por  un gran tiempo.

El mundo se detuvo para nosotros. No  importó nada, ni la gente que pasaba por nuestro lado,  ni los carros que iban por la avenida.  

- Me tengo que ir. Estoy en casa de mi madre - me dijo
- Te quiero mucho y Adiós.

Mauricio se fue caminando y mientras se iba alejando me regresaba a ver, mientras que yo estaba estático observando como él desaparecía.

Después de que él se fue, sentí una soledad  abrumadora. Sentí que la vida gay era así.
Que no valía la pena enamorarse.

Me puse a caminar y un carro me paro. Me subí y tuve que ser un artista para mostrarme cariñoso con aquel hombre.  Lo único que quería era que él me deje en casa porque no tenía ni un centavo en el bolsillo y lo logré.

Mientras que él me besaba, escuchaba en la radio a Sting cantando "It`s Probably me".

Cerré los ojos y deje que él me besara aunque por dentro sentí total repulsión a lo que hacía.



 

 

LA LEY ES TAN SOLO ES PARA LOS POBRES.

 

Un hombre lloraba en televisión porque había encontrado después de treinta y seis años a su familia.

- Si usted tiene un caso similar, llame a los teléfonos que aparecen en la pantalla que nosotros le ayudaremos - Dijo el animador.

Lunes a primera hora estuve llamando al canal. Me dieron una cita a las tres de la tarde con el productor del programa.

Asistí a la cita puntualmente. Me tuvieron esperando en la sala de espera como media hora y me desesperé.

Un cantante que era  ídolo de las mujeres, pero por supuesto, ellas no sabían que él era homosexual, porque  al igual que la mayoría de gente que es conocida en TV decía  púbicamente que tenía novia,  me quedaba mirando a cada rato.

Pasó toda la media hora parando de espaldas hacia mí para que le admire su trasero, pero ese rato estaba tan nervioso,  que no hubo tiempo para coqueteos. 
El hombre notó que no le prestaba atención y se fue...

¡Al fin me entrevistaron!  Un señor gordo, de acento uruguayo, me dijo:

- ¿Cuénteme cuál es su caso?
- No he visto a  mi madre desde hace 23 años.
  Tuve una adopción ilegal, y nos separaron.
- ¿Cómo se llama su madre?
- Inés
- ¿Qué más me puede decir de ella?
- Calculo que tendrá unos 45 años y sé que ella es de Guayaquil. 
  Tengo una foto de ella, cuando era joven.
- ¿Cómo consiguió la foto?
- Madre Magdalena me la dio. Ella  conoció a mi madre.
- ¿Madre Magdalena nos puede dar alguna información sobre su madre?
- Sí - y le di el número telefónico de la casa.

Aquel productor era un témpano de hielo, anotó el número y me dijo: 
- Francisco haremos todo lo posible por ayudarle.

Nos despedimos. Había esperado media hora para una entrevista que no duro ni un minuto.

Lo primero que se me ocurrió fue: Deben tener muchos casos y al mío no creo que le den  importancia.
 

 

El Miércoles madre Magdalena me dijo:
- Francisco, llamaron del canal, tienes que ir el Sábado a las seis de la tarde.
  Van a buscar a tu madre.- y noté tristeza en su rostro.
- Aunque la encuentre, usted seguirá siendo mi madre
 


El sábado estuve en el canal. El programa se transmitía en vivo.
- Vamos a pasar los datos de tu madre para ver si asoma - me dijo el productor.

A las nueve de la noche, me llamaron y me llevaron detrás del escenario.
El tramoyista dijo:

- ¡Usted es el próximo en salir al aire!
- ¡Eso no estaba en  mis planes!- respondí con las piernas temblorosas y empecé a rezar: Padre nuestro, que estas en los cielos...

- Y aquí esta Francisco para contarnos su historia. - Dijo el animador en voz alta mientras que yo me quedaba estático.
- No se quede allí quieto... ¡Salga! - Me ordenó el tramoyista.

Respiré profundo y salí. Todas las cámaras apuntaban hacia mí y el público estaba observándome.

- Francisco, ¡Cuéntanos tu historia! - Pidió el animador.

El conductor de aquel programa era "Carlos Mata", un  cantante caribeño que se hizo famoso con el tema tropical "Derroche".

- ¡Dios mío! Si me pongo a contar mi historia  me demoraré  horas- Pensé.
- Estoy aquí porque quiero encontrar a mi madre, 
  tuve una adopción ilegal por la cual nos separaron y realmente quiero conocerla.
- Francisco, tú quieres encontrar a tu madre para abrazarla y
  decirle cuanto la quieres, incluso para perdonarla.-  dijo el animador poniendo su mano sobre mi hombro para darme confianza.

- Sí, deseo conocerla.
- Dame los datos de tu madre.

Mientras hablaba vi que en  monitor interior del escenario, estaban pasando la foto de mi madre biológica.

Al terminar de hablar, el  animador dirigiéndose a la cámara dijo:

- Señores... ¡Ayúdennos a encontrar a la madre de Francisco!
Allí la tienen en sus televisores y llamen a los teléfonos que están ubicados en la parte inferior de sus pantallas.

A mí me tomaron del brazo y rápidamente me sacaron del escenario.
- ¡Espere aquí hasta que sepamos alguna noticia! - Me dijo el tramoyista dejándome junto a los graderíos.

- ¡No te desesperes! Tú madre asomará - Me dijo una modelo. 
- ¡Te deseo toda la suerte del mundo! - Me dijo un joven que acababa de ganar un millón de sucres. Pero no tenía ganas de felicitarlo.

Hasta el final del programa no hubo ninguna noticia, salí derrotado.

 


- Francisco, ¿por qué no me lo contaste? - me dijo Julio por teléfono.
- Muy pocos lo saben - Le dije.
- Ahora entiendo porque te mandaron de tu casa. Una madre propia no hace lo que Gulnara hizo contigo.  "Aunque uno sea homosexual, una madre siempre ama a su hijo".  


 

 

Al siguiente día amanecí tan mal que ya no me pude levantar de la cama. La angustia se apoderó de mí.  No tenía ninguna respuesta sobre el su  paradero.

Al medio día mi casa se llenó de varias chicas que vivían allí  porque estaban asustadas.

- ¿Qué pasa? - Les pregunté.
- Vine a verle porque ya era casi medio día y usted no se ha  levantado todavía. 
   Toqué la ventana, pero no me hizo caso. ¡Pensé que estaba muerto!
   Es raro que usted a estas horas del día este acostado.- Dijo una de ellas.

- ¡Estoy enfermo!  Me duele todo el cuerpo.
- ¡Yo sé lo que le pasa! - Dijo con tristeza una de ellas
-  Usted está preocupado por la búsqueda de su madre.
- Es cierto... pero vayan tranquilas.

 




Esos días me transformé en un inútil. La tensión fue tanta que no podía mover ni el cuello.

Me levantaba de la cama solo para ir al baño. Tenía una preocupación bárbara.

A  cada momento me preguntaba:
- ¿Aparecerá?... ¿Y si no aparece?... ¿Estará viva o  muerta?... ¿Tendré hermanos?... ¿Ellos me querrán?... ¿Ella me amará?

Me hice  todo tipo de preguntas que en ese momento tan solo el futuro me podía dar una respuesta.

De la angustia que sentía hasta empecé a reclamarle a Jesús:
- Me diste todo,  pero no tengo madre. Mientras que tú  te dabas el lujo de abandonarla.
  Te perdías y le hacías sufrir.  ¡Creo que tu madre entiende este sufrimiento más que tú!

Al terminar mi reclamo, le dije a la Virgen:
- Desde este momento tú pasas a ser mi madre adoptiva y ya no tendremos más problemas con tu hijo. Los dos compartiremos la misma madre.
 


 

 

Los días siguieron pasando. No me podía mover de la cama. Las chicas me venían a dejar algo para comer.

No soportaba ningún ruido, ni siquiera prendía la radio o la televisión. No me levantaba por la noche a encender la luz, ni la lámpara.

Veía mi cuarto y veía el amanecer. Dormía muy poco.
 

 

- ¡Francisco!... queremos hacerle una entrevista en el canal - Me dijo una periodista.
- ¡Estoy enfermo!  No puedo mover un dedo.
- Entonces nosotros vamos para  allá.
- ¿Encontraron a mi madre?
- No sabemos nada.

La incertidumbre y la angustia aumentaron. A las pocas horas vinieron a avisarme que los del canal estaban en casa. Pedí que Dios me diera fuerzas porque no tenía ni ganas de hablar.

En la entrevista les conté todo lo que me había sucedido desde que me sacaron del convento hasta lo que estaba viviendo últimamente.

- Mañana a las seis vendrá un chofer a recogerte - Me dijo la periodista.
- ¿Encontraron a mi madre?
- No.

La angustia empezó a ser insoportable. Estaba perdiendo las esperanzas. 
La duda era la que más me abatía en esos momentos.
Otra vez, volví de nuevo a mi cama y pasé allí hasta el otro día.

 

 

Al estar cerca de las seis de la tarde me levanté. Estaba todo adolorido. Me vestí lentamente y fui donde Madre Magdalena.

- Te deseo suerte, pero en caso de que ella no asome, ¡Sé valiente y afronta la realidad!
  

Pase lo que pase, yo siempre seré tu madre.

Llegó el chofer del canal y me llevó. En el camino lo primero que hice fue pedirle al chofer que pare en una farmacia.  Compré pastillas de todos los colores y sabores para todo tipo de dolores.

-¿Sabe usted si encontraron a mi madre?
- Señor, a nosotros no nos dicen nada. Tan solo me pidieron que lo venga a ver.

Todo el trayecto estuve en silencio. La hora cero se aproximaba. 

Al llegar al canal, me llevaron por una entrada diferente a la que entra el público.

Me salió a recibir una señora muy amable que me pidió que la siguiera. 
- ¿Dónde está el baño? - Fue lo primero que le pregunté y ella me señaló el lugar.

Entré al baño y saqué todo el paquete de pastillas que tenía y me las tomé.
Estaba tan tenso que no soportaba el dolor, quería que me pase lo más rápido posible.

Me llevaron junto al graderío donde se ubicaba el público. El programa empezó a las siete de la noche.

Estaba sentado cruzado la pierna y con la mano derecha que sostenía mi cabeza.

No vi absolutamente nada. En mi mente tan solo se repetía la misma pregunta:
-¿La encontrarían?- Por más que quería salir de aquel laberinto, no podía.

Como a las nueve de la noche vino el conductor del programa y me dijo:

- Francisco... ¿Qué hicieras si tu madre está muerta?
- Estoy preparado para lo peor.
- Francisco, luego de diez minutos viene una persona al canal para darte una noticia sobre tu madre.
- ¡Dios mío!, mi madre está muerta - fue lo primero que pensé.
- Si alguien viene al canal, es para decirme que ella falleció. 
  ¡Jesús!, ¿Para qué vine?

 

Los diez minutos fueron eternos. No fueron diez, fueron veinte, fueron treinta.
En esos instantes se estaba presentando un ballet folklórico
que a mí me gustaba mucho, pero ese rato quería que desaparezcan.
 
La única esperanza que me daba era  que la persona que me traiga la noticia sobre el paradero de mi madre sea algún hermano mío o algún familiar de ella.

Por fin terminó el número del ballet folklórico. Un ayudante me tomó del brazo y me llevó hacia el  escenario.  El público me dio ánimos. Ellos estaban seguros que la iba a encontrar.

Después de la publicidad, salimos al aire. - Francisco... te tengo una gran sorpresa.- me dijo el animador y me tomó del brazo. - ¡Tu madre está aquí!

En aquel instante me quede mudo. Vi hacia la puerta donde ella debía salir y apareció una señora pequeña, gorda y morena. No se parecía para nada a la foto que  yo tenía.


-¿Acaso ella es mi madre?

La señora se escondió detrás de la puerta. Luego vi que salió por la puerta una mujer rubia, blanca, muy bonita y elegante.

Para mí ella era hermosa, tenía lágrimas en sus ojos y su rostro expresaba felicidad, venía con sus manos aplaudiendo de la emoción, luego juntaba sus manos agradeciendo a Dios el haberme encontrado.

 

Ella se aproximó hacia mí y me abrazó fuertemente y también la abracé. Sentí que el corazón me latía a mil. Ella me besaba mientras que apoyé mi cara en su hombro tratando de ocultar mi rostro porque tenía varias cámaras enfocándonos y dos estaban muy cerca de mí.

- Hijo te amo. ¡Siempre te he amado! - Me dijo ella al oído.


Eso fue lo más bello que pude haber escuchado en toda mi vida.

Nos separaron y nos pusieron frente a las cámaras.
El animador me decía - Francisco habla... ¡Cuéntanos lo que sientes! 
Pero no pude  hablar. No podía decir absolutamente nada.

Estaba seguro que si no hubiese sido tan fuerte, ese momento me hubiera dado un infarto.

Ella habló:
- ¡Gracias a Dios y a ustedes por haberme devuelto a mi hijo!  
   Siempre ore pidiendo a Dios que no me deje morir sin volverlo a ver.

 Ella me tomó de las manos y me dijo:
- Francisco, este momento te vas a casa conmigo porque tus hermanos te esperan.
Tienes tres hermanos y están allí con mi  familia esperándote...

Ese momento casi me muero de la emoción. Nuestro encuentro televisado terminó y pasaron hacia la publicidad.

Al ver a mí alrededor pude captar lo que estaba pasando en ese lugar.
Todos, excepto el productor del programa, estaban llorando.

Agradecí a todos por la ayuda que me dieron. Los del canal nos abrazaron y nos desearon lo mejor. Luego salimos.

 

 

En la calle nos esperaba un auto con un chofer. En el auto, ella me agarró fuertemente de mi mano y se le notaba que estaba muy contenta.  Lo primero que noté es que los dos nos tuteábamos y eso me dio mucha confianza porque con Gulnara tuvimos un trato diferente.

En el trayecto del canal hacia su casa  ella me dijo: Yo te dejé con las madres porque ellas te querían mucho y tú pasaste a ser el mimado de la  comunidad. Tú  nunca quisiste vivir conmigo aunque yo te visitaba todos los fines de semana. Cuando tú ya tenías cinco años, te fui a visitar y me encontré con que tú no estabas. Contrate detectives para buscarte. Las madres no me querían dar ningún dato sobre tu paradero. Me decían que tú estabas muy bien con una familia en España.

Los detectives me decían que andabas por diferentes partes del mundo hasta que me dijeron que te encontrabas aquí en Ecuador.  Fue tan difícil buscarte, que cuando ya teníamos alguna pista tuya, esta se desvanecía. Casi me vuelvo loca.

Cada vez que pensaba en ti me ponía a llorar. No sabía como estabas. La angustia se apoderó tanto de mí que incluso caí en las drogas.  Dios me ayudo mucho, me volví evangélica y conocí a Jesús.

El escuchó mis oraciones y el hecho que estemos juntos tú y yo juntos es un milagro.
Hace quince días todas las comunidades cristianas de Quito se pusieron a orar pidiendo a Dios que tú aparecieras,  y mira… ¡Dios me hizo el milagro!

Al llegar a su casa había mucha gente que estaba esperando en la calle. Todos estaban deseosos de conocerme y salude con la mayoría de ellos aunque no sabía quienes eran, me imaginé que eran amigos de la familia.
 
Al entrar, un joven trigueño de unos veinticinco años salió  a recibirnos y se abalanzó a los brazos de mi madre. 

El estaba llorando y le saludo - ¡Mami querida!
- Después  vino hacia mí y me abrazó  fuertemente.

Para mí fue una sensación nueva. Estaba por primera vez abrazando a un hermano que nunca antes lo había conocido.

En la sala de la casa estaban varias personas y se pusieron en fila para irse presentando una por una.  Cada una  me abrazaba y luego se presentaba:

- Hola, soy tu tía de Loja...
- Hola, soy tu abuela...
- Hola, soy tu sobrina de Guayaquil...
- Hola, soy tu prima Baños...
- Hola, soy tu tío de Ibarra...
- ¡Qué familión! - exclamé.

Los saludos continuaron hasta que vi a una pequeña de unos ocho años acercase a mí, me imaginé que era alguna hija de algún nuevo pariente mío. Ella me abrazó fuertemente, me dio un beso y me saludo - ¡Hola! Soy la vecina de al lado.

De pronto vi que una mujer joven de unos veintiséis años salía de un dormitorio, al ver a sus ojos, se notaba claramente que había estado llorando, y al ver su cara exclamé en mi interior - Esta mujer me cae mal, cada vez que voy a pedirle un favor  al banco donde ella trabaja, me atiende mal y para mi desgracia su mejor amiga me debe dinero y ella la protege cuando le voy a cobrar.

Pensé que era exactamente otra vecina que estaba de colada en la fiesta del reencuentro.

Le salude  - Hola, ¿Cómo te va? 
- ¡Muy bien! Gracias -  Contestó y se abalanzó a mis brazos.  
- ¡Soy tu hermana!

En todo ese tiempo, una niña de unos siete años estuvo junto a mí y solo me veía pero no  le presté mucha atención ante tanta gente que había allí. Al ver que no le daba importancia, ella me dio un jalón en mi camisa.
Al verla  ella me dijo enojada - ¡Hazme caso!... Soy tu hermana.

Al ver que  las facciones de aquella criatura eran tan parecidas mías, me di cuenta que en ella era la última hermana que  me faltaba por conocer. La  abracé fuertemente y la besé. Todos coincidían que ella era la que más se parecía a mí.

- He estado viendo televisión desde las tres de la tarde esperando a que tú aparezca.
   Incluso no me fui al cumpleaños de mi amiga por verte. - Me dijo dulcemente.

Luego de conocerlos, todos se pusieron alrededor de la sala. Para mí fue una noche tan llena de emociones que necesitaba de urgencia un cigarrillo para calmar un poco mis nervios. Miré para un lado y luego hacia el otro y noté que nadie fumaba.
Vi hacia la mesa del comedor y no había nada de licor. - ¡Qué familia tan rara!- pensé.

- En estos casos se acostumbra hacer un brindis, pero aquí ni siquiera eso. Creo  que es por el hecho de que mi  madre se volvió evangélica. Estoy seguro que volvió salvos a toda la familia y les dijo que tomar y fumar es pecado.

Mi hermana mayor notó que estaba inquieto y me preguntó:

- Francisco... ¿Deseas algo?
- ¿Alguien tiene un cigarrillo?  - Pregunté recelosamente.
- ¡Bravo! - gritaron todos y aplaudieron.
- ¡Esta familia es de locos! - Pensé.
- Francisco discúlpanos!  Este momento nadie tiene cigarrillos... Yo iré a comprarlos, pero también  ¿No te molestas si compro una botella de ron? - Preguntó el esposo de mi hermana cautelosamente.
- ¡Por supuesto que no!
- ¡Braaavo! - Gritaron todos  e nuevo y otra vez hubo aplausos.
- ¿Qué pasa? - pregunté.

Mi hermana al notar  que me sentía tan raro al ver ese tipo de reacción , dijo:
- Francisco, nosotros nos imaginamos que como tú vives en una comunidad religiosa…
   que tú no tomabas, ni fumabas y por eso no compramos ni cigarrillos, ni trago para que no te sientas mal  y  no tengas tu primera mala impresión de tu familia.

- Yo fumo y bebo - Les dije.
- ¡No lo puedo creer! - Dijo mi madre.
- ¡Bravooo! - Volvieron a gritar el resto.

Después del brindis, entre besos, abrazos y lágrimas de mis familiares, una señora que estaba allí  me pidió que le acompañara al pasillo porque quería hablar a solas conmigo.

- ¡No le diga nada ahora! Yo sé lo diré después.- Le dijo mi hermana pero ella no le hizo caso.

Me tomó del brazo y me llevó hacia un dormitorio. Al ver la actitud de aquella mujer, noté  que el ambiente se puso tenso.  Todos se quedaron mirándose  las caras y la alegría que reinaba anteriormente cambió por el silencio.

Cuando estuvimos solos ella me dijo - Francisco, su madre es una mujer honorable, muy honrada y trabajadora.  Yo la aprecio mucho porque a pesar de que ha sufrido, ella ha sabido luchar contra las adversidades y salir adelante.

Francisco, le cuento que  su madre fue la dueña de la mejor casa de citas de esta ciudad.
Al hacer una redada, la policía descubrió a su madre con otros amigos consumiendo coca y actualmente está pagando una pena en la cárcel.

Esperamos que salga dentro de unos dos o tres años. Ella tiene un buen comportamiento, esto le ayudará a disminuir la pena.

- ¡Solo eso me faltaba! - me dije a mí mismo sintiendo como si me hubiesen lanzado un balde de agua fría.
- Lo importante es haberla encontrado y esperemos que pronto salga de ese lugar - Le dije.

Al volver a la sala, fingí como si no me hubiera afectado la noticia pero noté que en los ojos de aquella familia había tristeza. Mi madre tuvo que tomar la cena a toda prisa porque ya concluía el tiempo de permiso que le habían concedido.

- ¡Al mal  tiempo, buena cara!... Peores cosas ya me han pasado - Me dije  tratando de detener mis lágrimas.  
 

 

Al siguiente día fui a la cárcel. El guía me dijo - Usted ha sido el único que ha podido paralizar esta cárcel. Nunca antes en mi vida había oído tanto silencio y tampoco había oído, después del encuentro, llorar a tantas mujeres juntas. Usted me hizo llorar también.

Salude con muchas reclusas. Todas ellas fueron muy amables y cariñosas conmigo.
Me invitaban a sus celdas y trataban de brindarme algo.

A  pesar de que ellas eran muy amables y se esmeraban por hacerme sentir bien, una sensación de tristeza invadió mi alma al darme  cuenta en la realidad en  la cual  vivía mi madre. En aquel  momento, por más problemas que haya tenido, sentí que la era un afortunado al  vivir con madre Magdalena.

Al ver tanta gente humilde encerrada allí pensé que  "La justicia solo es para los pobres".

- ¿El nombre de mi padre es Esteban Cordero?
- No - dijo ella inmediatamente - Tu padre se llama Armando Bastidas.
- Las madres me dijeron que era el anterior.

Mi madre al notar mi  confusión y a la vez melancolía me dijo:
- Estás decepcionado por haberme conocido. Tú tan solo me buscaste imaginándote que yo tenía dinero y te encontraste con una presidiaria. ¡Tú tienes la culpa de toda mi desgracia!

- ¡Estás loca!  Siempre supe que eras una mujer de condición humilde y a pesar de saber que fuiste una puta, te busqué.

Ella se levantó furiosa queriéndome pegar - ¡Eres un maldito! - Gritó, mientras que yo le detuve sus brazos fuertemente y le dije 
- A mí no me topas, porque no soy tu hijo.
- ¡Un monstruo como tú, no puede ser mi hijo! - Dijo con iras.
- ¡Una mujer que abandonó a su hijo, no puede ser mi madre!
- ¡Malagradecido! - Gritó - Gracias a mí, tienes la vida.
- ¡Hubiera preferido que me abortes!

 

Ella se quedó llorando y al salir de aquella cárcel lo primero que hice fue comprarme una botella de trago para tranquilizar mis iras  y mi arrepentimiento de haberla encontrado.  

 

 

 

- ¿Qué hace tu madre? - Preguntó Julio una tarde.
- Es evangélica y trabaja como misionera en la cárcel de mujeres.

 

 

PARECE QUE NOS CONOCIMOS ANTES

 

 

Un día me dio una gripe muy fuerte  y me fui al sauna  para tratar de curármela. Al entrar al sauna  vi a un hombre de unos cuarenta años aproximadamente. Blanco, ojos y pelo negros. Tenía facciones finas. El estaba sentado conversando con un joven.


El me quedo observando y  no pude apartar mi vista de él. Había algo en aquel  hombre que sin haberlo conocido antes,  ejercía una fuerte atracción sobre mí.

Fui a cambiarme en el vestidor y desde allí podía escuchar claramente la conversación en una sola dirección que él mantenía con su amigo.

 

- Yo tengo una hacienda, muchas cabezas de ganado y varios peones a mi servicio. Cuando fui a España por última vez, conocí  las tierras de mis familiares que son una de las mejores familias de allá. Algunas de esas las tierras que eran mías y que no las había conocido antes.

 

Gracias a mis viajes por todo el  mundo puedo hablar inglés, francés, italiano y alemán y  te diré que los hombres más lindos los he visto en España. Los italianos también son preciosos.  

- ¿Y actualmente qué haces? - le preguntó aquel joven.


- Me compré una casa en el Valle. Es una casa grande que tiene una piscina fabulosa  y me dedico a vivir de los intereses que me rinden las varias inversiones que he hecho en el banco.
- ¡Admirable! - Le dijo su amigo - ¡Tú situación es envidiable!


- ¡No te creas! - Respondió él - Acabo de venir de México y me robaron mi Visa, mi Mastercard y la American Express.


- La máxima virtud que posee este hombre es la modestia - pensé.

 

Tomé una ducha  y  luego entré al  turco. El entró detrás de mí.  Al ver que tomé una hoja de eucalipto para olerla,  él también tomó algunas hojas  y me las entregó.

- Toma... ¡Inhálala esto!  Te hará bien para sanar tu gripe.
- Gracias...
- Mi nombre es Joaquín y por si no lo sabes tengo un apellido muy especial...
  ¡Es un apellido de clase! -  me dijo tratando de  impresionarme.
- ¿Cuál es tu apellido?

Al oír su apellido, lo único de especial que tenía es que era extranjero, pero jamás había oído que los miembros  de su  familia eran considerados como miembros de una clase social media alta o alta.

- ¡Qué mal educado eres! - Dijo mientras que puso su mano sobre mi pierna. - Tú no te has presentado.
- Pero si no me dejas hablar.
- ¿Cómo te llamas?
- Francisco.
- ¿De dónde eres?
- De Quito.
- ¡No lo pareces!... ¿Qué haces?
- Trabajo para una financiera...  ¿Y tú?
- Actualmente nada - y sentí que su mano ya estaba sobre mi pecho.  
- ¿Como así?
- Acabe de llegar del extranjero. Estuve trabajando para la Iglesia Católica.  
- Yo también trabajé para unos sacerdotes católicos. ¿Qué te pareció tu trabajo?

El puso un gesto de despechado y quitó su mano de mi pecho.

- ¡Mira!... después de lo que vi allí, estoy consciente de que posiblemente tan solo peco porque soy débil ante la carne,  pero allí he visto que los curas hacen peores cosas que nosotros. Si me comparo con ellos, soy un santo.

Ese rato me reí y le dije burlándome.
 
- ¡San Joaquín de los gays!
- No te burles... ¡No soy ningún santo!
- Ni yo tampoco.
- Pero lo que más me enerva es que allí todos son homosexuales y nos viven criticando.
- No todos...
- Todos..., para mí son todos. - El enfáticamente  afirmó. - Cuando estuve trabajando para los curas, la mayoría me quedaba viendo el culo. Lamento no haber sido más avispado,  porque me los hubiera comido a todos.

Un cubano que estaba frente a nosotros escuchando nuestra conversación me dijo:
- ¡Todos lo son! ... Yo fui amante del obispo de La Habana.
Y la última vez que lo visité, aunque ya no somos nada, ese hombre se desesperaba por tener algo conmigo.
- ¡Ya ves!... ¡Te das cuenta que son todos!-  me dijo Joaquín tratando de convencerme.

Joaquín  me siguió conversando sobre su vida.

 

-  Yo he viajado mucho, conozco varios países. La última vez que fui al aeropuerto, tuve que hacer la fila para el pre chequeo, entregar mi equipaje, luego ir a la sala de espera...
- ¡Ve al grano! - Le interrumpí - No hace falta que me expliques como tomar un avión. Yo también he viajado.

El se quedo en silencio por un momento.  Sintió claramente que le corte sus ínfulas de demostrarme que era un hombre de mundo.

- ¡He estado en Italia y hablo italiano! - me dijo.

Vi que llevaba puesto su reloj e inmediatamente le pregunte: Che ora é? (¿Qué hora es?). El se quedo por un momento pensativo y me respondió: Capisco (Entiendo).

Posiblemente él creyó que me convencí de que hablaba italiano y trató de seguir presumiendo.

 - ¡He estado  en Francia y también hablo Francés! -  Y le hice la misma pregunta, pero  en francés:  - Quelle heure est-il? -  El me quedo viéndome como un idiota y  respondió
- Mercy  (Gracias).

Al verlo tan solo pensé - ¡Este tipo no sabe ni donde está parado! 
Pero él no se dio por vencido e insistió. 

 

- También viví en Alemania... - Inmediatamente puse mi dedo sobre su boca tratando de que se callara y no porque seguir comprobando si hablaba o no ese idioma, sino porque realmente yo no sabía ni jota de Alemán.

 

Joaquín se calló. Tomó mi mano y entrelazo sus dedos con los míos. Apretó fuertemente su mano con la mía  y por unos minutos nos quedamos los dos en silencio sintiendo nuestras manos juntas pero el joven con el cual Joaquín estuvo conversando  anteriormente vino y se sentó junto a él, le guiñó el ojo y le hizo una seña con su mirada para que lo acompañara.

El salió e inmediatamente  Joaquín separó su mano de la mía y salió tras él.

Un hombre cuarentón que lo había visto varias veces en el sauna, pero que siempre sentí que los dos no nos simpatizábamos, se sentó junto a mí y me preguntó:

- ¿Qué te pasa? ...¡Te veo tan arruinado!...
- Son tus reflejos... ¡Querido!
- Tú siempre tan venenoso que cada vez que te veo siento que  te odio.- me dijo molesto.
- ¿Por qué?
- Cada vez que vienes por acá, me quitas todas las posibilidades de hacerme algún levante.
   La mayoría te sigue a ti y a mí no me paran zona.
- ¿Y qué culpa tengo de que seas feo?

El sonrió fingidamente - Tengo que admitir que lo que me dijiste es cierto y lograste hacerme sentir mal pero también tengo que admitir que te admiro porque acabas de hacerte un buen levante.

- ¿Cuál?
- ¡No te hagas el loco!... Acabas de estar tomado de la mano con  Joaquín.
- El, en estos momentos está en las duchas con otro.- Le dije riéndome.  

El se puso pensativo y me dijo - Joaquín  tiene un lindo carácter, pero es muy puto. A él no le gusta enamorarse y le gusta hacer sufrir.  El se cataloga como malo pero ante ti yo creo que él es un santo. Espero que los dos sigan juntos porque Joaquín es
el  único que te puede componer.

 

- ¡No tengo necesidad de estar con nadie y a mí nadie me compone
- ¡Vale la pena que estés con él! - Recalcó -  Te has hecho un levante de un millonario.
El tiene mucho dinero y sé que a ti te hace falta enamorarte  para que ordenes tu vida.

- Mira quién habla...

En aquel momento  decidí que era mejor irme. Me vestí y Joaquín también hizo lo mismo. Salimos juntos. El se ofreció para  llevarme en su auto. Al salir del sauna  me enseñó su carro y otra vez presumió:

- ¡Mira Francisco!... ¡Este es mi carro! Lo compré tan solo porque un  vecino  mío compró uno igual antes que mí  y me presumió diciendo que su familia tiene dinero. A la semana siguiente yo también compré este auto para que él se dé cuenta que mi familia también tiene dinero. ¿Qué te parece?

- Teníamos un carro así en casa hace diez años.

 

 

 

En el trayecto me siguió conversando sobre sus grandezas, y aunque me gustó físicamente, pensé en no volver a verlo.

El me dio su teléfono, le di mi tarjeta y al ver mi apellido se quedo callado.

Al siguiente día Joaquín llamó para  invitarme a una fiesta gay por la noche. Al llegar a la fiesta nos saludamos con un abrazo muy fuerte y casi me mareo al oler tanta colonia. Se había echado medio frasco de Crome de Azzaro. Al notar que olí su perfume me dijo altivamente:

- ¡Es Pasha de Cartier! A mí tan solo me gustan las cosas finas. - Tan solo fruncí el ceño.
- Sabías que  me eligieron hombre mejor vestido de mi pueblo.

Al ver su vestuario, tan solo pensé - Si él es el mejor vestido, ¿Cómo vestirá el resto?

Joaquín no se quedo quieto. Quería impresionarme a toda costa. Saco su pie de su zapato y me dijo:
- Estos zapatos italianos, aunque son caros me aprietan. ¡Fíjate en la etiqueta!,
  ¡Son zapatos finos!

Vi la etiqueta. No le dije nada y entré mí pensé - ¡Parece que es primera vez en su vida que este hombre utiliza zapatos de marca!

- A mí me encanta tener mis zapatos limpios, llevar mi rompa bien limpia -  me dijo.
-  Ojala que así como eres de limpio por fuera, así fuera tu corazón.
 




En esa fiesta Nicolás estaba con su pareja y al menor descuido de Nicolás, Joaquín fue a proponer a su pareja  que tuviera relaciones con él.

Joaquín era demasiado coqueto y a pesar de que la mayoría de sus cualidades no me gustaban, sentía que algo inexplicable me unía hacia él.

Al salir de la fiesta y despedirnos en la calle.  Joaquín me abrazó fuertemente y me dio un beso.  Luego  Joaquín puso sus brazos alrededor de mi cuello y de pronto sentí como si él se desmayara.

 

Sus piernas se debilitaron y apoyo su cabeza sobre mi hombro. Yo tenía mis brazos alrededor de su cintura y trataba de sostenerlo.  El levantó su cabeza y vio hacia  mis ojos y  luego me besó otra vez fuertemente, separó sus labios de los míos  y volvió a apoyar su cabeza sobre mi hombro.

¡No sabía qué le pasaba!  Creía que era  un estado de excitación o realmente se estaba desmayando.  Tan solo pegué mi cabeza a la suya e inmediatamente sentí que el que me iba a desmayar era yo.  Traté de ser fuerte porque estaba sosteniendo a Joaquín y en ese momento sentí  que él tenía parte de mi vida y yo tenía parte de su vida dentro de mí.

Joaquín levantó su cabeza y me dijo:
- Francisco siento que  te conozco desde antes.- y volvió a posar su cabeza sobre mi hombro.
- A mí me pasa lo mismo - le dije al oído.

Permanecimos abrazados sin decir nada. Sentía que los dos estábamos débiles pero a la vez estábamos unidos por algún lazo inexplicable.

Sus piernas estaban totalmente débiles. El otra vez levantó su cabeza y me dijo como un susurro al oído " Te amo".

Mientras que en la casa de alado se escuchaba en la radio a  Perry Como cantar a todo volumen:

- I hear it still, I always will best on the bill charade.

- ¡Esa es mi canción favorita! - Me susurró al oído.


Dos días después nos volvimos a ver. Luego de una conversación donde él me hablo de sus finos gustos y sus banalidades me dijo - Francisco, quiero tener pareja. No quiero seguir viviendo este estilo de vida que es tan solitaria.

Tan solo le escuché. Sentía que lo quería mucho, pero en mis planes no estaba que él sea parte de mi vida. 

Lo noté medio desconsolado.

 - Francisco. Sabes que tan solo he vuelto al Ecuador a ver lo que pasa, sino encuentro a alguien, me regreso a España.
- Difícil que lo encuentres aquí.
- ¡Sé que lo voy a encontrar! - Afirmó con un tono de seguridad y  me tomó de la mano.
- Me gustaría que mi pareja sea un  tipo serio y de dinero como tú. - Me reí y le dije: 
- No te fijes en mí porque soy pobre.- Y por presumirle le dije  - Mi abuela es la que tiene el dinero y vivo con ella. 
- No hay problema. Yo también soy pobre, mi padre es el que tiene el dinero y  vivo con él.  

 

 
Empezamos a salir juntos. Solíamos ir comer, a conciertos o a  presentaciones artísticas. Nos hablábamos por teléfono.

Nunca antes yo había llamado a alguien que conociese en algún sitio de ambiente, pero esta vez lo estaba haciendo con Joaquín.

Un noche estando juntos conversando en su auto, Joaquín me contó que tan solo dos veces había amado en su vida  y que con aquellos hombres nunca llegó a pasar nada. Luego tomó mi mano y la beso y dijo muy contento:

- Nunca antes tuve pareja. Es primera vez que la tengo y me siento contento al estar contigo.

Me pareció tan dulce la su manera de ser conmigo que al ver su alegría, tan solo me calle.  
 

 

 Un día salimos a pasear con una amiga suya y él no le prestó mucha atención. Todas sus atenciones fueron para mí.  Era como si ella  le estorbara, pero a la vez pude notar claramente que ella estaba enamorada de él.

Cuando fuimos a comer en un restaurante de comida rápida, Joaquín tan solo pidió comida para los dos.  Luego de que hiciera la orden le preguntó a ella si deseaba algo. Ella respondió que no y se fue al baño.  Cuando ella volvió, al ver sus ojos noté que había llorado.

Joaquín se fue al baño y nos dejó solos por un momento  y ella me preguntó:
 - Francisco, quiero que me digas la verdad. ¿Son Joaquín y  tú pareja?
- No, tan solo somos buenos amigos.

Ella suspiró:
- ¡Qué alivio me has dado! Por un momento llegué a dudar de la hombría de Joaquín porque para mí ese hombre es bien macho.

Tuve que respirar profundo para contener una risa maliciosa que iba a salir de mí.
Mirándola fijamente a sus ojos, pregunté - ¿Te has acostado con él?

- No, pero nunca dudaré de su hombría porque él es muy coqueto con las mujeres.

Era difícil que una mujer sospeche que Joaquín era homosexual porque era demasiado coqueto y atento con ellas y además para tapar su orientación sexual,  él estaba tratando de conseguir un acta de matrimonio falsa con un amigo  que tenía en el Registro Civil.   

 


PREGUNTAS QUE INCOMODAN

 

 

Mi madre salió de la cárcel, obtuvo su libertad. Estuvimos en su casa conversando con sus amigas  y ella me hizo la pregunta que más incómoda a los gays. 

- Francisco, ¿por qué no te casas?
- ¿Para qué?, así estoy bien.

Sus amigas me dieron la razón y  dijeron que era preferible no casarse, que soltero me mantenía bien y les seguía la corriente, pero noté que  en el fondo mi madre sospechaba algo y dio su opinión.

 

- Lo que realmente pasa es que Francisco no se casa porque le gustan los hombres.
Dijo enfáticamente, con un tono hiriente y burlesco a la vez.

Ese momento me levanté del asiento y dirigiéndome hacia ella y tratando de herirla también,  dije la verdad:
- Sí, me gustan los hombres y algún día te voy a presentar a mi pareja.

 

Al oír ella aquella  respuesta, ella se quedo fría por un momento y luego se empezó a reír y sus amigas hicieron lo mismo.

- Francisco... ¿ Tú... gay ? ... ja, ja, ja... Ya me han contado mis amigas lo mujeriego que eres. Vas a una discoteca y te besas con varias chicas. Eres un coqueto. Ellas están admiradas de ti.  Con esa pinta de pícaro que tienes, no lo creería, así te viera junto a un hombre.

 

Me volví a sentar derrotado  - ¡Se arruino mi venganza! - Pensé.

 



En el día de mi cumpleaños invité a diecisiete personas, pero aparecieron sesenta. El ochenta por ciento de ellos eran homosexuales. 
Todos se portaron muy serios. Interiormente estaba que rezaba para que alguno de mis amigos no se le salieran las plumas.

 

Joaquín me llevó un pastel que me lo había hecho y mi madre con su mirada siempre estuvo pendiente de los dos.

En un momento que lo abracé en la cocina, ella entró y nos quedo observando. Aproveché ese instante para presentarlos.

Al momento del brindis, fue ella quien lo hizo.

 - Hijo...te deseo que Dios siempre te bendiga y le agradezco por ser la primera vez que pasamos tu cumpleaños juntos  y también deseo con toda mi alma que pronto te cases. - Y miró con una mirada reprochante a Joaquín, mientras que él agachó la cabeza.

Al oír aquello, el ochenta por ciento de los que estaban allí se quedaron estáticos y en silencio, mirándose unos a otros.

- ¡Maldición!, esta mujer no entiende que no me voy a casar.- Pensé.

Después la comunidad gay presente en aquella fiesta comenzó a murmurar:

- ¡Dios!, cómo puede ser una madre tan mala;
- La madre de Francisco es una bruja;
- ¿Qué mal haría Francisco para que su propia madre le desee tanto daño?

Joaquín alzo su mirada, me miró a los ojos y noté que se sintió mal.

Al momento de alzar las copas,  mi madre dijo  - ¡Salud!-  y miró otra vez hacia Joaquín severamente y luego se dirigió hacia mí.

- ¡Cumplí mi promesa! - Me dije a mi mismo con gesto de éxito y mirándola fijamente a sus ojos.
 

 

LAS MALAS NOTICIAS VUELAN

 

En los siguientes días, el correo de brujas se encargó de expandir la noticia de que Joaquín y yo nos llevábamos bien   y no faltaron las llamadas de advertencia:

- Francisco, sé que te has enamorado de una  p...
- Francisco, tú sabes que Joaquín no es un santo de mi devoción porque ese hombre tiene majada en el cerebro...
- Francisco, ¡Sepárate Joaquín! El es muy lanzado...
- Francisco... ¡Ten cuidado de Joaquín!  Es tan promiscuo que estoy seguro de que  tiene SIDA...
- Francisco, de las putas de Quito, Joaquín es la más puta...
- Francisco, Joaquín nunca usa condón...
- Francisco, Joaquín es un hombre que se ha prostituido tanto...
- Francisco, Joaquín pertenece a una generación de gays que está perdida...
- Francisco, Joaquín dijo que tú eras su amante y que tan solo, estás con él por su dinero...
- Francisco, es difícil  que Joaquín  ame...
- Francisco, Joaquín no es gay, él es un puto...
- Francisco, no seas ni siquiera amigo de él...
- Francisco, me has defraudado. ¡Cómo puedes ser amigo de un hombre que no tiene clase!

Y al final del chisme, cada uno me decía que todo lo hacían por mi bien y porque me apreciaban.

 


  

MATANDO ILUSIONES

 

Una noche en la que nos encontramos con Joaquín noté tristeza en sus ojos.

- ¡Hola! - me saludó y luego me dio un abrazo. - ¿Qué tal la pasaste últimamente?
- Bien.

El  estuvo largo rato en silencio - ¡Algo le pasa a este hombre! - pensé hasta que  decidió hablar.

- ¿Qué pasaría si  te fuera infiel?
- Ese momento terminaría contigo.
- Los hombres somos infieles.- Dijo cambiando de actitud.
- Es por eso que prefiero estar solo.
- De esa manera nunca vas a tener pareja.- Me dijo bravísimo.
- Y ¿Quién te ha dicho que yo quiera tener pareja? - le pregunté exaltado.
- Pues... ¡Todos! - dijo - La mayoría anda diciendo que los dos somos pareja.
   Y yo no quiero tener pareja. Me encanta ser soltero. 
   No estoy casado con nadie y no quiero que te hagas ilusiones conmigo  porque soy malo.

Y enfáticamente me repitió - ¡Yo soy  malo!

Al oír aquello, me reí y le dije - No confundas "la maldad" con el hecho de haber hecho tonterías en tu vida. La maldad se disfraza tras la careta de la bondad. El malo es sumamente inteligente, nunca dice que es malo, ni lo reconoce. Tú eres tonto...

- Pero a pesar de ser tonto, te hiciste ilusiones conmigo -  dijo tristemente.
- Yo nunca me hice ilusiones contigo. Tú eres muy   famoso en el ambiente y no me gusta vincularme sentimentalmente con nadie  que frecuente esos lugares.  Peormente con alguien que conocí en el sauna.- le dije exaltado y le miré con desprecio.  - ¡Ilusionarme de alguien como tú!, creo que sería la peor tontería de mi vida.
- Entonces ilusiónate de tu Matías - Me retó enojado.
- ¡Deja a Matías en paz! El y yo no somos nada. Y si tú en tu vida ya no tienes ilusiones por haber puteado tanto. No mates las ilusiones de los demás.
- En este ambiente nadie vale la pena y es por eso que yo no me ilusiono de nadie. - me dijo molesto.
- No te ilusionas de nadie porque crees que todos son iguales a ti - Le dije enérgicamente.
- No me hago ilusiones con nadie porque soy un hombre maduro - Dijo presumiéndome y junto sus manos en forma de plegaría y  dijo: 
- Voy a orar por ti para que madures.
- Si la madurez es ser como tú, prefiero ser inmaduro - le respondí con cólera en mis ojos.
- Los maduros lo único que saben es hacer daño - Acoté.

Joaquín se quedó en silencio. Le estiré la mano para despedirme y él no la tomó. 
Me quedo viendo a los ojos y me abrazo fuertemente. 
Sentí claramente que eso era una despedida y me tranquilicé.

- Joaquín... No te preocupes. Por mí no ha pasado nada. Seremos buenos amigos y siempre recuerda que te quiero mucho.- Le dije al oído.

El inmediatamente retiró sus brazos sobre mí y se separó. Vi que en sus ojos había tristeza.

Otra vez unió sus manos en forma de plegaria y me dijo suplicándome:

- ¡Por Dios!, Francisco... No me quieras... ¡Yo soy malo!
- Si tú eres malo... ¡Yo soy maldito! - Le dije secamente.

El tan solo me miró, su aspecto cambió, trató de entender lo que le dije, pero no lo creyó,
se dio la media vuelta y se fue.

Al verlo alejarse, pensé - Joaquín es igual a todos los que frecuentan el ambiente.
Primero  dicen que quieren tener pareja, luego dicen que te aman, obtienen sexo y se van.
Es por eso que nunca me voy a enamorar. No sirvo para esto.
No sirvo para amar, ni para que me amen. Así estoy tranquilo y no sufro como sufrí antes.

 


 

EL AMOR ES UNA ESPINA QUE ATRAVIESA TU ALMA

 

Al siguiente día era Navidad, Emily vino a visitarme. Ella notó que yo me sentía mal.
Por más que quise ser duro, no pude fingir.
Emily me preguntó:

- ¿Qué te pasa?
- Peleé con Joaquín.
- ¡Lo sé! - Respondió ella - Sé que te separaste de Joaquín  y también sé que él es gay y tú alcohólico.
- ¿Y cómo sabes eso?

Ella señaló con su dedo índice hacia arriba - El me lo dijo - Entendí de quien me hablaba.  

- ¿Pero qué tiene que ver El en esto?
- Francisco... ¡Este momento te vas conmigo a misa y vamos a orar por Joaquín!
- Es preferible que ores por mí.
  Ser gay no es una enfermedad, en cambio el alcoholismo, sí.
- El de arriba me dijo que tengo que orar por los dos.

Emily me tomó de la mano y me llevó hacia su auto y nos dirigimos hacia Santa Teresita para escuchar la misa de once.

Al momento de la oración del Padre Nuestro, Emily me tomó fuertemente de la mano y empezó a orar en silencio. Sentí de pronto que un calor invadió todo mi cuerpo. Estuve cerrado mis ojos pero vi claramente fuego en mi interior.

 

Era una especie de fuego que me traía paz y me daba un poco de alivio a mis penas y sentí la presencia en mi interior de alguien que me amaba y por tratar de sentir esa presencia, preferí no orar en voz alta.

Una voz dulce de un hombre me empezó a hablar y me agarré más duro de la mano de Emily porque sentí que me iba a desmayar.

- Francisco ama. ¡El amor es  una espina que te atravesará el alma!
Mientras más ames, más te dolerá y mientras más te duela, más luz habrá en tu vida.
Esa espina te llegará a doler tanto que sentirás lo que es morir por amor.
Porque a pesar de que tú digas que nadie muere por amor, recuerda que Yo lo hice.
Francisco, ama, tan solo ama. -

Al terminar de escuchar aquella voz, me quede en silencio, no pude hablar.
Se me fue el habla por casi cuatro horas y esa paz que sentía permaneció conmigo. 

 


Era la noche del 24 de diciembre y Joaquín vino a visitarme.

-¿Y ahora qué quiere este, si ya terminamos? - Me pregunté.
- Quise venir a saludarte y desearte que pases una buena noche.
- ¡Gracias!
- Te traje un regalo... Espero que te guste.
- Gracias - Le dije de nuevo, pero mi agradecimiento sonó tan frío porque ese momento tan solo quería que él desaparezca.
- ¡Míralo con ojos de amor! - Dijo aquella voz en mi interior.

Traté de verlo con ojos de amor y se me hizo tan difícil. Hice un esfuerzo y le abracé.
- ¡Feliz Navidad!, Joaquín.
- ¡Feliz Navidad! Francisco

Los dos nos abrazamos fuertemente y sentí claramente que aquella voz me habló y  dijo:
- A ese hombre amarás por el resto de tus días.

Ese momento me separé inmediatamente de Joaquín y le quedé viendo.
El no se explicaba el porqué de mi actitud.

Veía sus ojos y tan solo notaba tristeza en ellos, pero entre mí le decía a aquella voz.
- No puedes condenarme a amar a un tipo como él.

- Adiós Joaquín...
- Adiós.- respondió él


 

 

 

Hice maletas y me fui a la playa tratando de olvidar lo sucedido y de pasar unas buenas vacaciones pero algo extraño me sucedió.

Empecé a sentir que una espina invisible en mi interior atravesaba mi alma.


Tenía un dolor inexplicable, incomparable a cualquier dolor corporal.

 

Esa espina me obligaba a estar en silencio.  Me hacía que vaya de rodillas y le pida a Jesús que se apiade de mí, que tan solo sintiendo su presencia, El me aliviaría de aquel dolor.

Fui a la playa para tratar de olvidarme de Joaquín, pero esa espina me hacía que lo recuerde todo el tiempo y sentía una tristeza profunda por él y por mí.

Al volver a Quito, el 31 de diciembre fui a festejar con mis amigos el cambio de año.  Tomé  algunos tragos para poder sentirme feliz,  pero todo era un engaño. La espina cada vez iba atravesando más y más mi alma y su dolor ya me era casi insoportable que fui a casa,  caí de rodillas en mi cuarto y clamé a gritos:

- ¡Ten compasión de mí!  Déjame sentir aunque sea un toque de tu presencia para que calmes mi dolor.   Y lloré porque ya no soportaba aquel dolor y parecía que El no escuchaba mis súplicas.

- No me moveré de aquí hasta que sienta  presencia. - Le dije llorando.

Luego de varios minutos sentí que una energía suave entraba en mi cuerpo y  calmaba un poco  mi dolor.  Sentí que alguien estaba junto a mí, me tranquilicé y deje de llorar.

Volví a escuchar aquella voz que me dijo - El dolor que sientes es para que entiendas como se siente cuando a uno le traicionan.  Te he dado todas mis bendiciones, incluso amor, pero tú no te dejas amar y te niegas a amar.

Yo he puesto a Joaquín en tu camino para que lo ames.
Tú cambiarás por él y él cambiara por ti.
A través del amor los dos me conocerán.

Sentí un alivio que me quedé dormido, pero al otro día apenas abrí los ojos, la espina estaba conmigo. No se había ido.

Aquella espina se volvió mi compañera.  Iba conmigo a todas partes y por la noche se volvió una aliada que no me dejaba dormir.  El dolor que me causaba era tan fuerte que me dejaba inmóvil. Trataba de rezar para que se vaya aunque sea por un corto tiempo,
pero no se iba y daba suspiros de dolor tan fuertes porque ya no la soportaba.

Entré en conflicto interior. Había estudiado tanto sobre mensajes que llegué a no creer en aquella voz. 

 


- Benjamín, ¿Crees en los mensajes?
- ¡Depende!... Unos son inventados, otros son elucubraciones de la cabeza de uno y otros son de seres que no son de esta dimensión.
- Recibo mensajes...
- ¿Qué dicen?
- Que ame a Joaquín.
- ¿Joaquiiiin?
- Sí, Joaquín.
- ¡El es de lo peor! - me dijo Benjamín y luego se quedo por un momento pensativo.
- Creo que son de Jesús. - Me dijo.
- ¿Por qué?
- A él siempre le encanta pedir cosas difíciles.

 

 
Después de dos meses recibí una llamada de Joaquín invitándome a que fuera a su hacienda el fin de semana.

Llegué a la hacienda como a las dos de la mañana. La casa en que vivía Joaquín era vieja y humilde. No había miles de cabezas de ganado, tan solo había afuera  habían una vaca y un caballo.

Joaquín salió muy contento a recibirme y quiso abrazarme. Impedí que él me abracé estirándole mi mano para estrecharla con la suya. 

- Hola Francisco. Estaba preocupado por lo que no venías.  Un amigo que cree en extraterrestres me dijo que ellos tenían un mensaje para mí y que me lo iban a dar a media noche.

- ¿Y por qué no fuiste?
- No creo en tonterías y además estaba esperándote.
- ¡Qué coincidencia!
- El que tú y los extraterrestres vengan juntos.
- No, es aquello de la media  noche...
- ¿Qué paso a media noche?
- Algún día te lo contaré.
- Pasa... Entra a mí casa...

Al entrar y observar su casa interiormente noté que tenía una pobre decoración.

- ¡Joaquín realmente es pobre! -  Me dije sorprendido.
- Todo lo que ves lo tenemos gracias a mi padre que con su  trabajo hizo esta fortuna.- Me dijo orgullosamente. 
- Si está casa es una fortuna, las casas en que yo he vivido son del jet set.- Pensé irónicamente.

Joaquín me presentó a su padre. Un hombre de unos setenta años y al entablar conversación con él noté  que era sumamente diferente a su hijo.  El padre de Joaquín era un hombre sumamente sencillo.

El tomó confianza en mí y nos quedamos a solas conversando. Joaquín se fue a cocinar.

 

 

- Francisco, estoy enojado con Joaquín. El se compró ese automóvil de lujo que es muy caro y nos ha endeudado a toda la familia.  Joaquín vive un mundo de fantasía a pesar de ser adulto. Gracias a Dios a nosotros no nos hace falta nada  porque tenemos esta hacienda
que la dieron a mi padre como parte de pago por haber construido la vía del ferrocarril.

Esta propiedad no es solo de Joaquín, pertenece a once  personas. Joaquín está viviendo aquí, porqué no tiene más que hacer.

Todos los ecuatorianos que van a trabajar a los Estados Unidos, van con la idea de ahorrar para venir luego al  Ecuador y comprar su casa,  pero él gastó todo su dinero viajando.
 

Por la noche,  Joaquín invitó a cenar a un amigo gay a su casa. Su nombre era Eduardo. Mientras Joaquín estaba cocinando,  Eduardo trataba cautelosamente de averiguar cuáles eran mis sentimientos hacia Joaquín.

-  ¿Qué opinas de Joaquín?
-  Que es un pobre que presume mucho.
-  ¿Sientes algo por él?
-  Detesto a los presumidos.
-  Pero Joaquín es feliz así.
-  Mira fijamente hacia sus ojos y  ¿Dime si vez felicidad en ellos?
-  Desde que él te conoció, tan solo he visto tristeza en ellos.
-  El tan solo se engaña a sí mismo.


Mientras que Joaquín sirvió la mesa. - Prepare arroz con calamares picantes que traje de mi  último viaje a los Estados Unidos.

Al probar el arroz, inmediatamente me lleve un vaso de agua a la boca. Eduardo trato de disimular y me preguntó:

- ¿Qué te pasa?
- Este arroz está demasiado picante.
- Debe ser por lo que los calamares picantes son importados - dijo Eduardo.
- Estos calamares son "made in Ecuador" con salsa Tabasco.
- Si no quieres... ¡No comas!-  Grito Joaquín enfadado.
- Gracias por ser buen anfitrión. - Dije hipócritamente.

Agaché mi cabeza y seguí comiendo. Después de cada bocado de arroz con calamares,
bebía un buen sorbo de agua.

Eduardo hacia lo mismo,  Los dos nos veíamos a los ojos y nos reíamos.

Joaquín comía disimuladamente aparentando que no le picaba y se empezó a sentir mal.
De fondo musical para esta cena en la radio se escuchaba a Julio Jaramillo cantando
"Nuestro Juramento".

Al escuchar aquel pasillo Joaquín se puso triste y Eduardo sacó un pañuelo de su bolsillo y trató de burlarse de él, le dijo
- ¡Llora, Joaquín, llora!

Joaquín separó bruscamente el pañuelo con su mano y le dijo enojado
- ¡Yo nunca lloraré por nadie! - y me quedo viendo fijamente a los ojos.

Eduardo tomó el pañuelo y Joaquín le dijo:
- Es por eso que aunque estoy viejo, prefiero estar solo
  porque en este ambiente no vale la pena sufrir por nadie.

Eduardo se dirigió hacia mí y me preguntó: 
- ¿Qué opinas de lo que acabas de escuchar?
- Todas las locas opinan lo mismo - y los dos lanzamos una carcajada.
- Pero es preferible actuar como Joaquín.
  Yo amo a un hombre, pero no me involucro sentimentalmente con él.
  Prefiero tener un amante. Todos me reclaman y me dicen que ya es hora que tenga pareja,
  que me estoy quedando solo, pero yo les respondo que yo me amo a mí mismo
  y no tengo que sufrir por  nadie. - dijo Eduardo.

- Qué manera más sutil de justificar la putería - le dije.
- Posiblemente estés en lo cierto, pero yo adoro a Iván. Lo amo, pero no lo demuestro.
   Cada vez que él me quiere besar,  yo le esquivo.

Inmediatamente me acordé que Joaquín solía hacer lo mismo.
- No confundas el amarte a ti mismo con ser egoísta. - Le dije.

Joaquín y Eduardo se quedaron callados mientras que en la radio se escuchaba al mismo Julio Jaramillo cantando "Azabache".                                 

- ¿De qué me sirvieron tus consejos?  Nadie ha sido tan bueno como yo he sido con Francisco, pero mira cual es su pago. - Dijo Joaquín con gesto de despecho. Tomó los platos y se fue a la cocina.  Eduardo lo siguió.

Alcancé a escuchar que Joaquín le preguntó:
- ¿Qué siente Francisco por mí?
- Nada, absolutamente nada.- respondió Eduardo.

Joaquín hizo lo posible por aguantarse las lágrimas, pero terminó llorando.

- ¡Ojala así se le quite lo presumido! - Pensé.

Eduardo le preguntó:
- ¿Qué sientes por Francisco?
- ¡Nada! ¡Absolutamente nada! - Fue su respuesta.
- ¡Gracias a Dios! - Me dije a mí mismo.

Al volver a Quito, en el bus se escuchaba cantar en la radio. "Aprendí a llorarte en silencio". Y esta vez me toco el turno.



 

 

Al siguiente día, en el almuerzo la imagen de Joaquín tomó mi mente. Veía su rostro de tristeza  y sentí que un dolor que  le carcomía por dentro. Aquella espina ya no solo clavaba mi alma.  Me estaba desgarrando el pecho y saliendo a través de mi espalda.
El dolor era  inexplicable.  Era un dolor del corazón, un dolor del alma, un dolor que tan solo al ver la imagen de Joaquín en mi mente me hacia desfallecer por dentro.

Sentí que  a pesar de todo, lo amaba y mientras más lo amaba ese dolor era más intenso por ser un amor sin esperanzas.

- Francisco... ¿Qué te pasa ?... ¡Estas pálido! - me preguntó madre Magdalena preocupada.
- No es nada, tan solo me duele el pecho.
- Seguro que has vuelto a fumar - Me reprochó.

- ¿Amas a Joaquín? - Preguntó aquella voz.
- Esto duele - fue lo único que pude responder mentalmente.
- ¿Amas a Joaquín? - Preguntó de nuevo.
- Esto tan solo duele - Respondí.
- ¿Amas a Joaquín? -  Preguntó sin darse por vencido, y ya no pude más, y empecé  a llorar del dolor y de la impotencia porqué sentía que estaba muriendo de amor por Joaquín.
- ¿Qué te pasa? - Me preguntó de nuevo madre Magdalena
- ¡Esto duele demasiado! - Le dije con mis ojos llenos de lágrimas.
- Recemos el Padre Nuestro - dijo ella - De esa  manera se calmara un poco tu dolor, hasta que Marcos te traiga un médico.

Empecé a rezar el "Padre nuestro" pidiéndole a Dios que me saque de aquella agonía, pero al momento de llegar a la frase: "Que se haga tu voluntad", me quede en silencio, porque su voluntad me parecía muy dolorosa y aquella voz habló y  dijo:
- "Hombre de poca fe, ora por ti".

 

 


 

 


Al siguiente día, Joaquín vino a visitarme en mi oficina. 

- ¡Francisco!  No sé lo que me pasa, pero siento un profundo dolor que me mata.
   Ayer a la hora de almuerzo, tuve un  dolor en el pecho... ¡Algo inexplicable!
   Al tratar de pedir ayuda, me desmaye.  No lo soporte y rodé las gradas.
   ¡Gracias a Dios no me paso nada!

 

- Ayer sentí el dolor en el pecho y presentía que algo malo pasaba contigo - le respondí.
- ¡Es difícil de comprenderlo! Aunque estamos separados y vivimos lejos.
   Yo siento que a ti te pasa lo mismo que a mí.


- Creo que te amo, y eso me está matando - le dije y agaché mi cabeza.
-  Francisco... ¡yo no soy malo! - me dijo suavemente - Ante ti yo soy bueno.
   Tú sabes que yo interiormente si  quiero tener pareja.
   Quiero alguien con quien compartir y vivir juntos,
   pero sé que si algún día tu y yo  llegamos a ser pareja y luego nos separamos...
   Yo me muero. Es por eso que prefiero que sigamos así.
   "La amistad es más noble" y  yo no podré serte fiel.
    Tengo los pies en el suelo y al darme cuenta como funciona el ambiente gay,
    prefiero estar solo.

- Yo también pienso lo mismo.

 

Joaquín se despidió e internamente decidí volver a hacer maletas e irme al extranjero para olvidarlo.

En aquel país traté de hacer lo imposible por olvidarlo, pero no pude. Cuando tuve que decidir el quedarme a vivir allá, aquella voz me dijo:
- ¡Toma tus maletas y regresa a Quito!

 

 

Al volver a Quito, En el aeropuerto Renato me estaba esperando.
- Francisco, ¿Cómo te fue, cuantos hombres te comiste?

- Varios - le contesté para satisfacer su morbo.
-  Igual le paso a Joaquín. Estuvo muy feliz bailando en la   discoteca y besándose con un colombiano y también le vi en el sauna. Ese es como una red, hombre que ve, lo atrapa y no lo suelta.

Ese momento suspire profundo. - Francisco, ¿Qué te pasa? - me preguntó Renato preocupado.
- Nada, es tan solo un dolor en el pecho.
- Francisco, tú sufres por Joaquín, pero él no te conviene, es   soportable como amigo,
  pero no para más, a él lo he visto en malos rollos. No creas en el amor,
  en el ambiente gay no     existe. ¿Dime que es el amor? - Me preguntó.
- Es una espina que atraviesa el alma.

 

 

SI SUPIERAS COMO ME SIENTO POR DENTRO

 

Al llegar a casa me enteré que Joaquín me había llamado varias veces a la oficina. Llamé por teléfono a Joaquín y lo noté  disgustado. 

- Me dijiste que me amabas y luego desapareces - Reclamó.


- Te dije que creía que te amaba - Aclaré - y el hecho de que alguien te diga “te amo” no   significa que quiera ser tu pareja...
- ¿En qué mismo quedamos? -  Preguntó exaltado.
- En nada.


- Sí - Respondió furioso - No quedamos en nada - y colgó  con iras su teléfono y suspire.
- ¿Qué te pasa? - Me preguntó la secretaria.
- Nada... es tan solo un dolor del pecho.

Al poco tiempo, Julio vino a visitarme a la oficina y apenas lo vi noté preocupación y tristeza en su rostro.

- ¿Dime si lo sabes o no...?


- Lo sé - le dije con seguridad - Joaquín estuvo destrampándose en la discoteca y también fue a  hacer de las suyas al sauna.

Julio guardó silencio por un momento, puso su mano en su rostro en señal de preocupación y se decidió a hablar.

- Hace quince días hubo un accidente automovilístico en la pista del Valle de los Chillos, una Blazer color blanco chocó contra un bus de pasajeros. El que manejaba aquel automóvil murió.- Sabía exactamente quién era el conductor de aquel automóvil blanco.
- ¡Matías está muerto! - Me dijo Julio.

 

Julio notó que no puse ninguna expresión de tristeza en mi rostro y demostré que la noticia no me afectó.

- Francisco... ¿Por qué eres tan insensible?
- Yo maté a Matías en mi mente y en  mi corazón. Él para mí  murió hace mucho tiempo.
- Ante el resto pareces tan sensible, pero eres el ser más insensible que he conocido en mi vida.
- ¡Entiende! - le dije casi suplicándole - Soy demasiado sensible y por eso es que tengo que matar en vida a las personas que más me han hecho daño. He matado en vida a mi madre adoptiva y toda su familia. He matado a Matías y estoy a punto de matar a Joaquín.

 

 

 
Al caer la noche Joaquín vino con Eduardo a la oficina a visitarme. Al verme  dijo admirado:
- ¡Se te ve demasiado bien!... ¡Hasta has engordado! Seguro que en tu viaje has de ver hecho la dieta del lagarto. (Comer mucho y tirar arto)
- ¡Me hubiera encantado! - Le respondí seriamente.
- ¿Cuántos levantes te hiciste?
- Varios.

Joaquín me quedó observando y  por no quedar mal ante Eduardo me dijo:
- ¡Levantes sin acuestes, es lo mismo que nada! - y alzando sus hombros regresó a ver a Eduardo y le dijo:
- No sé qué me pasa últimamente que estos últimos quince días tan solo he tenido dos acuestes.

- ¡Gracias por la puñalada! - pensé y mi rostro denotaba  que lo que decía Joaquín  me afectaba.

- Me enteré que te vas a Cuba y quería ver si nos vamos juntos para presentarte algunos amigos y ver si de esa manera te olvidas de mí.- Dijo Joaquín un tono hiriente regresando a ver hacía Eduardo tratando de presumir. 

- ¡No me hace falta! Voy  a Cuba invitado por Carlos Alfredo y voy  a pasar todo el tiempo con él.

Al oír aquello a Joaquín se le bajaron las ínfulas y se sintió completamente desarmado.
Su rostro cambió  totalmente.

Saqué del cajón de mi escritorio unos recuerdos que le había comprado y se los di. El los tomó y me dijo

- ¡De gana te has molestado!  Sé que tú eres pobre y a veces no tienes dinero para nada.
  No debías haberme comprado esto a mí.

- Otra vez... ¡Gracias por la puñalada! - Pensé tratando de que él no notara lo que me pasaba por dentro.

- ¡No entiendo como Dios me pide que ame a este imbécil! -  Me pregunté interiormente a mí mismo.

Tomé un rosario que le había comprado y se le puse al cuello. - Para que Dios siempre te proteja - le dije mientras que Joaquín regresó a ver a Eduardo y con sus ojos le seguía presumiendo de como yo lo quería. Al acabar de ponerle el rosario en el cuello me dijo:

- ¡Francisco!... Yo te he dicho que te quiero, pero actualmente no sé qué es el amor.
  He llevado una vida muy loca, hasta he pagado por tener sexo con alguien
  y sé que no voy a cambiar. ¡Este ambiente no da para amar!

Luego puso una cara de idiota y me hizo otra vez la misma pregunta que me hiciera Renato:
- ¿Qué es el amor?  - Y miró con sus ojos hacía techo y  él mismo trataba de no encontrar la respuesta.

Joaquín bajo su mirada hacía mí y dijo: 
-  No estoy hecho para eso. ¡Es mejor que te olvides de mí!
 ¡No pierdas el tiempo conmigo!
Y regresó a ver otra vez a Eduardo para que él lo siga admirando y le respondí:
- ¡Joaquín!... ¿Cómo quieres que me olvide de ti?, si ya van varias veces que terminamos y otra vez asomas en mi vida.

Joaquín se sintió derrotado e inmediatamente Eduardo le agarró del brazo y le dijo:
- ¡Joaquín!... Es mejor que no te vayas a Cuba. ¡Vamos conmigo a Martinica! 
  ¡Te juro que allí la pasaremos mejor!.

Joaquín le dijo - Si, me gustaría pasarla bien, tan bien como se le ve a Francisco - y me quedó mirando.

- ¿Si supieras como me siento por dentro? - Le dije suspirando.
- ¡No te notó nada mal! - me dijo:  -  Tú eres fuerte y puedes salir adelante, porque sabes dar buenos consejos.
Eso me han dicho tus amigos.

- ¡Joaquín! -  Le supliqué - ¡Ya no me mates más! ¡Quiero que desaparezcas de mi vida!
   Ese es el mejor consejo que me puedo dar por este momento.

Joaquín se despidió fríamente de mí. Lo primero que hice cuando cerré la puerta fue suspirar y  preguntarle furioso a aquella voz - ¿Para qué me pediste que viniera?

Y El respondió suavemente - Para que pidas perdón a Gulnara.

Respiré profundo y le reclamé exaltado:

- ¿Acaso estás loco?... ¿Por qué tengo que pedir perdón a alguien que me ha hecho tanto daño?

- "Cuando estás resentido, pecas contra ti mismo".

 

 



Me di fuerzas para llamar a Gulnara y pedirle perdón. Ella tan solo me respondió:
- Una madre no tiene nada que perdonar a su hijo.

Con aquella frase me desarmó totalmente. Todo mi resentimiento se fue y sentí que un gran peso se me quitó de encima. Pero jamás justifique ni justificaré lo que ella y su familia hicieron.

 

 


NO SOY LO QUE TU TE IMAGINAS
 

A la siguiente tarde vino Susana a visitarme en la oficina.

- ¡Hola Francisco!... ¿Qué tal de amores?
- ¡Como siempre!... Solo.
- ¿Sigues enamorado de Matilde?
- No. Eso se terminó - Por no decirle la verdad... El está muerto.
- ¡Francisco! Tú nunca has tenido una enamorada. ¡Tienes que ser persistente como yo!  ¡Al final conseguí lo que quise!... ¡Te obtuve!
Aseveró con gesto triunfante.
- Y a ella... ¿Quién le engañó que me obtuvo? - Me pregunté.
- ¡Francisco!... Yo  te quiero y lo que paso entre los dos fue algo  tan bello.
  Desde aquel día  me hecho varias ilusiones contigo.
- No te hagas ilusiones conmigo. ¡No soy lo que tú  imaginas!
- No  me hago ilusiones. ¡Pero cuando quiero algo lo consigo! - Me dijo con una seguridad en sí misma que impresionaba.
- ¡Logré mi propósito! Conseguí  acostarme contigo.
  ¡Lo logré y te utilicé! - Y me miró a los ojos con gesto triunfante.
- Susana... ¡Yo soy gay!
- ¿Queeé? - Preguntó con cara de espanto.
- Que soy homosexual.
- ¡Pero si no lo pareces! - Me dijo admirada - ¡No lo puedo creer!... Hasta nos acostamos juntos.
   A  mí me habían dicho que los homosexuales detestan a las mujeres.
- ¡Esa es la peor estupidez que he escuchado!
   Cualquier homosexual puede tener relaciones con una mujer si lo desearé
   y a ningún momento tenemos fobia por las mujeres.

 

Susana estaba perpleja y  me veía con cara de espanto.

- ¡Susana!... El que te utilizó fui yo. Me aproveché de ti porque tú  me invitabas a comer, a bailar, me pagabas los tragos.  Tan solo me acosté una vez contigo y fue por experimentar.  ¡Absolutamente por nada más! El resto de veces en las que tú  querías llevarme al hotel... Acuérdate que yo me negaba y te pedía dinero para tomar un taxi e irme a mi casa.        
Con ese dinero me iba a una discoteca gay y luego a las dos de la mañana salía esperar a Mauricio. El fue mi amante durante todo ese año.

Cuando me conociste Martín  fue mi pareja. Jamás tuve relaciones cuando tú me lo
propusiste.- Le enfaticé. - Yo las tuve cuando Mauricio se fue a Londres y lo hice simplemente porque quise experimentar. - Su rostro se puso rojo de las iras.

- Susana, lamento que te hayas hecho otra imagen de mí.
  Te pido que me perdones por esto. ¡Aunque no lo creas!  
  Me duele mucho el haberte engañado.

Ella respondió airada - ¡Francisco! Doy gracias a Dios  por el hecho de que no haya quedado embarazada y espero que no me hayas contagiado el SIDA.

- ¡Gracias a Dios soy gay! - Le dije .

Susana se levantó furiosa del asiento  - ¿Por qué das gracias a Dios?
- Porque somos el único espécimen a quienes las mujeres no pueden dominar.  
 


 

AMAR A UN HOMBRE NOBLE ES TAN FÁCIL

 

A la semana siguiente viaje a Cuba. Carlos Alfredo me estaba esperando.
Lo había conocido por cartas desde hace dos años atrás y tenía algunas fotos de él.
Era un hombre muy atractivo tanto exteriormente como interiormente. 
Fue una alegría conocerlo personalmente ya que él se volvió un ser muy especial para mí.

Como fui en un tour, Carlos Alfredo no podía ir conmigo a todas partes.  No lo admitían en el bus en que yo viajaba.  El trato de los cubanos a los propios cubanos era denigrante.
En Cuba el turista es el rey.

Por la noche solíamos ir con Carlos Alfredo a pasear y nos metíamos a los bares donde se escuchaba a los cubanos cantar con alegría "Guantanamera" pero en sus ojos había resignación.

Carlos Alfredo tenía muy claro el concepto de solidaridad, de lo poco que tenía lo compartía conmigo.  Era bueno, cariñoso y noble que era fácil enamorarse de él.  

Una noche fuimos juntos a Tropicana y la pasamos muy bien. Al llegar al hotel, evadí a todos los vigilantes y lo llevé a mi cuarto.  Pasó lo que tenía que pasar  y fue al primer gay que le creí cuando me dijo "te amo".

La última noche que pasamos juntos, Carlos Alfredo me preguntó:

- ¿Qué te pasa? Te siento triste.
- ¡Es una sensación horrible! - le dije.
- ¿Cuál es?
- Siento que estoy en una cárcel.
- ¡Cuba es una cárcel!
- Es la cárcel más organizada del mundo.- Y me quede por un momento en silencio mientras que Carlos Alfredo me abrazó.

- ¡La vida es injusta! - le dije
- Yo he estado sufriendo por un hombre que no vale la pena
   y tú te quedas aquí encerrado en esta prisión.  
- ¿Amas a Joaquín? - me preguntó.
- Quiero que tu vayas a Ecuador y que los dos seamos pareja. ¿Aceptas mi propuesta?
- Sí, pero si te olvidas de ese hombre.
- ¡Lo haré!  No quiero sufrir más y contigo seré feliz.
- Yo también.

 Al despegar el avión sentí salía de aquella cárcel y que tenía que sacar a un preso de allí.  


 

 

 


Para traer a Carlos Alfredo, trabajé arduamente, logré obtener buenas comisiones.  Después de dos meses de volver de Cuba ya tenía todo preparado y tan solo me faltaba cobrar el dinero de mis comisiones.

 

El día tenía que recibir el dinero de mi pago,  pasó lo inesperado. Mr. Perfección, Héctor Hidalgo López, por quedarse con todas las comisiones me despidió del trabajo. De siete millones que me debía, me lanzó un cheque de trescientos mil sucres. Me era difícil reclamar porque no tenía ningún tipo de contrato con él y si quería reclamar por la vía legal, de acuerdo al movimiento tan lento de nuestra función judicial era seguro que el juicio demoraría más de un año.

 

Al llegar a casa recibí una llamada de Cuba.

 

- ¡Francisco!... No  puedo viajar a tu país porque mi familia no quiere que vaya.
   ¡Anula todos los trámites!- Dijo Carlos Alfredo.

Al colgar el teléfono, recibí otra llamada, pero esta fue de  aquella voz que hablaba en mi interior. 

- ¿Por qué tratas de contradecir mis designios? - Preguntó.
- ¿Acaso tus designios es que tan solo el hombre sufra y que yo no  pueda ser feliz?  

Sentí que se él se río suavemente y con un tono sutil me respondió
- "Es tan fácil amar a un hombre noble".

 


 UNA ROSA, ES UNA ROSA
 

 

Tomás había llamado y me  había dejado un recado. Estaba hospitalizado y quería que lo vaya a visitar.

En la sala de espera  me encontré con Renzo.


- Renzo... ¡Soy Francisco!  Te conozco de vista, pero tú no a mí.

Renzo se puso contento al verme y me abrazó.
 
- ¡Qué gusto conocerte!  Tomás me ha hablado mucho de ti.
   El te quiere muchísimo.
   Estuvimos tratando de localizarte varias veces pero nos fue muy difícil, no pasabas en casa.
   Tomás se va a poner muy feliz al verte.

- Cuéntame ¿Cómo está Tomás?

Renzo mordió sus labios. No era necesario ser brujo para darse cuenta que Tomás estaba en un estado de salud muy grave.

- Tomás tiene SIDA, está en la fase terminal.
- ¡Dios mío! - Fue lo único que pude exclamar y lo primero que me imagine es que Renzo también lo tenía.

- Y tú Renzo, ¿Cómo estás?
- Yo también soy HIV positivo, pero no se me presentan los síntomas todavía.
   Soy más fuerte que Tomás.

- ¡Dios mío! - Exclamé de nuevo.

 

Renzo puso su mano sobre mi hombro y me dijo:
- Francisco, no quiero ser indiscreto...
   Sé que tuviste algo con Tomás
   y aunque Tomás me dijo que no me preocupe porque no hubo penetración,
   pero a mí sinceramente me preocupa que haya pasado algo contigo.

 

Le puse mi mano alrededor de su cintura y apretándole fuertemente le dije:
- No te preocupes. Tomás te dijo la verdad. Hace poco tiempo me hice el examen…
   no soy HIV positivo.  

- ¡Qué bien!  No sabes lo tranquilo que me siento.
   Desde que volvimos a estar juntos, Tomás y yo hemos sido fieles,
   pero me preocupo por las otras personas que hayan estado antes con nosotros.

- Admiró el hecho de que sean fieles.
   En el ambiente gay que conozco, la fidelidad no existe.

- Amar es hacer feliz a quien tu amas. La infidelidad tan solo hace infeliz a quien te ama.
  No necesito ser infiel, porque con Tomás lo tengo todo.


 La fidelidad no es algo impuesto, es algo que te nace del corazón.- me dijo.

Al entrar a la habitación, tuve que armarme de fuerzas para no tratar de parecer impresionado por la noticia,  pero no pude dejar de impresionarme al ver el estado de Tomás.

Tomás estaba sumamente delgado, pálido parecía un cadáver viviente  en sus brazos se veían moretones a causa de los tantos  pinchazos que le habían dado. Aunque Tomás estaba en un estado terminal, tenía paz  y alegría en su rostro.

 

- ¡No tengas pena! - me dijo cuando le vi
- ¡Alégrate como yo! Que me siento feliz de verte de nuevo... Mi estimado Padre Francisco.  

Los dos nos reímos con picardía.


- Llamé al teléfono que me diste y pregunté por el Padre Francisco. 
  No sé si hice mal, pero me enteré que no eras ningún religioso.


  Ahora me explicó el porqué no quisiste dar misa y tampoco quisiste confesarme.

- Y así hubiera sido cura... ¡Jamás hubiera dado la misa de matrimonio! - Les dije.
- Gracias a ti y a Dios, pudimos ser felices.- Me dijo Renzo.
- A mí no me deben nada.


- Yo sí te debo el dinero que me prestaste cuando salí de la comunidad -  Dijo Tomás.
- Eso no fue un préstamo. Te lo di de todo corazón.


- Nosotros te lo agradecemos también de todo corazón - Me dijo Renzo.

Tomás interrumpió.


- Francisco... ¡Quita esa cara de tristeza!  Yo me estaré muriendo pero soy feliz.
  Sé lo que es el amor. He amado y he sido amado. 
  Sé que Dios es el único que conoce el corazón de los hombres
  y a veces la gente nos juzga como si hubiésemos obrado mal.

Renzo y yo sufrimos mucho en este aspecto, pero nuestro amor nos fortaleció.
Nadie sabe lo que tuvimos que pasar.
Pero a pesar de todo,  nuestro sufrimiento valió  la pena.

¿Qué te pasa Francisco? - insistió Tomás
- Yo estoy moribundo, pero al ver tu rostro, veo que tú estás más muerto que mí.
   ¿Por qué estás así?

- Creo que esta vez me voy a confesar contigo - le dije.

Tomás  sonrió y me dijo:
- Francisco... Es mejor que conversemos como amigos.
  De esta manera tú me hablarás con el corazón.
  La confesión a mí me suena tan solo a pecados.

 

Los dos nos reímos simultáneamente - Me pagas con la misma moneda -  le dije y le empecé a contar todo lo que me había pasado con Joaquín. Al finalizar mi desahogo,  Renzo me dijo - Francisco, el amor entre dos hombres es difícil..., muy difícil y a la vez duro, pero existe.  Solo es de poner de parte de uno para que las cosas funcionen.
Hay que sacrificar el egoísmo y el egocentrismo para poder darse al otro.

 

Tomás agregó - El problema que tienes es que tú rezas porque Joaquín cambie,
pero él que tiene que cambiar eres tú.  Eso es lo más difícil y eso es lo que Dios te pide. Siempre hay dolor en el cambio y nosotros nos volvemos resistentes ante él.

 

Tomás tomó una rosa de un ramo que tenía sobre el velador.

- Toma esta rosa, Renzo sembró un rosal en casa y me las trajo. - La tomé y traté de oler su perfume.

- ¿Amas a Joaquín? - Me preguntó Tomás  y me quede callado.
- Francisco... ¿Amas a Joaquín? - Volvió a  preguntar y apreté fuertemente el tallo de la rosa.
- Francisco ¿Amas a Joaquín? - y me salieron lágrimas de los  ojos.

 

Renzo inmediatamente abrió un cajón del velador y saco una gasa y empezó a limpiar mis dedos.

- ¡Francisco te clavaste las espinas! - Me dijo mientras limpiaba la sangre que salía entre mis dedos.

- Así es el amor - me dijo Renzo - Es tan bello como una rosa y tan doloroso como una espina.

- Quisiera no amarlo - Le dije casi derrotado - Porque este amor duele tanto.

Al escuchar aquello, la actitud de Tomás cambió. Se dio fuerzas  y apoyo  los puños  en el colchón y se sentó.

Renzo se apresuró en acomodarle la cama y colocarle una almohada debajo de su espalda.

Tomás me señaló con el dedo y me advirtió.
- "El momento en que tú dejes de amar, mueres" -  y volvió a señalarme con el dedo y me retó 

- ¡Mírate al espejo!... Estás más muerto que mí.-  Luego  señaló con su dedo hacía la ventana.

- ¡Mira hacia la calle! y date cuenta cuantos muertos están caminando por toda la ciudad.

- Pero amar a Joaquín  me está matando en vida - le dije en voz baja.


- ¿Y qué te imaginabas?  Creías que el amor es algo fácil, algo sublime, algo ensoñador.
   Pues no...
  
El amor es sacrificio, es sufrimiento, es entrega total, es dar sin esperar nada a cambio.
Y aunque parezca contradictorio, es la única manera de ser feliz.
 

Aquel momento me debilité y esta vez era Tomás quién me abrazaba y yo era el que lloraba en su hombro.

 

- Francisco, deja que los muertos se lleven con los muertos,  júntate con los vivos.
  ¡Rompe ese corazón de piedra que  tienes!  No es el ambiente gay el que te ha hecho duro.  A ti te endureció el corazón la misma Iglesia como  le sucede a muchos homosexuales y como le sucedió a Joaquín. 

Todas las religiones hablan de amor y nos rechazan. ¡No hagas caso de ellas!
¡Hazle caso a Dios!  Para El no existen barreras.

 

- Tomás... Yo no quiero amar, ya no quiero sufrir más.

Tomás perdió la paciencia. Me agarró de la camisa con su mano, acercó  su rostro al mío y dijo  - "La peor blasfemia que puede tener el hombre en contra de Dios es el negarse  a amar y por ende es  negarse el derecho a ser feliz."

Ese momento lo abracé fuertemente y los dos lloramos juntos.  

 


 

- Francisco... ¿Te has dado cuenta que un homosexual siente el verdadero amor tan solo por otro homosexual.  Es raro que un  homosexual llegue a amar a un heterosexual. A veces pasa eso, pero realmente te das cuenta que tan solo son obsesiones  o amores platónicos.

¿Por qué habiendo tantos miles de hombres, tan solo llegas a amar verdaderamente a uno y justamente aquel que amas  es homosexual? - me preguntó Tomás intrigado.

- A veces creo que tengo la respuesta, y esa respuesta tan solo está en mi interior, pero me niego aceptarla.

 

Tomás me quedo viendo dulcemente  a mis ojos que estaban llenos de lágrimas y  dijo:
- La voluntad de Dios es que tan solo ames, y sino cumples su voluntad,
  él que va a ir a tu velorio seré yo.

 

Me reí por un instante y Tomás secó con un pañuelo mis lágrimas.

- Cuando me muera... yo estaré viéndote desde arriba y pidiendo al Padre porque seas feliz.

 

 

ES TAN DIFÍCIL ENGAÑAR A UNA MADRE

 

Llegué a visitar a mi madre natural y ella estaba con su amiga Cecilia.

 

- Francisco, mi amiga Cecilia sabe leer muy bien las cartas.  ¡Hazte leerlas!
- ¿Acaso tú ya no eres evangélica? - Le reté.


- ¡Soy cristiana! Pero a quien te van a leer las cartas es a  ti, no a mí.

 

Mi madre se fue a la cocina y Cecilia se quedo conmigo en el comedor.
Cecilia puso las cartas sobre la mesa para leérmelas.

 

Ella analizaba las cartas detenidamente y luego alzaba su mirada hacia mí.

Algo sospechaba pero tenía miedo en decírmelo.
Hasta que me lo dijo de una manera muy sutil.

 

- Francisco... Hay un hombre en tu vida. Ese hombre ora por ti, llora por ti,
  y hasta se ha dado a las copas por ti.
- ¡No puede ser!

- Francisco... A mí las cartas no me engañan.
  Aquí yo veo a un hombre.- y con su dedo me señaló la carta que pertenecía a aquel hombre.
- Sé que es un hombre. Pero no puedo creer que él esté llorando por mí,
  ni tampoco que esté bebiendo por mi culpa.

- Hay muchas lágrimas por parte tuya también.
- Es cierto.- le dije.
 

De pronto escuchamos un grito desde la cocina.
 

- ¿Cómooo?... Mi hijo llorando por un hombre. ¡Quiero que me expliques eso!

Mi madre salió de la cocina. Vio las cartas y le pidió una explicación a Cecilia.
Ella había estado oyéndolo todo.

 

- Inés... ¡Aléjate! - le pidió Cecilia cortésmente - Esto es  algo privado entre Francisco y yo.
- Necesito saberlo todo y tú eres la única que me puede explicar el porqué mi hijo tiene que estar llorando por un  hombre. - Insistió alterada. 

- Inés, tú  hijo no me ha pedido ninguna explicación de lo que te he leído en las cartas. Así es que, por favor... ¡Aléjate!
 

Mi madre se fue a la cocina, pero me daba cuenta que seguía con su oído atento a lo que diga Cecilia, mientras que yo tan solo guardaba silencio.
 

- Francisco... ¿Tú le hiciste algo malo a él? - Me preguntó.
- Si, le dije que le amaba y a los pocos días me fui del país sin avisarle.

- Pero él también sabe como herirte a ti. El también te ha hecho sufrir mucho.
   Con él tú estás pagando lo que le hiciste sufrir a otro hombre que lloró mucho por ti.
- ¡Eso es totalmente cierto!

- Hay lazos de amor entre tú y aquel hombre. El te ama y piensa mucho en ti. 
  Los dos se van a volver a ver.

 

En ese momento regresé a ver a mi lado. Mi madre estaba parada junto a mí con cara de ogro observando fijamente hacia las cartas.
 

- Cecilia... ¡Tú a mí no me engañas! 
  Yo soy tu amiga y sabes muy bien que yo también sé leer las cartas. 
  ¿Qué hace Francisco aquí junto a la carta de  un hombre y junto a ellos la carta del amor?
 

- El es un buen amigo de Francisco y ora mucho por él - Le dijo Cecilia tratando de ayudarme.
- Pero, ¿Por qué Francisco llora por él?...Aquí yo veo que los  dos se aman - Insistió mi madre.

- Tú le conoces, estuvo en mi cumpleaños y te lo presente.- le dije.
- ¿Quién es?
- Joaquín

- ¿Se puede saber qué es lo que haces tú con un hombre mayor a ti?.-  Por lo visto mi madre estaba disgustada.
- Nada - Dije a secas.

- ¡No te creo! - Me increpó ella.
- Si quieres saber la verdad... Nos acostamos juntos.

- ¿Comooo? - Dio un grito y se puso sus manos agarrándose la cabeza.
- ¡Mi hijo es homosexual! - Volvió a gritar. - ¡Te dije Cecilia, yo te lo dije!
Yo sabía que Francisco era homosexual. Ya me lo sospechaba...

- ¡Bruja! Adivinaste...- Le dije mientras que ella me veía sin saber cómo reaccionar.

- ¿Por qué armas tanto escándalo
   si ya te dije anteriormente que a mí me gustan los hombres y tú no me creíste?, 

  ¿ Por qué te vales de las cartas para enterarte?.
  ¿Crees que soy tonto ?

  Gulnara se valió del mismo método para averiguar si soy gay.
  Pues no  hacen falta las cartas. ¡Soy homosexual!

 

Ese momento mi madre se puso pálida y se quedo muda.  No captaba bien lo que le estaba diciendo mientras que me dije: 
- ¡Venganza cumplida! - y sonreí. Al ver mi cara,  ella fue a su cuarto y trajo una Biblia y comenzó su prédica.
 

- Francisco, es que la Biblia dice..., la Biblia dice... y la Biblia dice...
 

Cada vez que me enseñaba un versículo, yo le enseñaba otro,  pero no se daba por vencida.

Ella puso la Biblia frente a mi rostro y  enojada con un fanatismo casi ciego insistió:

- ¡Esta es la palabra de Dios! y su palabra dice que lo tuyo es  pecado.
- Cítame un versículo en que la Biblia diga que el amar a un hombre es un pecado - Le reté.


- Francisco... ¡Tú eres un blasfemo! No crees en la Palabra de Dios - Me gritó mirándome con cara de capataz. -  La Biblia dice que él que no crea en la palabra de Dios que es este libro que tienes frente a ti  es un blasfemo y está condenado al infierno.  Lo único que me queda es orar por tu alma.

 

Ese momento golpeé mis puños contra la mesa porque esta mujer me estaba logrando sacar de quicio.  - La peor blasfemia que puede haber contra Dios es negarse a  amar.- Y mi tono de voz se alteró recamándole -  De qué me sirve que estés con la Biblia diciéndome a cada momento: La Biblia dice... y la Biblia dice…cuando no veo en ti ninguna muestra de afecto hacia mí.

¿Cuándo nunca has sido cariñosa conmigo?, ¿Cuándo me has demostrado tu amor?
La única vez que te sentí cariñosa fue el día en que nos conocimos.


Nunca he visto una muestra de amor de tu parte, pero eso sí,   eres una experta en citar la Biblia.  De que me sirve que estés predicando la salvación a los cinco vientos si no veo la salvación en ti mismo.  No sabes amar.

Tus hermanos de religión cuando hablan de los homosexuales, predican que somos la maldición de Dios, que somos pervertidos,  que somos igual que los animales y que no entraremos al reino de los cielos. Esa es la manera que demuestran su amor.


Esos son los cristianos... Hablan de amor, pero no tienen idea de lo que realmente significa amar.

Incluso ni entre cristianos se aman y se critican los unos contra los otros.
Si es así tu Dios, que solo ama a pocos y que les dice que se aprendan la Biblia de memoria, pero que no la practiquen, prefiero ser homosexual. Siendo homosexual no hago tanto daño como el que todos ustedes nos han hecho en nombre de Dios.

 

Ella se quedo en silencio, no supo qué responderme y empezó a llorar.

- Francisco... No puedo discutir contigo. Sé que tú sabes mucho de Biblia y de religiones.  Yo soy una ignorante en ese aspecto, pero lo que sí sé, es que seas lo que seas, yo te amo, y siempre pediré a Dios por ti y que El te bendiga.

 

Ella se acercó a mí y me abrazó fuertemente.

- Siempre te he amado hijo mío- Me dijo llorando - Lo que pasa hijo, es que he tenido muchas  situaciones difíciles que me han hecho  sufrir mucho al igual que a ti y han hecho que no pueda expresar mi amor. Pero yo te amo hijo mío - Me beso en la frente y
nos abrazamos fuertemente.

 

- " Si una madre que es un ser humano y por lo tanto imperfecto, ama a su hijo sabiendo que este es homosexual, lo acepta como es y desea  de todo corazón que le vaya  bien". ¿Por qué las religiones nos enfocan la imagen de un Dios que detesta a los homosexuales si los homosexuales creemos en El  y sabemos que El es nuestro Padre?

 

Aunque los protestantes digan que el tarot es demoníaco, para mí fue una bendición en aquel día.

 

 

 

 

CAMARÓN QUE SE DUERME, SE LO LLEVA LA CORRIENTE

 

Una tarde decidí ir al sauna y en el interior de aquel lugar me encontré con Vicente que apenas me saludo ya me puso la mano sobre mis genitales.

 

- Hola  Francisco...
- ¡Qué otra vez me crees de tu  propiedad?


- No Francisco, pero contigo estoy seguro. ¡Se te ve sano!
  No quiero estar con algún enfermo. Le tengo terror al SIDA
   y yo sé que la mayoría de los que viene a este lugar son bien putos
   y pueden estar infectados.

 

Ese momento la puerta del turco se abrió y vi a entrar a Joaquín. Mi corazón empezó a latir a mil, sentí  que mi alma se quería salir por mi boca y unas ganas de salir corriendo.  

 

- Hola Francisco... ¡Te veo muy bien acompañado - Me dijo.
- Hola Joaquín. - Fue lo único que se me ocurrió decirle.

El se sentó junto a mí y noté en sus ojos profunda tristeza.
- Francisco, tengo que ser valiente porque estoy sufriendo mucho.


- A mí también me toca ser valiente.
- ¿Por qué?
- Viaje a Cuba, me enamore de Carlos Alfredo.
   Estuve con él, decidí traerlo y lamentablemente todos mis planes fracasaron.

 

Ese momento Joaquín se levantó  enojado - ¡Ya no te  tengo paciencia! - gritó fuertemente y se retiró hacia las duchas.

- Te devuelvo la puñalada - Murmuré.

- ¿Quién es aquel vejestorio que se levantó furioso? - Preguntó Vicente. - Tan solo suspiré y con dolor le dije:
- Es el hombre a quien yo amo. 
- Con alguien así... ¡No me metiera ni loco! - me dijo Vicente y se fue hacia las duchas.

 

Después de varios minutos noté que ni Joaquín ni Vicente volvieron. Fui a las duchas y no encontré a ninguno de los dos.  Ellos se habían encerrado en el baño y por el jadeo que pude oír, ya me imagine lo que estaban haciendo.

 

- ¡Este ambiente es la mejor escuela para aprender a ser cruel! - Me dije a mí mismo y me retire hacia la sala de descanso.

 

Al poco tiempo Vicente salió del baño y al verme se rió y me dijo:
- Francisco... ¡El tiene una grandota! -  y me puso sus dos dedos índices tratándome de indicar su tamaño mientras lo miraba seriamente.

- Francisco... ¡No me mires así! Sé que  lo amas, pero "camarón que se duerme se lo lleva la corriente". -   Se burló con  risa sarcástica.

-  “El que ríe al último, ríe mejor".-  Me dije a mí mismo mordiéndome los labios.

 

Luego Joaquín salió del baño y paso delante de nosotros. Alzó su cabeza y se golpeo con la mano su pecho festejando su triunfo.

Vicente dio una carcajada al ver el gesto altivo de Joaquín mientras que baje mi cabeza mirando hacia el suelo, fingiendo no haber visto nada. Tratando de que nadie notara que mil espinas estaban siendo clavadas en mi cuerpo.  Joaquín se dirigió hacia el sauna mientras que nosotros nos quedamos en la sala de descanso.

Ese momento suspiré y Vicente me preguntó - ¿Qué te pasa?... Te veo pálido.


- ¡No es nada!  Es tan solo un dolor en el pecho. - Y me senté porque no pude mantenerme en pie.                     

- ¿Qué hicieron? - Le pregunté.
- De todo un poco...


- ¿Utilizaste condón?
- No.

 

Llego el momento de aprovecharme de aquella situación.

- ¡Eres un salvaje, un animal!, ¿Cómo se te ocurre tener  relaciones sexuales sin condón? - Le reclame con gesto de espanto.

- ¡Francisco, a él se lo ve tan sano! - Me dijo ingenuamente.
- Por fuera está sano, pero por dentro tiene SIDA. ¿Por qué crees que me separé de él?

 

Le toco el turno a Vicente de ponerse pálido y me miraba sin saber qué responderme.

 

- Joaquín no utiliza condón en ninguna de sus relaciones y  anda repartiendo el SIDA a quien se le ocurra.  El ya no tiene respeto por sí mismo y le importa un comino el resto.  El ya no tiene nada que perder.

 

Vicente asustado me preguntó - ¿Le has dicho a Joaquín que tienes Sida gracias a él?

- Si, pero él alzando sus hombros me respondió - ¡De algo hay que morir en esta vida!

 

Vicente respiro profundo y caminó apresuradamente hacia las duchas. Conté mentalmente hasta 60 y fui a espiar lo que estaba haciendo.

 

Vicente estaba bañándose desesperado y era tanta su desesperación que se había metido jabón hasta en  la boca.  No había que ser mal pensado para imaginarse lo que había hecho. Fui a mi casillero y tomé un frasco de colonia.

 

- ¡Préstame tu mano! - El me la extendió.
- ¡Ponte esto adelante y atrás!, esto mata el virus, si es que esta todavía fuera del torrente sanguíneo.

 

Vicente me quedó viendo y miró hacia la mano.  Era como si le pidiese que él mismo se atormentara.

 

Me retiré y al momento oí un grito. Vicente parecía como si fuese un lobo que quería aullar pero que no podía.  Aullaba en voz baja. Escuchaba como saltaba de lo que no aguantaba el ardor. - ¡Sufre desgraciado! - Murmure.

 

Cuando fui a ver lo que le pasaba, lo encontré soplando su pene para calmar aquel ardor. Su glande estaba más rojo de lo normal.

- ¡Fascinante! - Me dije a mí mismo.
- ¿Te pusiste atrás?


- No - Me contestó asustado.
- ¡Préstame tus dedos!

 

El me extendió su mano y junté el dedo índice con el medio, le puse mucha colonia sobre todo el largo y ancho de sus dedos.

 

- ¡Mételos donde tú ya sabes y refriégate bien!  De esa manera matarás al virus que se encuentre dentro.

- ¡Francisco! - Me suplicó - No me pidas eso...
- Es tu decisión... - Le dije - Es preferible que te arda el culo por un momento a que tengas que morir lentamente como yo lo estoy haciendo. -  Y agaché mi cabeza en un gesto de resignación.

 

Me retiré y de pronto escuche otro grito salir de la boca de Vicente. - ¡Aaaay!. 
- ¡Bien merecido te lo tienes! - Murmuré mientras que Vicente se daba retorcijones,
   saltaba y seguía pareciendo un lobo que no podía  aullar por no causar escándalo.

- ¡Maldito el día en que te conocí! -  Murmuré de nuevo.

 

Después, Vicente y yo nos vestimos y salimos del sauna.


Mi seriedad se esfumó cuando lo vi caminar, tuve que morderme los labios para evitar el reírme.

 

- Parece una loca que esta masticando chicle por el culo.- Pensé al verlo.

 

Al despedirnos me dijo:
- Adiós Francisco.  Voy a hacerme lo más rápido el examen.
- ¡Anda y háztelo!  Cualquier cosa me la cuentas.
- ¿Necesito ir en ayuno?
- Si, es preferible que no comas 24 horas antes...

 

 

SUFRES PORQUE NO QUIERES AMAR

 

Esa misma  noche  cuando estaba caminando a casa,  mi compañera  me empezó a martirizar como nunca antes lo  había hecho y yo  trataba de darme fuerzas para no sentir aquel dolor, pero aquel dolor superaba mis fuerzas.

 

Mientras caminaba aquella voz dijo - ¡Arrodíllate!

Esta vez dude de aquella voz y  pensé que era yo mismo él que inconscientemente me hablaba pero aquella voz insistió:

- ¡Arrodíllate!

 

No le hice caso y dije en voz alta:
- ¡No quiero escuchar voces, no quiero recibir mensajes!...
Cualquiera que sea él que hable... ¡Déjeme en paz!

 

Aunque había dejado de beber, llegué por un momento a creer que escuchaba aquella voz por causa del alcohol.  Pero aquel ser insistió. 

- Sufres por que no me quieres oír y si te ordenó que te arrodilles es para que dejes a un lado tu falso orgullo y aprendas a ser humilde.

- ¡Mira el sufrimiento que me ha causado amar a un hombre! 


Y ahora me dices que sufro por no hacerte caso.- Le reclamé


- "Sufres porque no quieres amar".

 

Y aunque escuché aquella voz y traté de bloquearme a aquellos mensajes. Endurecí mi corazón y seguí caminando cuando de pronto sentí que  alguien me golpeo fuertemente con sus puños detrás de mis rodillas. El golpe hizo que cayera al  suelo quedando arrodillado.


Al regresar a ver,  no había nadie detrás de mí.

 

- ¡Cabeza al suelo! - Ordenó aquella voz.
- ¡No quiero escucharte!  Tú lo único que has traído a mi vida es sufrimiento y ya no quiero tenerlo más.- Le dije derrotado.
- ¡Cabeza al suelo! - Ordenó de nuevo.

 

Puse mi cabeza sobre el suelo y empecé a llorar.

 

- ¿Qué es lo que quieres de mí? - Le pregunté.
- Ama a mi hijo Joaquín y ora por él. 


- ¡No me pidas más eso! - Le supliqué - ¡Pídeme lo que quieras!...
   Incluso me puedo volver cura por ti, pero no me pidas que ame a Joaquín.
   ¡Ten compasión de mí!

 

- Mientras que tú no ames a aquel que tiene los defectos que tú detestas,
   no podrás amar al Padre,
   porque los defectos que tú detestas en los otros,
   están inmersos en ti mismo.

 

- ¿Quién eres? - Le pregunté.
-  YO SOY Joaquín.- Respondió suavemente.

 

 

SANTO ES EL QUE AMA

 

Al siguiente día fui a visitar Emily. Al verme ella me dijo:
 

- ¿Qué te pasa?
- Recibo mensajes  que me dicen que ame a un hombre.


- Los mensajes te dicen que ames a un hombre y según tú, él no te ama.- Me dijo sin inmutarse.
- ¿Cómo sabes eso?

 

Emily se quedo pensativa y me dijo:
- No entiendo los designios de Dios. Tal vez sea porque tengo una mentalidad limitada
  y El es infinito, pero no puedo creer que El te pida que ames a un hombre.
  Amar a un hombre es pecado.


- ¿Quién te ha dicho eso? -  Reclamó la voz.   Me quede otra vez helado y trate de llevarle la contraria.
-  ¡Emily! Creo que amar a Joaquín es pecado.


-  Cómo puede ser el amor pecado si Yo SOY el amor.- Dijo él.
-  Estoy hablando con Emily y no contigo - Le reclame mentalmente.


-  En donde están dos... ¡Estoy yo! - Me hablo de nuevo.
-  La Biblia dice que Dios creó el amor entre un hombre y una mujer, no el amor entre un hombre y un hombre.  Amar a un hombre es pecado - me recalcó Emily. -  Nosotros los cristianos debemos llevar una vida santa y evitar el pecado.
¡El homosexualismo es pecado!.

- ¡Santo es el que ama!  - Dijo El inmediatamente.
- Peca el que no ama.-  Dijo después suavemente.

- ¡Gracias! Eres muy amable de tu parte. - Le dije mentalmente.
- Emily... desde que El me dijo que ame a Joaquín, siento una espina que atraviesa mi alma.
¡Pídele a Dios que me quite esta espina!... Ya no puedo llevarla.


- Esa espina es causada por el demonio. - Dijo Emily asustada.


- ¿Crees en los mensajes?
- Cuando Dios da mensajes... te da paz, alegría y gozo.

 

Ese momento empecé a angustiarme y le pregunté:
- ¿Crees tú que cuando le dijo a Abraham que tenía que matar a su hijo Isaac, este saltó de alegría y gozo?  ¿Crees tú que cuando Cristo tuvo que ir a la Cruz, él también sintió alegría y gozo?
¡Qué poco conoces de la Biblia! ¿La has leído completa?

- No, casi no la leo.

- Por eso tan solo repites lo que te dice el resto - Le dije otra vez angustiado.

- ¿Crees tú que acaso yo no he consultado en la Biblia sobre mi problema? 
He revisado varias versiones. La espina que atravesó a Pablo, en una Biblia dice que es Satanás quien causa ese dolor; en otra es una prueba de Dios, en otra es un aguijón, en otra es para comprobar la perseverancia y paciencia de Pablo y en otra es el mismo Dios. ¿Acaso crees tú que no me he vuelto loco viendo tantas diferentes versiones del mismo hecho? - le reclamé casi desesperado mientras que ella no supo qué responderme.

 

- ¿Cómo puede el demonio a través de una espina hacer que yo cambie tanto y que sienta que cada vez que amo a Joaquín estoy más cerca de Dios, y cuando niego mi amor hacia él, me sienta vacío?

 

- Mi capacidad de entendimiento es limitada. - Me dijo Emily suavemente.

 

- El texto original dice que Pablo llego a saber tanto, que aquel conocimiento le era una espina en su vida. La Iglesia puso luego la palabra demonio... ¡Ayúdame por favor!- Le supliqué - Tú  tienes el don de intersección y puedes pedir a Dios que me quite esta espina.

 

Emily me pidió que me sentara y ella se paró frente a mí y puso sus manos sobre mi cabeza y empezó a orar en silencio. De pronto ella abrió sus ojos y vi que su rostro se puso alegre y  dijo - Tengo un mensaje de la virgen para ti.

 

Emily escribió el mensaje en un papel y me lo paso: " Francisco, escuché tu oración y yo soy tu madre en el cielo.  Recuerda hijo que el sufrimiento purifica y no reniegues de él. Cada vez que sufras tan solo recuerda que mi hijo sufrió mucho más que ti".

 

Al ver aquella nota recordé aquel  pacto que hice con la virgen en secreto y me quede pasmado. 

 

Luego Emily se puso otra vez a orar en silencio y al poco tiempo me dijo - La espina que tú llevas es una espina que te purifica y cada vez que sientas que esta te clava, es porque Joaquín está hiriendo a Dios y tú tienes que interceder por él. Orar por su cambio y también por el tuyo.

 

- Emily... Si vine a pedir tu ayuda es para que me quites esa espina - Le dije casi suplicándole -. Sé que la Biblia dice que todo lo que  desates en la Tierra, quedará desatado en el cielo. ¡Por Dios!, ayúdame.  Quiero desatarme de Joaquín.

Emily me dijo - Voy a orar por ti para que Dios te desate de Joaquín.

Emily procedió a orar por mí y pidió a Dios me sanase las heridas que tenía desde mi infancia. Ella prácticamente sabía toda mi vida.

Llegó un momento en que ella pidió - Señor te ruego que Francisco, pueda tener una vida normal, que se case y tenga hijos y que sea feliz.

 

En aquel momento sentí un dolor interno de frustración al pensar que si me hubiera casado y hubiera formado una familia, hubiera sido feliz  y no hubiera sufrido tanto. Para mí los heterosexuales no sufren tanto como un homosexual  y sintiéndome tan frustrado me puse a llorar y fue tanto el dolor que salía de mí que Emily lo sintió y se puso a llorar conmigo.

 

- ¡Llora Francisco, llora!. Las lágrimas purifican el alma.

 

Al tranquilizarme un poco, Emily pidió a Dios - Señor... ¡Desata a Francisco de Joaquín! Borra de su mente todos los malos recuerdos  que tenga con él. Borra de su corazón aquel sentimiento que siente Francisco por Joaquín.  Te lo pido en nombre de tu hijo Jesús.

 

- "Lo que Dios ha unido, el hombre no lo separa".- respondió aquella voz.

 

Ese momento me lleve mis manos a la cara y tan solo pude exclamar. -¡No!

Emily se asustó al ver mi reacción y  preguntó -  ¿Qué te pasa?
- El hablo de nuevo.  No me deja en paz - Le dije casi llorando.
- Emily... Creo que estoy loco a causa de haber vivido en el mundo de las religiones.


Estoy escuchando una frase que antes la aceptaba,  pero ahora me niego a creerla.

Emily me miró extrañada - Siento claramente tu energía. ¡Está pesada!  Tienes que quitarte de esa energía negativa que has acumulado.  Tan solo un sacerdote te puede ayudar.

- ¿Cómo?
- Yéndote a confesar.


- Tú sabes que no me confieso desde esa mala experiencia que tuve en Cuenca.
- Pero hoy tienes que confesarte. Tienes varios espíritus negativos dentro de ti y yo tan solo puedo sacarlos mediante la oración luego de que tú te hayas confesado, sino captaré todos esos espíritus en mí.


- ¡Emily! - Le reclamé - Los espíritus negativos tan solo entran en uno, si uno lo permite.
   Eso es lo que yo he sabido y nunca he dado permiso para que un espíritu entre dentro de mí.

- Al ser promiscuo estás dando permiso para que el espíritu de la lujuria entre dentro de ti.
   Al no obedecer a Dios estás dando paso a que el espíritu del orgullo entre dentro de ti.
   Al no ser humilde, das paso a que el espíritu de la vanidad entre dentro de ti.
   Al no querer amar estás dando paso a que el espíritu del egoísmo entre dentro de ti.
   Al aparentar lo que no eres estás dando paso a que el espíritu de la mentira entre dentro de ti.
   Al no perdonar a los que te han hecho daño diste paso a que el espíritu del resentimiento entre dentro de ti.

   Todos estos espíritus entran en el hombre  bajo su consentimiento según sus actitudes.

   El espíritu de la lujuria genera soledad en el alma. 
   El orgullo genera el endurecimiento del corazón.
   La vanidad genera un vacío interno.
   El egoísmo genera la impaciencia y  la depresión.
   La mentira genera la falta de aceptación
   y el  resentimiento genera el peor de todos los males.  No hay paz  en tú corazón.

 

 

EL PERDÓN NO ES UN ACTO DE PODER,  ES UN ACTO DE AMOR

 

Siguiendo los consejos de Emily al siguiente día fue a confesarme.

 

- Padre, soy homosexual y acusé a un hombre de que tenía SIDA sin tenerlo poniendo en jaque  a un amigo que estuvo con él.

El cura me quedo viendo con mala cara.  Su rostro se puso severo y acusador y duramente me retó.

 

- ¿Acaso no te das cuenta que con Dios no se juega?  He visto que todos los días vienes a la Iglesia, pero mira lo que haces cuando estas fuera.  Vives en pecado y es mejor que no vengas por aquí a menos que decidas cambiar tu estilo de vida. 

 

Luego respiró profundo y con su mirada severa me dijo - Por el poder que me ha dado la Iglesia... ¡No te perdonó!

 

En ese momento él que cambió su rostro con gesto de severidad fui yo y le pregunté
- ¿Y quién te engaño que  tienes el poder para perdonar?

 

Con su prepotencia  respondió - ¡Yo tengo el poder de perdonarte! y ese poder me lo ha dado la Santa Madre Iglesia.  - Y  reafirmó - No tienes mi perdón y tampoco podrás comulgar por el resto de tus días a menos que dejes ese estilo de vida.

 

- "El perdón no es un acto de poder, es un acto de amor" - Dijo aquella voz dentro de mí y le repetí aquella frase que había escuchado al sacerdote. El se quedo estático y tan solo le dije - ¡Gracias! - y me retiré.

 

Había ido a confesarme para tener un poco de paz y casi salgo más endemoniado que nunca.

Ese momento en acto de rebeldía me quede en la Iglesia. Sabía que dentro de pocos minutos empezaría la misa  y como era un abusivo con el resucitado, me senté en una banca y le dije - De aquí no me muevo hasta que Tú me perdones. 

 

Al poco rato la iglesia se empezó a llenar. Había mucha gente allí y por las conversaciones que escuchaba, venían a misa para prepararse para una vigilia. La misa empezó y  tres sacerdotes la dieron, incluido aquel que no me perdonó.

 

Al momento del sermón, el padre que dirigía la misa, dijo
- Sé que os estáis preparando para una vigilia de oración y que la mayoría de ustedes quieren confesarse, como hay tanta gente y apenas somos tres sacerdotes, hemos decidido que por el poder que nos da la Santa Iglesia Católica darles a todos los aquí presentes la absolución general.

 

Luego el padre oró en voz alta la oración que tiene preparada la iglesia para dar la absolución general  y dijo:

- Quedan perdonados  todos los pecados cometidos hasta el día de hoy por parte de  todos los aquí presentes.


- ¡Guauuu! - Dije felizmente y los que estaban alrededor mío me quedaron viendo como bicho raro.

 

Al momento de la comunión, los que querían comulgar  formaron tres columnas. Escogí exactamente la columna que me llevaba hacia el padre que me prohibió comulgar por el resto de mis días. 

 

Al llegar donde él y vernos cara a cara, su rostro cambió totalmente. No abrí mi boca, sino que extendí mi mano para que me pusiera la hostia.

El me miro severamente y tan solo vi que la hostia y su mano temblaban juntas. Tenía todas las ganas de fastidiarle y le guiñé el ojo.  No estaba contradiciendo para nada las leyes de la Iglesia y el  no tuvo más que decirme - El cuerpo de Cristo - y entregarme la hostia.
 - ¡Amén!

 

Nunca había comulgado con tanta alegría y mientras caminaba la gente que me veía me seguía viendo como un bicho raro que tuve que mirar al suelo y morderme los labios para no demostrar mi alegría interior.

 

Pero  al llegar al puesto donde anteriormente estuve, mi felicidad cambió.  Un frío invadió todo mi cuerpo.

 

 

LAMENTACIONES ILUSAS

 

Un hombre estaba arrodillado, cerrado los ojos con sus manos juntas que topaban la frente, aferrándose a Dios, tal como muchos gays a los cuales había visto orando en la iglesia.

 

Me senté junto a él y tan solo pedí fuerzas a Dios para  poder soportar su presencia. Comencé a sentir su dolor, empecé a sentir lo que él sentía. Aquel hombre era mi espina.

 

El no se movió de esa posición hasta terminar la misa. Una vez concluida, él se sentó, me regresó a ver y me preguntó  - ¿Crees que es permitido que los dos estemos aquí? - "Todos somos hijos de Dios" -  respondí.

 

El me dijo - Cuando estuve en Nueva York, los curas no permitieron que los gays intervengamos en el desfile de San Patricio.

Una risa corta salió de mí - ¡Qué irónica que es la vida!  Curas homosexuales que no permiten que los gays desfilen.


-   ¡Viste! Al fin me diste la razón. ¡Son todos! - Dijo Joaquín en gesto triunfante.- Y sonreí.
-   Justamente con el cura que comulgaste, justo a ese me le comí. ¡Le encanta la verga! - Me dijo seriamente.

Mi cara se transformó totalmente.

 

- Francisco... Aunque no lo creas, estoy arrepentido de muchas cosas que he hecho en mi vida y he sufrido mucho por eso, pero cuando veo a otros homosexuales como actúan y como son, creo que no tengo que arrepentirme de nada.

 

- ¡No te compares con los que son peores que ti! y  no sigas  lamentándote del pasado.
  Todo tiene su tiempo.

 

- Francisco... ¡He sido un tonto!... Me enamore de mi mejor amigo y siempre creí que él fue mí único amor de mi vida. Me prometí que no me enamoraría jamás de nadie más que no sea él.

 

- A mí me pasó lo mismo.- Le dije con un sentimiento de frustración interior.

- ¡Francisco! -  Dijo y suspiró - ¡Lamento  no haberme casado!
   Si me hubiera casado, te juro que no hubiera sufrido tanto - Y otra vez me miró con sus ojos de tristeza.

 

- ¡Ilusas lamentaciones!  He escuchado la misma lamentación a varios curas que llegan a tú edad.

 

Al notar mi actitud tan fría, Joaquín me dijo - Lo que más lamento es no haber hecho caso del consejo que me dio  Eduardo.-  Y me miró de pies a cabeza con un gesto despectivo - Lamento no haberme involucrado sentimentalmente con alguien de mi misma clase.

 

La reacción fue inmediata - Yo también lamento no haber hecho caso del consejo de Benjamín. El me dijo que jamás me fijara en alguien que padece del Síndrome de las Locas - E igualmente lo miré despectivamente.

- ¿Y qué es eso? -  Preguntó exaltado.

 

- Es aquella enfermedad que sufren los que presumen tener clase y  tienen mierda en su cerebro - Le dije con tono severo mirándole directamente a  sus ojos.

Joaquín sintió que lo que decía era contra él.


- ¡Pero yo no soy presumido! Mientras que tú si tienes que cambiar porque tienes un carácter demasiado fuerte.

- Joaquín, he pasado seis años con disciplina militar y  ocho años con la Iglesia, ya estoy cansado de que me digan lo que tengo que hacer.

Joaquín se alteró  - ¡Con ese tipo de educación tendrías que ser perfecto!

 

- ¡Mientras menos perfecto sea, soy más libre!
- Por eso es que siempre haces lo que te da la gana - Me gritó.


- ¡Shhhhh!!! - Se oyó el murmullo de la gente que estaba a nuestro alrededor, y pidió que guardásemos silencio.  Aunque sus oídos no se apartaban de lo que nosotros estábamos diciendo. 

 

Joaquín regresó a ver el crucifijo que estaba sobre el altar y exclamó con una angustia profunda:
-¡Jesús, Jesús, Jesús!... ¡Quítame esta espina que  has clavado dentro de mí! -


E inmediatamente me regresó a ver y  dijo
- ¡No te entiendo!
  ¿No sé exactamente quién eres en realidad?...
  ¡Tú me matas! - Se  levantó de su asiento y se fue.

Entre mí tan solo me pude responder suspirando - "Soy una apariencia" 

Y sentí que el alma se me desgarró al verlo partir y viendo hacia él crucificado, esta vez era yo el que clamaba:  - ¡Jesús, Jesús, Jesús... !!!
Ten misericordia de mí! Ni siquiera puedo demostrar amor por el hombre a quien más amo.

 

Mi cabeza cayó sobre mis rodillas  porque me sentí totalmente derrotado.
Todo había terminado para mí.
Sentí como aquella espina desaparecía lentamente.
Entonces aquella voz  empezó a hablar y dijo:

- Todo lo que ha pasado, es porque tuvo que pasar.
   Para que el hombre experimente lo que es la luz, tiene primero que experimentar lo que es oscuridad.
   La única manera de tener luz en tu vida es amando.

 

Me quede por un momento en silencio y la voz  dijo:

Empieza amándote y respetándote a ti mismo y solo de esta manera podrás  a amar y respetar  a los demás….

- La decisión tan solo la tomas tú.  


FIN